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Podría definirse la Iniciación donde la conciencia revolotea antes de la Revelación

Podría definirse la iniciación como el momento de crisis donde la conciencia revolotea sobre los lindes de la revelación. Quizás se consideren las demandas del alma y las sugerencias del Maestro, como antagónicas a las demandas de tiempo y espacio, centradas en la personalidad u hombre inferior. Por consiguiente, en esta situación los pares de opuestos ejercerán una enorme atracción; el campo de tensión o el foco de esfuerzo, reside en el discípulo "que se encuentra en el punto medio". ¿Responderá o reaccionará conscientemente a la atracción superior y pasará a nuevas y superiores zonas de experiencia espiritual? o ¿se hundirá nuevamente en el espejismo del tiempo y del espacio y en la esclavitud de la vida personal? ¿Se mantendrá en condición pasiva y estática donde no le afecten la tendencia superior ni la atracción inferior? Una de estas tres condiciones debe caracterizarlo y deriva de una vacilante experiencia anterior, donde el discípulo vibra entre la decisión superior y la inferior. El Maestro preside este proceso, en el que nada puede hacer, porque el problema debe resolverlo el discípulo. Sólo podrá intensificar el deseo del alma mediante el poder de Su pensamiento dirigido.

 

La personalidad nada puede hacer, porque en esta etapa el cuerpo físico y el vehículo astral son simples autómatas, que esperan responder a la decisión del discípulo que actúa en su cuerpo mental. En esta etapa de esfuerzo el discípulo puede actuar únicamente en el nivel mental de la conciencia. Una vez hecho, la suerte está echada. O avanza hacia el portal de la luz donde el Maestro lo toma de la mano, y el Ángel de la Presencia se hace potente y activo en forma indescriptible, o retrocede temporalmente a las condiciones de vida del hombre inferior; espejismo y maya descienden nuevamente sobre él y el Morador en el Umbral se interpone entre el discípulo y la luz que afluye por el portal, renovando sus actividades. El discípulo despierta súbitamente a una más amplia captación de la realidad y a una más profunda comprensión del Plan y de la parte que le corresponde desempeñar en él, o los "velos de la tierra" se cierran sobre su cabeza; entonces la visión se desvanece y retoma la vida de un ser humano común, probablemente durante todo el período de la encarnación en que se le ofreció la oportunidad. No obstante, si traspusiera el portal, entonces (de acuerdo a la iniciación correspondiente) así será la revelación y las consecuencias resultantes. No se le revelarán posibilidades. Es una experiencia efectiva, cuyo resultado es la evocación de nuevos poderes y capacidades y el reconocimiento de nuevos métodos y campos de servicio. Tales poderes están condicionados por los desarrollos anteriores y la presencia de estas facultades, concediéndosele además la plena libertad de movimiento "dentro de los límites de la Jerarquía", que está más allá de lo que él pudo haber soñado. Nuevos contactos jerárquicos son así posibles, nuevas responsabilidades recaen sobre sus hombros y nuevos "campos de poder" están disponibles para ser utilizados en servicio mundial.

 

Con frecuencia habrán oído decir que el Guru o Instructor, enseña en Oriente a sus discípulos, haciéndoles insinuaciones. Si han leído y estudiado los antiguos escritos de la India (¿y quién no leyó por lo menos alguno de ellos?) habrán observado que esas insinuaciones son de dos categorías. Se refieren:

 

  1. Al carácter personal en relación con la realidad y la preparación para la iniciación.

 

  1. A la Unicidad de la Deidad y a la relación del hombre con la unidad comprobada y lograda.

 

A esto se agregó después otras enseñanzas respecto al proceso creador, cuando Dios creó los mundos, y mucho acerca de la energía y el desarrollo de los centros (laya-yoga, tal como técnicamente se lo denomina). Prácticamente sólo se impartían éstas cuatro líneas y el entrenamiento ofrecido era de índole exotérica. Por lo tanto observarán que era preparatorio y que el entrenamiento para la iniciación estaba profundamente oculto en el énfasis puesto sobre la relación del Guru y el discípulo, y que no se expresaba en palabras ni se revelaba de manera alguna. Las pocas insinuaciones y significados simbólicos fueron investigados y el esoterista erudito agotó al límite estas fuentes de información.

