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La Naturaleza de la Realidad: La Humanidad en el Universo

Las cuatro metas principales que los Trabajadores del Plan se han fijado, son:

 

1. El principal objetivo consiste en establecer, por intermedio de la humanidad, una avanzada de la Conciencia de Dios en el sistema solar...

 

2. Establecer en la tierra una central de tal potencia y un punto focal de tal energía que toda la humanidad pueda ser un factor en el sistema solar que produzca cambios y acontecimientos de naturaleza excepcional en la vida planetaria y en las vidas planetarias (y por consiguiente, en el propio sistema) e inducir a una actividad

 

3. Fundar una estación de luz, por intermedio del cuarto reino de la naturaleza, que servirá no sólo a nuestro planeta y a nuestro sistema solar en particular, sino también a los siete sistemas, de los cuales el nuestro es uno... 

 

4. Establecer un centro magnético en el universo, donde el reino humano y el reino de

las almas unificadas constituirán el punto de poder más intenso, que prestará servicio

a las Vidas evolucionadas dentro del ámbito de irradiación de Aquel del cual nada

puede decirse.

 

En estas cuatro afirmaciones hemos tratado de expresar las amplias posibilidades y

oportunidades, tal como la Jerarquía las ve actualmente... Los Grandes Hijos de Dios, que

han ido más allá de la etapa de desarrollo de los Maestros que trabajan exclusivamente con el

reino humano, tienen proyectos de un alcance mucho más vasto y amplio, y sus objetivos

incluyen a la humanidad sólo como un detalle del Plan de la Gran Vida “en quien vivimos,

nos movemos y tenemos nuestro ser”. (Psicología Esotérica, Tomo II, p. 175-176)

 

A lo largo de toda la historia humana corre un triple hilo, y en la interacción de estos

tres hilos se encuentra la historia de la evolución. Un hilo guía los pensamientos del hombre

mientras éste se ocupa de desarrollar el aspecto forma de las tendencias raciales, y muestra

que las formas de las razas, de los países, de la fauna y la flora de nuestra vida planetaria han

ido, sin desviarse, paralelamente a las necesidades de los hijos de Dios que emergen

lentamente. El segundo hilo nos lleva a una comprensión del desarrollo de la conciencia, e

indica la etapa emergente que va desde el instinto a la percepción intelectual, y de allí a la

iluminación intuitiva, meta actual de la conciencia.

 

El tercer hilo concierne al Plan mismo, y aquí entramos en el reino de lo

verdaderamente desconocido... Hasta que la mente iluminada o el poder de la respuesta

intuitiva estén desarrollados en la familia humana, no podremos captar los conceptos básicos

que se encuentran en la mente misma de Dios.

(Tratado sobre Magia Blanca, p. 605 – ed. inglesa)

 

La humanidad constituye un centro de energía, dentro del cosmos, capaz de tres

actividades:

 

1. Ante todo, la humanidad responde al influjo de energía espiritual que fluye a ella

desde el cosmos y, hablando simbólicamente, estas energías son básicamente tres:

 

a. La energía espiritual, como la designamos inadecuadamente. Emana del Dios

Padre y llega a la humanidad desde el nivel llamado técnicamente plano

monádico, la esfera arquetípica, la fuente más elevada donde el hombre puede

llegar a ser consciente...

 

b. La energía sensible, energía que hace del hombre un alma. Es el principio de

percepción, la facultad de conciencia, ese algo inherente a la materia, que (cuando

se pone en relación con la materia) despierta respuesta a un amplio y trascendente

campo de contactos externos... Esta energía de conciencia sensible proviene del

segundo aspecto de la deidad, desde el corazón del sol, así como la del primer

tipo, técnica y simbólicamente hablando, emana del sol central espiritual. El símil

de estos dos tipos de fuerza en el ser humano es la energía nerviosa que trabaja

mediante el sistema nervioso con su sede en el cerebro, y la energía vida que está

asentada en el corazón.

 

c. La energía pránica o vitalidad. Es esa fuerza vital, inherente a la materia misma,

en la cual todas las formas están sumergidas, pues constituyen las partes activas

de una forma mayor...

 

La humanidad, en la cual se encuentran los tres tipos de energía, constituye, por lo

tanto, el “punto medio” en la conciencia del Creador... La humanidad debe ser el medio en

que ciertas actividades pueden ser instituidas. En realidad, es el cerebro de la deidad

planetaria, porque sus innumerables unidades son análogas a las células cerebrales del

órgano humano. Así como el cerebro humano, compuesto por un infinito número de células

sensitivas que reaccionan, puede ser adecuadamente impresionado cuando logra quietud y

llega a ser el medio de expresión de los planes y propósitos del alma, trasmitiendo sus ideas

a través de la mente, también la Deidad planetaria, bajo la inspiración de la Mente Universal,

puede impresionar a la humanidad con los propósitos de Dios y producir los consiguientes

efectos en el mundo fenoménico...

 

El propósito para el cual la humanidad existe, el objetivo que tiene ante sí el grupo de

místicos y trabajadores mundiales y el ideal presentado al aspirante, son los mismos que los

de la meditación individual: obtener esa atención enfocada y esa quietud mental donde se

llega a la realidad, conocer el propósito divino y registrar lo verdadero y lo bello, siendo

posible trasmitir a la forma fenoménica –en el plano físico- la necesaria energía, a fin de que

la realización subjetiva se materialice.

 

2. El segundo tipo de actividad para el cual el hombre está capacitado, consiste en un

intenso y progresivo desarrollo en espiral del círculo infranqueable humano. Esta

frase abarca el método de desarrollo y todo el proceso de desenvolvimiento de las

unidades evolutivas que llamamos hombres...

 

3. El tercer tipo de actividad -aún poco comprendido- que debe ocupar la atención de la

humanidad, consiste en actuar como centro trasmisor de fuerzas espirituales –fuerza

del alma y energía espiritual unidas y combinadas- para los prisioneros del planeta y

para las vidas que existen en encarnación en los otros reinos de la naturaleza. Los

seres humanos son propensos a preocuparse principalmente de sus relaciones

grupales superiores, de su retorno al hogar del Padre y de la tendencia a “elevarse” y

a apartarse del mundo fenoménico... Eso es correcto y está de acuerdo con la

intención divina, pero no es todo el plan para el hombre...

 

Cuando un hombre ha descubierto su alma y se le ha revelado en grado suficiente el

principio de unidad... se consagra al trabajo mágico, a la salvación de las almas y a la

liberación de los prisioneros del planeta. Esta es la meta para toda la humanidad, y cuando

los hijos de los hombres hayan logrado tal objetivo, dichos prisioneros serán liberados.

(Tratado sobre Magia Blanca, p. 525-530) – ed. inglesa)

 

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