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EL RETORNO DE CRISTO, ESTA HOY MAS CERCA DE LA HUMANIDAD QUE EN CUALQUIER OTRO PERIODO DE LA HISTORIA HUMANA.

Año tras año he escrito, para ustedes y todos aquellos a quie­nes les interesa un mensaje, a menudo profético, relacionado siempre con la unión espiritual fundamental de Oriente y Occi­dente, del Buda y del Cristo, poniendo por lo tanto el énfasis sobre la oportunidad espiritual inmediata. Cada año he preparado estos mensajes muy cuidadosamente, y en su síntesis surge (si los han leído ordenada e inteligentemente) una imagen de la vida espiritual del mundo, imagen que involucra el pasado conocible, que concierne al presente inmediato y lleva a un futuro de des­arrollo espiritual, que su expresión trasciende todo lo que hasta ahora se ha conocido, porque se fundamentó siempre en la realidad, la realidad del Dios Inmanente.

 

Dios Trascendente, más grande, más vasto y más incluyente que el mundo de Su creación, ha sido reconocido universalmente y aceptado general y enfáticamente; todos los credos pueden afir­mar con Shri Krishna –cuando habla como Dios, el Creador– ­que, "habiendo compenetrado el entero universo con un fragmento de Mí Mismo, Yo permanezco". Este Dios Trascendente ha domi­nado el pensamiento religioso de millones de personas sencillas y espirituales en el transcurso de los siglos, desde que la humanidad inició su camino hacia la divinidad.

 

Lentamente va despertando la incipiente conciencia de la hu­manidad a la gran verdad paralela de Dios Inmanente –que divi­namente compenetra todas las formas e internamente condiciona todos los reinos de la naturaleza, expresa la divinidad ingénita a través de los seres humanos y, hace dos mil años, personificó la naturaleza de esa divina Inmanencia en la persona del Cristo. Hoy, como consecuencia de esta Presencia divina en manifesta­ción, un nuevo concepto está penetrando en la mente de los hom­bres de todas partes: el de "Cristo en nosotros esperanza es de gloria". Existe una creciente y progresiva creencia de que Cristo está en nosotros, como lo estuvo en el Maestro Jesús, creencia que alterará los asuntos del mundo y la actitud del género -humano hacia la vida.

 

La maravillosa vida que vivió hace dos mil años, permanece todavía con nosotros y no ha perdido nada de su frescura, pues es inspiración, esperanza, estímulo y ejemplo eternos. El amor que Él demostró, todavía influye el mundo de pensamientos, aun­que relativamente pocos intentaron demostrar la misma cualidad de Su amor –amor que lleva infaliblemente al servicio mundial, al completo olvido de sí mismo y a una vida radiante y magnética. Las palabras que Él pronunció fueron pocas y sencillas, y todos los hombres pueden comprenderlas, pero su significado se ha per­dido en las tortuosas legitimaciones y discusiones de San Pablo, y en las extensas disputas de los comentaristas teológicos, desde que Cristo vivió y nos dejó –o lo hizo aparentemente.

 

No obstante, el Cristo está hoy más cerca de la humanidad que en cualquier otro período de la historia humana; está más cerca de lo que sospecha el anhelante y esperanzado discípulo, y puede estarLo aún más, si lo que aquí está escrito es comprendido y llevado a la atención de todos los hombres, porque Cristo pertenece a la humanidad, al mundo de los hombres, no únicamente a la iglesia y a las creencias religiosas de todo el mundo.

 

A Su alrededor –en ese Elevado Lugar de la Tierra, donde tiene Su residencia– se hallan hoy reunidos Sus grandes discí­pulos, los Maestros de Sabiduría, y todos Aquellos emancipados Hijos de Dios que en el transcurso de las épocas han pasado de la oscuridad a la Luz, de lo irreal a lo Real y de la muerte a la In­mortalidad. Están dispuestos a cumplir Su mandato y a obedecer al Maestro de Maestros y al Instructor de ángeles y hombres. Los Exponentes y Representantes de todos los credos del mundo aguar­dan revelar, bajo Su guía, a todos los que hoy luchan en el caos de los asuntos mundiales y tratan de resolver la crisis mundial, que no están solos. Dios Trascendente está trabajando por medio del Cristo y de la Jerarquía espiritual para traer alivio; Dios Inmanente en todos los seres está al borde de ser plenamente re­conocido.

