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Charlas a Discípulos, VIII Parte

La Jerarquía se halla profundamente preocupada por los acontecimientos mundiales. Cuando termine la guerra, nuestro trabajo debe continuar a cualquier precio y ante cualquier obstáculo imaginable. El nuevo grupo de servidores del mundo debe mantener su integridad y trabajar con firmeza y sin desmayos. La firmeza de quienes conocen el Plan de Dios ayudará a la humanidad y contribuirá a los esfuerzos de la Jerarquía, porque no odian a nadie y trabajan en bien de la unidad -tanto subjetiva como eventualmente objetiva.

Sería conveniente que los seres humanos se dieran cuenta de que la humanidad es libre. Ni la Jerarquía misma sabe qué fuerzas -las del bien o las del mal- prevalecerán finalmente, pues aunque triunfen las fuerzas del bien en lo que a la guerra concierne, ¿triunfarán en lo que respecta a la paz? El bien debe finalmente triunfar, pero la Jerarquía no sabe qué le deparará a la humanidad el futuro inmediato, porque el hombre determina su propio destino. La Ley de Causa y Efecto no puede ser neutralizada, y en los casos que lo fue, se necesitó la intervención de mayores Fuerzas que las disponibles hoy en nuestro planeta. Pero estas Fuerzas mayores pueden intervenir, si los aspirantes y discípulos hacen llegar sus voces en forma penetrante...

 

En estos momentos de tensión y esfuerzo, hermanos míos, les recordaré que no hay razón para sentirse inútil o insignificante. Los nuevos grupos de discípulos son Grupos-Simiente; están en la etapa de la oscuridad o crecimiento, y en proceso de expansión -creciendo silenciosamente. Ésta etapa es muy importante, porque de acuerdo a la salud de la semilla y a su capacidad de echar fuertes raíces y ascender firme y constantemente hacia la luz, así será la adecuación de la contribución a la nueva era, ya sobre nosotros. Hago resaltar este hecho. La nueva era está muy cerca y somos testigos de los dolores del parto de una nueva cultura y civilización. Lo viejo e indeseable debe eliminarse, y de estas cosas indeseables, los primeros que deben desaparecer son el odio y el espíritu de separatividad.

 

El principal objetivo de nuestro conjunto trabajo sigue siendo la integración grupal, y el establecimiento de esa intercomunicación entre los miembros del grupo, que dará por resultado el necesario intercambio y

 

comunicación telepáticos; esto establecerá finalmente la dorada red de luz que servirá para crear un poderoso punto focal que será el agente de la revitalización espiritual del cuerpo etérico de toda la humanidad. Esta afirmación es esencial e importante. Dicho punto focal ayudará a su vez a revitalizar el cuerpo etérico del planeta, con nuevo poder y renovado impulso.

 

Durante varios años traté de ser vuestro Instructor y Maestro y creo que puedo decir, vuestro amigo. De mi parte se estableció entre nosotros un vínculo muy fuerte de amor y de comprensión, y de parte de ustedes una sinceridad probada y un anhelo definido de colaborar. ¿Cuál es mi actitud hacia ustedes?

 

Como individuos podrán ser de poca importancia; como unidades de un grupo que preparo y entreno para un definido servicio en vidas futuras, más que en la presente, son de suficiente importancia para justificar mi interés. Un grupo no es más fuerte que su eslabón más débil, y el grupo sufre esotéricamente y como un todo, disminuyendo definidamente su poder cuando un miembro no está a la altura de la oportunidad o cae en los espejismos de la personalidad. Esto como han visto ha sucedido. Trato de ayudarlos individualmente, pero sólo tengo en cuenta la integración, la influencia, la comprensión y el amor grupales, además de la fuerza con que cada uno puede contribuir al todo.

