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Puntos de revelación. Traer Revelación, objetivo del proceso preparatorio de la Iniciación.

En mis escritos anteriores traté considerablemente los Puntos de Crisis. Ahora podemos abordar y probar la vivencia de nuestro progreso desde el ángulo de los Puntos de Revelación. Todo el objetivo del proceso preparatorio de la iniciación es traer revelación. Deben siempre recordar que lo revelado está eternamente presente. Por lo tanto, hay una verdad oculta en el enunciado "nada nuevo hay bajo el sol". Todo lo revelado en el sendero del discipulado y de la iniciación ha estado siempre allí, pero lo que puede percibirse, exteriorizarse e incluirse, se ha desarrollado con las edades. En las primeras etapas del sendero del discipulado, el ojo de la visión es la mente iluminada. El sendero de la iniciación es aquel en que el ojo de la mente constituye la exteriorización -la percepción intuitiva del alma misma. Pero a medida que prosigue la evolución, lo que fue llevado hasta el punto de percibir las verdades existentes, difiere vastamente en el transcurso de los siglos. Aún el adepto de esta época es pronunciadamente más perceptivo e interpreta con más exactitud, siendo su visión más penetrante que la del adepto de los días atlantes; el iniciado que logre la percepción iniciática durante la futura era acuariana será mucho más evolucionado que los que actúan ahora como adeptos. 

 

Ya les he advertido que el discipulado va siendo cada vez más difícil, debido a que el discípulo moderno manifiesta una creciente sensibilidad a los valores y realidades esotéricas. Él puede percibir, y efectivamente percibe, lo que fue la meta de la iniciación en primitivos eones, percibiendo estas cosas normalmente y como hechos comprobados en su desarrollada conciencia. Éste es el paralelo espiritual del desarrollo de los cinco sentidos durante la evolución material. Su meta y su "dirección señalada" están muy lejos y su inclusividad le abre esas puertas que en tiempos primitivos sólo se abrían cuando golpeaba el iniciado. En consecuencia, no les presento ningún camino fácil, sino sólo un camino de dificultades y adaptaciones.

 

En posteriores etapas, en el sendero de iniciación, hay tres fases que conciernen a las reacciones del iniciado‑aspirante. Tenemos ante todo la visión del alma, pero así como en el pasado existía la visión y un punto de partida, ahora el discípulo moderno percibe también muchas de las etapas intermedias, las fuerzas opositoras, las obstrucciones, los obstáculos y los impedimentos que surgen rápidamente. Estas palabras las he elegido deliberadamente. El iniciado‑aspirante no está ahora totalmente ciego, ni avanza en la oscuridad total. Hay suficiente luz en él para obtener una "pequeña revelación" y, en esa luz, verá la luz mayor y logrará una percepción más real. Se ve a sí mismo y durante eones el discípulo siempre ha podido hacer eso. Pero ahora percibe y reconoce también a su hermano que está en la luz, que evoca las reacciones de la personalidad y que debe adaptarse no sólo a sí mismo, cuando se descubre como él es, sino también cuando descubre cómo es su hermano. Éstos no son reajustes fáciles y fueron advertidos cuando se impartieron Las Reglas del Camino.*

 

Quisiera enumerar, hermano mío, los enunciados más interesantes que hice en mi instrucción anterior, señalando los que contienen insinuaciones importantes y demostrarle con qué cuidado preparo esta vez lo que trato de impartirle, pues espero que estudie cuidadosamente mis palabras. Los pensamientos claves son:

 

  1. Sólo es de importancia lo que conoce por sí mismo y experimenta conscientemente.

       Se refiere especialmente a:

  1. su percepción de la visión,
  2. su contacto conmigo, su Maestro,
  3. su reconocimiento del proceso iniciático.

Dije que debía poseer (como meta) la conciencia iniciática, manifestándose por intermedio de la mente y el cerebro y, por consiguiente, en el plano físico.