 

Ahora trato de llevar la enseñanza a otra etapa externa, a fin de que sea exotérico lo que el Maestro enseñó a Sus discípulos antiguamente, cuando las verdades fundamentales sobre la conciencia universal eran captadas en cierta medida por el discípulo y desarrolladas en lo que particularmente le concernía, en el correspondiente lugar y a su manera. Aún rige la inalterable y antigua regla de que toda la verdadera enseñanza esotérica empieza en lo universal y termina en lo particular, y esto deben tenerlo siempre en cuenta. Me es difícil poner en lenguaje moderno y en forma simbólica las reglas que hasta ahora no fueron escritas. Mucho de lo dado en la época en que H.P.B. luchaba y trabajaba, ha sido verdad, incluyendo la información respecto a la iniciación. Gran parte ha sido fantasioso y grandemente distorsionado.

 

Cuando un neófito solicita de un Maestro el entrenamiento necesario, previo a la iniciación, ¿cuál creen que es el problema del Maestro? Parto de la suposición de que el Maestro conoce bien a Su discípulo, que está convencido de su sinceridad y que su solicitud es correcta. Supongo también que ustedes comprenden que la llamada "solicitud" es la cualidad de la vida vivida, el servicio prestado y la presencia de una mente iluminada por cierta medida de contacto con el alma.

 

El problema del Maestro consiste, primero, en enseñar a Su discípulo a estabilizar la relación entre alma y cuerpo, para que pueda establecer, a voluntad, el contacto entre ambos; el cuerpo astral no representa ningún obstáculo como tal, y mediante el contacto con el alma puede relacionarse fácilmente con los propósitos y los recursos de la Jerarquía. Segundo, indica también la naturaleza de la energía y su inteligente empleo, por medio de una personalidad integrada.

 

Es esencial que todos comprendan una cosa antes de emprender el trabajo conmigo, y es que, en un grupo de discípulos como éste, la mayoría ha pasado la primera iniciación y está siendo preparada para una de las iniciaciones posteriores. Nada sorprendente hay en esta declaración, ni debe ser causa de júbilo o alegría. Un inmenso número de aspirantes del mundo evidencian -por su vivencia hacia las cosas espirituales y por la intensidad de su aspiración y esfuerzos para llegar a ser buenos, autosacrificados e inteligentes- que la vida del Cristo interno actúa definidamente en ellos y está presente en sus corazones. La iniciación de la "fijación espiritual en el plano físico" (como a veces se denomina al nacimiento en Belén, la primera iniciación) la han recibido miles de personas que avanzan sinceras y definidamente en el Camino. Recordaré también que entre la primera iniciación y la segunda pueden transcurrir muchas vidas -intervalos muy extensos de silencioso y casi imperceptible crecimiento. De ninguna manera ustedes son únicos ni están mucho más evolucionados que otros aspirantes avanzados del mundo. Esto los alentará y los hará sentir humildes. Lógicamente no tengo la intención de decir quién se está preparando para determinada iniciación. Esto debe descubrirlo cada uno por sí mismo. Es asunto de orientación interna y no de información externa.

 

Quisiera referirme a un punto respecto a las primeras tres iniciaciones principales, y es que tales iniciaciones se reciben cuando se tiene cuerpo físico y en el plano físico, demostrando así conciencia iniciática, tanto por medio de la mente como del cerebro. Esto es algo que no se acentúa frecuentemente y a veces se lo contradice.