Por lo tanto apelo a ustedes, como grupo, a que intensifiquen su amor, propósito y servicio grupales, de modo que la integración interna subjetiva vaya a la par. Tres cosas quisiera decirles como grupo:

 

Ante todo, que la fuerza o la debilidad de este grupo de discípulos depende de que los individuos que lo componen no sólo estén vinculados como almas, sino que también exista un sólido vínculo personal (con todas las debilidades que ello implica) más un profundo, aunque incomprendido, afecto entre cada uno y todos ustedes, a pesar de no conocerse personalmente. La fuerza de esta situación reside en que esta amistad es el resultado inconsciente de muchas vidas de estrecha asociación en el trabajo y también en las relaciones personales y vínculos familiares del pasado. La debilidad estriba en que tal situación puede tender a hacer personales las reacciones del grupo. Este grupo de discípulos es, intrínsecamente, una entidad en los tres niveles de los tres mundos -físico, emocional y mental-, existiendo además el vínculo egoico.

 

Deseo además grabar en ustedes un segundo punto, pues es de oportuna aplicación, dadas las tensas condiciones que  prevalecen en la actualidad.

En la tirantez y tensión del trabajo grupal, cada uno debe tener en cuenta, como estímulo, gozo e incentivo, que se encuentran en este grupo particular de discípulos para recibir entrenamiento preparatorio para la iniciación. Estoy iniciando un experimento en la iniciación grupal. Constituye una nueva empresa que inicia la Jerarquía, pero está de acuerdo al desarrollo evolutivo. En épocas futuras hombres y mujeres traspondrán juntos el Portal de la Iniciación en vez de solos y separados como hasta ahora. En consecuencia, el progreso del grupo es avanzar o retraerse, según el esfuerzo de sus miembros. Las dificultades de un miembro se pueden intensificar debido al unido estímulo grupal, como también su fuerza y efectividad pueden aumentar gracias a la fuerza, el poder y la comprensión del grupo. La responsabilidad unida del grupo es muy grande; pero también muy real y extraordinaria la oportunidad de progresar rápidamente. Cuando juntos traspongan el Portal y yo los presente a Quienes tienen la tarea de guiarlos en el siguiente paso, se intensificará en tal forma su poder de amar, intuir y servir, que la vida nunca será la misma. Entonces captarán con seguridad lo que ahora perciben vagamente y se darán plena cuenta de la maravilla del amor, de la intuición y del servicio grupales; experimentarán así en conjunto la iluminación, la respuesta compartida y el esfuerzo unido. Comprenderán también que puede existir espiritualmente una línea excluyente, que indique quiénes pueden entrar en la etapa preparatoria para la iniciación grupal y quiénes deben llegar solos a tan gran acontecimiento. Éstos últimos pertenecen predominantemente a la era pisceana y reciben la iniciación como entidades separadas; ustedes la recibirán grupalmente.

 

Ninguno de los que nos dedicamos a preparar aspirantes para la iniciación, podemos predecir ese momento; esto debe determinarlo individualmente cada aspirante. Por lo tanto cada uno debe procurar que su grupo no quede detenido por su incapacidad de ver, por sus espejismos personales, sus problemas individuales y su lenta reacción hacia la verdad conocida.

 

La tercera cosa es que cualquiera sea su etapa en el sendero, trataré ahora, como en el pasado, de ayudarlos. Hablaré de la verdad tal como la veo desde mi particular punto de ventaja. Trataré de arrojar luz sobre ciertas cosas que no ven y les indicaré sus debilidades, si puedo llamar la sincera atención de ustedes. Las debilidades existen. No son aún iniciados y poseen defectos, limitaciones, puntos obscuros y mucha inercia, a la vez que satisfacción

 

 

 

propia. La tendencia a la autodefensa es muy fuerte en ustedes, y esto produce una falta de disposición a reconocer los defectos o a admitir hipotéticamente la posibilidad de que existan. En otros prevalece la tendencia al autodesprecio, lo cual pone excesivo énfasis sobre la personalidad, y pensar constantemente en ella va en detrimento del verdadero progreso. Estas tendencias tan comunes son peligrosas para el iniciado en cierne. Les advierto que estén pendientes de lo que indican estas condiciones y dispuestos a escuchar y admitir la posibilidad de fracasar en el primer caso, y a olvidarse de sí mismos en el segundo. Encárense a sí mismos y a la vida, y sin temor vean las cosas tal cual son. No lo hagan porque les sugiero tal o cual situación, sino porque están dispuestos a enfrentar los hechos y preparados para descubrir cosas inesperadas en ustedes. Una de las primeras lecciones que el discípulo debe aprender es que, donde cree ser más fuerte y encontrar mayor satisfacción, con frecuencia es el punto de mayor peligro y debilidad. Las condiciones astrales se ven muchas veces invertidas, de allí el espejismo que frecuentemente domina al discípulo.