 

2. La iniciación es, en lo que a usted concierne ahora, un "momento de crisis donde la conciencia se cierne sobre la línea fronteriza de la revelación". Esto involucra en consecuencia:

  1. Una enorme atracción entre los pares de opuestos.
  2. La existencia de un campo de tensión, como resultado de la atracción.
  3. El esfuerzo para permanecer firme en el punto medio.

 

* El Discipulado en la Nueva Era. T.I, pág. 535

Recordaré que esto no se refiere al hombre en el sendero de la vida, atraído como lo está por los pares de opuestos en el plano del deseo, sino al alma que permanece en el punto medio entre la mónada y la personalidad, preparándose para la Gran Renunciación -renunciación que la personalidad posibilita- y desaparecer, dejando a ambas (la personalidad y la mónada) perfectamente unificadas. Como alma, el hombre recibe la iniciación en plena conciencia vigílica. De allí el énfasis sobre el contacto con el alma cuando se huella el sendero de probación y se pasan las primeras etapas del discipulado. Esto hace que más tarde se ponga el énfasis en la necesidad de dos actividades mayores -antes de que el hombre pueda recibir iniciaciones superiores, cuando

       a. hay alineamiento y cuando

       b. se ha construido científicamente el antakarana.

3.    La revelación, dada al iniciado, no es una visión de posibilidades, sino una experiencia efectiva que conduce a:

  1. La evocación de nuevos poderes.
  2. El reconocimiento de nuevos métodos y campos de servicio.
  3. La libertad de movimiento dentro de los límites de la Jerarquía.
  4. Los nuevos contactos jerárquicos y las nuevas responsabilidades que enfrenta el iniciado.

 

Por lo tanto, comprende lo que San Pablo quiso decir cuando -hablando en términos jerárquicos- expresó, "Todas las cosas sean hechas nuevas". No es simplemente una cuestión de visión y contacto, sino de interrelación vital y de reconocimiento que trae consigo una percepción interna de la mente de Dios.

 

4. En los últimos siglos y hasta el año 1875, se puso el énfasis sobre cuatro líneas de enseñanza mediante:

  1. Las insinuaciones sobre el cambio del carácter que debe hacer la personalidad como preparación para la iniciación.
  2. La enseñanza sobre la unicidad de la Deidad y del orden universal.
  3. Las instrucciones sobre el proceso creador.
  4. El laya yoga o la yoga de la energía, actuando a través de centros de fuerza.

 

Dos cosas deben suceder ahora: las teorías impartidas que guiaron hasta ahora el pensamiento del discípulo, deben convertirse en experiencias prácticas y efectuarse un cambio en la conciencia, de tal manera que la actual visión debe convertirse en experiencia pasada y tener lugar un reconocimiento nuevo y más profundo y totalmente diferente de las antiguas metas. Aquí tiene lugar, en consecuencia, una prueba total de los antiguos métodos y formas de trabajar jerárquicos. Lo que proporcionó el pasado ¿resultó ser una preparación adecuada para los métodos y las proposiciones del futuro? ¿Los cimientos de la verdad fueron tan sólidos como para que la futura superestructura, basada en una sólida realidad, pudiera resistir el impacto de las nuevas fuerzas solares y cósmicas entrantes? ¿Seguirá teniendo valor el antiguo trabajo de la Jerarquía? Todos estos problemas son enfrentados actualmente por los iniciados instructores.

 

Así como las actitudes del discípulo frente a la vida cotidiana y a los eventos mundiales son totalmente distintas de las del hombre común, porque el discípulo vive cada vez más en el mundo del significado, del mismo modo el discípulo‑iniciado desarrolla una actitud hacia los procesos del vivir y los acontecimientos mundiales, basada lógicamente en el carácter, demostrada en el mundo del significado, que arroja sobre ellos una luz distinta, y en un móvil -fundado en un conocimiento y comprensión recientemente adquiridos-, que es muy diferente del de las dos condiciones anteriores. Se dan por sentadas las cuatro líneas de enseñanza; se supone que el iniciado ha captado y dominado todo en cierta medida experimental y experimentada. Ahora deben controlar las nuevas fórmulas de la vida, las fórmulas de la vida, nolas del alma. El nuevo conocimiento debe reemplazar al antiguo y nada tendrá que ver con lo que hasta ahora fue considerado como meta final.

