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LA NATURALEZA DEL CUERPO ETERICO

Gran parte de lo que expondré aquí posiblemente sea conocido, porque hay en mis libros una vasta información respecto al cuerpo etérico. Sin embargo, sería de valor que los estudiantes pudieran recibir, en pocas páginas, una idea general y los concep­tos fundamentales que subyacen en esta enseñanza o ¿debería decir en esta realidad? Si disponen de tiempo sería conveniente que relean lo que ya he dicho, y hojeen mis libros y artículos en busca de la palabra “etérico”. No se arrepentirán. La vida, el futu­ro entrenamiento, las conclusiones a que arribará la ciencia y un nuevo sistema de civilización, se enfocarán cada vez más en esta excepcional sustancia que es la verdadera forma que conforma todos los cuerpos físicos en cada reino de la naturaleza. Observen esta fraseología.

 

 

Actualmente el ocultismo es negativo respecto a la realidad y a la naturaleza del cuerpo etérico. La gente está dispuesta a aceptar su existencia, pero lo que predomina en su conciencia es la reali­dad del cuerpo físico (para cuyo bienestar, seguridad y cuidado dedican toda su vida) y la realidad de la naturaleza astral o emo­cional. Ni las personas ni los estudiantes esotéricos ponen atención sobre el cuerpo etérico, existiendo hoy una gran brecha en la conciencia (siendo actualmente normal y correcta) entre la per­sonalidad y la Tríada espiritual, la cual será eliminada mediante la construcción del antakarana, que sólo podrá ser construido por los estudiantes más avanzados. Aún no se ha planeado construir este puente en la conciencia, entre el cuerpo físico y su contraparte etérica. El cuerpo etérico existe en materia etérica sutil, y en rea­lidad no existe tal brecha, sino que la humanidad ignora un as­pecto del cuerpo físico de mucha más importancia que el vehículo físico denso. Actualmente la conciencia humana es de carácter físico astral, ignorándose el factor que condiciona las energías, pues desde el ángulo de la conciencia no existe.

 

Una de las principales obligaciones de los estudiantes esotéricos consiste en verificar la existencia del cuerpo etérico; la ciencia moderna lo está comprobando, porque sus investigaciones la han llevado al campo de la energía. La electroterapia, el progresivo reconocimiento de que el hombre es de naturaleza eléctrica y la comprensión de que, incluso el átomo de los objetos aparentemente inanimados, es una entidad viviente y vibrante, comprueban este punto de vista esotérico. Generalizando, la ciencia ha precedido al esoterismo en el reconocimiento de la energía como factor domi­nante en toda expresión de la forma. Los teósofos y otros esoteris­tas se enorgullecen de ser los pensadores más avanzados, pero no es verdad. H. P. B., iniciado de alto grado, presentó puntos de vista científicos muy avanzados, pero ello no significa que pertenezcan a los exponentes de la enseñanza teosófica. El conocimiento de que todas las formas manifestadas son formas de energía de las cuales la forma humana no es una excepción, la humanidad se lo debe a la ciencia y no al ocultismo. La demostración de que la luz y la ma­teria son términos sinónimos es también una conclusión científica. Los esotéricos siempre lo han sabido, pero sus presentaciones agre­sivas y tontas de la verdad han obstaculizado enormemente a la Jerarquía. Con frecuencia, los Maestros han deplorado la técnica de los teósofos y de otros grupos ocultistas. Cuando la nueva pre­sentación y la enseñanza esotérica aparecieron por medio de la actividad inspirada de H. P. B., un grupo de teósofos (que ha ido acre­centándose en el trascurso de los años) presentó las enseñanzas esotéricas en tal forma, que fue tergiversada la verdadera enseñanza y ultrajada la percepción intelectual de los investigadores y personas inteligentes. La enseñanza sobre el cuerpo etérico es un ejemplo de ello. H. P. B. fue en gran parte responsable cuando, al utilizar la palabra “astral” dio amplia información sobre el cuerpo etérico y sobre el astral. Esto se debió a la comprensión de que el cuerpo astral estaba destinado a desaparecer en unas cuantas ge­neraciones (hablando en forma relativa); particularmente para H. P. B. ya no existía, debido al elevado grado de evolución que había alcanzado este discípulo.