 

 

La gran Sucesión Apostólica de Conocedores de Dios está pre­parada hoy para iniciar una actividad renovada –la sucesión de Aquellos que han vivido en la Tierra, han aceptado la realidad de Dios 'Trascendente, descubierto la realidad de Dios Inmanente, reproducido en Sus propias vidas las características divinas de la vida crística (porque han vivido en la Tierra como Él Lo ha hecho y Lo hace) y "han penetrado por nosotros detrás del velo, dándonos un ejemplo para qué sigamos Sus pasos" y los de Ellos. Oportunamente también nosotros perteneceremos a esa gran Su­cesión.

 

 

Quizás se pregunten por qué, en este momento del Festival del Buda, les escribo acerca de Su gran Hermano, el Cristo. Lo hago deliberadamente debido a que los ojos de todos los Conoce­dores espirituales están fijos en Él, porque el Buda Mismo Se halla también detrás del Cristo reconociendo humildemente la tarea di­vina que está a punto de consumar y debido también a lo inmi­nente de esa realización espiritual. Lo expongo de esta manera porque quienes actúan conscientemente en el Reino de Dios no sólo son conscientes de Sus planes, sino que los grandes seres es­pirituales que viven y moran en el "Hogar del Padre" y en el "centro donde la Voluntad de Dios es conocida", también han sido movilizados y organizados para ayudar en Su trabajo. La línea espiritual sucesora, desde el trono del Anciano de los Días hasta el más humilde discípulo (reunidos a los pies del Cristo) está abocada hoy a la tarea de ayudar a la humanidad.

 

El momento que Él tan pacientemente ha esperado, es casi inminente; el fin "de la edad", a lo cual Se refirió cuando hablaba a Su pequeño grupo de discípulos, ha llegado: "¡He aquí! estoy con vosotros hasta el fin de la edad". En la actualidad permanece y espera, sabiendo que ha llegado el momento en que "verá el tra­bajo de su alma y será satisfecho". Repetiré, en toda la sucesión espiritual de los Hijos de Dios, sólo se ve y siente expectativa y preparación.

 

Del Hogar del Padre o –Shamballa de los esotéricos– ha surgido el fíat: la hora ha llegado. Del reino de Dios, donde el Cristo reina, la respuesta ha venido: "Padre, hágase Tu voluntad". En el esforzado, perplejo y desdichado mundo de los hombres se eleva incesantemente el clamor: "Que Cristo retorne a la Tie­rra", porque en los tres grandes centros espirituales: el Hogar del Padre, el Reino de Dios y la humanidad, que va despertando, existe un solo propósito, una sola idea y una conjunta expec­tativa...

 

No escribo con espíritu fanático o adventista, ni hablo como teólogo especulativo o como exponente de un aspecto del anhe­lante pensamiento religioso. Hablo porque muchos saben que el momento es oportuno y el clamor de los corazones sencillos y lle­nos de fe ha llegado a las más elevadas esferas espirituales y puso en movimiento energías y fuerzas que ya no pueden ser detenidas, y también porque la demanda invocadora de la angustiada humanidad es hoy tan grande y sólida que, conjuntamente con la sabi­duría y el conocimiento de la Jerarquía espiritual, ha iniciado ciertas actividades en el Hogar del Padre, que redundarán en la gloria de Dios, en la trasformación de la divina voluntad al bien, en buena voluntad humana y en la resultante paz en la Tierra.