 

A este respecto, hermanos míos, les confiaré algo personal y muy común en la vida del discípulo, que puede servirles de lección y advertencia. Varias vidas atrás, mi Maestro percibió en mí una debilidad de la cual no me había dado cuenta, siendo en realidad algo que consideraba como fuerza y la atribuía como una virtud. Entonces era joven, ansioso de ayudar a mi Maestro y a la humanidad, pero en último análisis, muy consciente de mí mismo como aspirante, y muy satisfecho también de mí mismo, disimulaba esta satisfacción con reiterada humildad. El Maestro volcaba sobre mí Su fuerza y energía, estimulándome en tal forma que lo que creía una virtud y lo que negaba y repudiaba como un vicio, me perjudicó. Simbólicamente me derrumbé por el mismo peso de mi debilidad. Quizás se pregunten ¿cuál era esa debilidad? Mi amor al Maestro me perjudicó. Después de mi fracaso me indicó que el amor que sentía por Él, se basaba en realidad en el profundo orgullo y satisfacción que sentía por mí como aspirante y discípulo. Esto lo negué rotundamente y me apenaba que no me comprendiera. Con el tiempo, a través de una vida de fracasos y la profundidad de mi egotismo, comprobé que el Maestro estaba en lo cierto. Aprendí la lección gracias al fracaso, pero perdí mucho tiempo desde el punto de vista del servicio útil. Descubrí que en realidad me estaba sirviendo a mí mismo y no a la humanidad. Trato de evitarles que cometan errores similares, porque el tiempo es un gran factor en el servicio.

 

 

 

Para el conjunto de la humanidad, el tiempo no tiene gran importancia; pero para los servidores de la raza sí, y mucho. Por lo tanto, no pierdan indebido tiempo en el análisis, desprecio y defensa propias. Sigan adelante con discernimiento, en lo que concierne al desenvolvimiento, y con amor y comprensión en lo que se refiere al grupo. En lo que a mí, vuestro Instructor, respecta, pongan la atención debida a mis palabras y procuren colaborar conmigo. Así tendré algún día la alegría de darles la bienvenida en el "Lugar Secreto", donde todos los verdaderos servidores e iniciados se reunirán y unirán oportunamente.

 

A ustedes, mis discípulos, les he revelado mi verdadero nombre. Dos de las razones que he tenido para renunciar al anonimato son: una, la necesidad de eliminar toda conjetura por parte de algunos de ustedes, respecto a mi identidad, y también de impulsar a algunos a un renovado y consagrado esfuerzo. La otra, quisiera que reconocieran el hecho de que son discípulos aceptados, con toda la responsabilidad y oportunidad que tal condición lógicamente implica. Otro factor decisivo en lo que a mí respecta, es poner a prueba la capacidad de ustedes para guardar silencio hasta que sea necesario. El silencio es uno de los principales requisitos para la iniciación, algo que todo discípulo tiene forzosamente que aprender. Por lo tanto es necesario pasar la prueba. Muchos de ustedes están convencidos internamente de mi identidad; pero no lo han dicho a nadie, excepto a A.A.B., que no lo ha corroborado ni comentado. Si no se les puede confiar que guarden silencio y mantengan una actitud desligada e independiente, significa que no están preparados para lo que tengo que impartirles, y cuanto antes lo sepamos, mejor. Si son incapaces de guardar silencio, aunque sea entre ustedes, entonces no son dignos de confianza, lo cual me resisto a creer. Si cuando han descubierto quien soy, ponen en duda la sabiduría de mi decisión de revelar quien soy y sostienen que debería haber ocultado mi identidad, eso también será muy revelador y me servirá de guía en todo futuro acercamiento a ustedes. Si el saber quien soy los conduce por el peligroso camino del devoto, les hará mucho bien descubrir tal tendencia en ustedes; si en lo sucesivo hacen resaltar excesivamente la importancia de mis palabras y caen en el peligroso hábito de aceptar la autoridad, esta debilidad quedará al descubierto para mí, para ustedes y para sus hermanos de grupo. Todos nos beneficiaremos con ello. Ustedes habrán descubierto una debilidad innata que surgió al descubrirse mi identidad; si ese conocimiento los abruma, entonces deben aprender a cargar con la

 

 

 

responsabilidad, o de nada servirán como servidores del mundo. El hecho de que soy un Maestro no altera las cosas. Soy aún vuestro Instructor Tibetano, el mismo que les ha enseñado durante muchos años. Sigo siendo el mismo individuo y sin cambio alguno. Cualquier reacción de su parte será de la personalidad y, en consecuencia, tendrán que reconocerla como tal, ocuparse de ella y finalmente subyugarla.