 

Sabiendo que el cuerpo etérico ha sido siempre una expresión de la energía dominante que controla a la humanidad en cualquier ciclo, H. P. B. empleó el término “cuerpo astral” como sinónimo de cuerpo etérico. El cuerpo etérico, en la mayoría de los casos, es el vehículo o instrumento de la energía astral. La mayoría de los hom­bres son todavía de naturaleza atlante o astral, lo cual significa que existe un porcentaje mucho mayor de lo que admite el ocul­tista común. H. P. B. no obstante fue sincera; y sabía que en esa época y durante los siglos venideros (probablemente unos 300 años), el cuerpo astral seguirá rigiendo las múltiples reacciones humanas y su expresión en la vida diaria. De allí la aparente con­fusión de los escritos respecto a ambos “cuerpos”.

 

La siguiente afirmación es fundamental, y rige y controla todo el pensamiento respecto al cuerpo etérico:

 

El cuerpo etérico está compuesto principalmente de energía o energías predominantes, a las cuales el hombre, el grupo, la nación o el mundo, reaccionan durante un ciclo determinado o período mundial.

 

Si se quiere comprender esto con claridad, es esencial que deje sentadas ciertas proposiciones referentes al cuerpo etérico, que han de regir el modo de pensar del estudiante; si no rigen, el estudiante se acercará a la verdad desde un ángulo erróneo, y esto no lo hace la ciencia moderna. La limitación de la ciencia moderna estriba en su falta de visión, pero sus posibilidades resi­den en que reconoce la verdad cuando la comprueba. Es esencial que la verdad resplandezca en todas las circunstancias, de lo cual la ciencia da un verdadero ejemplo, aunque ignora y des­precia al ocultismo. Los científicos esotéricos se obstaculizan a sí mismos debido a su forma de presentar la verdad y a su falsa humildad. Ambas son malas.

 

Existen seis proposiciones que rigen cualquier consideración sobre el cuerpo etérico, y quisiera presentarlas a los estudiantes como primer paso:

1.   No existe nada en el universo manifestado –solar, plane­tario y en los distintos reinos de la naturaleza– que no po­sea una forma sutil e intangible, aunque sustancial, de ener­gía que controle, rija y condicione al cuerpo físico externo. Este es el cuerpo etérico.

2.   Esta forma de energía –que subyace en el sistema solar, en los planetas y en todas las formas existentes dentro de su “círculo no se pasa” específico– está condicionada y re­gida por la energía solar o planetaria predominante, que incesante e ininterrumpidamente la crea, cambia y cualifica. El cuerpo etérico está sujeto a incesantes cambios. Esto es verdad respecto al Macrocosmos, e igualmente verdad res­pecto al hombre, el microcosmos, y –por intermedio de la humanidad– eventual y misteriosamente probará la verdad, en lo que atañe a todos los reinos subhumanos de la naturaleza. Los reinos animal y vegetal lo evidencian.

3.   El vehículo etérico está compuesto de líneas de fuerza en­trelazadas y circulantes, emanando de uno u  otro o, de uno o varios de los siete planos o zonas de conciencia de nuestra Vida planetaria.

4.   Dichas líneas de energía y –este sistema estrechamente en­tretejido de corrientes de fuerza, se relacionan con siete centros focales que se encuentran dentro del cuerpo etérico, estando cada uno relacionado con cierto tipo de energía en­trante. Cuando la energía que llega al cuerpo etérico no está relacionada con un determinado centro, éste permanece inac­tivo y dormido, pero cuando lo está y es sensible a su im­pacto, entonces ese centro llega a ser vibrante y receptivo y se desarrolla como un factor que controla la vida del hombre en el plano físico.

