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LA ENERGIA EMOCIONAL Y EL TEMOR, II

 

Se preguntarán: ¿Cuáles son las causas fundamentales del temor? Esta pregunta, si la llevamos retrospectivamente hasta los orígenes de la historia esotérica del sistema solar, no tiene respuesta inteligible. Sólo el iniciado avanzado puede comprenderla. El temor tiene sus raíces en la trama y urdimbre de la materia misma, y es por excelencia la formulación o efecto del principio mente y resultado de la actividad mental. El hecho de que las aves y los animales conozcan el temor, ubica el tema sobre una base más amplia que si sólo se tratara simplemente de la debilidad humana y el resultado de la actividad del funcionamiento de la mente humana. No es algo que proviene del poder de razonar del hombre, pero si empleara su razón en forma correcta podría eliminar el temor. Reside en lo que se denomina mal cósmico -frase altisonante, pero que nada dice. Es inherente a la realidad de la materia y a la acción de los pares de opuestos -alma y materia. Las almas sensorias de los animales y de los hombres se dan cuenta subconscientemente de factores tales como:

 

  1. La inmensidad y, por lo tanto, la sentida opresión que ejerce el Todo.

 

  1. La presión de otras vidas y existencias.

 

  1. La actuación inexorable de la ley.

 

  1. La sensación de aprisionamiento, limitación y su consiguiente incapacidad.

 

En estos factores, que surgen del mismo proceso manifestado, y persisten y aumentan en potencia durante épocas, residen las causas de todo el temor moderno y la base de todo terror, primordialmente el estrictamente psicólogo y no sólo el temor instintivo del animal.

 

No tendría ninguna utilidad concretar la cuestión con mayor claridad. ¿De qué sirve decir que el temor es una cualidad del mal (o sea de la materia), que colora fundamentalmente o caracteriza al cuerpo sensorio o astral de nuestro Logos planetario? ¿Qué se obtendría si explicara el problema de esa gran Vida en Quien vivimos, nos movemos y tenemos nuestro ser, a medida que Él, en Su propio plano cósmico, busca la liberación y encara Sus propias pruebas y experiencias peculiares? ¿Qué palabras adecuadas existen para describir la lucha cósmica entre esas Vidas de conciencias tan impersonales y excelsas, que las palabras “suyo, él o prueba” son irrisorias y no dan a entender ningún aspecto de la verdad ni de la realidad? El mal cósmico, la progresión cósmica o los problemas cósmicos, pueden muy bien dejarse para esa lejana época en que los aspirantes hayan recibido la tercera iniciación, perdido el sentido de separatividad y -identificados con el aspecto Vida y no con el aspecto forma- puedan penetrar hasta cierto punto en el estado de conciencia de nuestro Logos planetario, percibir Su destino y tener una visión fugaz de la maravilla de la consumación.

 

En consecuencia, limitemos nuestra atención al hombre y muy especialmente al hombre común, y veamos de dónde proceden las oleadas de temor que constantemente lo arrastran:

 

  1. Temor a la muerte. Está basado en:

 

  1. El terror, en el proceso final del desgarramiento en el acto de la muerte.
  2. El horror a lo desconocido y a lo indefinido.
  3. La duda respecto a la inmortalidad.
  4. El pesar por tener que abandonar a los seres queridos o ser abandonado por ellos.
  5. Las antiguas reacciones a las pasadas muertes violentas, arraigadas profundamente en el subconsciente.
  6. El aferrarse a la vida de la forma, por estar principalmente identificados con ella en la conciencia.
  7. Las viejas y erróneas enseñanzas referentes al cielo y al infierno,

siendo ambas, perspectivas desagradables para cierto tipo de personas.

 

Como conozco el tema, tanto por la experiencia en el mundo externo como por la expresión de la vida interna, diré que: La muerte no existe. Como bien saben, hay una entrada en una vida más plena. Hay liberación de los obstáculos del vehículo carnal. El tan temido proceso de desgarramiento no existe, excepto en los casos de muerte violenta o repentina, entonces lo único desagradable es la sensación instantánea y abrumadora de peligro y destrucción inminentes, y algo que se parece a un shock eléctrico. Nada más. Para los no evolucionados, la muerte es un sueño y un olvido, porque la mente no está bastante despierta para reaccionar, y el archivo de la memoria está prácticamente vacío. Para el ciudadano común y bueno, la muerte es la continuidad en su conciencia del proceso de la vida, y lleva a cabo los intereses y tendencias de esa vida. Su conciencia y sentido de percepción son los mismos e invariables. No percibe mucha diferencia, está bien cuidado, y a menudo no se da cuenta que ha pasado  por la muerte. Para el perverso y cruel egoísta, el criminal y esos pocos que viven únicamente para el aspecto material, se produce esa situación denominada "atados a la tierra". Los vínculos que han forjado con la tierra, y la atracción hacia ella, de todos sus deseos, los obliga a permanecer cerca de la misma y de su último medio ambiente terreno. Tratan desesperadamente por todos los medios posibles, de ponerse en contacto y volver a penetrar en él. En contados casos, un gran amor personal por quienes han dejado, o el incumplimiento de un deber reconocido y urgente, mantienen a quienes poseen bondad y belleza, en semejante situación. Para el aspirante, la muerte es la entrada inmediata en una esfera de servicio y de expresión a que está muy acostumbrado, percibiendo enseguida que no es nueva. En las horas de sueño ha desarrollado un campo de servicio activo y de aprendizaje. Ahora sencillamente funciona en él durante las veinticuatro horas (hablando en términos de tiempo del plano físico) en vez de las breves horas de sueño en la tierra.

