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Los Centros y el Sistema Glandular, II

El Centro Ajna. Ubicado entre las cejas, en la región de la cabe­za, está justamente arriba de los dos ojos, desde donde “actúa como pantalla para la radiante belleza y gloria del hombre espi­ritual”.

  1. Corresponde al sol físico y es la expresión de la personalidad, integrada y funcionante, ante todo como discípulo y final­mente como iniciado. Esta es la verdadera persona o más­cara.

  2. Adquiere plena actividad funcionante cuando se recibe la tercera iniciación. Recordaré que la Jerarquía considera esta iniciación como la primera y principal iniciación, algo que ya he comunicado. Es el órgano para la distribución de la energía del tercer aspecto, la energía de la inteligencia activa.

  3. Está relacionado con la personalidad, mediante el hilo creador de la vida, por lo tanto está estrechamente vinculado con el centro laríngeo (centro de la actividad creadora), así como el centro coronario está relacionado con el centro de la base de la columna vertebral. El establecimiento de una activa interacción entre el centro ajna y el laríngeo produce una vida creadora y una manifiesta expresión de la vida divina por parte del iniciado. Análogamente la interacción activa entre el centro coronario y el de la base de la columna verte­bral produce la manifestación de la voluntad o propósito divino. Cuando las fuerzas de los centros ajna y laríngeo se combinan, producen la más alta manifestación del “fuego por fricción”, tal como las energías del centro coronario y del centro básico producen el “fuego eléctrico” individual que, cuando se expresa plenamente, lo denominamos fuego kun­dalini.

  4. Es el centro a través del cual la cuarta Jerarquía creadora, en su propio plano, halla expresión; aquí también se fusionan y mezclan esta Jerarquía y el cuarto reino de la naturaleza, la familia humana. El centro coronario relaciona la mónada y la personalidad; el centro ama relaciona la Tríada espiri­tual (la expresión de la mónada en los mundos amorfos) con la personalidad. Reflexionen sobre esta afirmación, porque aquí tenemos -en el simbolismo del centro coronario, física­mente considerado- el reflejo de atma, la voluntad espiri­tual, y de budi, el amor espiritual. También tiene cabida aquí la enseñanza sobre la ubicación de los ojos, en el desarrollo de la expresión consciente, llevando a cabo creadoramente el propósito divino.

     

    El tercer ojo                             el centro coronario                               Voluntad. Atma

    El ojo del Padre, la Mónada.                                        SHAMBALLA

    El primer aspecto de la voluntad o poder y propósito.

    Relacionado con la glándula pineal.

     

    El ojo derecho              el centro ajna                           Amor. Budi

                El ojo del Hijo, el Alma.                                                           JERARQUÍA             El segundo aspecto de amor-sabiduría.

                Relacionado con el cuerpo pituitario.

     

    El ojo izquierdo                        el centro laríngeo                                 Inteligencia Activa.

    El ojo de la Madre, la personalidad.                             HUMANIDAD

    El tercer aspecto de la inteligencia.

    Relacionado con el ganglio o la glándula carótida.

     

    Cuando los tres ojos funcionan y “ven” simultáneamente, se tendrá la percepción interna del propósito divino (el ini­ciado), visión intuitiva del plan (el discípulo) y dirección espiritual de la actividad creadora resultante (el Maestro).

  5. El centro ajna registra o enfoca la intención de crear. No es un órgano de creación en el mismo sentido que el centro laríngeo, sino que contiene la idea que está detrás de la creatividad activa, el consiguiente acto de creación que opor­tunamente produce la forma ideal para la idea.

  6. El cuerpo pituitario constituye su exteriorización física densa; los dos lóbulos de esta glándula corresponden a los dos pétalos múltiples del centro ajna. Expresa las dos formas mas elevadas de la imaginación y del deseo, siendo ellos los factores dinámicos que subyacen en toda la creación.