5.   El cuerpo físico denso, compuesto de átomos, cada uno con su vida, luz y actividad individuales, se mantiene unido por las energías que componen el cuerpo etérico y es la expre­sión de ellas, siendo de dos tipos:

a.     Las energías que forman (mediante “líneas de potente energía entrelazadas”) el vehículo etérico, considerado como una totalidad y en relación con todas las formas físicas. Esta forma está cualificada por la vida general y lavitalidad del plano en el cual actúa el Morador del cuerpo, siendo allí donde normalmente se halla enfocada su conciencia.

b.     Las energías particularizadas o especializadas, a las cua­les el individuo (en este punto específico de su evolución, mediante las circunstancias de su vida diaria y su atavis­mo) elige para regir sus actividades cotidianas.

6.   El cuerpo etérico tiene muchos centros de fuerza, que res­ponden a las múltiples energías de nuestra vida planetaria; consideraré sólo los siete mayores  que responden a las ener­gías afluyentes de los siete rayos. Los centros menores es­tán condicionados por los siete mayores, algo que los estu­diantes olvidan con frecuencia. Aquí es de utilidad el cono­cimiento de los rayos egoico y de la Personalidad.

 

Es evidente, por lo tanto, cuán importante resulta el tema de la energía, pues controla y hace al hombre ser lo que es en todo momento, indicándole, análogamente, el plano en el que debe actuar y el método por el cual ha de gobernar su medio ambiente, circunstancias y relaciones. La captación de esto le permitirá com­prender que tiene que transferir su atención de los planos físico o astral a los niveles etéricos de percepción; entonces su objetivo consistirá en determinar qué energía –o energías, si es un discí­pulo avanzado– deberá controlar su expresión en la vida diaria. Entonces sabrá que a medida que eleva su actitud, realización y comparación a niveles superiores, su cuerpo etérico cambiará y responderá constantemente a las nuevas energías, que atraerá voluntariamente;este es el verdadero significado de la palabra “vo­luntariamente”.

 

No resulta fácil para el clarividente común distinguir el cuerpo etérico de su medio ambiente o aislar su tipo particular de ener­gía o vivencia, porque su autómata, el cuerpo físico –compuesto de átomos energéticos vibrantes– está en constante movimiento, lo cual produce corno consecuencia la necesaria irradiación, siendo el magnetismo animal un ejemplo de dicha irradiación. Esta ema­nación del cuerpo físico denso se mezcla normal y naturalmente con las energías del cuerpo etérico, y es por ello que sólo el vidente entrenado puede diferenciar entre ambas, especialmente dentro del cuerpo físico mismo.

 

Desde cierto punto de vista el cuerpo etérico debe ser consi­derado de dos maneras: primero, como que interpenetra, sostiene y ocupa todo el organismo físico y, segundo, corno que se extiende más allá de la forma física, a la cual circunda y rodea como un aura. De acuerdo con el grado de evolución así será la extensión de la zona que abarca el cuerpo etérico más allá de la parte externa del cuerpo físico. Puede extenderse a pocas o muchas pulgadas. El cuerpo vital o etérico puede ser estudiado con cierta facilidad sólo en esta zona, una vez que la actividad emanante de los átomos fí­sicos es contrarrestada o considerada.

 

La red del cuerpo etérico compenetra todas las partes del cuer­po físico. En la actualidad se halla principalmente asociada al sis­tema nervioso, nutrido, energetizado y controlado por su contra­parte etérica, la cual existe en millones de pequeñas corrientes o líneas de energía, que el ocultista oriental denomina “nadis”. Los nadis son los conductores de la cualidad de la energía, siendo en realidad la energía misma, y llevan la cualidad de la energía pro­veniente de alguna zona de conciencia donde el “morador del cuer­po” podría estar enfocado, quizás en el plano astral o en los planos de la Tríada espiritual, siendo la única manera que las energías pueden controlar el cuerpo físico desde cualquier plano, no importa cuán elevado sea. Según el enfoque de la conciencia, el es­tado síquico de percepción, la potencia de la aspiración o deseo y el grado de evolución o estado espiritual, así será el tipo de ener­gía trasportado por los nadis, los cuales la pasan al sistema ner­vioso externo, Esta proposición general debe ser aceptada, pues el tema es aún demasiado complicado y el mecanismo de obser­vación del estudiante está muy poco desarrollado como para que yo pueda entrar en mayores detalles. Esto bastará como hipó­tesis inicial del trabajo.

