• 1
  • 2
  • 3
  • 4
  • 5
  • 6
  • 7
  • 8
  • 9
  • 10
  • 11
  • 12
  • 13

PRÓLOGO AL NUEVO DISCIPULADO

Este libro en muchos sentidos, es único. Que yo sepa, nada parecido se ha publicado hasta ahora. Contiene dos series de charlas que dio a algunos miembros de su grupo interno, uno de los Maestros de Sabiduría, y también una serie de instrucciones personales impartidas a un grupo de sus discípulos por ese Maes­tro. A muchos de estos miembros yo no los conocía; a algunos les conocí después, y a otros, nunca. A varios de ellos llegué a conocer­les muy bien, y pude comprender por qué habían sido elegidos y supe que su dedicación a la vida del espíritu y su amor a la huma­nidad mereció su elección. Consideré que la elección de uno o dos de ellos no fue muy acertada; pero más tarde cambié mi punto de vista y reconocí que una mente más sabia que la mía era respon­sable de haberlos incluido en el Ashrama. Además aprendí que antiguas relaciones, establecidas en otras vidas, eran factores con­dicionantes, y que otros habían adquirido el derecho de ser inclui­dos, aunque sus realizaciones espirituales parecían inadecuadas para el observador.

 

Gran parte de la enseñanza dada es nueva en su forma, y otra lo es de hecho. Pero hay algo que surge con claridad, y es que las antiguas reglas a las que fueron sometidos los discípulos en el trascurso de los siglos, son aún válidas, pero susceptibles de nuevas y con frecuencia, distintas interpretaciones. El entrenamiento que se dará en la próxima nueva era, estará de acuerdo con el desarrollo más avanzado de la época. Siglo tras siglo el progreso evolutivo presenta una constante madurez y un continuo desarrollo de la mente humana, sobre la cual el Maestro puede trabajar. En consecuencia, las normas del discipulado son cada vez más elevadas. Esto exige en sí, un nuevo acercamiento, una más amplia presentación de la verdad y una mayor libertad de acción del discípulo.

 

El elemento tiempo también es distinto. Anti­guamente el Maestro hacía una insinuación al discípulo, o le seña­laba un punto sobre el cual reflexionar y meditar, o le sugería la necesidad de algún cambio en el hábito de pensar. Entonces el discípulo se retiraba -a veces durante años o una vida entera-, cavilaba y reflexionaba, procurando cambiar su actitud sin sentirse presionado. Hoy, en esta época de mayor celeridad, en que la demanda de ayuda por parte de la humanidad es tan manifiesta, la explicación es reemplazada por la insinuación, y se le confía al discípulo información que antes se mantenía en reserva. Se considera que el discípulo ha llegado a una etapa de desenvolvi­miento en que puede hacer sus propias decisiones y avanzar con más rapidez si lo decide.

 

Ciertas razones precisas me indujeron a poner estas instruc­ciones a disposición de los aspirantes de todas partes, después de la debida autorización de quienes la recibieron. Una de tales ra­zones es la necesidad de llamar la atención al público sobre la realidad de la existencia de la Jerarquía, de que Sus miembros se interesan por el progreso humano y de que hay un sistema de entrenamiento definidamente planeado que Ellos ofrecieron, capaz de sacar al hombre del reino humano y llevarlo al reino de Dios; este progreso del cuarto al quinto reino en el Sendero de Evolución, se puede realizar consciente y científicamente y con pleno consentimiento y colaboración del aspirante. Ha llegado el día en que la creencia puede ceder y cede su lugar al conocimiento -conocimiento adquirido ante todo por la aceptación de una hipó­tesis, con el convencimiento de que tal hipótesis está respaldada por el testimonio adecuado y la experiencia planeada. La mente razonadora del discípulo puede aprender las lecciones designadas, por los éxitos y fracasos producidos durante su entrenamiento. Entonces descubre que el progreso en el sendero lleva al hombre a un contacto más íntimo y consciente con quienes hollaron antes el camino hasta la Jerarquía, y que ese camino exige disciplina, creciente iluminación, servicio a sus semejantes y acrecentada respuesta a los contactos y a los individuos, sobre los cuales el ser humano común nada sabe.

 

La segunda razón de que se publique este libro es la necesidad de hacer cambiar el punto de vista del público respecto a la natu­raleza de esos Maestros que aceptan discípulos, y a medida que les imparten el entrenamiento necesario, por el cual podrán recibir la iniciación (según se la denomina), deben llevarlo al conocimiento de las masas. Tantas necedades se han dicho y escrito sobre la relación entre Maestro y discípulo, que tanto yo como este grupo de discípulos, sentimos la necesidad de demostrar que cuando un miembro de la Jerarquía pone de manifiesto cordura, amplitud de visión, carencia de autoridad y comprensión, no puede traer otra cosa que el bien. También descubrimos que ese Maestro con­sintió que se publicaran Sus instrucciones.

