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Crear Como La Simiente Crea

Escribir, como la vida misma, es un viaje de descubrimiento. La aventura es una aventura metafísica: es una manera de aproximar la vida indirectamente, de adquirir una visión total en vez de parcial del universo. El escritor vive entre los mundos más altos y los más bajos. Emprende un camino con el fin de transformarse mentalmente en ese camino. Es la calidad de todo arte que da este matiz metafísico, que lo eleva fuera del tiempo, del espacio, y de los centros, o que lo integra al conjunto del proceso cósmico. (Henri Miller, The Wisdom of the Heart).

 

Quiero subrayar la palabra simiente. Usted debe ocuparse del germen, únicamente del germen de la vida espiritual, quiero que aparte su pensamiento y énfasis de la idea que fructifique su vida en los años venideros y lo lleve al concepto de nutrir y fomentar la simiente o germen de la nueva vida, que recién comienza a surgir. El Antiguo Comentario dice:

 

“La simiente se desarrolla y da cinco flores, y únicamente cinco. Una flor precede a las otras durante largo tiempo. La segunda flor crece con dificultad, y la tercera con mayor dificultad aún. La cuarta muere, y al morir produce luz, y en esa luz se despliega la quinta flor". 

 

Dejo que interprete esto por si solo... las palabras -constructivos, organizados y

creadores- y le pido que reflexione sobre ellas. ¿Qué contribución constructiva puede aportar

ahora al trabajo que llevan a cabo los colaboradores elegidos por usted? ¿Cómo organizar su

vida de manera que el resultado sea definido y tenga algo que mostrar como resultado de la

actividad desarrollada? ¿Cómo aminorar y canalizar la intensa actividad de su mente para

que sea algo creador que valga la pena?

(El Discipulado en la Nueva Era II, págs. 713-714 ed. inglesa).

 

Es la vida que reside en la simiente, que destruye sucesivamente todas las formas, a

fin de que pueda efectuarse la fructificación final. Esta es la clave del primer Rayo. Es la

Voluntad de Iniciar. (Rayos III, pág. 597 ed. inglesa).

 

¿Su trabajo es el resultado del deseo de crear, o está impelido por el amor a la

humanidad y, por lo tanto, es una respuesta inteligente y automática al llamado humano?

 

¿Está nutriendo una pequeña y saludable simiente o tratando de trasplantar un árbol? Esta

ultima pregunta tiene una significación mucho mayor de lo que cree. Su correcta respuesta

encierra el secreto de su éxito. ¿Está colaborando con el Plan o, en realidad, con sus planes?

Ésta es también una pregunta importante.

(El Discipulado en la Nueva Era II, pág 448 ed. inglesa).

 

INICIACIÓN A LA VIDA CREADORA

 

Se habla mucho hoy de la Nueva Era, de la revelación futura, del inmanente salto

hacia el reconocimiento intuitivo de lo que hasta ahora ha sido confusamente presentido por

el místico, el vidente, el poeta inspirado, el científico intuitivo y el investigador ocultista, al

cual no le interesan los tecnicismos ni las actividades académicas de la mente inferior. Pero,

frecuentemente, ante la gran expectativa olvida algo. No es necesario hacer un esfuerzo

demasiado arduo o una intensa investigación externa, empleando términos que pueden ser

captados por un punto de vista limitado y común. Todo lo que se ha de revelar está dentro y

alrededor nuestro. Es la significación de todo lo que está incorporado en la forma, el

significado detrás de la apariencia, la realidad velada por el símbolo, la verdad expresada en

la sustancia.

 

Sólo dos cosas permitirán al hombre penetrar en este reino interno de causas y de

revelación, y son:

 

Primero, el esfuerzo constante, basado en un impulso subjetivo para crear esas

formas que expresarán alguna verdad presentida; mediante ese esfuerzo y por su intermedio,

el énfasis cambia constantemente desde el mundo externo aparente, al aspecto interno

fenoménico. Por este conducto se produce un enfoque en la conciencia que oportunamente se

afirma y se aparta de su actual intensa exteriorización. Un iniciado es, esencialmente, un

individuo cuyo sentido de percepción se ocupa de los contactos e impactos subjetivos y no se

preocupa predominantemente del mundo de las percepciones sensorias externas. Este interés,

cultivado en el mundo interno de significados, no sólo tendrá un pronunciado efecto sobre el

buscador espiritual, sino que con el tiempo dará importancia, ya reconocida en la conciencia

cerebral de la raza, al mundo de significados como único mundo real para la humanidad.

