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Cocrear con Dios, Hacia La Síntesis, La filosofía

La Filosofía

 

El movimiento que lleva irresistiblemente, en nuestros días, a todas las mentes todavía móviles a una filosofía cuya peculiaridad es ser, al mismo tiempo, un sistema teórico, una norma de acción, una religión y un presentimiento, anuncia e indica, en mi opinión, la realización efectiva, física, constituida de todos los seres. (Teilhard de Chardin, “El porvenir del hombre”, p.34)

 

La filosofía, que a lo largo del tiempo ha constituido –como las religiones organizadas- el cimiento social, no juega ya hoy un papel de fuerza cohesiva. En su obra “The Undiscovered Self”, Carl Jung mostraba que la filosofía, en la actualidad, no es ya una manera de vivir como lo era en la antigüedad; se ha transformado en una cuestión académica para intelectuales aislacionistas y para eunucos espirituales; no aporta ese germen potente que debería dar nacimiento a una nueva cultura para la humanidad. La filosofía debería ser algo más que un análisis estéril del sentido de las palabras y de las frases expresadas en las diferentes lenguas del mundo; debería ser una manera de vivir, como los Griegos y los Romanos imaginaban la filosofía. Necesitamos recuperar esta actitud y esta perspectiva, sobre todo desde que las religiones tradicionales no son ya los instrumentos de control social y de conducta moral. 

 

En nuestros días, hemos simplificado un poco demasiado la historia. Hoy, hay dos

formas principales de concebir las funciones de la filosofía. Como ha indicado C. D. Broad,

éstas son las dos tareas principales:

 

1. Análisis crítico

de conceptos:

 

a) Análisis de conceptos científicos: ley,

causalidad, uniformidad, espacio, tiempo, etc.

 

b) Análisis de lenguaje ordinario, por ej.:

programa de Oxford (esto no fue previsto por

Broad)

 

2. Síntesis especulativa: Filosofía como síntesis de las ciencias

(Spencer); la búsqueda de la sabiduría como

guía de la vida y del desarrollo social.

 

Estos dos programas son válidos. Lo ideal es combinarlos; necesitamos el análisis y

la síntesis, pues se complementan mutuamente.

 

Después de haber enseñado la filosofía durante tres décadas, me pregunté qué papel

debe desempeñar la filosofía en este mundo moderno tan fragmentado. No encontré mejor

respuesta que la de Platón: la filosofía debe suministrar la sabiduría, una visión sinóptica y

una orientación. Es del todo necesario reintegrar definitivamente la filosofía a este papel, ya

que la sabiduría está ausente en nuestro mundo moderno. Para mostrar cómo puede llevarse

a cabo este papel histórico, voy a presentar siete hipótesis:

 

Hipótesis I. La unidad orgánica del mundo occidental se ha roto casi sin esperanza de

poder ser reparada.

 

Nuestro mundo deberá enfrentarse a una desintegración social, a menos que

construyamos una nueva síntesis a partir de los datos disponibles, y que elaboremos unos

nuevos principios en un breve plazo.

 

La enorme aceleración y la variedad de los descubrimientos científicos modernos

(fenómenos que comenzaron lentamente en el siglo diecisiete para alcanzar un crescendo en

el siglo veinte, y que no dejan de intensificarse), han dejado en su estela las ruinas de una

herencia intelectual masiva, junto con algunos descubrimientos científicos terriblemente

complejos e informes que deben alcanzar ahora un nivel de comprensión tal que dé origen a

la creatividad.

 

En resumen, nosotros que vivimos en la segunda mitad de este siglo veinte, estamos

asistiendo hoy a la destrucción de nuestros modelos de cultura occidentales. Anteriormente a

la eclosión masiva de los descubrimientos de vanguardia, había una síntesis implícita –o al

menos la promesa y el poder de una síntesis- en el movimiento progresivo y ordenado de la

cultura occidental. Esta promesa presenta ahora peligros mortales.

