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El Cristo Y El Iniciador Uno

La revelación es la progresiva penetración: primero en la Mente, luego en el Corazón y, finalmente, en el Propósito de Aquel en Quien vivimos, nos movemos y tenemos nuestro ser.

 

En las primeras dos iniciaciones el alma es el agente de la revelación, razón por la cual se dice que la primera iniciación es, en verdad, la expresión de la propia divinidad interna del hombre.

 

Por eso se las considera a las dos primeras iniciaciones como las "iniciaciones en el umbral". Aquí debe tenerse en cuenta el trabajo que realiza el Cristo o Quien sea el Guía cíclico de la Jerarquía, en colaboración con el alma del iniciado en el plano del alma, el mental; el Hijo de la Mente es liberado y entonces son posibles las iniciaciones superiores. Después de ello, puede enfrentar o afrontar paso a paso al Iniciador Uno y se le revela al alma mundial, la conciencia planetaria -de la cual el Alma o conciencia individual es parte integrante... Todo el tema de la revelación se refiere a la revelación de la luz e implica muchas y variadas interpretaciones de la palabra "luz", concierne al descubrimiento de las zonas iluminadas del ser, que de otra manera permanecen desconocidas y, por lo tanto, ocultas. Creamos luz; empleamos luz; descubrimos luces mayores que sirven para revelarnos al Dios Desconocido. Es la luz guiadora en nosotros que oportunamente revela esas luces más brillantes que introducen el proceso de la revelación. (El Discipulado en la Nueva Era II, págs. 435-436, ed. inglesa) 

 

Durante las dos primeras iniciaciones, el Ángel de la Presencia permaneció entre el

discípulo-aspirante y la Presencia. En las iniciaciones posteriores, el Cristo Mismo es el Ángel de

la Presencia, uno con el alma del aspirante (el Ángel individual de la Presencia). A través del

corazón de Cristo pasa, como un haz de luz, el poder dinámico del Iniciador Uno, aminorado o

diluido por el Cristo, a fin de que el aspirante pueda apropiarse de su potencia, sin riesgo ni

 

Después de la tercera iniciación el aspirante debe enfrentar por sí solo el Iniciador Uno, sin

que ningún personaje protector permanezca entre él y la fuente eterna de omnipoder. El Cristo está

presente, atento y prestando apoyo. Permanece directamente detrás del Iniciado, a fin de detener y

distribuir la potencia que atraviesa el cuerpo y los centros del iniciado, y a cada lado de él

permanece un Maestro. Sin embargo, enfrenta al Iniciador, por sí solo y sin protección. Aún en esta

iniciación muy posterior, no puede "ver directamente", según se dice. Es consciente de un

minúsculo punto de luz que se acrecienta, hasta alcanzar un intenso brillo, y se convierte ante él en

una estrella de cinco puntas. Durante la cuarta iniciación no brilla ante él la estrella sino un

triángulo, y dentro del triángulo percibirá un ojo que lo observa y, por primera vez, ve

"directamente" al Altísimo. Durante la quinta iniciación ningún símbolo o sustancia luz, lo separa o

protege, pero permanece cara a cara ante el Iniciador y posee plena libertad dentro de la Ciudad de

Dios. Aún no es miembro del Gran Concilio, pero tiene el derecho de entrar en Shamballa y desde

allí avanza hacia una relación más íntima, si ése es el destino elegido. Quizás no llegue a ser

Miembro del Gran Concilio; esto está reservado a unos pocos y a Quienes pueden recibir

iniciaciones más elevadas dentro del "círculo no se pasa" de nuestro planeta -tarea de enorme

dificultad. Como ya he dicho, existen otras e interesantes alternativas.

(Rayos V, págs. 176-178, ed. inglesa)

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