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Quisiera, ante todo que fueran mas Valientes

Noviembre de 1944

A mi grupo de discípulos afiliados:

 

Ha pasado más de un año desde que recibieron la última serie de instrucciones -un año de trascendentales acontecimientos en la Tierra y de significativos cambios en la relación jerárquica con la humanidad. Como resultado de la guerra se ha alcanzado ya una armonía más íntima y una evidente confianza espiritual entre los discípulos consagrados -que fueron fieles y cumplieron lealmente su cometido- y Quienes tratamos de utilizarlos para ayudar en la tarea de mejorar el mundo; en los aspirantes de todas partes hay también un reconocimiento más definido de los emergentes valores espirituales y una mayor disposición a superar todo lo que impide prestar servicio; los planes de Cristo para liberar a la humanidad están más afianzados, pues se mantuvieron en suspenso hasta el momento en que sea más categórica y clara la tendencia de la aspiración humana; ya despunta en el horizonte la nueva era, con sus posibilidades latentes, despojada de los velos del espejismo y de los ansiosos deseos que la oscurecieron durante diez años.

 

Hoy podemos ver con claridad los efectos espirituales significativos de la guerra y empezar a considerar (antes de lo que se pensaba) los problemas que -como potenciales servidores de la raza y discípulos consagrados- ahora puedan encarar. Sólo desearía que para los fines actuales e inmediatos, fueran más jóvenes y que se hubieran beneficiado en forma más definida con la enseñanza que traté de darles en estos últimos años. Quisiera, ante todo, que fueran más valientes. ¿Les sorprende hermanos míos esa palabra? Al considerar el año trascurrido no pongo en duda su devoción y constancia; tengo confianza en la profundidad de su aspiración y voluntad al bien, y sé que nada los apartará por mucho tiempo de la meta fijada.

 

Sin embargo, dudo de vuestra valentía.

 

Es necesario tener valor para llegar a una decisión espiritual y cumplirla y para adaptar sus vidas -cotidiana y de relaciones- a las necesidades del momento y al servicio del género humano; se necesita valor para demostrar a quienes los rodean, que la catástrofe mundial es más importante para ustedes que los mezquinos asuntos de sus vidas individuales y contactos rutinarios y para no emplear excusas que hasta la fecha sirvieron para evadir la realización del esfuerzo total que actualmente caracteriza las actividades de la Jerarquía; es necesario tener valor para hacer sacrificios, negarse a realizar actividades innecesarias, ignorar el cuerpo físico, las debilidades, el cansancio derivado de una larga vida, las tendencias físicas que obstaculizan y limitan el servicio, el insomnio producido por las presiones mundiales o una vida irregular, y la nerviosidad y tensión comunes a todos, y se necesita tener valor para encarar la vida en bien de los demás y eliminar los propios anhelos en esta emergencia y necesidad.

 

Lo que más necesitan los discípulos es captar con mayor claridad el hecho bien conocido (fácilmente pasado por alto, debido a su familiaridad), de que la determinación de actuar como servidor y como discípulo produce el reenfoque, al unísono, de todas las fuerzas de la personalidad y del alma; es la repetición, simbólicamente hablando, del antiguo acontecimiento de la individualización en una vuelta más elevada de la espiral, realizada esta vez con plena colaboración consciente. Este reenfoque trae sus propias dificultades. Frecuentemente conduce a ser angustiosamente consciente de nuestra propia naturaleza, objetivos, tema de la vida, aspiraciones y trabas, equipo y experiencia, más los diversos aspectos y vehículos por medio de los cuales el alma debe forzosamente

 

actuar. Esto, a menudo, intensifica nuestro interés y la concentración en el propio ego, pero siempre con la mejor intención y aspiración. Las propias limitaciones físicas o de cualquier otra índole, aparecen excesivamente grandes; en la propia conciencia exageramos los defectos pero no su expresión; el amplio y necesario servicio que debe prestarse, exigido por el alma, parece tan enorme, que el discípulo a veces se niega a colaborar por temor al fracaso, o por ser indebidamente consciente de sí mismo; busca y encuentra fácilmente excusas para no prestar servicio o hacerlo en forma parcial; actualmente, la mala salud, la falta de tiempo, las obligaciones hogareñas, cualquier temor, la edad o la creencia de que esta vida es la preparación para un servicio pleno en la siguiente, son excusas adoptadas para postergar la ayuda y la total dedicación a la necesidad humana, por resultar muy fácil encontrar justificaciones. Algunas se fundan en la creencia de que las demandas del Maestro y el programa del ashrama al cual está afiliado el discípulo, son irrazonables o, como opinan dos de este grupo, Oriente no comprende las exigencias que pesan sobre el discípulo occidental.