 

También puntualizaré con toda la claridad y la fuerza de que dispongo, la grande y profunda necesidad de humildad y su expresión constante. No me refiero aquí al complejo de inferioridad, sino a ese ajustado sentido de correcta proporción, que da a su poseedor un equilibrado punto de vista respecto a sí mismo, a sus responsabilidades y al trabajo de su vida. Si posee tal humildad, le permitirá con desapasionamiento observarse a sí mismo y a las oportunidades ofrecidas. Sin duda todos los discípulos, ustedes entre ellos, han especulado acerca de su estado y posición en el sendero, como el de sus condiscípulos. Después de todo, ello es natural y humano. Algunos de ustedes son demasiado humildes en el sentido personal, pero no en el sentido de la verdadera humildad. Con esto quiero significar que temen tanto al orgullo, al envanecimiento y a la sobrestimación de sus capacidades, que no son veraces acerca de la realidad, empequeñeciendo el poder de sus almas. R.S.U. es un ejemplo. Necesita caminar con humildad a través de la vida espiritual, lo cual implica el correcto reconocimiento del lugar y la oportunidad, y no el constante énfasis sobre su incapacidad de estar a la altura de ello. Debe mostrarse a mi grupo de discípulos y a mí, tal cual es -un discípulo en preparación para cierta iniciación, que tiene a su disposición mucha sabiduría. W.D.S. sufre de complejo de inferioridad, que lo obliga a imponer externamente su personalidad sobre otros, y expresa una sutil envidia espiritual de aquellos que su conciencia registra como espiritualmente superiores a él. Debe aceptarse tal cual es y alegrarse de que haya quienes le garanticen la posibilidad de un futuro desenvolvimiento, por haber logrado más que él; cuando acepte el discipulado y esté embebido, prestando un verdadero servicio, deberá olvidarse de sí mismo, pues no dispondrá de tiempo para compararse incesantemente con los demás.

 

La verdadera humildad se funda en los hechos, en la visión y en la presión del tiempo. Hago aquí una insinuación y les pido reflexionar profundamente sobre estos tres fundamentos de una importante actitud de la personalidad, que debe mantenerse y demostrarse antes de cada iniciación. Les recordaré que ante la presencia de la verdadera visión, deberá existir siempre humildad. El experimento que estoy emprendiendo tiene sus peligros. Quienes son discípulos en los planos internos del Ashrama de un Maestro, conocen algo de la condición de sus condiscípulos, pero no siempre este conocimiento llega a la conciencia cerebral, lo cual es mayormente un factor protector, porque no se les podría confiar la aplicación correcta de este conocimiento en el plano físico. Podrían criticar excesivamente a un condiscípulo que momentáneamente no está a la altura del objetivo de la iniciación; sentir sutilmente envidia o desprecio de sí mismos; considerar a un discípulo más avanzado que ellos en el Sendero de Iniciación como alguien superior y privilegiado, complicando así su problema y esfuerzo, y podrían perder el sentido de proporción respecto a la iniciación, sus procesos y estados, debido a que están muy cerca de otro discípulo iniciado que lucha o no lo comprende. Los tropiezos son muchos y por eso les pido que tengan cuidado. Ocúpense de su propia vida y asuntos. No especulen sobre la condición de otros discípulos de mi grupo, pues son sus íntimos colaboradores y participan en mi experimento. Cultiven la humildad fundada en la comprensión y la visión y sirvan así al mundo, a sus condiscípulos y a Mí, como punto principal de contacto con la Jerarquía.

Con frecuencia dije que un discípulo es conocido por la influencia que ejerce sobre su medio ambiente, y el iniciado por la amplitud de su servicio mundial. ¿Por qué algunos de ustedes (no todos) no se han destacado en un servicio y ejercen poca influencia en los asuntos del mundo? Varias cosas pueden explicarlo. Ante todo un discípulo puede ser llamado a agotar ciertas relaciones kármicas, a cumplir ciertas obligaciones de muy antiguo origen y así "allanar el camino" para un más completo e ininterrumpido servicio a la humanidad, en fecha posterior. Esto ocurre con bastante frecuencia entre la primera y la segunda iniciaciones. A veces un discípulo puede prestar servicio efectivo y en gran escala en los planos internos y, sin embargo, no evidenciarlo en el plano físico, excepto en la belleza de su vida. Otros pueden estar aprendiendo ciertas técnicas de las relaciones sicológicas y la distribución de energía y haber dedicado alguna vida anterior al estudio de estas ciencias esotéricas. Una vida es sólo un corto momento en el largo ciclo del alma. Sin embargo, el verdadero discípulo nunca presenta como excusa las razones mencionadas, por el esfuerzo no realizado. Quiero resaltar que la influencia en el mundo no siempre implica por sí sola discipulado. Existen muchos grupos bien conocidos y magnéticos que poseen una personalidad dominante como centro, que no es necesariamente un discípulo.