  7. Es el órgano del idealismo, y -en forma peculiar- está es­trechamente relacionado con el sexto rayo, así corno el cen­tro coronario lo está esencialmente con el primer rayo. El sexto está curiosamente vinculado con el tercer rayo y el tercer aspecto de la divinidad, y también con el segundo rayo y al segundo aspecto. Fusiona, arraiga y expresa. En mis otros escritos no había acentuado este hecho. El centro ajna es el punto de la cabeza que simboliza la naturaleza dual de la manifestación en los tres mundos. Fusiona las energías creadoras de la garganta y las energías sublimadas del deseo o el verdadero amor del corazón.

  8. Este centro, teniendo sólo dos pétalos, no es un verdadero loto en el mismo sentido que los demás centros. Sus pétalos están compuestos de 96 pétalos menores o unidades de fuer­za (48 + 48 = 96) pero éstos no tornan la forma de flor de los otros lotos. Se abren, como las alas de un avión, a la derecha y a la izquierda de la cabeza y simbolizan el sen­dero de la derecha y el de la izquierda, los caminos de la materia y del espíritu. Constituyen, por lo tanto, simbólica­mente, los dos brazos de la Cruz, en la cual el hombre está crucificado, dos corrientes de energía o de luz, cruzadas oblicuamente a través de la corriente de vida que desciende de la mónada a la base de la columna vertebral, pasando a través de la cabeza.

     

    La idea de la relatividad se debe tener presente cuando el estu­diante trata de comprender los centros, internamente vinculados en el cuerpo etérico, relacionados también con los cuerpos sutiles, los estados de conciencia, similares a los estados de ser y de expresión, las energías de rayo, las condiciones ambientales, los tres vehícu­los periódicos (como H. P. B. denomina a la personalidad, a la tri­ple alma y a la Tríada espiritual), con Shamballa y con la totalidad de las Vidas manifestadas. La complejidad del tema es muy grande, pero cuando el discípulo o iniciado actúa en los tres mundos de las diversas energías del completo hombre quedan “aferradas” en el hombre atado a la tierra, entonces el asunto se esclarece. Empleo la palabra “aferradas” en su verdadero y correcto sentido, no para describir al hombre que ha abandonado su cuerpo físico, como lo expresan los espiritistas. Entonces son posibles ciertos reconoci­mientos en tiempo y espacio; pueden observarse algunos efectos, y ciertas influencias de rayo parecen más dominantes que otras, y aparecen ciertos “cánones de ser”. En cierta etapa de la experien­cia consciente surge con toda claridad la expresión de un Ser espi­ritual, entonces puede ser diagnosticado espiritualmente. Sus as­pectos y atributos, sus fuerzas y energías pueden ser determina­dos en ese momento, para darle una expresión de la vida especial­mente creada. Se ha de tener presente esto y el estudiante no debe permitir que sus pensamientos divaguen, sino concentrarlos sobre la apariencia del hombre (él mismo, u otro) y sobre la cualidad emergente. Si el estudiante es un iniciado o discípulo podrá tam­bién estudiar el aspecto vida.

     

               Sin embargo nuestro estudio será algo diferente, pues tratare­mos de descubrir las enfermedades y dificultades incidentales a la estimulación de la energía o a la falta de estimulación de los cen­tros, y así descubrir algunos de los efectos que esta afluencia de energía y el conflicto con las fuerzas producirán.

