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Los Medios De Conocimiento, La Naturaleza Del Conocimiento

Más fuerte que todos los fracasos y que todos los razonamientos, llevamos en nosotros el instinto de que, para ser fieles a la existencia, hay que saber, saber cada vez más, y para esto buscar, buscar cada vez más, no sabemos exactamente qué, pero Algo que, seguramente, cualquier día surgirá ante quienes hayan sondeado la Realidad hasta el último límite. (Teilhard de Chardin, “El Porvenir del Hombre”, p. 33)

 

Debemos asumir nuestra existencia lo más ampliamente que podamos, de todas formas; todo, incluso aquello que nos parece inaudito, debe ser posible. (Rainer Maria Rilke)

 

La Naturaleza del Conocimiento

 

El conocimiento proviene de dos direcciones. Es el resultado del uso inteligente de los cinco sentidos, y se desarrolla al tratar de captar y comprender las ideas. Estos dos aspectos se ponen en práctica por la curiosidad y el deseo de investigación. (La Educación en la Nueva Era, p.94)

 

Los aspectos esotéricos del conocimiento no son más que aquellas zonas de la conciencia no conquistadas aún ni traídas dentro del radio de control de la Entidad inmanente. (Tratado sobre Fuego Cósmico, p.254) 

El Conocimiento puede dividirse en tres categorías:

 

Primero, el conocimiento teórico, incluye todo lo que el hombre conoce y percibe, y

que ha aceptado debido a las afirmaciones de otras personas y de los especialistas en las

diversas ramas del conocimiento. Se basa en autorizadas afirmaciones y contiene elementos

que permiten confiar en los escritores, conferenciantes e inteligencias entrenadas que actúan

en cualesquiera de los numerosos y variados campos del pensamiento. Las verdades

aceptadas como tales no han sido formuladas ni verificadas por quien las adopta, pues carece

del entrenamiento y del equipo necesarios. Los dictámenes de la ciencia, de la teología y de

la religión, y los descubrimientos de los filósofos y pensadores de cualquier parte matizan el

punto de vista y hallan rápida aceptación en la mente no entrenada, la mente común.

 

Segundo, tenemos el conocimiento discriminatorio, que contiene una cualidad de

selección, y afirma la valoración inteligente y la aplicación práctica del método más

específicamente científico, y la utilización de la prueba, la eliminación de lo que no puede

probarse y el aislamiento de los factores susceptibles de investigación, de acuerdo a lo que se

entiende por ley. El pensamiento racional, dialéctico, escolástico y concreto entra en juego y

aparta muchos elementos ingenuos, imposibles y no verificables, despejando, por tanto, el

campo en el que se ejerce el pensamiento. Este proceso científico de discriminación ha

permitido al hombre la conquista de muchas verdades que conciernen a los tres mundos. El

método científico, en relación con la mente de la humanidad, desempeña la misma función

que el método ocultista de la meditación (en sus dos primeras etapas de concentración y

concentración prolongada o meditación) en relación con la persona. Así se engendran

procesos de pensamiento justos, y las expresiones no esenciales o incorrectas de la verdad

son al fin eliminadas o corregidas, y el constante enfoque de la atención –bien sea sobre un

pensamiento simiente o sobre un problema científico, filosófico o político- lleva a una

conclusión clara, mientras que se imponen las ideas y las deducciones sensatas. Los más

eminentes pensadores de las grandes escuelas de pensamiento ofrecen simplemente

ejemplos de meditación ocultista, y los brillantes descubrimientos de la ciencia, las

interpretaciones correctas de las leyes de la naturaleza y la formulación de las conclusiones

exactas en el campo de la ciencia, la economía, la filosofía, la psicología, etc., no son más

que el registro de verdades eternas por parte de la inteligencia, y después del cerebro, y la

señal de que la raza comienza a llenar el vacío entre lo objetivo y lo subjetivo, entre el

mundo de la forma y el mundo de las ideas.

 

Lo cual lleva inevitablemente a la tercera rama, el conocimiento intuitivo. La

intuición no es en realidad más que la percepción por la inteligencia de ciertos factores en

creación, de alguna ley de la manifestación, o de algún aspecto de la verdad, conocidos por

el alma y que emanan del mundo de las ideas y participan de la naturaleza de las energías

que generan todo lo que es conocido y visto. Estas verdades están siempre presentes y esas

leyes eternamente activas; pero únicamente a medida que la mente está entrenada y

desarrollada, enfocada y abierta, pueden ser reconocidas, posteriormente comprendidas y

finalmente adaptadas a las necesidades y demandas del ciclo y de la época. Aquellas

personas con la mente entrenada así, para pensar con claridad y concentrar la atención, y

receptivas, por tanto, a la verdad, han existido en todos los tiempos, pero han sido raras hasta

el momento. Son las mentes más destacadas de todas las épocas. En la actualidad son

numerosas y aparecen cada vez con mayor frecuencia. La inteligencia de la raza está en vías

de formación, y son muchos los que se encuentran cerca de alcanzar un conocimiento nuevo.

 

La intuición que guía a todos los eminentes pensadores hacia los dominios más recientes del

conocimiento, constituye el signo precursor de la omnisciencia que es la característica del

alma. La verdad de todas las cosas existe y nosotros la llamamos omnisciencia, infalibilidad

o –en términos de la filosofía hindú- “el justo conocimiento”. Cuando un ser humano toma

un fragmento de ella y lo hace penetrar en la conciencia de la raza, decimos que ha

formulado una nueva ley, que ha descubierto tal o cual proceso de la naturaleza. Hasta ahora

esto ocurría lenta y fragmentariamente; más tarde, y no dentro de mucho tiempo, la luz

afluirá, la verdad será revelada, y la raza tomará posesión de su herencia, la herencia del

alma. (Tratado sobre Magia Blanca, p. 23-24)

 

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