 

A medida que pasa el tiempo y antes de finalizar el próximo siglo, se comprobará que la muerte no existe tal como se la comprende ahora. La continuidad de conciencia será tan ampliamente desarrollada y tantos hombres de tipo elevado actuarán simultáneamente en ambos mundos, que el antiguo temor desaparecerá y el intercambio entre el plano astral y el físico estará firmemente establecido y científicamente controlado, llegando a su fin, felizmente, la actuación de los médium de trance. La común y vulgar mediumnidad y las materializaciones controladas por los guías indios, son perversiones del intercambio entre los dos planos, como lo son las perversiones sexuales y la distorsión de la verdadera relación entre los sexos. No me refiero aquí al trabajo de los clarividentes por pobre que sea, ni a la posesión del cuerpo por entidades de alta calidad sino a los fenómenos desagradables de materialización, ectoplasma y al trabajo ciego e ignorante efectuado por antiguos y degenerados atlantes y almas aferradas a la tierra, tales como los guías comunes y el cacique indio. No hay nada que aprender de ellos, pero sí mucho que evitar. El reinado del temor a la muerte casi ha terminado, y entraremos pronto en un período de conocimiento y seguridad, que socavará la base de todos nuestros temores. Respecto al temor a la muerte, poco puede hacerse, excepto elevar el tema a un nivel más científico y, en este sentido, enseñar a las personas a morir. Existe una técnica de morir, así como existe una de vivir, pero se ha perdido en gran parte en Occidente y casi en Oriente, excepto en algunas agrupaciones en Oriente formadas por Conocedores. Quizás consideremos esto más adelante, y la idea de encarar este tema puede permanecer en la mente de los estudiantes que lo leen, y probablemente al estudiar, leer y pensar, quizás obtengan material de interés para ser recopilado y publicado.

 

2. Temor al futuro. Este es un temor que todavía demuestra una creciente tendencia a desarrollarse y causará mucha angustia en el mundo, antes de ser eliminado. Surge de tres facultades humanas:

 

  1. Los hábitos de pensar, instintivos y psicólogos, profundamente arraigados en la naturaleza animal, y que se remontan al instinto primordial de autoconservación. Sin embargo, las razas primitivas tienen poco de esto. El estado mental que ve el futuro con anticipación es una característica predominantemente humana, siendo ese germen de la facultad imaginativa, ligado a los procesos mentales que, finalmente, se fusionarán en la meditación intuitiva, además de la visualización, verdadera base de todo trabajo creador. Por ahora es una amenaza y un obstáculo. Antiguos sufrimientos, recuerdos espantosos, tormentos obsesores, hondamente asentados en el subconsciente, surgen con frecuencia a la superficie y provocan una situación de temor y aflicción que ningún razonamiento es capaz de aquietar. Las facilidades de los medios de comunicación ponen a todo el mundo en relación con las tragedias, dolores y sufrimientos de sus hermanos, a miles de kilómetros de distancia. La catástrofe económica de la época actual ha producido una condición de terror colectivo, y cuanto más sensible es el individuo, mayor es su reacción a este estado mental. Por lo tanto, el temor al futuro es una mezcla dolorosa de recuerdo instintivo e imaginación premonitoria, y pocos escapan a esta amenaza. La preocupación y la ansiedad constituyen el destino de todo hombre, y no pueden ser ni serán contrarrestadas ni vencidas por ningún factor inferior al alma.

 

  1. Los destellos de previsión, emanados del alma que mora en la conciencia del Eterno Ahora. Cuando se establece firmemente contacto con el alma y se estabiliza en el cerebro la conciencia del Conocedor, la previsión no nos causará terror. Entonces se verá el panorama en su totalidad, no como una vislumbre pasajera y fragmentaria, como sucede ahora. Aquí nuevamente el remedio es el mismo: el establecimiento de relaciones tan estrechas entre el alma y el cerebro, por medio de la mente entrenada y controlada, que la causa y el efecto se verán como uno y se podrán dar los pasos apropiados para solucionar las situaciones correctamente y en forma más ventajosa. La previsión raras veces anuncia felicidad, y la razón no hay que buscarla muy lejos. La raza se encuentra en el punto en que el hijo pródigo es consciente de la vacuidad y futilidad de la vida terrena, pues está ya preparado para considerar cuidadosamente el mensaje del Buda, debido a que durante siglos ha sido asolado por la guerra y el hambre, el deseo y la lucha económica. El panorama que tiene por delante parece ser desastroso y amenazador.