 

Se está por escribir un nuevo capítulo en el gran libro de la vida espiritual; una nueva expansión de conciencia es un aconte­cimiento inminente; la humanidad puede reconocer la preocupa­ción divina y una acentuada expectativa comprobará la exactitud de la afirmación bíblica: "Y todo ojo Lo verá". La vivencia reli­giosa o la historia espiritual de la humanidad puede ser resumida en una serie de reconocimientos –el reconocimiento de aquello que en el transcurso de las épocas ha constituido la Sucesión Apos­tólica y culminó con la aparición de los grandes guías religiosos que aparecieron desde el año 700 a. C. y fundaron los grandes credos modernos y, sobre todo, el Cristo Mismo que personificó la perfección de Dios Inmanente, más el conocimiento de Dios Tras­cendente; el reconocimiento de estos conceptos espirituales supe­riores, amor, vida y relación, que siempre fluctuaron en el tras­fondo del pensamiento humano, están ahora a punto de ser correc­tamente expresados; el reconocimiento de la verdadera hermandad entre los hombres, basado en la divina vida una, que actúa a través del alma una y se expresa por medio de la humanidad una, recono­cimiento de la relación que existe en el mundo entre la vida divina y el género humano mismo. El desarrollo de esa actitud espiritual conducirá a las rectas relaciones humanas y a la eventual paz mundial.

 

Posiblemente ahora se produzca otro reconocimiento, el del inminente retorno de Cristo (si puede aplicarse esta frase a Quien nunca nos ha abandonado) y de las nuevas oportunidades espiri­tuales que ofrecerá este acontecimiento.

 

La base para dicho reconocimiento reside en la profundamente arraigada convicción, innata en la conciencia humana, de que algún Instructor, Salvador, Revelador, Legislador o Representante divino, proveniente del mundo de las realidades espirituales, debe aparecer, debido a la necesidad y demanda humanas. En el transcurso de los siglos, en los momentos de mayor necesidad del hombre y en res­puesta a su demanda, surgió un tipo de Dios bajo distintos nom­bres. Luego vino Cristo y aparentemente nos abandonó sin haber dado término a Su tarea y sin consumar Lo que había visualizado para la humanidad. Por espacio de dos mil años pareciera que Su trabajo fue obstaculizado, frustrado e inútil, porque la prolifera­ción de iglesias en el transcurso de los siglos no constituye una ga­rantía del triunfo espiritual que Él anhelaba. Era necesario algo más que las interpretaciones teológicas y el acrecentamiento numérico de las religiones mundiales (incluyendo el cristianismo y el budismo) para comprobar que Su misión se había llevado a cabo triunfalmente. Todo parecía imposible de realizar y exigía tres condiciones, por las cuales podría intentarse poner a prueba Su trabajo; actualmente estas tres condiciones son hechos compro­bados:

 

Primero, existe una condición general planetaria; desgracia­damente ha demostrado ser tan catastrófica (debido al egoísmo del hombre) que la humanidad se vio obligada a reconocer la causa y el origen del desastre; segundo, un despertar espiritual originado en las raíces más profundas de la conciencia humana, como resul­tado de la Guerra Mundial (1914-1945) ; tercero, el creciente cla­mor invocador (oración o demanda) que se eleva hasta las fuentes espirituales superiores, no importa con qué nombre se las designe­.

 

En la actualidad impera estas tres condiciones, y la humanidad enfrenta una renovada oportunidad. El desastre que ha sufrido el género humano es de proporciones universales; nadie ha podido escapar, y todos están en una u otra forma implicados en el mismo, física, económica y socialmente. El despertar espiritual de los hom­bres (dentro o fuera de los credos del mundo, pero mayormente fuera de ellos) es general y amplio, pudiendo observarse en todas partes un retorno hacia Dios. Finalmente, estas dos causas produ­jeron en la humanidad –como nunca había ocurrido antes– una demanda invocadora más clara, pura y altruista que en cualquier otra época de la historia humana, porque está basada en pensamientos más claros y en la angustia común. La verdadera religión está aflorando nuevamente en el corazón del hombre; el recono­cimiento de una esperanza y trasfondo divinos, posiblemente hará retornar a los pueblos a las iglesias y a los credos mundiales, pero con certeza los hará retornar a Dios.

