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La Naturaleza de la Realidad: El Hombre – el Mediador

Comenzamos a comprender que nuestra nobleza consiste en servir -como átomos inteligentes- a la obra en curso en el Universo. Hemos descubierto que hay un Todo del cual somos los elementos. Hemos encontrado el mundo en nuestras almas.

(Teilhard de Chardin, “El Porvenir del hombre”, p. 29)

 El hombre es un animal más un dios que vive en el interior de su envoltura física.

(H.P. Blavatsky)

 En la realidad de nuestro universo no existen superior ni inferior, mayor o menor.

 Sólo hay interpenetración de la sustancia, que es básicamente expresión de la materia, y su vitalización y organización en forma de expresión de la Realidad desconocida, Realidad esencial que denominamos espíritu o vida. Como resultado de la interrelación de ambos, la humanidad aparece oportunamente en tiempo y espacio. La humanidad es el resultado de todas las formas infrahumanas de expresión y de experiencia, y de la actividad de Seres superhumanos. (Los Rayos y las Iniciaciones, p. 76)

 Todo ser viviente o vida manifestada –desde el Logos planetario hasta el más ínfimo átomo- ha sido es o será un hombre... Por lo tanto, la realidad de la existencia de

 

la humanidad y la que ésta representa, constituye probablemente el aspecto primordial y principal del Propósito divino... Es, pues, el primer hecho que indica claramente el alcance y la magnitud de un ser humano...

 En consecuencia, la nota clave del Señor del Mundo es HUMANIDAD, por ser la base, la meta y la estructura interna esencial de todos los seres. La propia humanidad es la

clave de todos los procesos evolutivos y de la correcta comprensión del Plan divino que

expresa, en tiempo y espacio, el Propósito divino. No sabemos por qué El quiso que esto

fuera así; pero es un punto que debe ser aceptado y recordado al estudiar la Ciencia de la

Impresión, pues es el factor que hace posible la relación y el contacto, y es también la fuente

de toda comprensión. (Telepatía y el Vehículo Etérico, p. 101-102)

 

Todos los grados de la materia se encuentran en el hombre y todos los estados de

conciencia son posibles para él. La humanidad puede trabajar en todas las direcciones y

elevar los reinos infrahumanos hasta el cielo, trayendo el cielo a la tierra.

(Tratado sobre Magia Blanca, p. 538 – ed. inglesa)

 

La gloria del hombre reside en el hecho de que es consciente del espacio y puede

imaginar dicho espacio como el campo de la actividad viviente divina, plenas de formas

inteligentes y activas, cada una ubicada en el cuerpo etérico de esta Entidad desconocida, y

todas relacionadas mutuamente por medio del poder, que no sólo mantiene su existencia sino

que conserva su posición en relación con las demás; cada una de estas formas diferenciadas

posee, no obstante, su propia vida diferenciada, su propia y excepcional cualidad o colorido

integral y su propia, específica y peculiar forma de conciencia.

(Telepatía y el Vehículo Etérico, p. 142)

 

El cuarto rayo es preeminentemente el rayo de la cuarta Jerarquía Creadora, el reino

humano, y tiene, por consiguiente, un vínculo peculiar con las funciones, las relaciones y el

servicio del hombre como grupo intermediario, grupo de enlace en nuestro planeta. La

función de este grupo intermediario consiste en personificar cierto tipo de energía, como es

la de unificación... La relación de la familia humana con el esquema divino tal cual existe,

pone en estrecha armonía los tres reinos superiores de nuestro planeta y los tres reinos

inferiores de la naturaleza, sirviendo así como centro de distribución de la energía divina. El

servicio que la humanidad debe prestar consiste en producir la unidad, la armonía y la

belleza en la naturaleza por la fusión del alma de todas las formas en una unidad

funcionante relacionada. (Psicología Esotérica, Tomo II, p. 284)

 

La humanidad es esa evolución por la cual el aspecto del Hijo ha de expresarse con

la máxima perfección en esta encarnación cósmica. El hombre fusiona los pares de

opuestos; los tres fuegos se unen en él; es la mejor expresión del principio manásico y puede

ser considerado, desde un punto de vista muy interesante, como la obra maestra de Brahma.

Es el vehículo de la vida de Dios; es la conciencia individualizada del Logos,

manifestándose en los siete Manasaputras divinos u Hombres Celestiales, en cuyos cuerpos

cada unidad de la familia humana tiene su lugar. El hombre es el aspecto Vishnu en proceso

de desarrollo gracias a la inteligencia de Brahma e impulsado por la voluntad de Mahadeva.

Por lo tanto, en algún modo, el hombre es muy importante porque constituye el punto de

unificación de los tres aspectos; pero es muy poco importante puesto que no es el ápice del

triángulo, sino simplemente el punto medio, si miramos el triángulo de esta manera:

 

Padre-Espíritu

El Hijo u hombre

Madre-Materia

 

La evolución del Hijo, o la encarnación cósmica del Cristo, es de gran importancia

para los planes del Ser más grande que el Logos solar, Aquel sobre el que nada puede

decirse. Los principios que animan las constelaciones y los sistemas afines observan, con

aguda atención, el progreso de la evolución del Hijo.

(Tratado sobre Fuego Cósmico, p. 217-218)

 

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