 

Esta comprensión dará lugar, a su vez, a dos efectos:

 

1. La estrecha adaptación de la forma a los factores significativos que la han traído a la

existencia en el plano externo.

 

2. La creación de la verdadera belleza en el mundo y, por consiguiente, un acercamiento

más estrecho al mundo de las formas creadas, a la verdad interna emergente. Podría

decirse que la divinidad está velada y oculta en la multiplicidad de formas con sus

infinitos detalles, y en la simplicidad de las formas, que oportunamente se verá,

llegaremos a una nueva belleza, a un más amplio sentido de la verdad y a la revelación

del significado y del propósito de Dios en todo lo que Él ha realizado, época tras

época.

 

Segundo, el continuo esfuerzo por llegar a ser sensible al mundo de las realidades

significativas y, por lo tanto, crear esas formas en el plano externo que serán la copia fiel de

los impulsos ocultos. Esto se efectuará cultivando la imaginación creadora. Hasta ahora, la

humanidad sabe poco sobre esta facultad que está latente en todos los hombres. Un destello

de luz irrumpe en la mente que aspira; un sentimiento de esplendor desvelado penetra por un

instante a través del tenso aspirante que espera la revelación; la súbita comprensión del

color, la belleza, la sabiduría y una gloria indescriptibles, se abren ante la conciencia

sintonizada del artista, en un elevado momento de dedicada atención y, por un segundo, la

vida se ve como esencialmente es. Pero la visión desaparece, se desvanece el fervor y la

belleza se disipa. El hombre ha quedado con un sentimiento de congoja, de pérdida y, sin

embargo, posee la certeza de un conocimiento y un deseo de expresar, como nunca ha

experimentado antes, aquello con lo que ha entrado en contacto. Debe recuperar lo que ha

visto y revelado a quienes no han experimentado ese momento secreto de revelación; de

algún modo debe expresarlo y revelar a otros la significación que existe detrás de la

apariencia fenoménica. ¿Cómo hacerlo? ¿Cómo recuperar lo que una vez fue suyo, y parece

haber desaparecido, retirándose del campo de su conciencia? Debe comprender que aquello

que ha visto y con lo cual ha hecho contacto aún está allí y contiene la realidad; que es él

quien se ha apartado y no la visión. El dolor que se sufre en los momentos intensos hay que

pasarlo, vivirlo una y otra vez, hasta que el mecanismo de contacto se acostumbre a la

vibración elevada y pueda, no sólo sentir y hacer contacto, sino retener y hacer contacto a

voluntad con ese mundo oculto de belleza. El cultivo de este poder de penetrar, retener y

transmitir, depende de tres cosas:

 

1. La voluntad de soportar el dolor de la revelación.

 

2. El poder de mantener un punto elevado de conciencia en el cual llega la revelación.

 

3. La centralización de la facultad imaginativa sobre revelación o sobre todo lo que la

conciencia cerebral puede traer a la zona iluminada del conocimiento externo. Esto

constituye la imaginación o la facultad de crear imágenes, que vincula la mente con el

cerebro y produce la exteriorización del esplendor velado.

 

Si el artista creador medita sobre estos tres requisitos -duración, meditación e

imaginación- desarrollará en si mismo el poder de responder a esta cuarta regla, para lograr

el control por el alma y sabrá con el tiempo que el alma es el secreto de la persistencia, la

reveladora de las recompensas de la contemplación y la creadora de todas las formas en el

plano físico.

 

El empleo de la imaginación creadora y los frutos del esfuerzo, actuarán en los

diversos campos del arte humano de acuerdo al rayo del artista creador. Recuérdese que el

artista pertenece a todos los rayos; no hay un rayo particular que produzca más artista que

otros. Evidentemente, la forma tomará una expresión espontánea cuando la vida interna del

artista sea regulada, produciendo la organización externa de sus formas de vida. El verdadero

arte creador es una función del alma; por lo tanto, la principal tarea del artista es

alineamiento, meditación y enfoque de su atención en el mundo de los significados. A esto le

sigue la tentativa de expresar ideas divinas en formas adecuadas, de acuerdo a la capacidad

innata y a las tendencias de rayo del artista en cualquier campo elegido que constituye para

é1, el mejor medio para realizar su esfuerzo. Esto va acompañado por el esfuerzo realizado

constantemente en el plano físico para equipar, instruir y entrenar el mecanismo del cerebro,

de la mano y de la voz, mediante los cuales debe fluir la inspiración, para expresar en forma

exacta y exteriorizar correctamente la realidad interna.

