• 1
  • 2
  • 3
  • 4
  • 5
  • 6
  • 7
  • 8
  • 9
  • 10
  • 11
  • 12
  • 13

CAUSAS DE ENFERMEDADES QUE SE INICIAN EN EL CUERPO ETERICO, III

Las investigaciones médicas modernas mencionan mucho el “desequilibrio” de las glándulas endocrinas, y muchas dificultades físicas son adjudicadas a este frecuente desequilibrio. Pero detrás de estas condiciones del sistema glandular subyace el básico des­equilibrio de los centros. Sólo cuando hay una correcta compren­sión de las fuerzas y su recepción y consecuente empleo, se logrará el correcto equilibrio, y el sistema endocrino humano controlará al hombre físico en la forma designada. Es imperativo que se estudien ya los problemas siguientes:

 

  1. La adecuada recepción de la fuerza a través del centro apro­piado. Un ejemplo de ello puede hallarse en el correcto control del centro plexo solar, por el cual la sensibilidad astral puede ser registrada y debidamente manejada.

     

  2. La correcta relación entre un centro determinado y su glándula correspondiente, lo cual permite la libre actuación de las fuer­zas que afluyen a través del centro, a la analogía glandular afín, condicionando así su peculiar hormona y oportunamente la co­rriente sanguínea. Si se capta esta secuencia de contactos, se comprenderá con más claridad el significado oculto de las pa­labras de El Antiguo Testamento: “la sangre es la vida”. La vitalidad, proveniente del cuerpo etérico, penetra en la corrien­te sanguínea por intermedio del centro que responde a uno de los siete tipos peculiares de fuerza y su glándula afín. Por lo tanto se evidencia que hay una estrecha relación entre:

     

    El cuerpo etérico, como transmisor de un vasto conglomerado de energías y fuerzas.

    El sistema endocrino, cuyas diversas glándulas son en reali­dad la exteriorización o materialización de los centros ma­yores y menores.

    El corazón, que es el centro de la vida, así como el cerebro es el de la conciencia. Desde el corazón la sangre circula y es controlada. Estos tres grandes sistemas están relacionados.

    Todo el sistema glandular con el sistema nervioso, por me­dio de la red de nervios y “nadis” que subyacen en esta red. Estos nadis son hilos de fuerza vital que fundamentan cada parte del cuerpo y particularmente todos los aspectos del sistema nervioso.

     

    A estos problemas y relaciones podría agregarse otro, el cual cons­tituye la interrelación que debe establecerse entre todos los cen­tros, y permite el libre juego de la fuerza, en correcto ritmo, por todo el cuerpo físico.

    Por lo tanto tenemos una gran directiva entrelazada que controla o no al cuerpo físico. La falta de control se debe al fracaso en establecer ciertas relaciones en el cuerpo, o a la falta de des­arrollo. Estos grupos entrelazados son:

     

  1. El cuerpo etérico, que actúa principalmente a través de sus siete centros principales y también por medio de muchos otros centros.

  2. El sistema endocrino, que trabaja primordialmente a través de los siete grupos glandulares mayores y de muchas otras glándulas menos importantes.

     

  3. El sistema nervioso (el simpático y el cerebro-espinal), con su peculiar énfasis puesto en el nervio vago y su efecto sobre el corazón y en consecuencia sobre la corriente sanguínea.

     

    Todos estos puntos deben ser considerados y correlacionados en cualquier sistema de curación esotérica, y la parte técnica que debe abarcar es, en último análisis, menos intrincada que el vasto sistema erigido por la medicina y la cirugía ortodoxas. Debido a la falta de coordinación de estos tres sistemas el arte de la curación no ha podido realizar todo lo que desea. Mucho ha hecho, pero debe dar otro paso hacia el plano etérico antes que pueda descu­brirse la verdadera clave de la enfermedad y su curación.