 

Innegablemente, religión es el nombre que damos a la demanda invocadora de la ,humanidad, la cual conduce a una respuesta evo­cadora del Espíritu de Dios, actúa en todo corazón humano y en todo grupo, a través de la Jerarquía espiritual del planeta; impele a actuar al Guía de la Jerarquía, el Cristo, y la actividad Que em­prenda hará que retorne con :Sus discípulos. Me pregunto si repa­raron en la importancia de lo que acabo de decir.

 

La idea del retorno de Cristo es muy familiar, y el concepto de que el Hijo de Dios regresa en respuesta a las necesidades, está incluida en las enseñanzas de la mayoría de los credos mundiales. Desde que aparentemente nos abandonó y Se dirigió hacia ese nivel en que Lo habían ubicado los creyentes, pequeños grupos de personas creyeron que en determinada fecha regresaría; pero sus profecías y esperanzas se vieron siempre defraudadas. No ha re­tornado. Esas personas fueron objeto de burla por parte de la mul­titud, y censuradas por los inteligentes. Sus ojos jamás Lo vieron, ni han tenido un indicio tangible de Su presencia. Hoy les digo que Él vendrá, y que ya se han establecido los planes para Su reapari­ción, pero no se ha fijado fecha ni hora. Sólo dos o tres la saben, "pero en el momento que no penséis Él vendrá" (Ma. 24 : 44).

 

Una verdad que al pensador ortodoxo se le hace difícil aceptar es el hecho de que el Cristo no puede volver porque siempre ha esta­do en la Tierra vigilando el destino espiritual de la humanidad; nun­ca nos ha dejado, sino que, físicamente y bien protegido (aunque no oculto), ha guiado los asuntos de la Jerarquía espiritual y de Sus discípulos y trabajadores, quienes conjuntamente se comprometie­ron con Él a servir en la Tierra. Lo único que Él puede hacer es reaparecer. Constituye una verdad espiritual que quienes han sur­gido de la tumba y penetrado en la plenitud de la vida de resu­rrección, pueden ser visibles y al mismo tiempo invisibles para el creyente. Ver y reconocer son dos cosas muy distintas, y uno de los más grandes reconocimientos, por parte de la humanidad, en un futuro próximo, es que Él siempre ha estado con nosotros, compar­tiendo los valores familiares, las características de nuestra civili­zación y sus numerosos dones otorgados al hombre.

 

 

Las primeras señales de que Se aproxima con Sus discípulos ya pueden ser percibidas por quienes observan e interpretan correc­tamente los signos de los tiempos. Existe (entre estas señales) la unión espiritual de quienes aman a sus semejantes. Constituye en realidad la organización del ejército externo físico del Señor, que sólo tiene como armas el amor, la correcta palabra y las rectas relaciones humanas. El establecimiento de esta organización desconocida ha continuado con extraordinaria velocidad durante la posguerra, porque la humanidad está cansada de odios y contro­versias.

 

Los colaboradores de Cristo ya se hallan activos en el nuevo grupo de servidores del mundo, constituyendo el grupo más pode­roso de precursores que jamás hubo precedido la entrada de un gran Personaje mundial en la palestra del vivir humano. Su trabajo e influencia hoy se ven y sienten en todas partes, y nada puede destruir lo realizado. Desde 1935 se ha tratado de aprovechar el efecto espiritual y organizador producido por la Invocación a tra­vés de su recitación y expresión, dirigiendo la energía de la de­manda invocadora de la humanidad hacia esos canales que van desde la Tierra hasta el Altísimo, lugar donde mora el Cristo. Desde allí ha sido trasmitida a esferas aún más elevadas, donde la atención del Señor del Mundo, el Anciano de los Días, el Padre de todos, además de las Energías creadoras y los Seres Vivientes que allí moran con Él, puede ser dirigida a la humanidad a fin de que dé los pasos necesarios que personificarán más rápidamente los propósitos de Dios.