 

La disciplina que esto implica es grande y aquí fracasan muchos artistas. Su fracaso

se basa en muchas cosas -en el temor de emplear la mente porque pudiera malograr sus

esfuerzos y en la creencia de que el arte creador espontáneo es, y debe ser, principalmente

emocional e intuitivo, no impedido ni obstaculizado por una atención demasiado intensa en

el entrenamiento mental. Esto se basa en la inercia, que tiene su linea de menor resistencia en

el trabajo creador y no trata de comprender la forma en que llega la inspiración, ni cómo es

posible la exteriorización de la visión, o desconoce la temática de las actividades internas,

sino que simplemente obedece a un impulso. También indica un desarrollo irregular y

desequilibrado, resultado del hecho de que, a través de la especialización o del intenso

interés enfocado en un periodo de vidas, se obtiene la capacidad de hacer contacto con el

alma en una sola línea de esfuerzo, pero no la de estar en permanente contacto con el alma.

Esto es factible debido a que el artista durante muchas vidas ha estado bajo la influencia de

un determinado rayo de la personalidad. De allí la paradoja oculta, anteriormente

mencionada, que merece la atención de los artistas. Otro factor sobre el cual se basa a

menudo el fracaso, es la vanidad y la ambición externa de muchos artistas. Tienen la

habilidad de sobresalir en algún campo y particularmente en uno, evidenciando una mayor

capacidad que el hombre común, pero no tienen la habilidad de vivir como alma y su

jactanciosa capacidad sólo va en una dirección. Frecuentemente no llevan una vida de

disciplina y de autocontrol, pero a su vez tienen creaciones geniales y realizaciones

maravillosas en la línea elegida; viven en contradicción con la divinidad expresada a través

de la realización artística. La comprensión de la significación y de la técnica del genio es una

de las tareas de la nueva sicología. El genio es siempre la expresión del alma en alguna

actividad creadora que revela el mundo de significados, de la divinidad y de la belleza

oculta, que, velado generalmente por el mundo de los fenómenos, algún día lo demostrará en

verdad. (Rayos II, págs. 2-250 ed. inglesa).

 

INTEGRACION EN LA CREATIVIDAD GRUPAL

 

Ha llegado la hora en que el propósito del alma, en tiempo y espacio, debe

transformarse en una pronunciada convicción que regirá toda futura actividad y expresión en

el p1ano físico, subordinando con intención firme la naturaleza inferior (los tres cuerpos) a la

voluntad dirigida del alma. (El Discipulado en la Nueva Era II, pág 444 ed. inglesa).

 

Muchas crisis se producen en la vida de los aspirantes, pero el discípulo consagrado

enfrenta siempre dos crisis principales: Primero, la crisis de la oportunidad y su

reconocimiento inteligente. En algún momento el discípulo debe tomar una determinante

decisión que oportunamente le indicará la naturaleza característica del servicio que prestará

en la vida. Esto tiene lugar generalmente entre los veinticinco y cuarenta años, por lo común

alrededor de los treinta y cinco. No me refiero aquí a la decisión que todo hombre capaz y

sensato toma, cuando determina el trabajo que realizará, el lugar donde vivirá y sus

asociados en su vida; me refiero a la libre decisión que ya tomó en sus primeros años,

después de todas las decisiones menores. La crisis de la oportunidad tiene relación siempre

con el servicio que se presta en la vida. Esto es así a pesar del karma o de las condiciones

ambientales. No es una decisión de la personalidad, basada en la conveniencia o en móviles

terrenos, en la necesidad o en cualquier otra cosa. Es una decisión basada en la relación del

alma con la personalidad, y la enfrentan únicamente los discípulos.