     

  1. El Centro Laríngeo. Se halla en la parte posterior de la nuca, extendiéndose hacia arriba hasta la médula oblongada, involu­crando a la glándula carótida, y hacia abajo, hasta los omó­platos. Es un centro extremadamente poderoso y bien desarro­llado, en lo que a la humanidad común concierne. Resulta inte­resante observar a este respecto que:

     

    El centro laríngeo está regido por Saturno, así como los dos centros de la cabeza están regidos respectivamente por Ura­no (rige el centro coronario) y Mercurio (rige el centro ajna). Esto, sólo en lo que concierne al discípulo. El regen­te cambia después de la tercera iniciación o antes de la primera. Estos tres planetas constituyen un interesante triángulo de fuerzas, y en las siguientes triplicidades y sus inevitables interrelaciones tenemos -siempre en el caso de los discípulos- una maravillosa historia gráfica o símbolo de la nonuplicidad de la iniciación:

     

    1. El centro coronario

    El centro ajna

    El centro laríngeo

     

    2. El tercer ojo

    El ojo derecho

    El ojo izquierdo

     

    3. La glándula pineal

    El cuerpo pituitario

    La glándula carótida,

     

    presentando así el mecanismo a través del cual la Tríada espiritual, el Alma y la Personalidad actúan. La clave para comprender correctamente el proceso se halla en la relación de los tres planetas, Urano, Mercurio y Saturno, cuando derraman sus energías a través de esos nueve “puntos de contacto espiritual” en el plano físico, la “esfera de luz y poder aferrada a la tierra, el hombre en tiempo y espacio”.

     

    Este centro está relacionado con la primera iniciación y desarrolla gran actividad cuando ha logrado esa etapa de experiencia, así como la han alcanzado la vasta mayoría de los hombres, actualmente aspirantes y discípulos probacionista del mundo. (No olviden que, técnicamente hablando, la primera iniciación mayor desde el ángulo jerárquico es la tercera. Los Maestros consideran la primera iniciación como que significa su admisión en el Sendero. La humanidad la denomina iniciación, porque en los días de Lemuria la pri­mera iniciación significaba lograr el completo control físico). Es el órgano para la distribución de la energía creadora, la energía del tercer aspecto, que emplean las almas que se hallan en esa etapa de evolución. Existen tres centros en el ser humano, que están relacionados y son la principal expresión del tercer rayo o aspecto, en las diferentes etapas de desarrollo en el sendero:

     

  1. El centro sacro para el hombre común y no evolucionado.

  2. El centro laríngeo para el aspirante y el discípulo pro­bacionista.

  3. El centro ajna para los discípulos e iniciados.

     

    Aquí tenemos una gran triplicidad de energías de gran po­der actualmente, debido a que la expresión del tercer aspec­to de la inteligencia activa ha alcanzado esas alturas por medio de la conciencia y desenvolvimiento humanos.

     

    Está relacionado con la personalidad por el hilo creador, con el alma por el hilo de la conciencia y con la mónada por el sutratma o hilo de vida. No está relacionado con ninguno de los aspectos divinos por medio del antakarana, pues ese hilo que une directamente la mónada y la personalidad (y por último separado del alma) introduce sencillamente la expresión monádica de la vida en la cabeza, el centro co­ronario. Entonces se establece la conciencia directa entre la mónada y la personalidad y viene a la existencia una gran dualidad. Vida, Conciencia y Forma se enfocan enton­ces creadora y activamente en la cabeza, y su actividad es dirigida desde la cabeza por intermedio de los dos centros de la misma. El centro ajna sólo entra en actividad crea­dora cuando se ha construido el antakarana. En las prime­ras etapas el centro laríngeo es el agente creador, y el centro sacro está activo en los períodos primitivos. Aquí hay algo muy interesante que recordar. La construcción del antakarana sólo llega a ser genuinamente posible cuando la vida creadora del aspirante cambia desde el centro sacro al laríngeo y se hace activa y expresiva. La nuca es el símbolo de este “puente” vinculador, pues relaciona la ca­beza -sola y aislada- con el torso dual, que incluye lo que está arriba del diafragma y lo que está abajo -sim­bolizando el alma y la personalidad unidas, fusionadas y mezcladas en una. La cabeza es el símbolo de lo que Pa­tanjali describe como el estado de “unidad aislada”.