Marchemos juntos mis hermanos y discípulos, por el camino del servicio; entremos juntos en la Luz y también juntos hollemos el camino hacia la paz mundial y no hacia la iluminación personal -la iluminación es inevitable, aunque incidental.

En lo que a ustedes respecta, ¿qué me espera?, un grupo que no ha sido aún probado, que es estático, censura y está sujeto a pronunciados espejismos -con este material debo llevar adelante mi trabajo. ¿Qué puedo hacer hermanos míos en tal situación? Puedo confiar en su devoción a la humanidad, en su disposición a aprender y en su decisión a seguir por el sendero del servicio a cualquier precio. Esto es lo que haré.

Ante todo, me ocuparé de los objetivos que ustedes deben lograr:

 

  1. El objetivo principal en el presente.

 

Quisiera lograr la tan necesaria integración del grupo. La polaridad de este grupo -como unidad en el plano mental- no se ha efectuado todavía. Esto es muy necesario y, hasta tanto se alcance tal integración, no será posible la unida intercomunicación grupal, ni podrá realizarse trabajo grupal. Algunos de ustedes deberán reflexionar profundamente y alinearse amorosamente con sus condiscípulos, eliminando todo sentido de crítica y de satisfacción personal, por su propio razonamiento y rectitud.

 

  1. El objetivo de dichos grupos ashrámicos en el futuro.

 

Es fundamentalmente necesario que los nuevos grupos que están inaugurando el nuevo discipulado, establezcan con el tiempo la relación telepática entre ellos. Más adelante, cuando haya una interrelación individual más estrecha, se podrá dar una definida enseñanza que hará que esto sea acrecentadamente posible, pero mientras tanto bastará una insinuación de índole fundamental y debe ser aceptada y parcialmente comprendida antes de que estos grupos precursores puedan trabajar con éxito, la cual es: Exterioricen con amor su pensamiento hacia los demás. Hermanos míos, simplemente eso, con sencillez y humildad, y nada más por ahora. ¿Aceptarán una regla tan sencilla, aparentemente sencilla? Así el cuerpo etérico de este

grupo de discípulos estará animado por la energía dorada y la luz del amor; así se establecerá una red de luz que constituirá un foco de energía en el cuerpo etérico de la humanidad y, con el tiempo, en el cuerpo etérico planetario.

 

  1. El objetivo general del grupo.

 

Consiste en trasladar la conciencia de todos los seres humanos integrados, en creciente número, a los niveles etéricos de conciencia y actividad. Esto implica trabajo consciente en esos niveles, como unidades de energía, contribuyendo cada uno con su parte y cuota especial de energía, a la suma total de energía etérica disponible, haciéndolo consciente e inteligentemente. Una vez logrado esto, el hombre está preparado para la primera iniciación y es un verdadero ocultista pues trabaja con la energía, guiado jerárquicamente.

 

  1. El objetivo individual.

 

Se requiere la preparación de la vida y de la conciencia, en este nuevo proceso de iniciación grupal, lo cual es en sí de verdadera importancia y depende de que cada unidad del grupo se prepare para la iniciación y, a la vez, aprenda a subordinar su ambición y deseos espirituales al ritmo del grupo y a la necesidad del momento oportuno, en lo que concierne a sus condiscípulos. Implica, por consiguiente, dos actitudes respecto al proceso de la iniciación: adaptarse a la necesaria integración y desarrollar la respuesta espiritual a las impresiones procedentes de los niveles del alma y de la Jerarquía espiritual. Involucra aprender a juzgar y adquirir sabiduría para establecer una correcta interrelación con el grupo de discípulos, de modo que éste (en este caso, el mío, que es definidamente una entidad grupal) pueda avanzar unido. Esto requiere para el grupo las mismas condiciones que siempre existieron para el individuo: correcta integración en los tres niveles de la personalidad y también en los del alma, más una correcta impresión o respuesta grupales a las "ondas síquicas que otorgan facultades" espirituales superiores, como lo denominan los ocultistas tibetanos.

