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ENFERMEDADES Y PROBLEMAS EN RELACION CON LOS CHAKRAS, I

Clasificaré lo que tengo que decir sobre este tema, en cuatro títulos:

 

  1. Problemas que surgen por el despertar de los centros. Éstos constituyen la mayor dificultad y, por lo tanto, se tratarán primero.

 

  1. Problemas que surgen por el desarrollo de los poderes sí­quicos.

 

  1. Problemas vinculados con las condiciones y los problemas del grupo.

 

  1. Problemas relacionados con las salientes fuerzas de sexto rayo y las entrantes influencias de séptimo rayo.

 

a. PROBLEMAS QUE SURGEN DEL DESPERTAR Y EL ESTÍMULO DE LOS CENTROS

 

Quienes leyeron mis otros libros y tratados, sabrán cuán inmenso es el tema que nos ocupa y qué poco se conoce y enseña sobre los centros, sus emanaciones de fuerza y la actividad del cuerpo vital o etérico, que es el receptor y distribuidor de energías, energías que determinan y condicionan las circunstancias y la siquis del ser humano y produce, en último análisis, la manifes­tación fenoménica del hombre en el plano físico, además de sus características inherentes. Esta información ya la he dado ante­riormente y pueden leerla y estudiarla quienes tienen interés. Así podrán esclarecer su conocimiento sobre los distintos centros. Una cosa quisiera señalar aquí, que más adelante dilucidaré, y es la relación que existe entre los diversos centros y los rayos:

 

Primer rayo                  Poder o Voluntad                                 Centro coronario.

Segundo rayo              Amor-Sabiduría                        Centro cardíaco.

            Tercer rayo                   Inteligencia Activa                                Centro laríngeo.

            Cuarto rayo                  Armonía a través del Conflicto Centro ajna.

            Quinto rayo                  Conocimiento Concreto                        Centro sacro.

            Sexto rayo                   Devoción                                             Plexo solar.

            Séptimo rayo               Orden Ceremonial                     Base de la columna vertebral.

 

Podría aprenderse mucho reuniendo en un sólo libro toda la infor­mación dada sobre este tema, y relacionando así lo que se conoce sobre estos puntos específicos de energía que se hallan en la estruc­tura humana. Sólo puedo dar una idea general sobre el tema, indicar ciertas líneas de desarrollo y relación, respecto a los siete centros mayores, las siete glándulas principales y los lugares y zonas del cuerpo humano donde están ubicadas estas glándulas y centros. También quisiera pedirles que traten de comprender cinco cosas:

 

  1. Que las personas poco desarrolladas son energetizadas e im­pulsadas a la actividad externa mediante los tres centros que están debajo del diafragma.

 

  1. Que el hombre común comienza a funcionar principalmente por medio del centro plexo solar y a utilizarlo como centro de fuerza para transferir energías que deben ser llevadas de abajo a arriba del diafragma.

 

  1. Que los aspirantes del mundo son energetizados y controlados lentamente por las fuerzas que se están transfiriendo de los. centros situados debajo del diafragma al centro laríngeo y desde el alma al centro laríngeo, lo cual conduce a una acti­vidad creadora determinada.

 

 

  1. Que los discípulos del mundo comienzan a ser regidos y con­trolados por los centros laríngeo y cardíaco y también empie­zan a transferir las fuerzas que han sido elevadas a los centros cardíaco y laríngeo, y de éste al centro agña, ubicado entre las cejas, en el medio de la frente. Realizado esto, el hombre se convierte entonces en una personalidad integrada. El alma también estimula al centro agna.

 

  1. Que los discípulos más avanzados y los iniciados del mundo son energetizados desde dos fuentes: las energías que ascien­den y se elevan hasta la cabeza desde los centros del cuerpo, y las que afluyen a la estructura humana desde el alma, por conducto del centro más elevado ubicado en la cima de la cabeza.

 

Todo el procedimiento, como podrá verse, consiste en desarrollar, utilizar y transferir, como sucede en todo el desarrollo evolutivo. Existen dos centros principales de trasferencia en el cuerpo etérico -el plexo solar y el laríngeo- y un centro mayor a través del cual la energía del alma debe afluir cuando llegue el momento apropiado y afluirá conscientemente y con plena percepción del discípulo. A ese centro se lo denomina coronario, o el loto de mil pétalos, en la filosofía oriental. El problema del hombre común está por consiguiente vinculado al plexo solar. El problema del aspirante avanzado, del discípulo y del iniciado de grado inferior, está vinculado con el centro creador, el laríngeo.