 

Bertrand Russel, con su inclinación habitual hacia una simplificación al máximo,

declaró que la moderna civilización occidental era el producto de tres factores: la Biblia, los

griegos y la mecanización. Esto es más o menos cierto. La Biblia –es decir, el Antiguo y el

Nuevo Testamento– nos ha dejado esta tradición religiosa que es la síntesis judeo-cristiana.

 

Los Griegos nos dejaron la ciencia y el racionalismo político, y como testimonio están “La

República” de Platón y las obras recogidas con el nombre de “Organon” de Aristóteles. En

cuanto a la mecanización –palabra demasiado débil para expresar la revolución industrialnos

ha dejado la fábrica, las grandes ciudades, la cadena de montaje, y todos los problemas

creados por la civilización de la máquina.

 

Es cierto que esta síntesis nunca ha sido armoniosa. Siempre ha habido discordias: El

Cristianismo no ha estado de acuerdo siempre con el componente racional griego, y el

comercio y la industria no han estado en armonía siempre con la moral de Jesús, etc.

A lo largo de las últimas décadas de este siglo, el tiempo ha ido en contra de la

supervivencia de esta síntesis tradicional: el gran legado del Imperio Romano antes de su

caída. El desarrollo de los avances científicos no sólo está en desacuerdo con las ideas

tradicionales, sino aún más, el índice constante de aceleración de nuevos descubrimientos

sensacionales es para nosotros un fastidio. No sólo tenemos, cada vez, una nueva crisis (con

una falta de tiempo para afrontarla), sino también un número creciente de conceptos

radicales que se nos imponen y que se multiplican cada vez más con cada nuevo impacto.

 

Estos son los principales descubrimientos:

 

1. Estructura atómica, física de la relatividad, mecánica cuántica, física nuclear, rayos

cósmicos.

 

2. Comunicaciones de masa: teletipo, radio, cine, televisión.

 

3. Herencia biológica, cría selectiva, ADN.

 

4. Psiquiatría (psicoanálisis de Freud y Jung) y psicosíntesis (Assagioli y Aurobindo).

 

5. Radar, radiotelescopio y astronomía.

 

6. Anestesia, inmunización, cirugía aséptica, antibióticos, tranquilizantes.

 

7. Estudios electroencefalográficos (ondas del cerebro).

 

8. Cibernética, teoría de la información, ordenadores electrónicos.

 

9. Satélites artificiales y conquista del espacio.

 

10. Física del plasma, teoría de la velocidad superior a la velocidad de la luz, magnetismo

cósmico (magneto-hidro-dinámica).

 

Hay que destacar que no ha habido descubrimientos comparables en el campo de la

religión y de la filosofía. Ahí no ha habido ninguna “explosión del conocimiento”. A pesar

de ello, los firmes partidarios del tradicionalismo no quieren admitir que el antiguo mundo

(treinta siglos de civilización) está condenado a desaparecer; ellos alegarán que se han hecho

grandes descubrimientos en los campos de la física (energía termonuclear), de la química

(mundo de lo sintético), de la biología (ADN), de la medicina (antibióticos, tranquilizantes),

de la industria (automatización), y que hemos demostrado nuestra capacidad para “jugar con

el fuego” y utilizar tales descubrimientos sin una revisión bien fundada de nuestros

conceptos fundamentales y de nuestros valores.

 

Las ideas de las religiones dogmáticas son aún válidas –inmutables como un

testamento- y sin embargo, seríamos incapaces, por supuesto, de aplicar la noción mesiánica

del Cristo a los habitantes de otros cuerpos estelares, si estos habitantes no han sido

culpables del “pecado original” de Adán y Eva en el jardín del Edén.

 

Esta manera de ver conservadora que intenta asimilar los beneficios de la ciencia

moderna a la síntesis futura sin efectuar ningún cambio fundamental en los otros elementos

de la concordancia, no resiste sencillamente a un examen profundo. Para mostrar la falsedad

de este razonamiento, he aquí mi segunda hipótesis:

 

Hipótesis II: Reivindico que hay un estrecho paralelismo entre la confusión existente en

lo que se refiere a los conceptos fundamentales de la ciencia moderna y la

confusión que concierne a los métodos, los objetivos y los valores

característicos de la vida moderna, considerada social y moralmente.