 

Esto tomará muchos años, y la tarea de alcanzar una cabal actitud y relación grupal, mediante la comprensión individual y verdadera impersonalidad, puede ir adelante en el plano físico durante la encarnación o continuar con la misma facilidad, fuera de encarnación. Deben tener siempre en cuenta que la conciencia sigue siendo la misma en encarnación física o

 

 

fuera de ella, donde el desarrollo puede llevarse a cabo con mayor facilidad que cuando está limitado y condicionado por la conciencia cerebral.

El logro de estos objetivos exigirá clara visión y una comprensión aguda e inteligente; requerirá la firme y consciente intensificación del amor e interacción grupales; conducirá a los discípulos a llevar una vida plena de sabios propósitos y de planificados objetivos espirituales y al mismo tiempo el servicio prestado asumirá una definida y automática técnica de expresión.

Quizás se pregunten si existe un único modo o método, por el cual el discípulo puede acercarse a esta meta aparentemente imposible. Responderé: sí, por la práctica constante de la impersonalidad con su subsidiaria actitud de indiferencia, en lo que a deseos, contactos y metas personales se refiere. Tal impersonalidad es muy poco comprendida, y aunque la desarrollen los aspirantes bien intencionados tiene una base egoísta. Reflexionen sobre esto y procuren lograr la impersonalidad, olvidándose de sí mismos y apartando el foco de la conciencia de la personalidad (donde comúnmente está centrada) y llevándolo al alma viviente y amorosa.

Hay cuatro cosas que con frecuencia impiden a un grupo de discípulos alcanzar su objetivo y realizar satisfactoriamente su trabajo, y son:

 

  1. La falta de visión, consecuencia de la carencia de agudeza mental.

 

  1. El espejismo personal, que involucra el plano astral.

 

  1. Los problemas individuales, que implican una excesiva preocupación por las circunstancias y dificultades en el plano físico, en éste, el más difícil de los mundos.

 

  1. La inercia, o las lentas reacciones a la enseñanza impartida y a la oportunidad ofrecida.

 

Una profunda reflexión sobre la urgencia de la época y el reconocimiento compasivo de la condición de la humanidad, son cosas que deben hacer muchos discípulos y aspirantes hoy en el mundo, especialmente, los que, no estando muy cerca de la situación mundial, la observan desde lejos. Es muy fácil expresar superficialmente compasión, y al mismo tiempo evitar el empleo de demasiada energía para prestar servicio y realizar un excesivo e intenso esfuerzo para prestar ayuda.

 

La marca característica del discípulo y la cualidad que debiera predominar cada vez más en su vida, es la capacidad de  identificarse con la parte o con la totalidad, según sea necesario en un momento dado. Tal actitud implica un abarcante amor, que nos lleva a ser incluyentes y a dedicar la vida a servir al mayor número y a los más necesitados. Si se me pidiera especificar cuál es en la actualidad el defecto predominante en la mayoría de los grupos de discípulos, diría que es la expresión de un equivocado tipo de indiferencia, que los lleva a una casi inconmovible preocupación por sus ideas y empresas personales, las que militan contra la integración del grupo y tienden a obstruir el trabajo.

Una de las cosas más necesarias para cada discípulo es aplicar la enseñanza impartida a la idea de promover y acrecentar su servicio en el mundo, y así llevar a la práctica y efectividad en su medio ambiente el conocimiento adquirido y el estímulo a que ha sido sometido. Quisiera que prestaran verdadera atención a esta sugerencia.

 

Deseo también llamar la atención sobre el hecho de que un discípulo aceptado, en realidad no es aquel que fue aceptado por un Maestro para recibir entrenamiento. Esto es una tergiversación de la verdadera idea, la cual, al pasar del plano mental al físico, ha sido invertida o distorsionada totalmente. Discípulo aceptado es el que aceptó:

 

  1. La realidad de la existencia de la Jerarquía, con lo que ello implica de lealtad y colaboración.

 

  1. El hecho de que las almas son una y, en consecuencia, se ha comprometido a expresarse como alma. El servicio a prestar consiste en despertar y estimular a todas las almas con las cuales establece contacto.

