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EL CUERPO FISICO, CUERPO ETERICO Y SU RELACION CON EL ALMA

 

El Cuerpo, la Apariencia Fenoménica

 

No es necesario dar muchas explicaciones referentes a esto, pues la naturaleza corpórea y el aspecto forma han sido objeto de investigación y tema de reflexión y discusión de los pensadores, durante muchos siglos. Gran parte de las conclusiones a que han llegado son básicamente correctas. El investigador moderno admite la Ley de Analogía como base de sus premisas y reconoce a veces que la teoría hermética, "así como es arriba es abajo", podría arrojar mucha luz sobre los actuales problemas. Los siguientes postulados serán esclarecedores:

 

El hombre, en su naturaleza corpórea, es una totalidad, una unidad.

 

Esta totalidad está subdividida en muchas partes y organismos.

 

Sin embargo, esas numerosas subdivisiones funcionan en forma unificada, y el cuerpo es un todo correlacionado.

 

Cada una de sus partes difiere en forma y función, pero todas son interdependientes.

Cada parte y cada organismo están a su vez compuestos de mo­léculas, células y átomos, y la vida de la totalidad los mantiene unidos en forma de un organismo.

 

La totalidad llamada hombre se divide a grandes rasgos en cinco partes, unas de mayor importancia que otras, pero todas completando ese organismo viviente denominado ser humano.

 

  1. La cabeza.
  2. El torso superior, o la parte que se halla arriba del dia­fragma.
  3. El torso inferior, o la parte que está abajo del diafragma.
  4. Las extremidades superiores.
  5. Las extremidades inferiores.

 

Dichos órganos sirven a distintos propósitos, y de su debido funcionamiento y adecuado ajuste depende el bienestar del todo.

 

Cada uno de ellos tiene su propia vida, que son la suma total de la vida de su estructura atómica, y están también animados por la vida unificada del todo, dirigida desde la cabeza por la voluntad inteligente o energía del hombre espiritual.

 

La parte importante del cuerpo de esa triple división es: la cabeza, el torso superior y el inferior. El hombre puede fun­cionar y vivir sin brazos ni piernas.

 

Cada una de estas tres partes también es triple en su aspecto físico, constituyendo la analogía de las tres partes de la natu­raleza del hombre y las nueve de la vida monádica perfecta. Hay otros órganos, pero los ya enumerados tienen mayor signi­ficado esotérico que los otros.

 

Dentro de la cabeza tenemos:

 

  1. Los cinco ventrículos del cerebro, o lo que podríamos llamar el cerebro como organismo unificado.
  2. Las tres glándulas: carótida, pineal y pituitaria.
  3. Los dos ojos.

 

En la parte superior del cuerpo humano tenemos:

 

La garganta.

Los pulmones.

El corazón.

 

En la parte inferior del cuerpo tenemos:

 

  1. El bazo.
  2. El estómago.
  3. Los órganos sexuales.
  4.  

La suma total del cuerpo es también triple:

 

La estructura ósea y la piel.

El sistema vascular o sanguíneo.

El triple sistema nervioso.

 

Estas triplicidades corresponden a cada una de las tres partes de la naturaleza del hombre:

 

  1. La naturaleza física: La estructura ósea y la piel son la analogía del cuerpo denso y etérico del hombre.
  2. La naturaleza del alma: Los vasos sanguíneos y el sistema circulatorio son la analogía de esa alma omnipenetrante que compenetra todas las partes del sistema solar, así como la sangre circula por todas las partes del cuerpo.
  3. La naturaleza del espíritu: El sistema nervioso, que ener­getiza al hombre físico y actúa a través de él, es la analo­gía de la energía del espíritu.

 

En la cabeza tenemos la analogía del aspecto espíritu, la voluntad rectora, la mónada, el Uno:

 

  1. El cerebro con sus cinco ventrículos es la analogía de la forma física que el espíritu anima en relación con el hombre, quíntuple totalidad que constituye el medio por el cual el espíritu ha de expresarse en el plano físico.
  2. Las tres glándulas de la cabeza están estrechamente rela­cionadas con el alma o naturaleza síquica (superior e inferior).
  3. Los dos ojos son la analogía de la mónada, en el plano físico, siendo voluntad y amor-sabiduría o atma-budi, de acuerdo a la terminología oculta.