 

La cantidad y el tipo de energía que controla cualquier as­pecto del sistema nervioso están condicionados por el centro si­tuado en su zona inmediata. En último análisis un centro es un agente distribuidor. Aunque esa energía afectará a todo el cuer­po, el centro que más responda a la cualidad y al tipo afectará poderosamente a los nadis y, por consiguiente, a los nervios, en su medio ambiente inmediato.

 

Debe recordarse que los siete centros no se hallan dentro del cuerpo físico denso; existen únicamente en materia etérica y en la denominada aura etérica, hallándose fuera del cuerpo físico, y estrechamente relacionados con el cuerpo físico denso por medio de la red de nadis. Cinco de los centros están ubi­cados en la contraparte etérica de la columna vertebral, y la energía pasa (desde los grandes nadis que responden) a través de las vértebras y de la columna vertebral, circulando luego por todo el cuerpo etérico, pues está internamente activo en el vehículo físico. Los tres centros de la cabeza están ubicados, uno sobre la parte superior de la cabeza, otro delante de los ojos y la frente y el tercero en la parte posterior de la cabeza, justa­mente donde termina la columna vertebral. Forman ocho cen­tros, que en realidad son siete, pues al centro en la parte poste­rior de la cabeza no se lo tiene en cuenta en el proceso iniciático, como tampoco al centro esplénico.

 

El poderoso efecto de la entrada de energía, vía el cuerpo energético, ha creado automáticamente estos centros o reservas de fuerza; puntos focales de energía que el hombre espiritual tiene que aprender a utilizar y con los cuales podrá dirigir la energía adonde es necesaria. Cada uno de estos siete centros ha ido apareciendo en el curso de la evolución humana, en res­puesta a energías de uno o de varios de los siete rayos. El im­pacto de estos rayos sobre el cuerpo etérico, al emanar de los siete rayos, como lo hacen periódica e incesantemente, es tan poderoso que las siete zonas del cuerpo etérico se sensibilizan en forma más aguda que el resto del vehículo, convirtiéndose a su debido tiempo en centros de respuesta y de distribución. El efec­to de estos siete centros sobre el cuerpo físico produce oportuna­mente una condensación o un estado de lo que se denomina “respuesta atraída” desde la materia densa, y así los siete cen­tros mayores de las glándulas endocrinas entran lentamente en activo funcionamiento. Se debe tener presente que el desarrollo del cuerpo etérico consta de dos etapas históricas:

 

  1. Aquella en que la energía etérica, fluyendo por los centros de respuesta y creando en consecuencia las glándulas endocrinas,

     

    tuvo un efecto gradual y bien definido sobre la corriente sanguínea; la energía actuó exclusivamente a través de ese medio durante mucho tiempo, y aún lo hace, porque el aspecto vida de la energía anima a la sangre mediante los centros y sus agentes, las glándulas. De allí las palabras bíblicas “la sangre es la vida”.

     

  2. A medida que la raza humana se desarrolló, adquirió ma­yor conciencia y tuvieron lugar grandes expansiones; los centros comenzaron a aumentar su actividad y a emplear los nadis, actuando sobre el sistema nervioso, y a través de él, lo cual trajo una actividad consciente y planeada en el plano físico, de acuerdo al lugar que ocupaba el hom­bre en la escala evolutiva.

     

    Así la energía entrante, que formaba el cuerpo etérico, creó el mecanismo etérico necesario con las correspondientes con­trapartes físico densas. Se observará en consecuencia que por su relación con la sangre, vía las glándulas, y con el sistema nervioso, vía los nadis (y ambos, por medio de los siete cen­tros), se convirtió en trasmisor de dos aspectos de energía: uno era kama‑manásico (deseo y mente inferior), el otro, átmico­búdico (voluntad y amor espirituales), en el caso de la humani­dad avanzada. Aquí hay una gran oportunidad para todos, a medida que la Ley de Evolución rige a toda la manifestación. Lo que es verdad respecto del Macrocosmos lo es también del microcosmos. (11/113-119)

     

     

     

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