 

  1. La técnica esotérica de servicio. El servicio que presta a la humanidad determina todas sus actividades y subordina su personalidad a la necesidad de la época. Observe esta frase. Cultive la percepción interna y una respuesta fluida a la necesidad inmediata, y no la reacción sensible a una lejana meta.

 

  1. El Plan, tal como lo presentan los Instructores de la raza. Trata de comprender la naturaleza de tal Plan y facilita su manifestación.

 

Podría enumerar otras cosas de naturaleza más individuales, pero deseo poner el énfasis sobre las aceptaciones que motivaron o debieran motivar sus actitudes, pidiéndoles no dar tanta importancia a la idea de ser "aceptados por un Maestro". Esta idea y la enseñanza de muchos grupos esotéricos ha ocasionado grandes errores, malos entendidos, sufrimientos y desilusiones. Al discípulo se lo entrena sobre ciertos factores muy importantes, y no sobre su relación con el Maestro, y ellos son:

  1. El factor humanidad. Su situación actual, sus problemas y su oportunidad inmediata. Discípulo es aquel que en todo momento trata de ayudar a la humanidad e impulsar el proceso evolutivo y a la vez desarrollar un profundo amor hacia el género humano, lo cual caracteriza al iniciado y al Maestro.

 

  1. El factor iniciación. Su estudio nos llevará a considerar el desarrollo secundario y el objetivo básico de la identificación progresiva con el alma del discípulo, el alma del grupo, el alma de toda la humanidad y el alma de todas las formas.

 

  1. El factor servicio. No se refiere al servicio tal como se entiende comúnmente. Su significado común ha perdido grandemente su significación, debido al énfasis erróneo. El iniciado cree que el servicio es la espontánea y fácil expresión de un definido contacto con el alma, establecido en el plano físico, lo cual le otorga al discípulo percepción interna, espíritu práctico e inspiración, a medida que trabaja en el plano externo de expresión. La mayoría de los discípulos se ocupan en forma vaga de obtener la inspiración; pero nada saben acerca de las etapas preliminares para desarrollar la percepción, que conduce a la manifestación práctica e inteligente de satisfacer la necesidad en el nivel del diario vivir. Una de las actividades principales del discípulo aceptado (o como yo preferiría llamarlo, discípulo en aceptación) es convertirse de un idealista bien intencionado, en un hombre activo que trabaja en bien de la humanidad.

 

Cuando un grupo sea capaz de pensar en forma unánime y trabajar al unísono de acuerdo con estas ideas, habrá dado el primer paso hacia la iniciación grupal, meta del nuevo discipulado. La iniciación grupal implica:

 

  1. La posesión y el reconocimiento de una visión conjunta, a la cual se subordina cada miembro del grupo.
  2. La simultánea relación de los miembros del grupo con el alma en su propio nivel (esa combinada alma grupal compuesta por el alma de cada miembro individual) que conduce a la integración grupal en los niveles del alma.
  3. El contacto fusionado y consagrado de las personalidades del grupo, en los tres niveles de expresión personal -niveles de percepción mental, astral y etérico. Algunos miembros del grupo establecen contacto en un nivel y otros en otro, pero el objetivo debería ser establecer a voluntad un contacto más estrecho en los tres niveles, y en todos cuando el grupo, como tal, lo demanda. Resulta difícil exponerlo, pero vendrá más adelante una comprensión más clara de lo que esto significa y produce.

 

  1. La capacidad del grupo de mantenerse unido sin erigir barreras entre los miembros. Esto implica necesariamente sacrificar las reacciones, ideales y planes de la personalidad. En estos momentos, distintos ideales, actitudes y puntos de vista, separan a los discípulos, lo cual debe ser eliminado.

