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CUALIDADES BASICAS QUE LOS MAESTROS BUSCAN EN SUS DISCÍPULOS

Ya señalé las cualidades básicas que buscamos: sensibilidad, impersonalidad, capacidad síquica y polarización mental. Me ocuparé brevemente de ampliarlas y de presentar (para su comprensivo interés y posible colaboración) los planes para la futura actividad grupal. Estos planes se pueden materializar si se hacen los reajustes necesarios y se someten a disciplina y entrenamiento, lo cual permitirá acrecentar la utilidad.

 

He manifestado que el primer requisito es sensibilidad. ¿Qué significa exactamente esto? No significa que ustedes son "almas sensibles" -esta acepción generalmente significa que son susceptibles, autocentrados y están siempre a la defensiva. Me refiero más bien a la capacidad que les permita expandir su conciencia hasta abarcar círculos cada vez más amplios de contacto; me refiero a la habilidad de mantenerse despiertos, alertas, agudos, para reconocer las relaciones y reaccionar rápidamente a la necesidad; estar atentos a la vida, mental, emocional y físicamente; desarrollar con rapidez el poder de observar simultáneamente en los tres planos de los tres mundos. No me interesan las relaciones personales cuando conciernen a la errónea susceptibilidad de su personalidad hacia la depresión, auto conmiseración, defensa, ni a la llamada susceptibilidad a los desaires, a la incomprensión, al desagrado por las condiciones ambientales, al orgullo herido y cosas por el estilo. Todas causan confusión y abren las compuertas de la propia conmiseración. No necesitan que yo me ocupe de ellas, porque son conscientes de las mismas y pueden manejarlas si desean. Tales defectos interesan sólo en la medida que afectan a la vida del grupo; deben manejarlos con cuidado, percibir el peligro desde lejos y tratar de evitarlo. La sensibilidad que deseo ver desarrollada es esa viveza para el contacto con el alma, la impresionabilidad a la "voz del Instructor", la vivencia al impacto de las nuevas ideas y a la delicada respuesta intuitiva. Tales son las características del verdadero discípulo. Lo que se debe cultivar es la sensibilidad espiritual, y esto será posible cuando aprendan a trabajar por medio de los centros que están arriba del diafragma y a trasmutar la actividad del plexo solar (que tanto predomina en el hombre común) convirtiéndola en actividad del corazón y en servicio a sus semejantes.

 

 

La impersonalidad es una cualidad peculiarmente difícil de alcanzar,

especialmente por las personas que llegaron a una integración de alto grado. Existe una estrecha interrelación entre impersonalidad y desapego. Estudien esto. Muchas ideas muy estimadas, cualidades difícilmente adquiridas, virtudes cuidadosamente nutridas y creencias poderosamente formuladas, militan contra la impersonalidad. Es difícil para el discípulo, al principio de su entrenamiento, mantener firmes sus ideales, perseguir incansablemente su propia integración espiritual y orientarse impersonalmente hacia otras personas. Desea que sus luchas y realizaciones sean reconocidas; anhela que la luz que ha contribuido a intensificar produzca una reacción en otros; quiere ser conocido como discípulo; ansía demostrar el poder adquirido y su naturaleza amorosa muy desarrollada, para despertar admiración o por lo menos oposición. Pero nada de esto ocurre. No se leo considera mejor que sus hermanos, en consecuencia, la vida no le resulta satisfactoria.

 

Estas verdades surgen del autoanálisis, y pocas veces ustedes se las formulan y encaran; por lo tanto, debido a que trato de ayudarlos, las formulo y los enfrento con ellas. Le resulta difícil al hombre o mujer inteligente ver a quienes están estrechamente asociados con ellos, ocuparse de la vida y sus problemas, desde un punto de vista propio y totalmente distinto al suyo -manejados (desde el punto de vista del discípulo) en forma débil y tonta y cometiendo aparentemente serios errores de juicio o técnicos. Sin embargo, hermanos míos, ¿por qué se sienten tan seguros de que están en lo cierto y que su punto de vista es lógicamente correcto? Posiblemente su perspectiva de la vida y su interpretación de la situación, necesitan reajustarse y sus móviles y actitudes elevarse y purificarse. Y aunque para ustedes fuera lo mejor y más elevado que pueden alcanzar en determinado momento, sigan su camino y dejen que su hermano siga el suyo. "Es mejor que el hombre cumpla su propio dharma y no el de otro". Así expresa el Baghavad Gita esta verdad, diciéndole al discípulo que se ocupe de sus propios asuntos.