 

En conexión con el grupo de mis discípulos y con el experimento que estoy emprendiendo, tienen que llegar a un punto en la experiencia grupal en que no se preocupen intensamente de su propio desarrollo, estado y servicio; todos tienen que aprender a descentralizarse, de modo que el factor de mayor importancia sea el trabajo que deben realizar. Cuando esto sucede entonces cesará el intenso interés sobre algún aspecto de la expresión personal de sí mismos, debilidad de carácter, objetivo preferido o condición física. Descubrirán que el desarrollo de la "divina indiferencia" (como he dicho varias veces) será de gran ayuda para olvidar al pequeño yo; éste parece tan enorme que a veces (por hábito) impide ver al yo superior, se interpone entre el discípulo y el Maestro y dificulta el contacto con sus condiscípulos, evitando así prestar un servicio efectivo.

 

Otro punto quisiera tratar aquí, a fin de que haya total comprensión. Hay períodos en la vida del discípulo en que parece no existir contactos con el Maestro; es como si toda relación se hubiera cortado, por lo menos temporalmente. Debo hacer resaltar que, tratándose de discípulos aceptados, tal interrupción no es posible. Esotéricamente eso no puede suceder, y el amor que el Maestro siente por el discípulo, también impide que eso suceda. Sólo una condición puede causar tal interrupción, y es el esfuerzo deliberado y consciente del discípulo, durante un prolongado período. Un Maestro no admite con ligereza a un discípulo en su grupo, y una vez que lo ha hecho, la situación es irrevocable desde el punto de vista del Maestro. Toda demora en el progreso o separación definitiva proviene totalmente del alumno. Podrá haber una suspensión temporaria de comunicaciones y hasta durar toda una vida; pero esto no es extenso desde el ángulo del alma, sino sólo un chispazo de poca importancia y significación, en la larga carrera del alma. Asume grandes proporciones e importancia en la vida de la personalidad, pero puede significar sólo una oportunidad en el eterno ahora del alma.

 

Por lo tanto, los he observado de cerca y he visto durante intervalos la marea de la vida deslizarse por encima de ustedes; he vigilado sus progresos y demoras y los he visto triunfar y fracasar.

Esto lo hago mediante la observación de la pulsación de su luz, sin tener en cuenta los detalles de su diario vivir. Esto no está justificado en esta época de crisis y nunca se justificará, debido al desenvolvimiento evolutivo de los discípulos. Están todavía dentro del aura de mi grupo, en mi Ashrama. Ustedes, no yo, determinan el lugar que allí ocupan. A veces se produce algo que se asemeja a una palpitación en la relación entre el instructor y el discípulo -un retiro y un avance de parte del discípulo en probación y una firme actitud expectante de parte del instructor. Cuando llegan a su fin las fluctuaciones del contacto y el alumno se estabiliza y se convierte en un "punto de energía que se aproxima constantemente", se trasforma en discípulo aceptado. Algunos se están estabilizando en mi grupo de discípulos, otros retroceden, mientras unos pocos se acercan, y observo con interés la intensificación y la disminución de su luz.

