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CAUSAS DE ENFERMEDADES QUE SE INICIAN EN EL CUERPO ETERICO, II

A. Congestión

 

Muchas de las verdaderas dificultades puede atribuirse a la congestión o a la carencia del libre juego de las fuerzas. En esta relación podría puntualizarse que el cuerpo etérico es un meca­nismo de entrada y salida. Hay en consecuencia una relación cu­riosa e íntima entre éste y ciertos órganos como los pulmones, el estómago y los riñones. Esta simbología, cuando se la comprenda correctamente demostrará que existe profundamente una relación esotérica entre:

 

  1. La mente y los pulmones El proceso de la respiración con sus etapas de inhalación, intervalo y exhalación actúan en cone­xión con los dos aspectos de la fuerza, mental y física.

     

  2. La naturaleza de deseo y el estómago. Aquí también tenemos el proceso de entrada, asimilación y eliminación.

     

  3. El cuerpo etérico y los riñones, con los procesos claramente de­finidos en los casos de absorción, quimicalización y transmisión. No existe un símbolo tan comparativamente exacto del proceso creador como la estructura humana.

     

    La congestión del cuerpo etérico, que produce mucho malestar en el cuerpo físico, puede hallarse, por lo tanto, en el punto de entrada del cuerpo astral o del plano astral (nótese la fraseología y la diferencia) o en el punto de salida, en relación con el centro hacia el cual un tipo particular de fuerza etérica puede afluir con más facilidad y pasar también más fácilmente. Donde no hay libre juego entre el cuerpo etérico y el cuerpo astral habrá dificultades. Cuando no existe libre juego entre el cuerpo etérico y el cuerpo físico, involucrando también los ganglios, nervios y el sistema endocrino, habrá también dificultades La estrecha relación que existe entre los siete centros y las siete glándulas mayores del sistema físico, nunca debe ser olvidada. Ambos sistemas forman una dictadura estrechamente entrelazada y las glándulas y sus funciones están determinadas por la condición de los centros eté­ricos. Éstos a su vez están condicionados por el grado de evolución, por la experiencia que ha adquirido el alma encarnada, por la polarización específica del alma en encarnación y por los rayos (de la personalidad y egoico) del hombre. Recuérdese que los cinco aspectos del hombre (cuando funciona en los tres mundos) están determinados por ciertas fuerzas de rayo; tenemos el rayo del alma, el de la personalidad y los de los cuerpos mental, astral y físico, los cuales en la nueva era venidera serán definidamente con­siderados y descubiertos, y este conocimiento revelará al curador la probable condición de los centros, el orden de su despertar y su nota, o notas, básica individual. La nueva ciencia médica está erigida predominantemente sobre la ciencia de los centros, y todos los diagnósticos y posibles curas se basarán en este conocimiento. El endocrinólogo recién comienza a vislumbrar posibilidades, y gran parte de lo que ahora está investigando contiene la simiente de la verdad futura. El “equilibrio del sistema glandular”, la rela­ción de las glándulas con la corriente sanguínea y también el carácter y las distintas predisposiciones, son considerados de real va­lor y vale la pena su investigación. Aún queda mucho por descubrir antes de que se pueda trabajar sin peligro con las glándulas, con­virtiéndolas en tema de principal atención (como sucederá algún día en todos los tipos de enfermedades). En este breve tratado haré muchas insinuaciones, las cuales servirán para guiar correctamente al investigador de mente abierta. Antes de entrar a considerar la relación del cuerpo etérico, como una unidad con el cuerpo físico, señalaré que, en la lista de enfermedades que surgen del cuerpo etérico, coloco en primer lugar las complicaciones producidas por la congestión, porque hoy es, y lo será durante varios siglos, la principal causa de las dificultades para la mayoría de la humanidad o de esas personas que esotéricamente se las denomina “sacra-solar’. Esto se debe en parte a los hábitos largamente establecidos de supresión y de inhibición, desarrollados por toda la raza. La congestión en los puntos de entrada y de salida, en el cuerpo eté­rico, es lo que impide la libre afluencia de la fuerza de la vida, dando por resultado que se sucumbirá rápidamente a las enferme­dades. También aquí se podrá observar el empleo más generalizado de los ejercicios de respiración cuidadosamente asignados, con sus efectos sutiles de reorganización y reajuste de los cuerpos sutiles (particularmente los cuerpos etérico y astral). El difundido interés en los ejercicios de respiración evidencia hoy un reconocimiento subjetivo de este hecho, aunque todavía no se sabe bastante acerca de los métodos y efectos.

     

    Quisiera llamar la atención sobre otra cosa, y es que los puntos de congestión pueden existir en el centro del cuerpo astral o en el cuerpo etérico, y esta situación deberá investigarla el curador.

