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La Redencion Planetaria

"Los Señores solares controlarán oportunamente, por intermedio de manas (la mente), a los señores lunares de la sustancia elemental, no sólo la de ellos, sino también la de aquellos que buscan ayuda. De esta manera, la redención llegará a todos por intermedio del hombre y la gloria del Señor de la Vida será vista. " (El Discipulado en la Nueva Era II, pág. 224, ed. inglesa)

 

El tema de la redención (que subyace en todos los procesos iniciáticos) está oculto en las responsabilidades kármicas de Sanat Kumara; una etapa tras otra y una iniciación tras otra, el discípulo llega a comprender el significado de la redención. Ante todo aprende a redimir su triple personalidad; luego el concepto se amplía en líneas paralelas, a medida que trata de redimir a sus semejantes; posteriormente comparte el trabajo redentor vinculado a todo verdadero esfuerzo jerárquico y se convierte en "parte activa de un Ashrama redentor". En iniciaciones posteriores, y después de la quinta Iniciación de la Revelación, percibe con una nueva claridad algunas de las deudas kármicas que indujeron al Logos Planetario a crear este planeta de sufrimiento, angustia, dolor y lucha; entonces comprende (con alegría) que este pequeño planeta tiene esencialmente un propósito y técnicas excepcionales y que sobre y dentro de él (si pudiera penetrar debajo de la superficie) se está llevando a cabo un gran experimento redentor; sus principales factores complementadores y agentes científicos son los "hijos de la mente que eligieron ser hijos de los hombres y, sin embargo, siguen siendo por toda la eternidad Hijos de Dios". Estos "hijos de la mente" fueron elegidos en esa legendaria época en que vino a la existencia el cuarto reino de la naturaleza, para desarrollar la ciencia de la redención.

 

Hay una significación verdaderamente histórica y espiritualmente esotérica en las palabras de El Nuevo Testamento, de que "toda la

creación gime a una, y a una está con dolores de parto hasta ahora..., aguardando la manifestación

de los hijos de Dios". San Pablo se refiere en ella al propósito planetario y a la insistente decisión

de los hijos de Dios, de que oportunamente -a medida que rediman la sustancia, la materia y la

forma, probando así la posibilidad de esa redención por medio de sus propias personalidades

transfiguradas, su recompensa podría ser la manifestación eventual como expresión de la divinidad.

 

Con ese propósito y objetivo en vista, instituyeron el gran proceso evolutivo de la iniciación,

estableciendo continuidad de revelación e iluminación. En realidad, el lapso en que se recibe la

iniciación final, es simplemente la culminante y triunfal demostración de la comprensión y el

propósito de todas las experiencias pasadas; el cumplimiento (por el Iniciador Uno) de la primera

promesa hecha a los "hijos de la mente", cuando originalmente comenzaron su trabajo redentor, y

que consiste en "una repentina y luminosa glorificación individual y su fusión con la gloria del

todo durante la iniciación". (El Discipulado en la Nueva Era II, págs. 385-386, ed. inglesa)

 

Este aspecto de la iniciación es susceptible de ser pasado por alto. Cada iniciación es un

proceso de transmisión de energía, de un centro superior a uno inferior; cada iniciación carga al

iniciador con fuerza eléctrica, y esta carga y recarga está relacionada con lo que H.P.B. llama "el

misterio de la electricidad". Estas transmisiones de energía ensanchan la fuerza atractiva magnética

del iniciado y, al mismo tiempo, son de efecto eliminador: En este hecho reside una gran verdad

planetaria y la clave para la ciencia de la redención planetaria. Cuando la carga espiritual y

eléctrica de los tres centros principales en el planeta -Shamballa, la Jerarquía y la Humanidadhaya

alcanzado una elevada etapa de conciencia receptiva, cierto Avatar cósmico "se hará

consciente de la cualidad vibratoria del pequeño punto de luz dentro de la esfera solar", entonces

"dirigirá Su mirada y enviará Su fuerza a ese punto de luz, y el mal cósmico será expulsado y ya no

tendrá lugar en la Tierra. "

(Rayos V, págs. 735-736, ed. inglesa)

Etapa tras etapa, crisis tras crisis, de un punto a otro punto y de un centro a otro, la vida de

Dios progresa, dejando tras de sí mayor belleza, al pasar de una forma a otra y de un reino a otro.

 

Una realización conduce a otra; el hombre ha surgido de los reinos inferiores (como resultado de la

lucha humana) también aparecerá el reino de Dios. Traer ese reino es todo lo que hoy concierne

verdaderamente a la humanidad, y todos los procesos vivientes del género humano están dirigidos

a la preparación de cada ser humano individual, a fin de pasar a ese reino. El conocimiento de que

puedan haber manifestaciones aún mayores que el reino de Dios, es inspirador, pero eso es todo.

La manifestación del reino de Dios en la Tierra, la preparación del camino para su gran

Inaugurador, el Cristo, la posibilidad de la exteriorización de la Jerarquía en la Tierra, presupone

para todos y cada uno, una tarea plenamente adecuada y algo por qué vivir y trabajar, soñar y

(Rayos V, pág: 738, ed. inglesa)

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