 

En la parte superior del cuerpo tenemos una analogía de la triple naturaleza del alma:

 

  1. La garganta, correspondiendo al tercer aspecto creador, o sea la naturaleza corporal, la inteligencia activa del alma.
  2. El corazón, amor-sabiduría del alma, el principio búdico o crístico.
  3. Los pulmones, analogía del aliento de la vida, es la equi­valencia del espíritu.

 

En la parte inferior del torso se repite este triple sistema:

 

Los órganos sexuales, el aspecto creador, el modelador del cuerpo.

El estómago, manifestación física del plexo solar, es la ana­logía de la naturaleza del alma.

El bazo, el receptor de energías y por ende la expresión en el plano físico del centro que recibe esta energía, es la analogía del espíritu energetizante.

 

Me doy cuenta muy bien de su dificultad para comprender los tecnicismos que acabo de dar, y aparente inutilidad. Quizás pre­gunten, qué necesidad hay de ser tan meticuloso al enumerar los detalles físicos, sicológicos y del sistema, de naturaleza puramente académica, cuando por un acto de la voluntad y del poder divino y empleando ciertas Palabras de Poder, se puede lograr la curación. Estas ideas son básicamente veraces, pero están basadas en una errónea comprensión, en tiempo y espacio. Si todos los curadores fueran Maestros de Sabiduría, si fueran todos clarividentes, si com­prendieran la Ley del Karma y su actuación en la vida del pa­ciente, si obtuvieran la plena colaboración del paciente y si tu­vieran la capacidad de agregar a todos los requisitos mencionados el empleo de ciertas Palabras y Mántram, entonces, en realidad, sería innecesario el conocimiento académico. Pero estos requisitos no son, ni pueden serlo, llenados. Los curadores, por regla general, no poseen tales poderes. Si bien es verdad que los sanadores fre­cuentemente curan (aunque no tan a menudo como creen), cuan­do lo logran han realizado alguna de las cosas siguientes:

 

Han curado al paciente cuando su sino o destino así lo ordena, y su alma, por lo tanto, ha atraído a su vehículo (el hom­bre físico) dentro de la irradiante aura del curador o del grupo de curación. Probablemente el paciente podría haberse recupe­rado en cualquier caso, pero el proceso fue acelerado por el esfuerzo y la atención aplicados, además de la fe.

 

Han interferido el designio inmediato o canon de vida del paciente, y así postergaron algunos procesos necesarios de tuto­ría espiritual. Esto lo olvidan con frecuencia. Es un tema muy complicado para ser tratado aquí, pero podrá ser aclarado algo cuando lleguemos a la última parte.

 

Por lo tanto (hasta que no haya pleno conocimiento) es vitalmente necesario estudiar la estructura del poder, la vitalidad y la red de energías y fuerzas que componen el organismo humano. Es menester captar mentalmente los procesos de la curación, y las razones que los hacen parecer difíciles, complicados e innecesarios y que ocasionan pérdida de tiempo, son las siguientes:

La incapacidad, incluso de la mente humana más avanzada, de captar temas y tópicos en su totalidad. Aún se carece del elemento Sintético. En la actualidad la enseñanza y los proce­sos implicados deben ser dominados paso a paso, detalle por detalle, precepto tras precepto, aplicación tras aplicación. Pero el futuro contiene una clara promesa; la capacidad del ojo hu­mano para funcionar sintéticamente, abarcar un paisaje, por ejemplo, y hacerlo simultáneamente y en un vistazo, en sus con­tornos amplios y destacados, es la garantía de la futura técnica de la raza. Con una sola mirada de la mente iluminada y una gran irradiación de amor, el curador o el grupo de curación sabrán si se debe llevar a cabo la curación y ayudar al paciente -un proceso mucho más lento- o abstenerse de curarlo.

 

La inercia del hombre o mujer comunes, impide realizar el esfuerzo necesario para dominar el aspecto técnico de la cura­ción. Es mucho más fácil depender de la divinidad (una divini­dad que en realidad está latente pero no se expresa) y “dejar que Dios lo haga”. Es mucho más fácil reconocer el amor y su emanación, que dominar los procesos por los cuales puede ser eficaz o la naturaleza de aquello que debe ser afectado.