     

     

    B. Falta de Coordinación e Integración.

     

    Llegamos ahora a una breve consideración del segundo punto, que en nuestra enumeración hemos denominado falta de coordinación o integración,

     

    donde la dificultad reside en el cuerpo etérico. Esto prevalece excesivamente hoy y es responsable de la mayoría de las dificultades. El cuerpo etérico es la forma “sustancial” in­terna sobre la cual el cuerpo físico es erigido o construido. Es el andamiaje interno que subyace en todas las partes del entero hombre externo; la estructura que sostiene el todo y el patrón de la forma externa; la red de nadis (infinitamente intrincada) constituye la contraparte o el duplicado de todo el sistema ner­vioso que forma parte muy importante del mecanismo humano. Lo mismo sucede con la corriente sanguínea, instrumento de la fuerza de la Vida. En consecuencia, si hay debilidad en la relación entre la estructura interna y la forma externa, se pondrá inmediata­mente de manifiesto la verdadera dificultad, lo cual adquirirá tres formas:

     

  1. La forma física en su aspecto denso está muy débilmente conectada con la forma o contraparte etérica. Esto lleva a una desvitalizada y debilitada condición que predispone al hombre a la enfermedad o a la mala salud.

     

  2. La conexión débil en ciertos lugares o aspectos del equipo. A través de ciertos puntos focales o centros, la fuerza de vida no puede afluir adecuadamente, y así tenemos una definida debilidad en alguna parte del cuerpo físico. Por ejemplo, la impoten­cia sería una de estas dificultades y la tendencia a la laringitis otra, para mencionar desórdenes muy diferentes.

     

  3. La conexión puede estar también tan básicamente floja y débil, que el alma tiene muy poco ascendente sobre su vehículo de manifestación externa, estableciéndose fácilmente la obsesión o posesión. Éste es un ejemplo extremo de las dificultades incidentales a esta condición. También cierto tipo de desmayos o pérdida de la conciencia y el “petit-mal”.

     

    Existen también, como será evidente, las condiciones exacta­mente opuestas, donde el cuerpo etérico está tan estrechamente tejido o integrado con la personalidad -ya sea de naturaleza muy evolucionada o simplemente el caso de un cuerpo etérico común- que cada parte del cuerpo físico se halla en una constante con­dición de estimulación, de esfuerzo energético, con la resultante actividad del sistema nervioso, que -si no está correctamente re­gulado- puede llevar a una gran angustia. Me referiré a esto en el tercer encabezamiento “La Sobrestimulación”, de los Centros”. Una conexión demasiado floja o una muy fuerte, llevan a perturbaciones, aunque el primer tipo de dificultad es comúnmente más grave que las otras. He dado bastante para demostrar cuán inte­resante e importante puede ser el estudio del cuerpo etérico. Todo el tema de la curación está “ligado” (empleando una frase moder­na que me resulta rara) al desarrollo, desenvolvimiento y control de los siete centros mayores.

     

    C. La sobrestimulación de los Centros.

    Mucho podría agregar a lo dicho sobre las causas de las enfer­medades originadas en el cuerpo etérico, pero en la Segunda Parte de este libro (donde se refiere a ciertos requisitos básicos) elabo­raré el tema más profundamente. Congestión, falta de integración y sobrestimulación de los centros son causas obviamente funda­mentales, concernientes al cuerpo físico denso, siendo éstas frecuen­temente efectos de causas más sutiles ocultas en la vida de los cuerpos astral y mental y, en el caso de la sobrestimulación, el resultado a veces del contacto con el alma. El cuerpo etérico, por designio, reacciona normalmente a todas las condiciones existentes en los vehículos sutiles. Es esencialmente un transmisor y no un ori­ginador, y sólo las limitaciones del observador conducen a adjudicar al cuerpo etérico las causas de males corporales. Es el lugar de distribución de todas las fuerzas que llegan al cuerpo físico, siempre y cuando el punto de evolución haya llevado a los distintos centros de fuerza a una condición en que sean receptivos a cual­quier tipo particular de fuerza. Esotéricamente hablando, los cen­tros pueden hallarse en una de las cinco condiciones o estados de ser, descritos en los siguientes términos:

  1. Cerrado, inmóvil, hermético, aunque con signos de vida, silen­cioso y profundamente inerte.

     

  2. Abierto, sin trabas, e imperceptiblemente matizado de color, la vida palpitando.

     

  3. Activo, vivo, alerta en dos direcciones; dos pequeñas puertas están abiertas ampliamente.

     

  4. Radiante y emitiendo una nota vibrante a todos los centros re­lacionados.

     

  5. Todos fusionados y actuando rítmicamente entre sí. La fuerza vital fluye de todos los planos. El mundo permanece abierto ampliamente.

     

    Relacionado a estos cinco estados donde se expande el campo etérico y llega a ser la vivencia vital de toda expresión en el plano físico, tenemos las cinco razas humanas, comenzando con la raza lemuria, los cinco planos de la expresión humana y superhumana, las cinco etapas de conciencia y varios otros grupos de cinco, ex­puestos en la filosofía esotérica. Incidentalmente podría ser de valor e interés señalar que la estrella de cinco puntas no sólo es signo y símbolo de la iniciación y, finalmente, del hombre per­fecto, sino que también es el símbolo básico del cuerpo etérico y de los cinco centros que controlan al hombre perfecto, los dos centros de la cabeza, el centro del corazón, el centro de la garganta y el centro de la base de la columna vertebral. Cuando estos cen­tros están plenamente despiertos y funcionando mutuamente en correcto ritmo, los varios quíntuples a los cuales me he referido forman parte integrante de la conciencia del hombre perfecto.