 

Traté durante años de despertarlos a la urgencia del momento y, por intermedio de ustedes, despertar a miles de personas a las cuales pueden llegar como grupo, pero hasta ahora con resultados parciales o momentáneos; para algunos, no todos, el trabajo que deben realizar en respuesta a las demandas del Ashrama, es aún secundario en lo que respecta a la relación de la vida diaria, a los requisitos de sus negocios, a su hogar o a lo que consideran limitaciones físicas, riesgos emotivos e impedimentos mentales de su equipo.

 

Hermanos míos, repetiré: El discípulo debe aceptarse a sí mismo, tal cual es, en cualquier momento dado, equipo y circunstancias, entonces deberá subordinarse a sí mismo, a sus asuntos y a su tiempo y a las necesidades del momento, especialmente durante una crisis grupal, nacional o mundial. Cuando lleve a cabo esto en su conciencia, y piense por lo tanto de acuerdo a los verdaderos valores, descubrirá que se solucionan sus propios asuntos, se acrecientan sus capacidades y se olvida de sus limitaciones.

 

Hasta no haber pasado esta experiencia será imposible una relación más estrecha con mi Ashrama, porque la pesada y aletargada cualidad de su vida grupal implicaría, para contrarrestarla, un indebido esfuerzo por parte de los demás discípulos del Ashrama (especialmente del Ashrama interno). Les hablo con toda franqueza al enfrentar juntos el fin de la guerra y al abrirse ante los servidores del mundo un renovado período y

 

diversas oportunidades. Les corresponde juzgar si su contribución durante el período de la guerra estuvo a la altura de la oportunidad; deberán decidir qué parte desempeñarán como individuos y como grupo en el ciclo venidero -ciclo donde deberán acentuarse las nuevas ideas e ideales por los cuales habrá que luchar, conocerse planes más amplios, a fin de apoyarlos y divulgarlos, captarse una nueva y más clara visión del vivir humano que traerá finalmente a la existencia un ciclo donde los miembros del nuevo grupo de servidores del mundo (indudablemente ustedes lo son) dedicarán todo su esfuerzo para aliviar de su pesada carga a la humanidad.

 

Nada definido les asigné en la última instrucción, pues quise saber si el ritmo del pasado -responder los informes de meditación y el acercamiento del plenilunio, que llevaron a cabo durante muchos años- estaba tan fuertemente arraigado que, en bien del grupo, continuarían haciéndolo, aunque no se les exigiera específicamente. Muy pocos continuaron la práctica de la meditación grupal; la tarea de interpretar la fórmula que delineé anteriormente y no continué en forma específica, no mereció la atención de ustedes y el grupo es el que saldrá perdiendo. Señalo estas cosas porque quiero que comprendan que este trabajo es grupal, y el grupo es el instructor del grupo, inspirado por mí, cuando -como individuos- llegan a mí inspirados por su alma y por la Tríada espiritual y cuando establecen y utilizan dichos contactos.

 

En mi instrucción anterior insisto sobre tres puntos a los cuales quisiera referirme nuevamente a la luz de la emergente oportunidad. Mi tarea no consiste en hacerlos cambiar, ni darles órdenes o mandatos. Sólo tengo una tarea y es descubrir y probar a aquellos que pueden servir a la raza inspirados por los Ashramas de los Maestros. Me referí a la soledad, una de las primeras cosas que le indican a los discípulos que se están preparando para la iniciación. Es evidente, por lo tanto, que la soledad a la que me refiero no deriva de la debilidad de carácter que rechaza al semejante, ni de una naturaleza desagradable o retraída, tampoco de una especie de autointerés tan ostensible que antagoniza a las personas. Gran parte de la soledad en la vida del discípulo es por su culpa y puede subsanarla si aplica las correctas medidas de autodisciplina. Él mismo debe aplicarlas, porque conciernen a la personalidad y nada tengo que hacer con sus personalidades. Me refiero a la soledad que se produce cuando el discípulo aceptado se convierte en discípulo consagrado y abandona la vida de concentración en el plano físico, y de identificación con las formas de vida en los tres mundos, hallándose en el punto

 