 

Así como las primeras confusiones citadas encuentran su origen en los

descubrimientos recientes de la ciencia física, de la misma forma las confusiones sociales y

morales son generalmente descubiertas por el impacto de la ciencia aplicada, a través de las

invenciones y las tecnologías que sobrepasan las viejas instituciones, las costumbres

tradicionales y las actividades sociales corrientes. Las crisis de nuestros sistemas político,

económico e ideológico ponen en paralelo la necesidad de reconstrucción teórica en las

formulaciones científicas. Por eso deseo explorar esta hipótesis al considerar la necesidad de

los reajustes en las relaciones sociales y en los fundamentos teóricos de la ciencia como dos

fases de una misma y única aproximación. Es claro, al menos, que no se pueden esclarecer

los conceptos sociales (por ejemplo, la libertad humana, la democracia, la responsabilidad)

sin esclarecer los conceptos utilizados en las ciencias naturales (por ejemplo, la ley, el

determinismo, la teleología, etc.). Incluso el comunismo, con su línea de conducta rígida, no

es capaz de elaborar una ética individual y social para la humanidad en términos de un

materialismo dialéctico.

 

El problema de llevar a cabo una síntesis en el campo de las ciencias naturales y de sus

postulados, métodos y conclusiones generales, es el de la filosofía de la naturaleza y del

hombre; el problema no sólo de realizar esta unificación sino también la armonía final entre

sus conclusiones y los objetivos y los valores de la vida cultural de la humanidad, es el

problema de la filosofía en su sentido más amplio. Hasta el momento, la filosofía ha fallado

en los dos aspectos.

 

Esta tarea no me incumbe. Pertenece a la civilización moderna. El trabajo consiste en

armonizar los métodos, la teoría general y las conclusiones específicas de la ciencia en

diversos campos e integrar completamente todo esto a los conflictos que surgen en la vida

humana moderna dentro de su inmensa variedad de campos de acciones e intereses.

 

Hipótesis III: Nosotros que vivimos en la segunda mitad del siglo veinte, tenemos

que crear conscientemente una nueva síntesis, una forma de pensar y de

sentir a escala planetaria, la cual será para el próximo siglo lo que el

Tomismo (la Escolástica) ha sido para el mundo medieval y lo que el

Marxismo pretende realizar en una mitad del mundo moderno.

 

Esta nueva síntesis debe ser una filosofía mundial –y no la propiedad o la contribución

exclusiva del “hombre occidental”- y deberá aplicarse a la cultural oriental y occidental.

 

Hipótesis IV: A fin de comprender la base contemporánea del pensamiento en todos los

campos del conocimiento, debería haber una comprensión profunda de la

“prehistoria”, es decir, una historia explícita de la evolución de la filosofía,

la ciencia, la religión, la psicología, la ciencia política y el resto.

 

Solamente a través de un estudio integrado de la prehistoria llega a ser posible actuar

de una forma creativa sobre la estructura alterada que caracteriza las opiniones

preconcebidas nuevas y radicales, en todos los campos del siglo veinte. Si no queremos

repetir las tragedias de la historia, tenemos que comprender el pasado y, luego, trascenderlo.

 

Es evidente que existen innumerables historias de la filosofía y de la ciencia ya

disponibles, pero no son con frecuencia más que un simple registro de los acontecimientos,

con una visión poco sinóptica del significado de la cadena causal. Por eso la gente no ha

podido percibir el significado global de los inmensos cambios conceptuales que se han

asentado –casi en el espacio de una sola generación- lo que ha modificado literalmente los

fundamentos de nuestras estructuras profundas. Estas nuevas ideas que afectan a las

concepciones básicas, se extienden por todos los aspectos de la existencia e incluyen no sólo

las ciencias naturales y las ciencias sociales sino también la religión y la filosofía.