 

Recordaré a los estudiantes que en los tres puntos siguientes, relacionados con la trasferencia de energía, debe tenerse en cuenta:

 

  1. Que debe hacerse una transferencia de energías desde los cen­tros inferiores a los superiores; esto generalmente se efectúa en dos etapas, que se llevan a cabo dentro de la personalidad, y van paralelas a la trasferencia de la energía espiritual desde el depósito de fuerza, denominado alma, al hombre en el plano físico. Esto es posible cuando el hombre realiza la trasferencia necesaria dentro de sí mismo, y tiene lugar en el transcurso del proceso evolutivo, o puede acelerarse por el entrenamiento forzado, impartido a los discípulos en todos los grados.

 

  1. Que dentro de este campo principal de actividad se deberán realizar las siguientes trasferencias:

 

 

  1. La energía del centro en la base de la columna vertebral (el órgano de la voluntad personal) debe ser elevada y ascendida por la columna vertebral hasta el centro coro­nario, por medio del centro agna.

 

  1. La energía del centro sacro (que rige la vida sexual y los órganos de la creación física) debe ser elevada al centro laríngeo, el cual se convierte en órgano de actividad creadora que no es de naturaleza física.

 

 

  1. La energía del plexo solar (el órgano del deseo personal autoconsciente) debe ser elevada al corazón y allí tras­mutarse en servicio grupal.

 

  1. Que dichos centros se desarrollan y se ponen en actividad en tres etapas y así progresivamente condicionan el aspecto externo de la vida de un hombre:

 

  1. El período en que los centros están activos sólo en forma indolente y semialetargada: las fuerzas que los componen y expresan se mueven lentamente con ritmo pesado e ina­nimado; la luz que se percibe donde hay un centro es tenue; el punto de potencia eléctrica en el centro (“el corazón del loto o chakra”, el eje de la rueda, como se lo denomina esotéricamente en la enseñanza oriental) está relativamente pasivo. Afluye al centro la suficiente energía para la conservación de la vida, el buen funcionamiento de la naturaleza instintiva, conjuntamente con la tenden­cia a reaccionar en forma vacilante e ignorante, al estímulo proveniente del plano astral, a través del cuerpo astral del individuo.

 

  1. El período en que tiene lugar la definida elevación e intensificación de la fuerza. La luz de los centros es más brillante y el centro del plexo solar, en especial, se hace muy activo. Pero, la verdadera vida del hombre todavía está enfocada debajo del diafragma. Los centros que se hallan arriba del diafragma están oscurecidos y apagados y relativamente inactivos; sin embargo el punto en el centro es más eléctrico y dinámico. En esta etapa el hom­bre es el ciudadano inteligente común, controlado predo­minantemente por su naturaleza inferior y sus reacciones emocionales, y emplea la mente que posee para satisfacer sus necesidades. Sus centros reciben principalmente fuer­zas provenientes del astral y del físico, pero ocasionalmente responde a impactos mentales.

 

  1. El período en que se realiza la primera transferencia. Podrá durar mucho tiempo y abarcar varias vidas. Los centros debajo del diafragma están totalmente despiertos; su actividad es enorme; su luz es vívida; su interrelación es real y de tal magnitud que se ha establecido un campo magnético completo, involucrando toda la zona debajo del diafragma, y llega a ser suficientemente poderosa como para extender su influencia arriba del diafragma. El plexo solar se convierte en el órgano dominante en lugar del centro sacro, que durante tanto tiempo ha determinado la vida de la naturaleza animal. Se trasforma en el receptor de las corrientes de energía que vienen de abajo, y son absorbidas por el plexo solar, iniciando la tarea de des­viarlas y transferirlas a los centros superiores. El hombre se convierte ahora en un aspirante y ciudadano altamente inteligente. Es consciente de la dualidad de su naturaleza, de lo que está abajo y de lo que se halla arriba, como se dice comúnmente, y está ya preparado para hollar el Sendero de Probación.

 

  1. En el período en que continúa la transferencia. Las fuerzas del sacro son conducidas a la garganta y las fuerzas del plexo solar al corazón. Esta última transferencia se hace todavía en tan ínfima medida que su efecto es casi nulo. Este período es extenso y muy difícil. Hoy la mayoría de las personas atraviesan los períodos c y d, preparatorios para la manifestación de la vida mística.

 

 

  1. El período en que los centros cardíaco y laríngeo se ponen en actividad. El hombre es un creador inteligente en una u otra línea y va siendo lentamente consciente del grupo. Sin embargo, sus reacciones tienen aún un móvil egoísta, aunque -al mismo tiempo está sujeto a ciclos de visua­lización y períodos de esfuerzo espiritual. La vida mística lo atrae definidamente y se va convirtiendo en un místico.

