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Desarrollo Mediante La Meditación de la Iniciación

El centro cardíaco se abre antes que el coronario. El amor debe desarrollarse antes de emplear sin peligro el poder. Por lo tanto, la luz del amor debe actuar antes de utilizar conscientemente la luz de la vida. Cuando el loto del centro cardíaco se abre y revela el amor de Dios, tiene lugar, por la meditación, un desarrollo sincrónico en la cabeza. Se despierta el loto de doce pétalos en la cabeza (analogía superior del centro cardíaco, intermediario entre el loto egoico de doce pétalos, en su propio plano, y el centro coronario). La glándula pineal pasa gradualmente de un estado de atrofia a uno de plena actividad, y el centro de la conciencia es transferido de la naturaleza emocional a la conciencia de la mente iluminada. Esto señala la transición efectuada en el místico para entrar en el sendero del ocultista, conservando, como ocurre siempre, su conocimiento y percepción mística, pero agregando a ello el conocimiento intelectual y el poder consciente del ocultista y del yogui entrenado.

 

Desde el punto de poder, situado en la cabeza, el yogui dirige todos sus asuntos y esfuerzos, proyectando sobre los acontecimientos, circunstancias y problemas, la "despierta luz interna", siendo guiado por el amor, la percepción interna y la sabiduría que posee, debido a que ha transmutado su naturaleza amorosa, despertado su centro cardíaco y transferido al corazón los fuegos del plexo solar. 

 

Aquí cabe una pregunta oportuna: ¿cómo se logra la unificación del corazón y la cabeza,

que produce la luminosidad del "órgano central" y emanación de la radiación interna? Expuesto en

forma breve, se produce por:

 

1. La subyugación de la naturaleza inferior, que transfiere a tres centros, el coronario, el

cardíaco y el laríngeo, situados arriba del diafragma, la actividad llevada a cabo durante la

vida, abajo del plexo solar e incluso en éste. Esto se realiza mediante la vida, el amor y el

servicio, no por medio de ejercicios respiratorios ni desarrollando la mediumnidad.

 

2. La práctica del amor, enfocando la atención en la vida y servicio del corazón, comprendiendo

que el centro cardíaco es el reflejo del alma en el hombre, la cual deberá guiar las cuestiones

del corazón, desde el trono o sitial entre las cejas.

 

3. El conocimiento de la meditación. Por medio de la meditación, ejemplificada en el aforismo

básico de la yoga de que "la energía sigue al pensamiento", se producen todos los

desenvolvimientos y desarrollos que el aspirante desea. Por medio de la meditación, el centro

cardíaco (que en el hombre no evolucionado se representa como un loto cerrado vuelta hacia

abajo) se invierte, se vuelve hacia arriba y se abre. En su centro está la luz del amor. La

radiación de esta luz, al proyectarse hacia arriba, ilumina el sendero hacia Dios, pero no es el

Sendero, excepto en el sentido de que a medida que hollamos lo que el corazón desea (en

sentido inferior), esa senda conduce al Sendero mismo.

 

Quizás resulte más claro si nos damos cuenta que parte de ese sendero reside en nosotros

mismos, y esto nos lo revela el corazón, que conduce a la cabeza, donde descubrimos el primer

Portal del Sendero, por el que entramos en la senda de la vida, que nos aleja de la vida corporal, y

conduce a la más completa liberación de las experiencias de la carne y de los tres mundos.

 

Todo es un solo sendero, pero el sendero de la iniciación lo debe hollar conscientemente el

pensador, actuando por medio del órgano central de la cabeza, recorriendo inteligentemente el

sendero que a través de los tres mundos conduce a la región o reino del alma.(La Luz del Alma, págs. 293-295, ed. inglesa)

 

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