     

    Es el centro por el cual el aspecto inteligente de la humani­dad se enfoca creadoramente y por el que fluye la energía creadora de ese gran centro planetario denominado huma­nidad. Los tres centros mayores planetarios son Shamballa, Jerarquía y Humanidad. Cuando se haya alcanzado la per­fección, entonces la energía de la voluntad, del poder y del propósito de Shamballa, afluirá libremente a través del cen­tro coronario; las energías de amor-sabiduría de la Jerarquía afluirán a través del centro cardiaco, y la energía de la humanidad se enfocará a través del centro laríngeo, actuando el centro ama como agente de las tres. Entonces tendrá lugar una nueva actividad por parte de la humanidad, que con­siste en relacionar los tres reinos superhumanos con los tres suhhumanos, estableciendo así la nueva tierra y el nuevo cielo. Entonces la humanidad habrá culminado su meta evo­lutiva en esta Tierra.

     

    El centro laríngeo es específicamente el órgano de la PA­LABRA creadora. Registra la intención o propósito creador del alma, trasmitido por la afluencia de energía desde el centro ama; la fusión así realizada de las dos energías con­ducirá a algún tipo de actividad creadora. Ésta es la analogía superior de la creatividad del centro sacro. En ese centro se encierran las energías creadoras negativa y positiva, personificadas independientemente en los organismos masculino y femenino, los cuales se ponen en relación por un acto creador, conscientemente realizado, aunque todavía sin un propósito muy definido.

     

    La glándula tiroides es la exteriorización física densa de es­te centro. A esta glándula se la considera hoy de suprema importancia para el bienestar del ser humano común. Su propósito es resguardar la salud, balancear el equilibrio cor­póreo en algunos aspectos importantes de la naturaleza fí­sica, y simboliza el tercer aspecto de la inteligencia y de la sustancia impregnada por la mente. En realidad, tiene vincu­lación con el Espíritu Santo o el tercer aspecto divino en manifestación, “influyendo” (como La Biblia lo expresa) sobre la Madre, la Virgen María. Las paratiroides simboli­zan a María y José y su relación con el influyente Espíritu Santo. Oportunamente se llegará a determinar que existe una estrecha relación fisiológica entre la glándula tiroides y la pineal, entre la paratiroides y los dos lóbulos del cuerpo pituitario, lo cual convierte a la zona de la garganta y de la cabeza en un solo sistema relacionado.

     

    Así como la cabeza simboliza la naturaleza esencialmente dual de Dios manifestado, así el centro laríngeo simboliza la triple naturaleza de la divina expresión. La naturaleza dual aparece como fusionada y mezclada en la cabeza por la relación que existe entre los dos centros y sus dos reflejos físico densos. Las tres grandes energías puestas en acción durante la actividad creadora divina realizan una actividad unificada por la plena expresión de la energía que fluye a través del centro laríngeo, del órgano de la palabra y de los dos pulmones. En esta relación tenemos: la vida o el aliento, la palabra o el alma, y el centro laríngeo de la sustancia en actividad.

    Este loto de la garganta está invertido en las primeras eta­pas de la evolución, y sus pétalos se extienden hacia los hom­bros, e incluyen los dos pulmones o parte de ellos. Durante el ciclo de la vida del alma, lentamente se da vuelta, y sus pétalos se extienden hacia arriba hasta las dos orejas, e in­cluyen a la médula oblongada y a la glándula carótida. Esta glándula está más estrechamente relacionada con la glándula tiroides que con las otras dos glándulas de la cabeza.

     

    En consecuencia será evidente de qué manera zonas enteras del organismo físico pueden ser llevadas a un funcionamiento activo y correcto, y también vitalizadas y conservadas en buena y verda­dera condición, por algún tipo de actividad del centro más cercano a la zona del cuerpo en consideración. Será también evidente que las deficiencias y la enfermedad pueden ser el resultado de la inactividad de un centro. (17/116-122)

     

     

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