En esta época se exige la movilización de todos los discípulos, y al decir "esta época" me refiero no sólo al momento actual, sino a los próximos cincuenta años. Esta movilización implica el enfoque de las energías del discípulo, su tiempo y sus recursos, en bien de la humanidad; requiere una nueva dedicación al servicio, la consagración de la vida mental (¿se dan cuenta, hermanos míos, lo que eso significaría?) y el olvido del yo, que rechazaría todo estado de ánimo y sentimiento, todo deseo personal, resentimientos, quejas y todas las pequeñeces que surgen en las relaciones con sus semejantes. En el plano físico significa condicionar la entera vida externa activa, de modo de convertirla en una vida de servicio activo y concentrado. Les pido que estudien las frases que anteceden, utilizándolas como luz reveladora, para saber de qué adolecen y qué deben hacer.

 

He dado en el pasado mucha instrucción, ayuda y aliento. Eso aún lo tienen y lo tendrán y los beneficiará mucho si dedican tiempo en recordarlo. Pero hagan hoy un nuevo comienzo -no para su propio bien, sino para ayudar a un mundo necesitado. Olvídense de sí mismos.

 

La presión del trabajo que pesa sobre mí ha sido muy grande últimamente. Mucho trabajo ha recaído sobre mis hombros debido a la situación del mundo, la cual ha exigido mucho esfuerzo de parte de la Jerarquía, para impedir el total derrumbe de la estructura de la civilización humana, tal como existe en la actualidad. Los sólidos cimientos de una parte de la estructura deben ser salvados y lo demás quizás desaparezca.

 

Muchas cosas contribuyen a la inercia que hoy aflige a la mayoría de los discípulos del mundo que debieran estar activos, sirviendo y ayudando.

 

Esto es aplicable a ustedes también. Las condiciones resultantes de la guerra y la preocupación sobre sus asuntos personales, actitudes y reacciones, ha desalojado de sus mentes mucho de lo que he dicho y podría decir. Una de las primeras lecciones que deben aprender quienes se están entrenando para la iniciación, es la difícil y doble actitud que permite la correcta actividad de la personalidad y el verdadero interés en los asuntos de ésta, y al mismo tiempo impide que nada personal interfiera la vida espiritual subjetiva, el servicio y el entrenamiento preparatorio para la iniciación. A medida que pasa el tiempo, trataré de tender un puente entre las técnicas antiguas y los nuevos métodos de entrenamiento; emplearé parte de las antiguas técnicas -que van caducando-, y haré las insinuaciones que los conducirá a comprender la naturaleza, el propósito y los métodos de educar, a los discípulos aceptados, en los procesos de la iniciación.

 

Ante todo diré: traten de recuperar el fervor de la primitiva aspiración espiritual y autodisciplina. Si nunca lo perdieron (aunque muchos discípulos sí) traten de obligar a la energía de la inspiración que se despliegue efectivamente como acción definida en el plano físico. ¿Cómo?, preguntarán ustedes hermanos míos. Aumentando el fulgor de su luz en el mundo, por medio del amor y la meditación, para que otros puedan dirigirse a ustedes como un faro en la noche oscura de la vida que parece haber descendido en este siglo sobre la humanidad; traten de amar más de lo que hasta ahora han creído posible, a fin de que otros, deprimidos y desalentados por las circunstancias de la vida y el horror presente de la existencia humana, encuentren en ustedes calor y consuelo. Lo que yo y todos los afiliados a la Jerarquía tratamos de hacer, en esta época de desesperada crisis, es descubrir a quienes son firmes puntos de energía viviente y derramar por su intermedio el amor, la fortaleza y la luz que el mundo necesita y debe poseer si quiere capear el temporal. Este servicio lo solicito para mí y la humanidad. No exijo nada espectacular; sin embargo, para responder de manera adecuada demandará gran esfuerzo por parte de sus almas; tampoco pido un imposible. Les recordaré que la apatía del cuerpo físico y del cerebro, la inercia de la naturaleza sensoria y el sentido de futilidad de la mente, al enfrentar cuestiones importantes, parece obstaculizarlos.