 

La segunda es la crisis de la expresión. Generalmente, se produce en los últimos años

de la vida del discipulo. Concierne a la estabilizada tendencia de su vida y pone a prueba

todas las creencias que sostuvo y defendió durante su experiencia en la vida. Constituye

siempre una dura y amarga prueba que llega hasta las mismas raíces de la vida, y es

particularmente aguda para quienes se preparan para la iniciación. Las condiciones de la

prueba no son aparentemente peores que las pruebas y dificultades que deben pasar los

demás, y... deben pasarse simultáneamente en todos los planos. En ello va involucrada la

energía del alma, lo cual intensifica individualmente la respuesta de cada cuerpo del hombre

inferior y también la personalidad como un todo, el hombre integrado. El grado de respuesta

alcanzado por cada discípulo en relación con su medio ambiente, sus asociados y el servicio

que presta, agravan mucho sus dificultades... el triunfo depende de la realización específica

en los planos internos y de extraer los verdaderos valores en cualquier situación, de los

cuales los valores del plano físico son los menos importantes.

(El Discipulado en la Nueva Era II, págs. 644-645 ed. inglesa).

 

No es fácil inducir a aspirantes y discípulos a actuar en tal formación grupal

preparatoria y hacer de ella el principal interés en sus vidas, porque al mismo tiempo deben

cumplir lo más perfectamente posible con sus responsabilidades familiares y sociales y sus

obligaciones comerciales. A ninguno de ustedes se les hubiera ofrecido esta oportunidad si

no fueron capaces de llevar esta vida dual. Les pediría que estudien cuidadosamente los

antecedentes de esta actual empresa jerárquica (casi digo, aventura) y que cumplan su parte

en el trabajo preparatorio requerido.

(El Discipulado en la Nueva Era II, págs. 410-411 ed. inglesa).

 

El mundo de la competencia comercial y la lucha por mantener la posición financiera

exigen todos los recursos de su mente inferior, y esto fortalece y lleva su mente a una

efectividad práctica. Por lo tanto, el proceso consiste en una destacada técnica a fin de

integrar el alma y la personalidad. Este mismo proceso, cuando se trata del ciudadano

común, produce la integración de la personalidad -lo que podríamos denominar la

integración descendente. En el caso de un discípulo... produce la integración ascendente, que

reorienta definidamente las fuerzas de la vida e incita al centro laríngeo a iniciar una

actividad creadora. (El Discipulado en la Nueva Era II, págs. 572-573 ed. inglesa).

 

La expresión de la facultad creadora es radiación y magnetismo, los cuales

proporcionan a quienes lo poseen, el material para la creación y la capacidad magnética que

ordena, en debida forma y belleza, lo que la radiación ha evocado. La creatividad es

consecuencia de un particular estado mental y de un específico modo de ser; significa una

etapa evolutiva en la cual el discípulo es definidamente radiactivo. No puede evitar crear de

alguna manera, como no puede evitar vivir. Después de todo, hermano mío...el karma es

siempre la fuente de la creación de los eventos y acontecimientos del plano físico; es el

instrumento del alma para producir una personalidad.

(El Discipulado en la Nueva Era II, págs. 539-540 ed. inglesa).

 

Existe una cualidad peculiar en todo ser humano, característica innata e inherente,

inevitablemente presente, a la que podríamos dar el nombre de "percepción mística". Empleo

el término en un sentido mucho más amplio que el que se le da generalmente, y quisiera que

consideraran esta cualidad de percepción mística como si incluyera:

 

1. La visión mística del alma, de Dios y del universo.

 

2. El poder de entrar en contacto y valorar el mundo de significados, el mundo subjetivo

de la emergente realidad.

 

3. El poder de amar y de ir hacia aquello que no es el yo inferior.

 

4. La capacidad de captar e intuir ideas.

 

5. La habilidad de presentir lo desconocido, lo deseable y lo deseado, la consiguiente

determinación y perseverancia que permite al hombre buscar, investigar e ir tras esa

realidad desconocida, tendencia mística que ha traído a la existencia a los grandes y

famosos místicos del mundo y a innumerables exploradores, descubridores e

 

6. El poder de sentir, registrar y plasmar lo bueno, lo bello y lo verdadero. Esto ha hecho

surgir al escritor, al poeta, al artista y al arquitecto.

 

7 El ansia de descubrir y penetrar los secretos de Dios y de la naturaleza. Esto ha hecho

surgir al científico y al religioso.