La tercera razón para la publicación de estas instrucciones fue el anhelo de aclarar un punto que constantemente hacía resaltar El Tibetano, y también los Maestros, de gran importancia para todo aspirante. Únicamente los que empiezan a ser influidos y con­trolados por sus propias almas y, por consiguiente, están mentalmente enfocados y sintonizados, pueden ser elegidos para el entre­namiento ofrecido por la Jerarquía. La devoción, las reacciones emotivas y el sentimiento, no bastan, El entrenamiento esotérico es también una cuestión impersonal; concierne al desarrollo de la conciencia del alma y a la expansión de esa conciencia, para que incluya y no excluya todas las formas vivientes, en las cuales pal­pita la vida y el amor de Dios. El verdadero discípulo es siempre incluyente, nunca excluyente. Esta inclusividad es característica de los verdaderos esoteristas. Cuando se carece de ella tenemos un aspirante, pero no un verdadero discípulo. Existe hoy dema­siado exclusivismo entre los esoteristas y las escuelas de ocultis­mo, y excesiva separatividad teológica. Se ha considerado que este Libro de Instrucciones contribuirá grandemente a contrarrestar esta errónea tendencia y podrá contribuir a abrir aún más la puerta del reino de Dios.

 

Gran parte del contenido de este libro es nuevo. Mucho es muy antiguo, probado y demostrado. Ninguna de las personas elegidas para esta instrucción y su inclusión en el Ashrama del Maestro, son santas o perfectas. Sin embargo, todos son verdade­ros aspirantes y continuarán hasta el fin sin tener en cuenta dolores, tristezas, disciplina, éxito, fracaso o gozo; todos recono­cen espiritualmente esas metas casi inalcanzables. Algunos estu­vieron en el sendero del discipulado aceptado (entendido técnica­mente), durante muchas vidas. Otros se están aventurando -por primera vez conscientemente y con deliberado esfuerzo- a hollar el camino hacia Dios. Todos son místicos que aprenden a ser ocul­tistas. Todas son personas normales que viven una vida moderna y útil en diferentes países del mundo. Otros por vocación son cris­tianos, protestantes, ortodoxos; aun otros son católicos romanos, y también pertenecen algunos a la Ciencia Cristiana o a otros cultos mentales, y varios son independientes y están libres de cualquier afiliación. Ninguno considera que su creencia particular ni su tras­fondo religioso, son esenciales para la salvación; saben que lo único esencial es la creencia en las realidades espirituales y en la esen­cial divinidad del género humano, creencia que necesariamente implica un corazón henchido de amor, una mente abierta e iluminada por la correcta orientación hacia la verdad y una vida dedi­cada al servicio y a aliviar los sufrimientos humanos. Tal es la meta determinada por todos aquellos cuyas instrucciones aparecen en este libro -meta que no alcanzaron todavía y modo de vivir que no perfeccionaron aún. No obstante siguen inalterable­mente su camino, y ese camino es el Camino. Cristo dijo: “Yo soy el Camino, la Verdad y la Vida”; los aspirantes que trabajan bajo un gran Discípulo dEL Cristo, empiezan a comprender algo de las significaciones e implicaciones de tal declaración, la cual es válida para todos los tiempos y discípulos, porque “como Él es, así somos nosotros en este mundo”.

 

El trabajo con este grupo particular se inició hace doce años. Las instrucciones para cada miembro se dan en orden consecu­tivo año tras año, de modo que surge con toda claridad una real imagen de la persona implicada, de sus problemas y de lo reali­zado o no. Este libro es alentador porque contrarresta la idea de que para llegar a ser discípulo aceptado debe poseerse un carácter excepcionalmente perfecto y destacarse por la aspiración que ins­pira su vida. Tales personas tienen sus problemas, y luchan por solucionarlos; su carácter adolece de fallas que tratan de superar; son verdaderos ejemplos del hombre o la mujer, que vuelve la espalda a los métodos comunes de encarar los asuntos materiales del mundo; cargan su cruz a fin de encontrar el camino de re­torno al hogar del Padre; ejemplifican al hombre que, habiendo empuñado el arado, sigue adelante “hasta alcanzar la recompensa del elevado llamado en Cristo”.

 

Algunas de estas personas fueron estudiantes de la Escuela Arcana, otras nunca lo fueron, aun otras (al enterarse de la exis­tencia de la Escuela, debido a su filiación con El Tibetano) traba­jaron en ella para ayudar a los estudiantes. Sus nombres no se mencionarán. Las iniciales que encabezan las distintas instruccio­nes y fechas son supuestas; probablemente no recibieron las ins­trucciones en las fechas dadas, ni las iniciales corresponden a sus nombres. Quienes conocemos la relación entre las iniciales y el discípulo, no daremos ninguna información, ni se responde­rán las preguntas respecto a su identidad. Lo importante es el temario de la enseñanza y no el nombre del discípulo, pues lo que se imparte es aplicable a todos los aspirantes.