     

    Por ejemplo, la carencia de vitalidad y la condición subnormal común, con las cuales estamos tan familiarizados, indican la iner­cia del cuerpo etérico y su falta de vitalidad. Los resultados de la inercia del cuerpo vital pueden ser físicos y sicológicos, porque las glándulas del cuerpo físico no funcionan normalmente, y como es bien sabido, condicionan la expresión física del hombre y tam­bién sus estados emocional y mental, hasta donde puedan o no expresarse por intermedio del vehículo físico. Las glándulas no condicionan al hombre interno o sus estados de conciencia, pero pueden evitar, y lo hacen, esos estados internos que se manifiestan externamente. En el caso contrario, un cuerpo etérico muy poderoso y la sobrestimulación de los centros involucrados, ejer­cería una excesiva tensión sobre el sistema nervioso y produciría en consecuencia trastornos nerviosos definidos, hemicránea o ja­queca, desequilibrio mental y emocional y en algunos casos lleva­ría a la demencia.

     

    He elaborado este asunto en cierta medida porque la relación del cuerpo etérico con el cuerpo físico y su receptividad a las energías internas, condicionan decididamente al hombre. Sería ne­cesario recordar esto al estudiar las causas de las enfermedades originadas en el cuerpo mental o debidas a la actividad del alma en la vida del discípulo, o al investigar el proceso por el cual el hombre se prepara para la iniciación. El cuerpo etérico siempre e invariablemente debe actuar como agente transmisor de las ener­gías internas al plano externo, y el cuerpo físico tiene que apren­der a responder y a reconocer aquello que es transmitido. La efectividad de la transmisión y la resultante actividad física dependen siempre de los centros, que a su vez condicionan las glándulas; éstas, más adelante, determinan la naturaleza y la conciencia que expresa el hombre. Si los centros están despiertos y receptivos tendremos un mecanismo físico que responderá a las fuerzas aflu­yentes. Si los centros están aletargados pueden transmitir muy poca fuerza; así tendremos un mecanismo físico lento e insensible. Si los centros ubicados abajo del diafragma están despiertos y los de arriba no lo están, tendremos un hombre cuya conciencia estará enfocada en las naturalezas animal y emocional, y muchas de sus enfermedades físicas tendrán su asiento abajo del diafragma. Po­drán ver, por lo tanto, cuán intrincado y complejo es todo este asunto, tan complejo, que sólo será plenamente comprendido cuan­do los seres humanos recuperen el perdido poder de “ver la luz” del cuerpo etérico y de sus siete centros mayores, y, a través de un desarrollado sentido del tacto en las manos y dedos, verifiquen el grado de vibración de los diversos centros. Cuando estos dos medios de conocimiento estén disponibles, el tema del cuerpo eté­rico adquirirá nueva importancia y será correctamente compren­dido.

     

    3. CAUSAS QUE SE INICIAN EN EL CUERPO MENTAL

     

    Inicié esta sección de estudio con las causas que se inician en los cuerpos astral y etérico, porque son fuentes principales de per­turbación, debido a que la mayor parte de la humanidad está as­tralmente enfocada, así como la mayoría de las formas del reino animal están enfocadas etéricamente. Las fuerzas que afluyen al reino animal llegan predominantemente de los niveles etéricos y de los físico-densos de la vida. Sin embargo, los animales más evolu­cionados, debido al desarrollo producido por su contacto con los seres humanos, están llegando a ser susceptibles a las fuerzas pro­venientes del plano astral, y actúan y reaccionan en forma que no son puramente instintivas.

    Hoy, por el desarrollo mental de la raza aria, pueden surgir ciertas dificultades en el cuerpo físico. Su origen no es básicamen­te mental, se debe primordialmente al hecho de que el cuerpo mental es el transmisor (cuando está activo y correctamente alinea­do) de la energía del alma, y esta energía, que afluye al cuerpo físico, puede producir sobrestimulación y dificultades vinculadas con el sistema nervioso. La energía transmitida es la causante del malestar y no el factor que se origina en la mente misma. Elabo­raré esto más adelante.

    (17/71-74)

Escribir un comentario

Código de seguridad
Refescar

Reproductor Música

Casino Bonus at bet365 uk