 

Esta actitud de no intervenir y de abstenerse de criticar, de ninguna manera impide ayudarse mutuamente ni establecer relaciones grupales constructivas; tampoco niega la expresión del amor ni la feliz colaboración grupal. En toda relación grupal hay siempre muchas oportunidades para practicar la impersonalidad. Por lo común, en todo grupo, algún miembro (o quizás varios) constituye un problema para sí mismo y sus hermanos de grupo. Quizás lo sea usted mismo y no se da cuenta. Probablemente sepa quién, entre compañeros servidores, constituye una prueba para sus hermanos. O también vea con claridad cuál es la debilidad grupal y quién es el que impide que el grupo emprenda una actividad más sutil. Todo esto está bien y es bueno, siempre que cada miembro continúe amando, sirviendo y absteniéndose de criticar. Es una actitud errónea tratar de enderezar asiduamente los pasos del hermano, increpándolo y tratando de imponerle su voluntad u otro punto de vista, aunque siempre pueden exponerse ideas y hacer sugerencias. Los grupos de discípulos son grupos de almas libres e independientes, que sumergen sus intereses personales en el servicio y procuran establecer el vínculo interno que fusionará al grupo en un instrumento para servir a la humanidad y a la Jerarquía. Que cada uno continúe con su propia disciplina del alma y deje a sus hermanos continuar con la suya.

La cuestión de los poderes psíquicos no es fácil de explicar. No me refiero a los poderes síquicos inferiores que pueden desarrollarse o no, a medida que pasa el tiempo y surge la necesidad. Me refiero a las siguientes capacidades, inherentes al alma, que deben desarrollar ustedes si quieren desempeñar su parte para satisfacer la necesidad del mundo, a fin de trabajar con la Jerarquía en el campo del servicio mundial. Las enumeraré brevemente:

1.    Respuesta intuitiva a las ideas.

 

2.    Sensibilidad a la impresión, que algún miembro de la Jerarquía trata de plasmar en la mente del discípulo. Por esta razón los estoy entrenando para que utilicen el contacto que se produce durante la Luna llena.

 

3.    Rápida respuesta a la verdadera necesidad. Hermanos míos, ¿no consideran esta respuesta como uno de los poderes síquicos, verdad? No me refiero aquí a la reacción del plexo solar, sino al conocimiento que posee el corazón. Reflexionen sobre esta diferencia.

 

4.    Observación correcta de la realidad en el plano del alma, que conduce a la correcta percepción mental, a liberarse de la ilusión y del espejismo y a la iluminación del cerebro.

 

5.    Manejo correcto de la fuerza, que indica, por consiguiente, comprensión de los tipos y cualidades de fuerzas y su correcto y creador entrelazamiento con el servicio prestado en el plano externo.

 

  1. Comprensión real del factor tiempo con su flujo y reflujo cíclicos y períodos adecuados de actuación; un poder psíquico muy difícil de manejar, hermanos míos, pero que puede lograrse mediante la paciente espera y sin apresuramientos.

 

El discípulo debe desarrollar con el tiempo todos estos poderes, pero el proceso es necesariamente lento.

 

Luego tenemos la cualidad de polarización mental. Exactamente ¿qué es este poder o cualidad? Se puede expresar en la actualidad de dos maneras, mediante

1.    una vida de meditación y

2.    el control del cuerpo astral.

 

Deberá vivir la vida interna cada vez más en el plano mental. Firme y sin desviaciones debe mantenerse una actitud meditativa, no durante unos minutos cada mañana o en específicos momentos durante el día, sino constantemente todo el día. Esto implica una continua orientación hacia la vida y su manejo desde el ángulo del alma. No es como muchos dicen "dar la espalda al mundo". El discípulo le hace frente al mundo, pero desde el nivel del alma, mirando con visión clara el mundo de los asuntos humanos. "En el mundo, pero no del mundo", es la actitud correcta expresada por Cristo. La vida del alma, actuando a través de la mente, debe aquietar y controlar en forma creciente la normal y poderosa vida emocional, astral, de deseos y de ilusión. Las emociones que son normalmente personales y autocentradas deben ser trasmutadas en conocimiento de la universalidad y la impersonalidad; el cuerpo astral debe convertirse en el órgano por el cual podrá afluir el amor del alma; el deseo debe ceder su lugar a la aspiración, que a su vez debe fusionarse en la vida grupal y ser parte del bien del grupo; el espejismo debe ceder su lugar a la realidad, y la pura luz de la mente llegar a todos los lugares oscuros de la naturaleza inferior. Éstos son los resultados de la polarización de la mente y se producen por la meditación definida y la práctica de la actitud reflexiva. Esta información no es nueva para ustedes, pero es algo que todavía no han expresado en forma práctica.

 

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