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La aplicación práctica de las antiguas reglas es responsabilidad personal

No tengo la intención de seguir reiterando los consejos para hollar el sendero del discipulado. Son hombres y mujeres adultos y conocen el camino. La aplicación práctica de las antiguas reglas es responsabilidad personal. Lo que hagan es cuestión de ustedes; han llegado a la madurez y deben estar preparados para dar el siguiente paso. Lo darán cuando hayan trasmutado el conocimiento y la teoría, en sabiduría, en práctica y expresión.

 

Sólo con espíritu de verdadero desapego realiza el discípulo su mejor trabajo; se da cuenta que en virtud de tal desapego se convierte (por el resto de su vida) simplemente en un trabajador -en el gran ejército de trabajadores jerárquicos- sin inclinación, objetivo o deseo personales. Para él no existe nada más que trabajo continuo y constante asociación con otras personas. Puede ser una persona que se aísla por naturaleza y ansía profundamente la soledad, esto no importa. Es el precio que debe pagar por la oportunidad de satisfacer la necesidad del momento. Hoy tiene lugar el empuje más arduo y organizado de la Jerarquía, y su objetivo consiste en contrarrestar la tendencia de la raza a cristalizarse en la separatividad; la separatividad es actualmente la línea de menor resistencia para los pueblos y las naciones. De allí la formación de estos grupos activos de discípulos que expresan trabajo, cohesión y no separatividad grupales.

 

 

Algunos, muy pocos, de los discípulos e intuitivos del mundo, se han unido para desarrollar dos actividades: una consiste en hacer contacto con más exactitud con el plan subjetivo que se va desarrollando constantemente, la otra en hablar y enseñar con mayor claridad y elegir con inteligente exactitud las palabras correctas (habladas o escritas), con las cuales expresar la verdad. La presentación de las realidades presentidas hará que las personas reflexivas del mundo detengan su actual tendencia mental y colaboren más plena y libremente en la tarea de iluminar el mundo. Empleo la palabra "iluminar" en

 

 

sentido ocultista. La plena medida de lo que puede hacerse depende (en lo que concierne al discípulo individual) de su poder interno para vivir cada día como alma -libre de temores, sin preocuparse de sí mismo y libre de esas reacciones que incitan al cuerpo astral o emocional, a emprender una actividad organizada, basada en antiguos hábitos. La meta para el discípulo y también para el éxito de su trabajo, es poseer un cuerpo astral tranquilo y pasivo, sensible a las impresiones de su propia alma y a las de su Maestro, capaz de reflejar la visión hasta donde es posible y en su más puro detalle. Debe recordarse que cuando  el discípulo se dedica plenamente a vivir una vida de servicio en los tres planos, poco debe o debería decírsele. Pero una idea puede serle de ayuda.

 

En las vicisitudes de su vida debe tratar de mantener la síntesis de la personalidad y la integración de todas las partes de su equipo. En la tensión de la actividad desarrollada en uno de los cuerpos y en uno de los planos, el énfasis puesto con frecuencia en una sola dirección puede ser momentáneamente tan intenso que por un instante puede percibir el punto de vista sintético del Plan y del grupo. El discípulo trabaja físicamente bajo una fuerte presión; quizás esté aprendiendo emocionalmente la difícil lección del desapego, tendiendo en consecuencia a una temporaria rebeldía. Sin embargo, en el plano mental, se da cuenta que posee claridad mental y el poder de pensar que lo mantiene incesante y constructivamente activo. Tres términos que expresan con mucha frecuencia la situación del discípulo, en lo que a su naturaleza concierne son: excesiva fatiga, rebeldía emocional y lucidez mental. ¿Cómo encarar el problema? La fatiga física no tiene necesariamente por qué menoscabar la utilidad del discípulo. En muchas personas su estado físico perjudica su trabajo, porque enfocan su atención en la indeseable condición física; los discípulos, sin embargo, poseen en muchos casos la curiosa capacidad de continuar su trabajo a pesar de lo que les ocurra físicamente. El cerebro físico llega a reflejar tanto su vida mental que, esencialmente, no lo afectan las condiciones externas. El discípulo aprende a vivir con sus deficiencias físicas, bajo condiciones adversas, y su trabajo se mantiene en su habitual elevado nivel.

 

El problema emocional quizás sea el más difícil. Pero el discípulo sólo puede eliminar su propia autoconmiseración y liberarse de las tormentas emocionales internas que experimente. Debe reconocer que su integración es muy débil, porque trabaja en dos fases o secciones,

 

 

Físico. . . . . . . emocional

y

Mental. . . . . . . alma.

 

A veces actúa en una, otras, en otra, y por lo general en forma completa. Esta dualidad debe llevarse a una más estrecha relación y de ello debe ocuparse cuando trata de establecer y mantener la necesaria síntesis y la integración alma y personalidad. ¿Cuándo aprenderá el discípulo que esa condición en que se adopta la actitud de "no me importa" y una especie de indiferencia, es uno de los medios más rápidos para liberar al yo de las demandas de la personalidad? Esta actitud de "no me importa" no afectará la disposición del discípulo hacia otras personas. Es la actitud que adopta la personalidad reflexiva e integrada del discípulo hacia el cuerpo astral o emocional, llevándolo a asumir la posición de que nada que produzca reacción, dolor o angustia al cuerpo emocional, tiene importancia. Estas reacciones son simplemente reconocidas, vividas y toleradas, pero no se permite que constituyan una limitación. Todos los discípulos deberían reflexionar sobre lo que acabo de decir. El proceso se basa en la creencia profundamente arraigada de la supervivencia del Ser inmortal dentro del alma y la personalidad.