 

Un ejemplo de esto lo tenemos en el esoterista del pasado, que muy poco sabía sobre los siete rayos y sus siete consiguientes tipos y nada se le impartía sobre Shamballa. Ahora los discípulos instruidos van percibiendo lentamente estos nuevos valores y verdades y la séptuple fuente de expresión de la vida; en el futuro la Voluntad de Dios irá conscientemente tomando forma en las mentes de los hombres de tal manera, que las antiguas verdades condicionarán y controlarán como nunca, pero automáticamente caerán bajo el umbral de la conciencia, y los nuevos valores y reconocimientos que emergen ocuparán el lugar que les corresponde en la superficie de la conciencia de todos los discípulos -los cuales serán legión.

 

  1. El cuerpo astral no constituye un obstáculo para el discípulo‑iniciado, sino que proporciona un medio para esta­blecer fácilmente contacto con la Jerarquía, lo cual se debe a que el vínculo entre el cuerpo astral y la conciencia búdica va siendo más estrecho en esta etapa. Ambos constituyen imprescindiblemente el par de opuestos queeventualmente se fusionarán; entonces desaparecerá el cuerpo astral como desaparece el cuerpo del alma en una etapa posterior de desarrollo.

 

  1. Cada discípulo debe descubrir por sí mismo la iniciación para la cual se está preparando; el Maestro nunca revela esta información. La luz respecto al tema, llega por el reconocimiento de las pruebas y los tipos de experiencia que debe pasar. En otra parte he dicho "que este asunto es de orientación interna y no de información externa".

El reconocimiento y la orientación son las notas clave de esta fase.

 

  1. La humildad es siempre necesaria, lo cual involucra:
  2. Un sentido ajustado de la recta proporción.
  3. Un punto de vista equilibrado.
  4. Una actitud desapasionada.
  5. Un fiel reconocimiento del haber y del debe.

Aquí también les hago una insinuación de que la verdadera humildad se basa en la realidad, la visión y la presión del tiempo.

 

  1. Los discípulos enfrentan dos objetivos inmediatos, más la necesidad de obtener una cualidad:
  2. Integrarse en el Ashrama interno como "discípulos activos".
  3. Entrar en contacto con el Maestro a voluntad.
  4. Desarrollar la divina indiferencia.
  5. En lo que a las fórmulas respecta, evoca automáticamente dos reacciones en el verdadero discípulo y en el verdadero grupo del ashrama:
  6. La reacción denominada "la fórmula de revelación" Esto significa respuesta sensible a las antiguas fórmulas dadas a quienes se preparan para la iniciación. Una ya la he dado.
  7. La reacción denominada "el descubrimiento del punto dentro del círculo".

 

¿Han pensado alguna vez, hermanos míos, que una de las razones por la que no han establecido libremente contacto en su conciencia vigílica, ni me han hablado directamente, se debe a que el "círculo" es sólo para ustedes una teoría? Mientras el círculo de hermanos no sea una realidad en la conciencia diaria y de principal importancia en la vida cotidiana, no es posible hacer contacto con el "Punto". El discípulo comienza a moverse en la periferia del círculo del Maestro y va hacia el centro; sin embargo, se inclina a invertir este procedimiento en su conciencia.