 

Sin embargo, si los hombres llevaran el concepto de la hermandad, con todas sus implicaciones, a la vida y al trabajo diarios,  a las interrelaciones entre el capitalista y el obrero, el político y el pueblo, una nación y otra o una raza y otra, se obtendría esa paz en la tierra que nadie podría derribar. ¡Una regla tan sencilla y sin embargo tan lejos de la comprensión de la mayoría!

 

  1. Un conglomerado, de sufrimientos y temores de otras personas pueden afectar a un individuo, sin que nada tengan que ver con él. Es muy posible que un individuo capte el temor que domina a otras personas, aunque no tema a nada. Se identifica tanto con los presentimientos de futuros desastres, que los interpreta en términos de su propia y futura experiencia. Es incapaz de desligarse de sus reacciones, y absorbe tanto veneno en sus auras mental y emocional, que lo arrastran a un torbellino de temor y terror. Sin embargo, debe saber que el futuro no oculta para él ningún desastre. Está simplemente bajo una ilusión, pero el efecto sobre su cuerpo astral y plexo solar es el mismo. Desgraciadamente esto ocurre en la actualidad, donde hay miles de almas sensibles que tienen aspiraciones, inexpertas en el manejo del karma mundial, abiertas al sufrimiento de los demás e incapaces de distinguir entre su propio destino y el ajeno, en su medio ambiente y en el futuro inmediato.

     

    También es posible, para aquellos aspirantes más avanzados y quienes están en el sendero del discipulado, hacer contacto en el plano astral con antiguas vibraciones del mal y del dolor -males acontecidos y desaparecidos hace mucho tiempo; posiblemente puedan leer una pequeña fracción de los archivos akáshicos que conciernen a los futuros sufrimientos de un individuo o grupo, que probablemente no los verán cumplirse, no obstante adjudicarse para sí la información recibida, sufriendo las consecuencias.

     

    3. Temor al dolor físico. En algunas personas este temor es la causa fundamental de todas sus ansiedades, aunque no lo reconozcan. En realidad es el resultado de los tres temores anteriores, de la presión ejercida sobre su cuerpo astral y de la tensión provocada por la imaginación y el raciocinio, en el sistema nervioso físico. El sistema nervioso llega a ser excesivamente sensible y puede producir intensos sufrimientos físicos. Las enfermedades y achaques, que para las personas comunes y flemáticas tienen importancia vital, se agravan hasta convertirse en verdadera agonía. Quienes cuidan de los enfermos deben reconocerlo y dar los pasos necesarios para aliviar la condición física mediante el empleo de sedantes y analgésicos, a fin de que no haya indebida tensión sobre el sistema nervioso, excesivamente forzado.

     

    Me preguntarán si apruebo el empleo del éter, el cloroformo y las drogas sedantes, en las operaciones. Diré que como principio no, pero provisionalmente sí. Cuando el hombre haya hecho un firme contacto con su alma y desarrollado la facultad de entrar y salir a voluntad de su cuerpo físico, no será necesaria la ayuda de sedantes. Mientras tanto pueden considerarse como medidas de emergencia, necesarias para el karma mundial y el punto de evolución de la raza. Naturalmente que no me refiero al uso de narcóticos y drogas, por las personas desequilibradas e histéricas, sino al empleo sensato de lenitivos bajo la inteligente dirección de un facultativo.

     

    4. Temor al fracaso. Afecta a la mayoría de las personas por muchas causas. El temor de no poder cumplir y de no lograr el amor y la admiración de los seres queridos, el temor al desprecio de otros y a que lo conceptúen inferior, y el temor de no ver ni aprovechar la oportunidad, son todos aspectos del complejo del temor que colora las vidas de tantas personas dignas. Puede estar basado en un medio ambiente desagradable e incomprensivo, en un instrumento inadecuado para la tarea, y muchas veces tiene su origen en el hecho de que el hombre es un discípulo o un alma elevada, ya preparada para hollar el sendero de probación.

     

    Ha obtenido un leve contacto con su alma; ha percibido la visión y sus posibilidades; observa su personalidad, y la compara con el trabajo que debe realizar y la calidad de las personas con quienes se ha puesto en contacto, dando por resultado un complejo de inferioridad extremadamente fuerte, debido a que es nutrido por el descenso de verdaderas corrientes de fuerzas. Como sabemos, la energía sigue al pensamiento y está matizada por la calidad del pensamiento. El hombre analiza con desagrado su personalidad, nutriendo las mismas cosas que deplora y haciéndose más inadecuado para la tarea. Es el círculo vicioso del esfuerzo, pero debe ser contrarrestado por la plena comprensión de la verdad contenida en las palabras: "Como el hombre piensa, así es él". A medida que reflexiona sobre la naturaleza de su alma omnisciente, se hace a semejanza de esa alma. Su pensamiento está enfocado en la conciencia del alma y se convierte en esa alma en manifestación, por intermedio de la personalidad.

     

    Esto sólo es un breve resumen de los principales temores que afligen a la humanidad, y únicamente sirve para entrar en tema y tener la oportunidad de hacer unas pocas sugerencias prácticas. (4/217-223)

     

 

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