 

Esta comprensión interna aumenta a la par que se desarrolla el poder en la meditación, sea individual o grupal. La meditación es esencial para establecer una interacción recíproca interna más libre -sea como alma en relación con la personalidad, como grupo de discípulos en relación con su Maestro, o entre sí. Podrían preguntar aquí, ¿por qué se considera necesaria esta interacción sensible entre los discípulos del grupo de un Maestro? ¿No es la vida bastante complicada, como para ser también conscientes de las condiciones, personalidades y contactos con el alma, de aquellos con quienes estamos asociados y con los cuales tratamos de caminar juntos como condiscípulos? Quisiera recordarles que como discípulos se están preparando para la iniciación y que esa inminente condición de la conciencia implica tres cosas:

 

  1. Creciente percepción y sensibilidad hacia cada experiencia y hacia la vida en todas las formas.
  2. El poder de hacer para otros lo que yo trato de hacer para ustedes; por ahora en escala menor y, posteriormente, en otras vidas, tal como yo lo hago.
  3. El valor y la fortaleza para poder saber todo, comprender todo y amar con paciente sabiduría e invariable sinceridad.

Esto será evidente para ustedes. En el trabajo grupal que se les pide a los discípulos participar, se les ofrece la oportunidad de ayudar a despertar las cualidades necesarias como aspirantes a la iniciación, en fecha no muy distante, según consideramos nosotros el tiempo desde el aspecto interno.

 

Se ha enseñado siempre que el discípulo o iniciado debe adaptarse a las condiciones en que se encuentra y aprender de ellas y de la situación y del medio ambiente con el cual la vida en el plano físico lo pone en contacto diariamente. Esta es una de las generalidades iniciales del sendero. Sin embargo, en una época fue un concepto nuevo para el aspirante y el discípulo en entrenamiento, como lo es ahora la enseñanza que trato de impartir a mi grupo de discípulos y la oportunidad que quisiera aprovecharan. El entrenamiento desarrollado hasta hoy en los planos internos, sin que el discípulo aceptado se diera cuenta a menudo en su conciencia vigílica, debe ahora ser captado, utilizado y dominado en la conciencia vigílica y en el cerebro físico. En el pasado, el discípulo procuraba establecer relaciones armoniosas con su medio ambiente –la armonía es una de las fuerzas liberadoras que debe preceder a la liberación de la energía a emplearse después de la iniciación. Entonces practicaba la paciencia, la indulgencia y procuraba ser útil, prestando además servicio, todo lo cual se hacía mediante un proceso de correcta conducta externa, basada en la correcta orientación y actitudes internas. Pero de acuerdo al nuevo sistema (necesario en virtud del progreso racial alcanzado), este correcto ajuste externo en la nueva era, debe ir a la par de correctas relaciones internas, conscientemente establecidas, mantenidas y reconocidas por lo que son, por la mente y el cerebro conscientes del discípulo. Por lo tanto, esto implica verdadero conocimiento de la relación grupal interna del discípulo, la penetración espiritual en la vida interna del condiscípulo y la consiguiente y simultánea fusión en el corazón, la mente y el cerebro del discípulo, de todo lo que se conoce en los planos externos e internos, lo cual no ha sucedido hasta ahora. Ésta es una de las razones principales para la formación de dichos grupos, en lo que a sus miembros individuales concierne. Se logrará gradualmente y sin peligro, mediante la práctica diaria de las meditaciones grupales que asignaré, el renovado interés en el trabajo telepático y el amor más profundo e íntimo que cultiven.

 

Tres cosas son de gran importancia y constituyen su responsabilidad individual:

 

  1. Facilidad de armonizarse. Es esencial, como miembro de mi grupo,

que cultive dos aspectos del "arte de establecer armonía", basado siempre

en la atracción amorosa:

  1. Armonía o contacto con el alma, por el cultivo del alineamiento y la correcta meditación.

b.Armonía o contacto con los hermanos del grupo, lo cual sienta las bases para el trabajo unido y constructivo.

 

  1. Impersonalidad. ¿Puedo decir algo más sobre este tema? Cualesquiera de los miembros del grupo debe aprender a considerar cuanto diga o sugiera, con un total y cuidadoso desarrollo de la "divina indiferencia". Observe el empleo de la palabra "divina", pues contiene la clave para la actitud necesaria. Es algo muy distinta la indiferencia en la actitud de no me importa, la indiferencia de "evadirse de lo desagradable", desarrollada sicológicamente; tampoco se refiere a la indiferencia de la superioridad, sino a la que acepta todo lo que se le ofrece, emplea lo que es utilizable, aprende lo que puede, pero no lo detienen las reacciones de la personalidad. Esta es la actitud normal del alma o yo, hacia el no-yo. Es rechazar todo prejuicio, preconcebidas ideas estrechas, tradiciones, influencia o trasfondo de la personalidad. Es el proceso de desligarse "del mundo, del demonio y de la carne", de que habla El Nuevo Testamento.

 

  1. Amor. Es esa actitud incluyente que no censura y esa comprensión magnética que en el trabajo grupal mantiene la integridad del grupo, fomenta el ritmo grupal y no permite que dañen al trabajo grupal los actos o actitudes secundarios de la personalidad. (5/65-69)

 

 

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