 

He dicho que la iniciación es esencialmente un proceso de revelación. Para el discípulo que se está preparando para recibir una iniciación, el énfasis necesariamente se pone sobre el reconocimiento -el inteligente reconocimiento de lo que debe ser revelado. Esto requiere que él salga definitivamente del mundo del espejismo para poder percibir con claridad la nueva visión; se arroja una nueva luz sobre las antiguas y bien conocidas verdades para que cambie extraordinariamente su significación y, en este cambio, el plan o propósito de la Deidad adquiere un significado totalmente nuevo. El neófito inexperto recibe constantemente revelaciones y registra lo que considera intuiciones poco comunes. Sin embargo, lo que realmente sucede es que va siendo consciente del conocimiento del alma, mientras que para el iniciado la intuición es siempre la revelación del propósito de Shamballa y el cumplimiento, sea desde un ángulo extenso o breve, del Plan divino. La revelación acordada en la iniciación es dada al alma, registrada por la "mente mantenida firme en la luz" y más tarde -con mayor o menor rapidez- es transferida al cerebro. Por lo tanto, podrá verse la verdadera intención del sistema de Raja Yoga que entrena la mente para ser receptiva oportunamente a la Triada espiritual. Se observará también que, durante siglos, el énfasis de los Instructores de la Sabiduría Eterna fue puesto sobre la necesidad de la discriminación, particularmente en lo que al discípulo en probación concierne.

 

Ahora estoy tratando de que la actual enseñanza sobre la iniciación dé un paso adelante y demostrar que esencialmente no es un proceso de fusión de la personalidad con el alma (aunque ése debe ser el paso preliminar), sino de integración de la mónada con la personalidad, llevado a cabo por haber obtenido el alineamiento con el alma. La iniciación, en realidad, es el proceso esencial e inevitable de transferir la primaria triplicidad de la manifestación, a la dualidad básica espíritu materia. La crucifixión y muerte de Cristo estaban destinadas a "disolver al intermediario" y a revelar a los iniciados de los últimos 2000 años, la transmutación de la trinidad de la manifestación en la dualidad del propósito. No puedo expresar esto de otra manera, pero el iluminado comprenderá lo que quiero decir. Los interpretadores del Evangelio y los numerosos discípulos de la dispensación cristiana, no captaron en forma peculiar esta revelación; pusieron el énfasis sobre la muerte de la personalidad cuando Cristo pasó por la experiencia del "gran vacío de la oscuridad" y emitió en voz alta el mántram oculto, "Dios Mío, Dios Mío, ¿por qué Me has abandonado?", reconociendo con eso simultáneamente la diferencia que había con Su "manto de gloria" (simbolizado en el reparto de Su vestidura por los soldados romanos), llamando también la

atención a todos los futuros discípulos e iniciados sobre la desaparición del "principio medio", el alma; Él proyectaba (en la conciencia mundial) el reconocimiento que debe venir por la relación con el Padre o la Mónada. Esta gran disolución culmina para nosotros en el momento de la tercera iniciación, cuando la Luz de la mónada anula a la luz del alma y a la luz atómica material de la triple personalidad. Pero -y aquí reside la cuestión- el reconocimiento de esta muerte y sus efectos, sólo está simbólicamente representado y reconocido en el momento de la cuarta iniciación, la Crucifixión. Todas las disoluciones, muertes, renunciaciones y desapariciones menores, de lo que la naturaleza inferior aferra y a su vez es aferrada, actúan en relación con los aspectos habituales de la vida de la forma y de la consciente sensibilidad y percepción, y son simplemente preparatorias y simbolizan la gran disolución final del cuerpo causal, consumada en la Crucifixión. Esto conduce a la resurrección, o elevación de la conciencia de la personalidad‑alma (debidamente fusionada y mezclada) en la conciencia de la mónada, la cual es lograda finalmente y llevada al grado de perfección solar en la iniciación de la Ascensión.

 

He presentado esta enseñanza en términos cristianos para que ustedes puedan captarla más fácilmente, pero existen otras y numerosas formulaciones y acercamientos a estas verdades y, cuanto más nuevas, más cuesta presentarlas. Sólo las comprenderán quienes están por recibir inminentemente la iniciación; otros preferirán interpretarlas para sí mismos mediante fórmulas fáciles y muy conocidas de la etapa preparatoria para la unificación del alma y la personalidad.

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