 

Einstein declaró que la bomba atómica cambió todo excepto nuestra manera de pensar.

 

Él reconocía la necesidad de una “nueva manera de pensar”, pero él mismo era incapaz de

elaborar un método en este sentido. Esto nos lleva a nuestra quinta hipótesis.

 

Hipótesis V: La ciencia y la filosofía tienen una doble tarea:

 

a) Exteriorizar el hecho de que una nueva forma de pensamiento y de

orientación debe entrar en vigor en la civilización futura si el hombre

ha de sobrevivir en este planeta.

 

b) Intentar prever cómo aparecerán la tierra, la humanidad y el cosmos

cuando sean comprendidos en los términos de estos principios que

 

La nueva visión no puede ser una superposición a priori vista desde arriba, debe ser el

resultado que emerge de una evolución creativa en el nivel humano.

 

Hipótesis VI: La tarea de la filosofía es introducir en el feto mental la unidad mundial;

ella debería suministrar las fuerzas morfogenéticas necesarias para una

creatividad social. Pero la unificación del mundo futuro no puede ser

totalmente nueva.

 

Debe realizarse como una síntesis creativa de todos los esfuerzos humanos, pasados y

presentes. Sólo de esta manera puede salvarse la aventura humana. Los mitos son los sueños

de las razas, las aspiraciones subconscientes del género humano; en este caso, la tendencia

hacia la reconstrucción de la humanidad en tanto que imagen arquetípica de un nuevo

modelo de hombre.

 

Ningún pueblo, ninguna época sabe lo que realmente es, lo que está intentando hacer.

 

Los esfuerzos no expresados de la humanidad son los presagios de un futuro mundo ideal

que, como la “Ciudad de Dios” de S. Agustín, tiene sus comienzos en este mundo del

presente y se proyecta él mismo en el mundo del futuro, más allá del horizonte desigual e

irritado de un presente que es desagradable.

 

Hipótesis VII: La aparición de una nueva síntesis no está garantizada ni por la “divina

providencia” ni por la ley natural.

 

El hombre debe aprender a “armar el arco” de la historia humana en la espiral de una

síntesis ligada al tiempo. El “tiempo muerto” es lo que es –o era- aunque no sepamos lo que

era “en sí mismo”; pero el pasado, en tanto que historia viviente, es decir, iluminada por la

imaginación del hombre, es lo que los colegiales piensan que es, y si, como resultado de

nuevas perspectivas, nuestros profetas alcanzan nuevas visiones en cuanto al significado de

la historia como cadena sociocultural de causalidad, habremos cambiado de hecho la

historia. Una cosa, un acontecimiento o procedimiento es lo que es en parte a causa de sus

efectos más tardíos, y si cambiamos los efectos (es decir, las consecuencias que se reflejan)

aprendiendo las “lecciones de la historia” y modificando nuestras acciones futuras, habremos

cambiado los acontecimientos mismos. Cada acontecimiento vive en sus consecuencias

reflejadas. Por eso la historia necesita escribirse de nuevo constantemente si queremos

progresar, porque el progreso modifica la consecuencia de los eslabones anteriores en la

cadena causal de la aventura humana. Este es el modo de explicación “orgánico”, no

aristotélico (opuesto al elementalista, de Aristóteles).

 

Esta integración del conocimiento es una empresa difícil. Pero nosotros nos

enfrentamos a una crisis extraordinaria, y para que esta crisis sea comprendida por la razón y

para que podamos hacerla frente, se debe proyectar una visión histórica disciplinada de la

organización del pensamiento humano, y en consecuencia, debemos llegar a una

comprensión de las sacudidas increíbles de esta organización en los últimos ciento cincuenta

años. Sabiendo esto, debemos descubrir lo que es posible hacer y avanzar sabiendo de dónde

 

Synthesis as the Function of Philosophy”,

extracto de un artículo publicado por

“The Psychosynthesis Research Foundation”

(Olivier L. Reiser)

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