 

Existen lógicamente otros requisitos, pero si pueden comprender los enumerados y tratan lo mejor que pueden de ajustarse a ellos, es todo lo que les pido por ahora. Una de las grandes necesidades de todos los discípulos y aspirantes es desprenderse de teorías preferidas respecto a la vida, al discipulado y al Plan, mantener la mente abierta, siempre dispuesta a recibir lo inesperado, y ser capaz (cuando la visión espiritual es suficientemente fuerte) de aceptar lo contrario de los ideales preconcebidos. Esto debe hacerse cuando se lo considera espiritualmente prudente, e implica también una actitud expectante, la de esperar que aparezca la nueva visión y las nuevas verdades, formuladas con claridad, y que los nuevos poderes sean cada vez más eficaces. Tales actitudes son peculiarmente difíciles para los discípulos donde el sexto Rayo de Devoción e Idealismo predomina en su equipo de energías, porque los ideales del aspirante de sexto rayo se cristalizan muy rápidamente y se deforman muy pronto. El ideal temporario, destinado a guiar al aspirante no desarrollado, puede convertirse en barrera que lo separa de la verdad e impide alcanzar la verdadera visión.

 

Por consiguiente, los exhorto, mis discípulos, a alcanzar esa amplia y abierta sencillez que predispone a la expectativa de lo nuevo que está por precipitarse, pero lo impiden los idealistas del mundo más que el hombre de la calle, que tiene reacciones más simples y se halla más dispuesto que el místico u ocultista, a captar y ver el camino de salida de la actual encrucijada, porque piensa en términos de humanidad. Los discípulos del mundo (con sus bien formulados ideales y sus conceptos idealistas, nítidamente expresados) con

 

 

frecuencia se ven  ofuscados por el espejismo de la belleza futura, pues ignoran la actual oportunidad. Muchos de ellos descubrirán más tarde que han quedado atrás en lo que se refiere a la captación de las nuevas verdades. Esto es lo que quiso dar a entender el Cristo cuando dijo que no era posible poner vino nuevo en odres viejos, porque lo viejo será destruido por la nueva vida que se va expandiendo.

 

Por lo tanto, ¿a qué está dispuesto el iniciado? A reconocer instantáneamente lo nuevo, a captarlo inmediatamente y dar un nuevo paso para desarrollar la conciencia humana precursora y revelar los nuevos y subsiguientes conceptos que constante e inevitablemente se le presentan, los cuales poseen el poder expulsor dinámico y satisfacen debidamente la necesidad humana del ciclo inmediato. También está dispuesto a abandonar instantáneamente cuanto parece inútil, innecesario e inadecuado para la necesidad del momento, a recibir desde lo alto el poder que rompe y destruye lo que se ha cristalizado, y es anticuado e inútil porque ya ha servido su propósito; está dispuesto a trabajar como ocultista práctico (no como místico idealista) en los niveles de la visión y en el de los asuntos prácticos humanos.

 

Sugeriría que el grupo divida en dos partes el proceso de la meditación. Debería tener una planeada y definida meditación individual y grupal, y además llevar metódicamente una vida de reflexión espiritual, la que fomentará en el discípulo una vida dual, objetiva y subjetiva, mientras que la meditación formal lo ayudaría a enfocar la luz del alma en el cerebro y a sentar las bases para un servicio del alma, viviente e iluminado.

 

Este servicio sólo es la expresión en el plano físico de actitudes y actividades del alma, tal como las evidencia en su propio nivel de conciencia. Una fase de este doble trabajo, la fase reflexiva, se manifiesta en creciente comprensión y se expresa viviendo una vida intencional, es decir, "una vida que tiene un propósito". Conduce a un método de vida basado en un programa planeado, que se aproxima lo más posible al Plan y a los impulsos vitales jerárquicos. La segunda fase que corresponde a la meditación común, es un retiro consciente y definido. Si esto se hace correcta, deliberada y regularmente, se alcanzará con el tiempo una interacción telepática muy productiva entre los discípulos del grupo y entre el discípulo individual, el Maestro y el Ashrama principal. Además permitirá al discípulo ser más sensible a las "ondas superiores que otorgan facultades". Toda la meditación (incluyendo sus dos partes) implica, por lo tanto, vincular el corazón y la

 

cabeza, el acercamiento místico y el ocultista y también el sentimiento y el conocimiento.