 

Por primera vez en la historia de la humanidad, la demanda de los pueblos de la Tierra es tan poderosa y se halla tan de acuerdo con la orientación divina, en tiempo y espacio, que inevitablemente se cumplirá; el esperado Representante espiritual debe venir, pero esta vez no vendrá solo, sino acompañado por Aquellos cuyas vidas y palabras evocarán el reconocimiento de todos los sectores del pensamiento humano. Las profecías simbólicas que existen en todas las Escrituras mundiales, relacionadas con este inminente aconte­cimiento, demostrarán su veracidad, pero será necesario reinter­pretar su simbolismo; las circunstancias y los acontecimientos no serán exactamente como las Escrituras parecen indicar. Él vendrá, por ejemplo, en las "nubes del cielo" como lo dicen las Escrituras cristianas, pero ¿qué tiene esto de sobrenatural cuando millones de personas viajan por el espacio a toda hora del día y de la noche? Lo menciono como una de las profecías más destacadas y conocidas, con todo, tiene muy poco significado para nuestra civilización mo­derna. Lo importante es que Él vendrá.

 

El Festival de Wesak se ha celebrado durante siglos en el cono­cido valle de los Himalayas (créase o no) a fin de:

 

  1. Corroborar que Cristo existe físicamente entre nosotros, desde Su supuesta partida.

 

  1. Comprobar, en el plano físico, la real similitud que existe entre Oriente y Occidente, en el acercamiento a Dios. Tanto el Cristo como el Buda están presentes.

     

  2. Establecer un lugar de reunión para Aquellos que anual­mente; en forma sintética y simbólica, se vinculan y re­presentan el Hogar del Padre, el Reino de Dios y la Hu­manidad.

     

  3. Demostrar la naturaleza del trabajo que Cristo debe reali­zar como el grande y elegido Intermediario, como el re­presentante de la Jerarquía espiritual y como el Guía del Nuevo Grupo de Servidores del Mundo. Por Su interme­dio se proclamará el reconocimiento de la realidad de la existencia del reino de Dios aquí y ahora.

     

     

    Uno de los mensajes principales para quienes leemos estas pa­labras, quizá lo constituya en esta época, la gran verdad y la reali­dad de la Presencia física de Cristo en la Tierra, de Su grupo de discípulos y colaboradores, de Su representativa actividad en bien del género humano y de la estrecha relación que existe entre ellos. Dicha relación es percibida en ciertos grandes festivales espiri­tuales, e incluye no sólo al Reino de Dios sino también al Padre y al Hogar del Padre. Tenemos el Festival de Pascua, el Festival del Buda o Wesak, cuya Presencia física representa la solidaridad espiritual de nuestro planeta, y en junio el Festival denominado peculiarmente el Festival del Cristo, en el que –como Guía del nuevo grupo de servidores del mundo– recita la Gran Invocación en bien de todas las personas de buena voluntad, reuniendo al mismo tiempo las demandas incipientes e inexpresadas de quienes buscan un nuevo y mejor modo de vivir, ansían amor en su vida diaria, rectas relaciones humanas y comprensión del Plan sub­yacente.

     

    Estos acontecimientos físicos son de importancia, no las vagas esperanzas y promesas de los dogmas teológicos. Llamo la atención en este momento culminante sobre la Presencia física en nuestro planeta, de los conocidos Personajes espirituales como el Señor del Mundo, el Anciano de los Días; los Siete Espíritus ante el trono de Dios; el Buda, Guía espiritual de Oriente, y el Cristo, Guía espi­ritual de Occidente. Les digo que la vaga creencia sobre Su existen­cia, las ensoñadoras especulaciones acerca de Su trabajo, el interés puesto al servicio del bienestar humano y el aún no convincente, aunque esperanzado, ferviente anhelo de los creyentes (y también de los incrédulos), pronto serán reemplazados por ciertos conocimientos, por el reconocimiento visual y los signos comprobables del trabajo ejecutivo, y por la reorganización (por hombres de inusitado poder). de la vida política, religiosa, económica y social del planeta.

