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Los Centros y el Sistema Glandular, V

El Centro Sacro. Está localizado en la parte inferior de la zona lumbar, siendo muy poderoso, pues controla la vida sexual. Una de las cosas interesantes sobre este centro es que siempre debe seguir siendo un poderoso centro hasta que dos tercios de la humanidad haya recibido la iniciación, porque los proce­sos procreadores deben continuar y estar activos a fin de pro­porcionar cuerpos para las almas que nacen. Pero a medida que la raza progresa, este centro será controlado y sus actividades se llevarán a cabo inteligentemente como resultado del conoci­miento, de la percepción interna y de los contactos sutiles superiores, y no como resultado del deseo ilimitado e incontro­lado, como sucede ahora. No puedo explayarme más sobre esta cuestión, pues el tema es demasiado amplio. Sin embargo, lla­maré la atención sobre lo ya escritos y sugeriré, a quien tenga interés y tiempo, que reúna todo lo dicho en mis libros acerca del tópico del sexo a fin de compaginar un folleto sobre el mismo:

 

  1. El centro sacro corresponde al sol físico, fuente de vitalidad y agente dador de vida en nuestro planeta.

     

    El simbolismo del centro sacro se relaciona con el período de gestación antes del nacimiento, y por su correcta com­prensión se puede trazar y ampliar la historia de la concep­ción, de la construcción de la forma, ya sea la forma física de un ser humano, de una idea, una organización erigida alrededor de una verdad central, la forma de un planeta o la de un sistema solar. Quizás por sobre todas las cosas sea el centro a través del cual las fuerzas de la IMPERSONALIDAD oportunamente deberán expresarse y resolverse el problema del dualismo. Esta solución e interpretación del símbolo debe provenir del reino de la mente, controlando con ello la reacción física y ocupándose del propósito y no del deseo. Reflexionen sobre esto, y cuando sea así com­prendido, entonces habremos alcanzado esa etapa en que puede tener lugar una gran trasferencia al centro más ele­vado de la creación, el centro laríngeo.

     

    El centro sacro está por lo tanto estrechamente relacionado con la materia, y hay una afluencia de energía entre tres puntos existentes en la parte inferior del cuerpo humano:

     

    El bazo, órgano del prana o la vitalidad física que pro­viene del sol.

    El centro sacro, agente que predispone a la procreación física.

    El centro en la base de la columna vertebral (hasta no despertar el aspecto voluntad en el hombre) nutre el principio dador de vida, la voluntad de vivir, en todas las partes de la estructura humana.

    Éstos crean un gran triángulo de fuerza, relacionado con la materia, la sustancia, la construcción de formas, la creación, la vitalidad y con la persistencia de la forma. Este triángulo es un reflejo de otro superior, compuesto por:

     

  1. El centro laríngeo, que corresponde al centro sacro.

  2. El cuerpo pituitario, que corresponde al centro esplénico.

  3. La glándula pineal, que corresponde al centro básico.

    En la relación de estos dos triángulos reside la clave del instinto de autopreservación, la supervivencia de los cuerpos sutiles después de la muerte, y el principio de la inmorta­lidad asentado en el alma, que funciona cuando la autopre­servación y la supervivencia ya no rigen. Esto constituye una triplicidad de ideas que requiere un cuidadoso estudio y -si puedo expresarlo así- proporciona la clave del movi­miento espiritista.

     

    En último análisis el centro sacro, está también vinculado con el centro ajna; los dos crean una dualidad funcionante, productora de esa cualidad sutil que llamamos personalidad. Tenemos un amplio campo de investigación en el tema de la personalidad integrada como un todo, y en la cualidad de esa personalidad que constituye el aroma, la influencia, el efecto y la radiación de la personalidad. Proporciono estas ideas a los estudiosos, con la esperanza de que se realicen investigaciones que relacionarán este tópico de los centros con los conocidos hechos de la coordinación, la integración y su consiguiente efecto, la grandeza.

    Quienes estudian La Doctrina Secreta tienen mucho que des­cubrir acerca de la relación entre los “Señores lunares”, los Barhishad Pitris, y el Señor o Ángel solar. El campo de tra­bajo de los primeros es por excelencia el centro sacro, el del Ángel solar es el centro laríngeo.

     

    El centro sacro registra la energía del tercer aspecto de la divinidad, así como el centro plexo solar registra la del se­gundo aspecto y el centro básico expresa la energía del pri­mer aspecto. Aquí nuevamente tenernos los centros inferio­res, reflejando los centros laríngeo, cardíaco y coronario, completando así las manifestaciones superior e inferior de la divina Trinidad en el hombre. Este centro fue llevado a una plena actividad funcionante en la antigua lemuria, la primera raza humana: su energía es la del Espíritu Santo, in­fluyendo a la sustancia virgen. Aquí nuevamente hallamos otra reflexión divina en lo siguiente:

     

     

     

            Centro Sacro

                   /

           Glándula Adrenal

              /                 /

    Org Gen Masc     Org Gen Fem

     

     

     

    Nuevamente observarán cómo la Ciencia de los Triángulos rige la estructura humana en todos sus aspectos, y también la de un sistema solar. Esto es de esperarse.

     

    La exteriorización física densa de este centro puede hallarse en las gónadas, los órganos humanos de procreación, con­siderándolos como una unidad básica, aunque temporariamente separada de la actual expresión dualista del ser hu­mano. Debe recordarse que esta separación fomenta un po­deroso impulso hacia la fusión, y a esto lo denominamos sexo. En realidad el sexo es el instinto de unión: ante todo, la unión física. Es el innato (aunque mal entendido) prin­cipio del misticismo, nombre que aplicamos al anhelo de unión con lo divino. Sucede como con todo aquello que el hombre no desarrollado ha tocado; hemos pervertido y dis­torsionado una idea divina y prostituído un anhelo inmate­rial por un deseo material. Hemos revertido la dirección de la energía sacra y a ello se debe el superdesarrollo de la naturaleza animal y las funciones de la humanidad común.

     

    Lógicamente mucho más podría agregar a lo anterior, pero el tema requeriría un cuidadoso análisis, dilucidación y fraseología que el tiempo no lo permite, o no podría mantenerse la continui­dad establecida para este tratado.

     

    Tampoco puedo decir mucho referente al centro de la base de la columna vertebral. Sin embargo, antes de dar cualquier posi­ble información fructífera, quisiera decir que el diagrama de la pagina 126 representa el punto de evolución alcanzado por un dis­cípulo y no por un iniciado avanzado. No es tampoco la descrip­ción del ser humano común. Lo indica el hecho de que el reflejo en la cabeza del centro cardíaco, se está dando vuelta hacia arriba, en respuesta a la creciente actividad del centro cardíaco, y que el centro ajna está clara y exactamente definido, demostrando una personalidad integrada y coordinada. Por lo tanto no es el diagrama de los centros de una persona común o no evolucionada. Estos diagramas sólo pueden describir un punto de culminación, pero debe recordarse que tales puntos no son realizaciones está­ticas, sino que están precedidos por fases y etapas de actividad que producen constantemente resultados cambiantes y aspectos variables de los centros; éstos a su vez son precedidos por otros ciclos de movimiento, de cambio y de una renovada liberación de energías. Los efectos de las causas que subyacen profundamente se convierten ellos mismos en causas, pues en el ciclo de mani­festación no existe nada estático, fijo o determinado. Esto es algo muy importante. En consecuencia, no se dejen engañar por los momentos aparentes de realización, sólo son preludios para el cam­bio, pues tal es la Ley del Ser. (17/137-141)

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