 

Por el estudio de estas definiciones observarán cuan incluyente es el término

"percepción mística". No es ni más ni menos que el poder innato en el hombre para alcanzar

y aferrarse a lo más grande y mejor que él, lo cual lo ha impelido a avanzar a través de

civilizaciones y culturas que se desarrollaron progresivamente, y hoy está al borde de un

nuevo reino de naturaleza. (La Educación en la Nueva Era, págs. 113-114 ed. inglesa).

 

El primer requisito es sensibilidad. ¿Que significa exactamente eso?... Me refiero más

bien a la capacidad que les permita expandir su conciencia hasta abarcar círculos cada vez

más amplios de contacto; me refiero a la habilidad de mantenerse despiertos, alertas, agudos,

para reconocer las relaciones y reaccionar rápidamente a la necesidad; estar atentos a la vida,

mental, emocional y físicamente; desarrollar con rapidez el poder de observar

simultáneamente en los tres planos de los tres mundos... La sensibilidad que deseo ver

desarrollada es esa viveza para el contacto con el alma, la impresionabilidad a la "voz del

Instructor", la vivencia al impacto de las nuevas ideas y a la delicada respuesta intuitiva.

 

Tales son las características del verdadero discípulo. Lo que se debe cultivar es la

sensibilidad espiritual, y esto será posible cuando aprendan a trabajar por medio de los

centros que están arriba del diafragma y a trasmutar la actividad del plexo solar (que tanto

predomina en e1 hombre común) convirtiéndola en actividad del corazón y en servicio a sus

semejantes. (El Discipulado en la Nueva Era I, págs. 47-48 ed. inglesa)

 

El Maestro no entrena a un grupo de hombres y mujeres para ser buenos y

obedientes, cumplir sus deseos y llevar a cabo sus propósitos, sino para que se inicien y

lleguen a ser Maestros, objetivo que nunca pierde de vista. Por lo tanto, como discípulos

deben aprender a manejar fuerzas y a llevar energías a una esfera determinada de servicio, y

este hecho deben tenerlo constantemente presente... Por eso quisiera que reflexionen

cuidadosamente sobre los siguientes reconocimientos:

 

1. El reconocimiento de la visión.

 

2. El reconocimiento del Plan, porque visión y Plan no son la misma cosa.

 

3. El reconocimiento que el Maestro acuerda al grupo de aspirantes dedicados, cuando los

acepta como sus discípulos.

 

4. El reconocimiento de las ideas del Maestro, como metas para sus futuros esfuerzos.

 

5. El mutuo reconocimiento de ustedes, como almas y servidores.

 

Cuando se comprendan debidamente estos reconocimientos, la Jerarquía reconocerá

eventualmente a un grupo de discípulos que podrá ser utilizado como canal, por el cual

afluirá energía, luz y amor espirituales, a un mundo necesitado y agonizante. Entonces será

dotado del poder de servir, pero no se lo otorgará e1 Maestro, sino que el grupo mismo

engendrará ese poder....

 

Como discípulos, traten de vivir inofensivamente, en pensamiento, palabra y acción,

y cuando material, emocional o temporalmente, nada se escatime y se aplique la fuerza

física, y se donen los recursos con alegría, entonces el discipulo tendrá todo lo necesario para

llevar a cabo el trabajo; esto atañe también a los grupos activos de servidores. Tal es la ley.

Es innecesario decir que la perfección no es posible todavía, pero si debe haber un mayor

esfuerzo de los discípulos para dar y servir.

(El Discipulado en la Nueva Era I, págs 691-692 ed. inglesa).

 

La Ciencia de Impresión -si es estudiada por los discípulos y por el Nuevo Grupo de

Servidores del Mundo- facilitará enormemente la presentación de esos ideales que

condicionarán el pensar de la Nueva Era, y oportunamente traerán una nueva cultura y una

nueva expresión de la civilización que tiene por delante la humanidad, reemplazando a la

actual civilización y proporcionando nuevos campos de expresión... cuando la Ciencia de

Impresión sea correctamente comprendida y se lleve al campo de la educación objetiva, se

hallará que está estrechamente vinculada a la enseñanza que comienza a surgir acerca de la

invocación y la evocación, la cual se irá ampliando hasta abarcar no sólo las rectas relaciones

humanas con los reinos superhumanos, sino también con los reinos subhumanos.

(Telepatía y el Vehículo Etérico, pág. 48 ed. inglesa).

 

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