 

Estos puntos requieren cuidadosa atención y consideración, Me­recen reflexión. El poder sintético de la mente, ayudado por el verdadero amor, será algún día el instrumento de todos los verda­deros curadores. Entretanto, en bien del porvenir, y a fin de ayu­dar en la formulación del futuro arte de la curación -basado en la comprensión de la energía, su afluencia y circulación-, este tratado se ocupará en parte del aspecto académico. Después de to­do, los hechos descritos existen y están verdaderamente presentes, como lo está esa emoción que el curador común denomina amor.

 

 

 

 

      EL CUERPO ETERICO O VITAL

                                                                                                                                                              

 

El gran símbolo del alma en el hombre es su cuerpo etérico o vital, por las siguientes razones:

 

          1.      Constituye la analogía física del cuerpo interno de luz, llamado el cuerpo del alma, el cuerpo espiritual. Se lo denomina el "cuenco dorado", en la Biblia, y se carac­teriza por:

 

a.                 Su cualidad de luz.

b.                Su grado de vibración, que se sincroniza siempre con el desarrollo del alma.

c.                Su fuerza coherente, vinculando y conectando cada parte de la estructura 

                  corpórea.

 

          2.      Es la microcósmica "trama de vida", pues subyace en cada parte de la estructura física, y tiene tres propósitos:

 

a.                 Llevar por todo el cuerpo el principio vital, la ener­gía que produce actividad, efectuándolo por medio de la sangre, siendo el punto focal de esta distribución el corazón. Es el portador de la vitalidad física.

b.                Permitir al alma humana u hombre espiritual, po­nerse en armonía con su medio ambiente. Esto se lleva a cabo por intermedio del entero sistema ner­vioso, y el punto focal de esta actividad es el cerebro, asiento de la receptividad consciente.

c.                Producir oportunamente, por medio de la vida y la conciencia, una radiante actividad o manifestación de gloria, que hará de cada ser humano un centro activo para distribuir luz y energía atractiva a otros, en el reino humano, y a través de éste, a los reinos sub­humanos. Esto constituye parte del plan del Logos planetario, cuya finalidad es vitalizar y renovar la vibración de esas formas que designamos huma­nas.

                                                                                                                                              

 

     3.            Este símbolo microcósmico del alma no sólo es la base de toda la estructura física, símbolo del ánima mundi o alma del mundo, sino que es indivisible, coherente y una entidad unificada, y simboliza así la unidad y homoge­neidad de Dios. No existen organismos separados en él, sino simplemente un cuerpo de fuerza que fluye libre­mente, siendo ella una mezcla o unificación de dos tipos de energía en variadas cantidades, energía dinámica y energía atractiva o magnética. Ambos tipos caracterizan análogamente al alma universal, la fuerza de la voluntad y del amor o de atma y budi, y la actuación de ambas fuerzas sobre la materia atrae al cuerpo etérico de to­das las formas, los átomos físicos necesarios, y -habiéndolos atraído‑ por la fuerza de voluntad, los impele a iniciar ciertas actividades.

 

  1. Este coherente y unificado cuerpo de luz y energía es el símbolo del alma porque contiene dentro de sí siete puntos focales, en los cuales la condensación, si puede denominársela así, de las dos energías mezcladas, se in­tensifica. Estos corresponden a los siete puntos focales en el sistema solar, donde el Logos solar enfoca Sus ener­gías a través de los siete Logos planetarios. Esto se am­pliará más adelante. El punto que debe observarse aquí es sencillamente la naturaleza simbólica del cuerpo etérico o vital, pues mediante la comprensión de la naturaleza de las energías desplegadas y la naturaleza unificada de la forma y de la tarea, podrá captarse una idea del trabajo del alma, principio medio de la naturaleza.

 

     5.            Si recordamos que el cuerpo etérico vincula al cuerpo estrictamente físico o denso, con el cuerpo puramente sutil, el astral o emocional, entonces el símbolo también se aplica aquí. En esto vemos el reflejo del alma en el hombre, que vincula a los tres mundos (correspondientes a los aspectos sólido, líquido y gaseoso, del cuerpo estric­tamente físico del hombre) con los planos superiores del sistema solar, vinculando así el plano mental con el bú­dico y la mente con los estados de conciencia intuitivos. 

 

 

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