 

Estas líneas de energía que vinculan y atan, pueden en realidad afluir únicamente desde el centro cardíaco. Por tal razón asigné ciertas meditaciones que estimulan el corazón para que entre en actividad, vinculando el centro cardíaco (entre los omóplatos) con el coronario, por intermedio de la analogía superior del centro cardíaco que se halla en la cabeza (el loto de mil pétalos). Cuando este centro cardíaco es adecuadamente radiante y magnético, relaciona a los discípulos entre sí y con todo el mundo, y produce la interacción telepática tan deseada y constructivamente útil para la Jerarquía espiritual -siempre que se lleve a cabo en un grupo de discípulos consagrados y dedicados a servir a la humanidad. Entonces se podrá confiar en ellos.

 

Una de las tareas que todo discípulo debe desempeñar, es evocar el aspecto voluntad del alma; la voluntad en su aspecto más elevado es comúnmente pasiva, hasta que el hombre huella el sendero del discipulado...

 

Quizás se pregunten hermanos míos, ¿de qué sirven estas analogías y datos informativos? Son de poca utilidad técnica para ustedes y, en realidad, aumentan su responsabilidad. Sin embargo, serán de valor real si sirven para establecer en la conciencia del discípulo el verdadero reconocimiento de la realidad, de la síntesis y de la relación. Estas tres palabras: realidad, síntesis y relación, indican la meta y el problema del discípulo, más el resultante efecto del trabajo consciente, inteligente y espiritual, motivado por el amor.

 

En la nueva era, como ya indiqué, la nota clave del progreso del aspirante será amor a la humanidad, lo cual indicará el despertar del centro cardíaco. En el pasado y hasta hace pocos años, la clave fue servicio (prestado altruistamente), y encerraba una técnica que ponía automáticamente en actividad el centro cardíaco. Los discípulos en su mayoría, carecen de amor a la humanidad. Aman a aquellos con quienes están asociados, el trabajo relacionado con el esfuerzo grupal, o aman a su propia nación; quizás amen a un ideal o a una presunción teórica pero no aman realmente a la humanidad como un todo. Su capacidad de amor tiene límites, y su principal problema en la actualidad es trascender esos límites; deben aprender que la humanidad es quien reclama su apoyo, lealtad y servicio. Les pido que reflexionen profundamente sobre lo expuesto, porque también encierra para ustedes la

 

 

tarea que tienen por delante al tratar de prepararse para la primera o la segunda iniciación.

 

Les recordaré que la vida del discípulo es siempre de riesgos y peligros, que los acepta voluntaria y deliberadamente para servir a la humanidad en bien del desenvolvimiento espiritual. Pero les pido que cada uno vigile con creciente cuidado la vida emocional y sus reacciones y también en particular el más minúsculo brote de espejismo. Les llamo la atención de que si aparecen en sus vidas condiciones emocionales y espejismos, no indica necesariamente fracaso. Sólo hay fracaso cuando uno llega a identificarse con esas condiciones astrales y a sucumbir a los antiguos ritmos. Pueden comprobar el éxito cuando, en la práctica de la meditación asignada, seguida con regularidad, aparecen condiciones indeseables; deben reconocerlas por lo que son, y evocar en ustedes esa "divina indiferencia" que deja morir de inanición a la emoción o al espejismo, al privarlos del "poder nutritivo" de la atención. Toda la historia del verdadero control emocional está contenido en esta última frase. El proceso de alcanzar este control constituye uno de los períodos más difíciles en la vida del discípulo y, desde el punto de vista del tiempo, uno de los más prolongados. Para esto deben estar preparados. Es difícil triunfar sobre la emoción, particularmente en esta época, debido al intenso estado emocional de la entera familia humana y del difundido temor y terror, del cual es responsable la energía de la Logia Negra de Adeptos. Esto complica definidamente el problema de ustedes y el de todos los discípulos, porque tiende a fomentar un espejismo muy poderoso. De manera que sigan adelante con valor, alegría, comprensión, extrema cautela y, al mismo tiempo, rapidez.

 

Les señalaré que la intención de todos los verdaderos discípulos es apoyar a sus hermanos de grupo con amor y comprensión. Con ello pueden contar. Les aseguro también que están circundados por el amor protector de vuestro Maestro y que en ningún momento los defraudaré... Pero, en último análisis, la batalla la librarán ustedes. (5/83-95)

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