     

    Aunque esta particular información no tiene una relación definida con la ciencia de la curación, sin embargo todo el tema está relacionado con la energía, la cual en una u otra forma está rela­cionada con las causas y los efectos de la enfermedad, porque la enfermedad es el aspecto indeseable de la energía, sobre la unidad de energía que denominamos átomo.

     

    Debe recordarse que el cuerpo etérico del ser humano es parte integrante del cuerpo etérico del Logos planetario, estando por lo tanto relacionado como todas las formas que se hallan dentro de ese cuerpo, en uno o en todos los reinos de la naturaleza. Es parte de la sustancia del universo coordinada por la sustancia planetaria, proporcionando así la base científica de la unidad.

     

    Si me preguntaran qué hay en realidad detrás de todas las enfermedades, frustraciones, errores y falta de expresión divina en los tres mundos, respondería que la separatividad produce las mayores dificultades que originan en el cuerpo etérico, más la in­capacidad de la forma externa tangible para responder adecuadamente a los impulsos internos y sutiles. Aquí reside la causa (secundaria, como ya he puntualizado) de la mayor parte de los trastornos. El cuerpo etérico del planeta todavía no transmite ni permite circular libremente las fuerzas que están tratando de en­trar en la conciencia y en la expresión del hombre, en el plano físi­co. Estas fuerzas emanan desde adentro de él mismo, cuando actúa en los niveles sutiles de la conciencia y del alma; también provie­nen de grupos asociados y relacionados, de la vida planetaria y, eventualmente, en último análisis, de todo el universo. Cada uno de los centros puede, cuando está plenamente despierto y se utiliza consciente y científicamente, servir de puerta abierta que permite percibir aquello que está más allá de la vida humana individual. El cuerpo etérico es fundamentalmente el mecanismo de respues­ta más importante que el hombre posee, produciendo no sólo el correcto funcionamiento de los cinco sentidos y proporcionando por consiguiente cinco puntos principales de contacto con el mun­do tangible, sino que permite también registrar sensiblemente los mundos sutiles y, cuando está energetizado y controlado por el alma, los reinos espirituales se abren ampliamente.

     

    El cuerpo etérico es un potente receptor de las impresiones impartidas a la conciencia humana por intermedio de los centros ya despiertos. No existe, por ejemplo, verdadera clarividencia has­ta que el plexo solar y el centro ajna hayan despertado. Estas im­presiones e informaciones transmitidas se convierten en el incentivo por el cual se inicia la actividad consciente. Hay muchas maneras de describir estas fuerzas y sus efectos actuantes: impulsos, incen­tivos, influencias, potencias, deseos, aspiraciones y muchos otros términos que sólo son sinónimos de fuerza o energía, impartiendo así la misma idea general. Todas estas palabras se refieren a formas de actividad del cuerpo etérico, pero sólo cuando las registra el cuerpo físico y actúan bajo su impresión. Todo el tema de la fuerza motivadora es de gran interés.

     

    Sin embargo, la vastedad del asunto es tan real que sólo poco a poco la humanidad podrá captar la situación y llegar a compren­der que el hombre es esencialmente (a través de su cuerpo etérico) parte integrante de un Todo grande y vibrante; únicamente con el tiempo aprenderá que por el proceso de la evolución puede re­gistrar las diferentes zonas de expresión divina. Sólo cuando el cuerpo etérico es impelido a la actividad por la influencia de las “fuerzas plasmadas” del alma, de la mente y temporariamente del cuerpo astral, y a través de ellas, puede el hombre llegar a ser consciente de todos los mundos, de cada fenómeno y estado de con­ciencia, y así lograr esa omnisciencia que es el derecho de primoge­nitura de todos los hijos de Dios.

     

    Pero durante el período en que este estado del ser está en pro­ceso de realización, la falta de desarrollo, de registro, el trabajo de despertamiento y organización de los distintos centros durante la vida y luego su relación mutua y correcta, produce muchas difi­cultades. Esta condición es la fuente fructífera de esas dificultades que, cuando se introducen en el cuerpo físico, producen los diver­sos tipos de enfermedad, muchas tensiones y congestiones, la so­brestimulación de los centros en una parte del vehículo etérico y el subdesarrollo en otra, más el desigual desenvolvimiento y des­equilibrio de los centros.

     

    Las investigaciones médicas modernas mencionan mucho el “desequilibrio” de las glándulas endocrinas, y muchas dificultades físicas son adjudicadas a este frecuente desequilibrio. Pero detrás de estas condiciones del sistema glandular subyace el básico des­equilibrio de los centros. Sólo cuando hay una correcta compren­sión de las fuerzas y su recepción y consecuente empleo, se logrará el correcto equilibrio, y el sistema endocrino humano controlará al hombre físico en la forma designada. Es imperativo que se estudien ya los problemas siguientes:

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