 

intermedio entre el mundo de los asuntos externos y el mundo interno de significados. Su primera reacción es de soledad; ha roto con el pasado; abriga muchas esperanzas, pero no está seguro del futuro; sabe que el mundo tangible al cual está acostumbrado debe ser reemplazado por el intangible mundo de valores, implicando un nuevo sentido de proporción, un nuevo alcance de los valores y nuevas responsabilidades. Cree que dicho mundo existe, sigue adelante valiente y teóricamente, pero durante algún tiempo aquel es totalmente intangible; descubre a unos pocos que piensan y sienten como él, y sólo posee en embrión el infalible mecanismo para establecer el contacto. Se está zafando de la conciencia masiva en la cual estaba fusionado, pero aún no ha encontrado su grupo en el que, a su tiempo, será conscientemente absorbido. Por lo tanto, se siente solo, abandonado y despojado. Algunos de ustedes sienten esa soledad; por ejemplo, muy pocos han alcanzado la etapa donde se consideran parte definida e integrante del grupo; sólo dos o tres se han dado cuenta -breve y fugazmente- del estrecho vínculo con el Ashrama; su actitud es mayormente de esperanza, acoplada a la idea de que las limitaciones físicas les impiden comprender todo lo que en realidad hay en conexión con sus afiliaciones internas. Hermanos míos, ese sentimiento de soledad es sólo otra forma de autoconciencia y de indebido interés en sí mismos, que desaparecerá a medida que progresan en el sendero. En consecuencia, cuando se sientan solos aprendan a considerarlo como un espejismo o ilusión y una limitación que deben superar. Comiencen a actuar como si éstos no existieran. Quisiera que muchos discípulos aprendieran el valor de actuar "como sí".Por lo tanto, no tendrán tiempo disponible para sentirse solos, porque no lo tendrán para pensar en sí mismos.

 

El segundo punto mencionado fue sobre la necesidad de desarrollar y acentuar la Voluntad. Presumiblemente todos se han dedicado a la tarea de construir el antakarana, canal de comunicación entre el cerebro y la voluntad espiritual, o la mónada, trabajando a través de la Tríada espiritual. Si lo han logrado, comenzarán a comprender la gran diferencia entre la buena voluntad, que la masa puede captar y a menudo capta, y la voluntad al bien, meta de todo discípulo. La buena voluntad es relativamente simple de expresar, y todos ustedes saben mucho acerca de ella y la demuestran, para lo cual no es necesario recomendación alguna, por ser un atributo humano que está a punto de expresarse en todos los hombres. Pero la voluntad al bien es mucho más difícil de expresar; no sólo implica la habilidad de emplear la voluntad espiritual, sino también de saber algo acerca de la naturaleza del "bien". La voluntad al bien es la cualidad básica hacia el divino propósito, involucrando una actividad

 

planeada y una meta definida a alcanzarse.Se necesita habilidad para pensar en términos del todo, evaluar el siguiente paso que la humanidad debe dar en el inminente Gran Acercamiento (pues debe ser un Acercamiento recíproco), comprender las lecciones del pasado y poseer visión, fundada no sólo en el amor y en la visión del alma, sino también en el convencido conocimiento del propósito inmediato de Sanat Kumara, cuando lo lleva a cabo por medio del Cristo y la Jerarquía planetaria, convicción que se basa, en lo que a la Jerarquía concierne, en la razón pura; en lo que a la humanidad concierne a través de los discípulos, se basa en la percepción intuitiva, complementada por el amor y expresada inteligentemente. Quisiera que reflexionen sobre esto, y a medida que lo hacen establezcan los cambios necesarios en su acercamiento personal al problema.

El tercer punto deriva del anterior. Todos son discípulos consagrados y, como tales, su problema personal inmediato (por eso no debo ni puedo ayudarlos) consiste en superar y romper el aferramiento del Morador en el Umbral. De manera que, nuevamente, nos hallamos en el punto de partida, y surge en su mente la pregunta: ¿Cómo puedo vencer a este Morador en el Umbral sin concentrarme al mismo tiempo en mí y mis problemas? Me dice que eso no debo hacerlo y, no obstante, el morador constituye todos los aferramientos y defectos, todos los poderes -mentales, emocionales y físicos- de la personalidad, que limitan mi expresión como alma. Por lo tanto ¿qué puedo hacer?

 

Responderé: Debe aceptar ante todo la realidad del Morador, luego relegarlo al lugar que le corresponde como parte de la Gran Ilusión, la gran fantasmagoría de la existencia, y como parte integrante de la vida en los tres mundos. Entonces lleve a cabo el servicio que ha planeado para su vida (¿tiene algún plan o planes definidos, hermano mío?) y actúe como si no existiera el Morador, liberándose a su debido tiempo de toda influencia de la personalidad, dejando que su mente esté libre para la tarea que tiene entre manos. Quizás pueda explicárselo de otra manera. Cuando se interese adecuadamente por el trabajo jerárquico y por el programa del ashrama, al cualestá vinculado, predominará entonces sobre todas sus acciones, pensamientos (despierto o dormido); descubrirá que se rompe el aferramiento del Morador y se destruirá su vida por la fuerza de la atracción, y su forma se desintegrará por los fuegos del sacrificio. Tal es la historia en pocas palabras. No puedo perder tiempo en los detalles, porque quiero impartirles muchas cosas en esta instrucción.