 

  1. Se inicia el segundo período de transferencia y el centro ajna, que rige a la personalidad integrada, se hace activo y dominante. La vida de los sentimientos y del esfuerzo místico, en ese momento, puede disminuir momentánea­mente su expresión y ser reemplazada por las fervorosas y vehementes disciplinas, la integración, las ambiciones, los objetivos y las expresiones personales. Este es un cam­bio correcto y bueno, pues tiende a completar el desarrollo. Es momentáneo, pues el místico todavía se halla latente detrás de las actividades externas y de los inteligentes esfuerzos mundanos, y volverá a surgir nuevamente para realizar un esfuerzo vital cuando controle y se haya des­pertado plenamente la naturaleza mental, haya saciado el deseo de la satisfacción mental y el “hijo de Dios esté preparado para resucitar y entrar en la casa del Padre”. Durante este período, el hombre inteligentemente creador y poderoso llega al cenit de la vida personal. Los centros debajo de la cabeza están activos y funcionando, pero los centros debajo del diafragma se subordinarán a, y serán controlados por los que están arriba. Entonces estarán sujetos a la voluntad condicionadora del hombre, quien es regido a su vez por la ambición, la eficiencia intelectual y esa forma de trabajo grupal que tiende a expresar la potencia de su personalidad. El centro ajna está vívido y potente, el centro laríngeo intensamente activo y el centro cardíaco va despertando rápidamente.

 

  1. El período en que el centro más elevado de la cabeza es puesto en radiante actividad. Esto ocurre como resultado de la elevación (en forma nueva y más potente) del instinto místico, y se produce cuando existe también un acercamiento inteligente a la realidad. El resultado es doble:

 

  1. El alma comienza a derramar su energía dentro de todos los centros etéricos y vitales por medio del centro coronario.

 

  1. El punto en el corazón de cada centro entra en su pri­mera y verdadera actividad; llega a ser radiante, brillante, magnético y poderoso, en tal forma, que “oscurecerá la luz de todo lo que lo circunda”.

 

Todos los centros del cuerpo son impelidos a una actividad ordenada por las fuerzas del amor y de la voluntad. Entonces tiene lugar la última transferencia de todas las energías corporales y síquicas al centro coronario, efec­tuada por el despertar de los centros en la base de la columna vertebral. Luego los dos grandes polos opuestos, tal como lo simbolizan y expresan el centro coronario (el órgano de energía espiritual) y el centro de la base de la columna vertebral (el órgano de las fuerzas materiales), se fusionan y mezclan, y desde ese momento el hombre es controlado únicamente desde arriba por el alma.

 

En consecuencia, cuando estudiamos al místico y sus dificultades se deberán tener en cuenta dos puntos: primero, el período del despertar y la consiguiente utilización de los centros; segundo, el período en que se transfieren las energías del plexo solar al corazón y después desde los cuatro centros ubicados en la columna verte­bral al centro laríngeo, antes de enfocar la energía de todos los centros en el centro ajna (entre las cejas). Este centro controla la vida de la personalidad y desde toda la orientación y la guía de la personalidad va hacia los cinco centros inferiores que éste sintetiza. Cada una de estas etapas trae consigo sus dificultades y problemas. Sin embargo, nos ocuparemos de ello de acuerdo a lo que puedan afectar a la oportunidad actual u obstaculizar al hombre que se halla en el Sendero y, por lo tanto, toma en sus manos su propia evolución. Entonces permanece “en medio de los pares de opuestos” y esto significa (en lo que respecta a nuestro interés particular en este momento) que existen tres etapas en el trabajo místico, señalando cada una un período definido de crisis con sus consiguientes comprobaciones y pruebas:

 

  1. La etapa preparatoria en que se transfieren todas las energías inferiores al plexo solar, antes de llevarlas hasta los centros laríngeo y cardíaco, arriba del diafragma. Esta etapa abarca no sólo el proceso de transferencia, sino el enfoque de las fuerzas en los centros superiores.

 

Período                  Etapas posteriores del Sendero de Probación y las primeras etapas del Sendero del Disci­pulado.

Nota clave  Disciplina.

Objetivo                 Idealismo, conjuntamente con esfuerzo per­sonal.

Purificación y control.

 

  1. La etapa en que se hace la transferencia al centro ajna, y la vida de la personalidad llega a integrarse y a ser poderosa.

 

Período                  Etapas posteriores del Sendero del Discipula­do, hasta el momento en que recibe la tercera iniciación.

Nota claveExpresión del alma, a través de la persona­lidad.

Objetivo                 Comprensión del Plan y la consiguiente cola­boración con él. (15/396-402)

 

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