 

De nuevo les muestro el camino, y espero. ¿Intensificarán la vida interna y alcanzarán el poder que les permitirá vivir simultáneamente como seres humanos eficientes y como almas amorosas y vivientes? La principal necesidad en estos momentos es establecer la continuidad de este doble proceso; ello conducirá a la fusión, a la coordinación de la personalidad y a una eficiencia grandemente acrecentada. Muchos discípulos no son jóvenes, por lo que les resulta difícil desalojar hábitos mentales y sensorios arraigados. Sin embargo, deberán alterarlos y no resentirse por ello. Los ritmos estabilizados de la personalidad constituyen la línea de menor resistencia. Deben ser cercenados oblicuamente, formando así la cruz de la vida; la existencia será entonces más difícil, pero dará por resultado nuevos y bellos ritmos.

 

A quienes se encuentran en medio de la hoguera del dolor (y son legión), de la agonía, la ansiedad y la angustia -y la ven en todas partes y tratan de mantenerse firmes en medio de todo- les digo: Las apariencias no siempre representan lo que verdaderamente son; lo que rompe y perturba la vida de la personalidad es con frecuencia el agente liberador, si es correctamente comprendido; lo que surja cuando las Fuerzas de la Luz disipen la oscuridad del mundo, demostrará la naturaleza inmortal del espíritu humano. A todos les digo: Mi amor los circunda y el aura del Ashrama, del cual soy el centro, permanece como gran muralla defensora alrededor de ustedes y de los que luchan por el derecho. Luchen ustedes también. Entonces podrán, si lo hacen, sentir esta protección amorosa. Además, si quieren, podrán cada día ponerse en relación con su Maestro. No somos ciegos ni nos despreocupamos. Sabemos, no obstante, que hay males peores que la muerte y el dolor. Sabemos que éste es el momento de mayor oportunidad para la humanidad, y que si los hombres pasan triunfalmente a través de ellos y (por la fuerza de sus propias almas) superan el actual mal, entonces la evolución de la humanidad se acelerará más allá de lo que se creyó posible, lo cual constituirá la liberación alcanzada e iniciada por la humanidad misma. Esto tiene tanta importancia en la vida del género humano como en la vida del discípulo individual. Al hombre no se le debe privar de la ocasión ni de la oportunidad; los valores espirituales y eternos que ha adquirido tienen mucha más importancia que su momentánea agonía.

 

Cuando piensan que Nosotros estamos en los denominados seguros retiros, quizás no lleguen a comprender que la capacidad de identificarse con todo cuanto hoy implica dolor en el mundo, más la sensibilidad de Quienes están vinculados con la Jerarquía, respecto a las desafortunadas condiciones de la humanidad, constituye para Ellos una suprema agonía espiritual permanecer inactivos.

 

Ellos comprenden cuán profunda es la reacción humana, y captan y

 

aprehenden porque Son uno con todos los hombres. Esto implica una comprensión mucho más grande de lo que pueden imaginar y sólo puede expresarse adecuadamente con la palabra "identificación". Necesitan el firme apoyo de todos Sus discípulos, el amor constante, la lealtad y la respuesta indubitable a la necesidad humana, que les permitirá llevar la pesada carga que el karma humano puso sobre Sus hombros y que Ellos llevan voluntariamente.

 

¿Harán lo que les pido? ¿Nos ayudarán en nuestro trabajo de todas las maneras posibles, como personalidades dedicadas al servicio y como almas que siguen el camino iluminado? Grande es la necesidad de amor y de luz que siente la humanidad. La necesidad que tiene la Jerarquía de canales y de personas dispuestas a trabajar en la tierra bajo Su dirección, demandará todo lo que tienen que dar y evocar de su alma (la única y verdadera recompensa que espera el discípulo) como poder y amor. Esto sucederá si olvidan al pequeño yo.

 

Que el conocimiento sea trasmutado en sabiduría y el ojo de la visión controle los procesos del vivir y todas sus empresas, es el deseo profundo de mi corazón, para todos y cada uno de ustedes.

 

Vuestro Maestro, Amigo e Instructor,

 

El Tibetano

(5/98-107)

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