 

Se puede mencionar otra razón que indica el valor de este libro. En todos los casos se le dice al discípulo el tipo de energía a la cual responde con más facilidad y a qué rayo o emanación divina pertenece, dándose cuenta de cuál es su línea de menor resistencia y dónde reside el principal punto de conflicto de su vida.

 

La filosofía esotérica enseña que en el momento de la creación surgieron de Dios siete grandes divinas Emanaciones, Eones o Espíritus (en los que vivimos, nos movemos y tenemos nuestro ser). La misma enseñanza la podemos encontrar en La Santa Biblia. Las almas de todas las formas, lo mismo que las formas mismas, pertenecen a uno u otro de los siete rayos. Éstos pro­ducen los siete tipos psicológicos principales. Los siete rayos o emanaciones son:

1. El primer Rayo de Voluntad o Poder. Muchos grandes go­bernantes del mundo, tales como Julio César, pertenecie­ron a este rayo.

 

2. El segundo Rayo de Amor-Sabiduría. Cristo y Buda per­tenecen a este rayo. Es el gran rayo de la enseñanza.

 

3. El tercer Rayo de inteligencia Activa. La masa humana in­teligente pertenece a este rayo.

 

4. El cuarto Rayo de Armonía a través del Conflicto. Los as­pirantes, las personas de buenas intenciones, los que se es­fuerzan y luchan, los que trabajan por la unidad, surgen de esta línea.

 

5. El quinto Rayo de Conocimiento Concreto o Ciencia. Los científicos y las personas puramente mentales, regidas úni­camente por la mente.

 

6. El sexto Rayo de Devoción e Idealismo. Muchos cristianos, los fanáticos y los sinceros eclesiásticos de todas las reli­giones del mundo.

 

7. El séptimo Rayo de Orden Ceremonial o Magia. Los maso­nes, los financistas, los grandes hombres de negocios y los organizadores de todo tipo. Los ejecutivos poseen las ener­gías de este rayo en su equipo.

 

Sin embargo, sólo cuando un hombre está altamente desarro­llado y se acerca al sendero del discipulado, le es posible al estudiante esotérico saber con exactitud a qué rayo pertenece. Per­sonas de todos los tipos y profesiones pertenecen a todos los rayos. El conflicto en la vida del discípulo tiene lugar cuando los rayos de su alma y de su personalidad integrada, se oponen uno al otro. Al mismo tiempo, su naturaleza emocional, sus facultados mentales y su cerebro físico, están regidos por uno de los rayos, y esta quíntuple relación, oculta gran parte del problema del ser hu­mano en evolución. El Tibetano dice a los miembros de Su grupo cuáles son los cinco rayos que los condicionan, de manera que los estudiantes aprenderán mucho si reflexionan sobre lo que El Tibe­tano expone. En los casos en que conozco personalmente al discí­pulo implicado y algo sobre sus problemas, me resultó asombrosa­mente interesante observar cuán infaliblemente exacto fue el diagnóstico del Tibetano sobre los rayos involucrados. Al leer estas instrucciones, debe recordarse que aunque El Tibetano habla del alma, también emplea la palabra “ego” como sinónimo, pero se refiere al ego espiritual y no al ego personal de los psicólogos.

 

No se creyó prudente dar las meditaciones asignadas a los dis­cípulos ni los ejercicios respiratorios, excepto en pocos casos. Son estrictamente individuales y adecuados para cada uno y sus pro­blemas particulares. Sin embargo, en uno o dos casos, y después de detenida consideración, se insertaron, con ligeros cambios, algunas meditaciones que evidentemente serán de utilidad. Al final de cada instrucción hemos agregado una o dos frases, informando el trabajo realizado por el discípulo en el Ashrama. Esto resul­tará particularmente iluminador, por ejemplo, en los casos de P. D. W. y K. E. S., donde El Tibetano demuestra su exacta previ­sión y conocimiento de que ambos morirían pocos años después. Evidentemente, les preparaba para esa gran transición.

 

Para terminar, quisiera agradecer a esos discípulos que tan buenamente pusieron a mi disposición sus instrucciones persona­les, en su anhelo de servir a las generaciones venideras de discí­pulos. Muchos de ellos ayudaron a preparar el original para la imprenta. Quisiera también dar gracias a quienes me ayudaron a preparar el texto para su publicación; especialmente a Joseph Lovejoy, quien ha dedicado a este libro muchos días de trabajo, ayudándome durante años a preparar la publicación de los libros del Tibetano.

 

Espero que todos cuantos lean este libro reciban la inspira­ción que hemos recibido quienes lo preparamos y también que su confianza en la Jerarquía y en la existencia del Cristo y Sus discípulos, los Maestros, se acreciente con tal fuerza que impelirá a muchos más, a que traten de recorrer el Camino y unirse al gran número de aspirantes que en muchos países intentan hollar el Sendero, llegando a convertirse en el Sendero mismo. (5/9-14)

 

 

Octubre de 1943

Alice A. Bailey

 

Escribir un comentario

Código de seguridad
Refescar

Reproductor Música

Casino Bonus at bet365 uk