 

Les prestaré toda la ayuda que necesitan durante el año venidero. Sin embargo, procuro antes aclarar, para las generaciones futuras, ciertos principios básicos y aspectos de la verdad jerárquica, que en la nueva era deberían regir a quienes tratan de hollar el sendero del discipulado y están dispuestos a prepararse para la iniciación. La Jerarquía está introduciendo cambios en el programa y en la técnica; ha iniciado la adaptación de los métodos antiguos a las necesidades modernas y a las personas muy evolucionadas. En realidad no escribo para ustedes, pues han recibido más de lo que utilizaron. Escribo para los futuros discípulos e iniciados de las dos generaciones venideras.

 

Es esencial que en estos días los discípulos de todos los Ashramas consideren cuáles son los problemas de la humanidad y qué significan e implica solucionarlos; deben saber qué quieren los Maestros de Sabiduría que se haga, y luego tendrán que hablar, escribir, actuar y vivir en tal forma, que otros también lleguen a comprender.

 

En realidad, la humanidad nunca ha vivido de acuerdo a la enseñanza dada. La impresión espiritual impartida por el Cristo, el Buda o Krishna (trasmitida a la masa por sus discípulos), no ha sido expresada como se esperaba. Los hombres no viven de acuerdo a lo que ya saben; tampoco utilizan en forma práctica la información que poseen; su luz está en cortocircuito; no se disciplinan; los controla el deseo codicioso y la ambición ilegal, y no el conocimiento interno. Expresándolo en forma científica y desde el ángulo esotérico, podría decirse que: la impresión espiritual ha sido interrumpida y se ha interferido la divina afluencia circulatoria. La tarea de los discípulos del mundo es restablecer esa afluencia y terminar con la interferencia. Éste es el mayor problema que enfrentan hoy los ashramas.

 

Este año expondré con claridad el trabajo que debe llevar a cabo el grupo, relacionado con la tarea grupal planificada, la meditación y la reflexión grupales; las reglas que se dictarán regirán los años futuros, aunque su cumplimiento sea lógicamente opcional, pues ustedes son discípulos libres que trabajan de acuerdo a las nuevas reglas y también aspirantes adultos.

No les cambiaré el trabajo del plenilunio y enviaré nuevamente una frase extraída de la serie ya dada. Cambiaré parcialmente mi técnica y pronunciaré la frase cada mes en nuestro contacto del plenilunio, el día anterior, el día de la Luna llena y el día siguiente, acentuando también la palabra principal de las frases. Si ustedes la registran, podrá considerarse que el esfuerzo tuvo éxito.

 

Sugiero que continúen el trabajo tal como ha sido dado y emprendido, pero les proporcionaré una perspectiva más amplia de la actividad y objetivo del plenilunio con algunas implicaciones que les permitirán trabajar con mayor interés y comprensión.

Hermanos míos, la primera vez que describí el trabajo que deberían llevar a cabo en el momento de los plenilunios, lo hice conjuntamente con ustedes durante un período preliminar de tres años, expandiendo parcialmente cada año el trabajo hasta el plenilunio de mayo, Wesak, del tercer año. Dicho período casi ha trascurrido y hoy les formulo dos preguntas:

 

  1. ¿ Qué significó para ustedes este trabajo?
  2. ¿Captaron la importancia del trabajo que deben realizar?

 

Detrás de mi esfuerzo ha habido un propósito y se ha llevado a cabo un experimento importante como preparación para la futura actividad en la nueva era.

En una de mis instrucciones anteriores,* puntualicé que la futura religión mundial se basaría en una nueva ciencia de Acercamiento, y que con el tiempo reemplazaría a las actuales ceremonias y fórmulas religiosas mundiales. De ahí la importancia del trabajo que hacen los discípulos en estos nuevos grupos simiente. Están dedicadas en realidad a arraigar en la Tierra una nueva idea o concepto religioso, un germen o pensamiento simiente de una nueva actividad, que (en fecha posterior) dará fruto e inaugurará un nuevo método de Acercamiento a Dios.

Sería de valor para todos los discípulos analizar el trabajo de tres años que se intenta llevar a cabo durante el período de los plenilunios, según expliqué. Cada año se agregó algo, se expandió el trabajo o se amplió el concepto. Ahora trataré de aclararlo más, sentando así las bases para el trabajo, si quieren continuarlo, que deberá realizarse en años venideros. En bien de la claridad impartiré las instrucciones por secciones. (6/46-53)

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