     

    Esto no vendrá como consecuencia de alguna proclama o de un maravilloso acontecimiento planetario, que hará exclamar a los seres humanos: "Loado sea, Él está aquí. ¡He aquí los signos de Su divinidad!", porque sólo provocaría antagonismo y burla, incredulidad o credulidad fanática. Vendrá porque se ha reconocido Su capacidad de conductor, por los cambios dinámicos pero lógicos, efectuados en los asuntos mundiales, y por la actividad emprendida por las masas desde lo más recóndito de sus conciencias.

     

    Hace muchos años manifesté que Cristo vendría de tres ma­neras distintas o, más bien, que la realidad de Su presencia podría ser comprobada en tres fases características.

     

    Dije entonces que lo primero que haría la Jerarquía sería estimular la conciencia espiritual del hombre, evocar en gran es­cala las demandas espirituales de la humanidad y fomentar mun­dialmente la conciencia crística en el corazón humano. Esto ya se ha hecho con resultados muy efectivos. Las demandas clamorosas de los hombres de buena voluntad, de los colaboradores en el campo de la beneficencia y de quienes se han comprometido a colaborar internacionalmente, para aliviar los sufrimientos del mundo y esta­blecer rectas relaciones humanas, expresan innegablemente la na­turaleza real de este proceso. El aspecto del trabajo preparatorio que señala Su advenimiento ha llegado a una etapa donde nada puede detener su progreso o disminuir su ímpetu. A pesar de las apariencias este surgimiento de la conciencia crística ha triunfado, y lo que pueda parecer una actividad contraria, a la larga no tendrá importancia por ser de naturaleza temporaria.

     

    También señalé que el próximo paso de la Jerarquía sería plas­mar en las mentes de los hombres iluminados de todas partes, las ideas espirituales que encierran las nuevas verdades, por el "descenso" (si así puedo denominarlo) de los nuevos conceptos que re­girán la vida humana y la influencia que ejercerá el Cristo sobre los discípulos mundiales y el nuevo grupo de servidores del mundo. Recordarán que en el relato bíblico, Cristo evocó simbólicamente el reconocimiento de Juan, el Bautista, y comunicó las cosas del reino de Dios a los discípulos que se dirigían a Emaús, aunque no reconocieron a su Compañero. Este movimiento planificado por la Jerarquía, progresa; hombres y mujeres de todas partes y de todos los sectores, enuncian las nuevas verdades que deben guiar la vida humana en el futuro; fundan nuevas organizaciones, movimientos y grupos, grandes o pequeños, que harán conocer a las masas la realidad de la necesidad y el modo de enfrentarla. Esto lo hacen impelidos por el fervor de sus corazones y la amorosa respuesta a la angustia humana; no obstante y sin que se den cuenta, trabajan para exteriorizar el reino de Dios en la Tierra. Ante la evidente multiplicidad de organizaciones, libros y conferencias, resulta im­posible negar estos hechos.

     

    En tercer lugar expresé que Cristo podría venir en Persona y caminar entre los hombres como Lo hizo anteriormente. En la actualidad esto no ha ocurrido aún, pero se están haciendo los pla­nes necesarios que Le permitirán llevarlo a cabo. Dichos planes no incluyen el nacimiento de algún hermoso niño en un buen hogar de la Tierra, ni habrá proclamas extravagantes; tampoco existirá el crédulo reconocimiento de los bien intencionados y de los ignoran­tes, como sucede tan frecuentemente hoy, ni nadie dirá: "Éste es Cristo. Él está aquí o allí". No obstante, quisiera destacar que la amplia difusión de tales enunciados y relatos, aunque indeseables, engañosos y erróneos, demuestran sin embargo la expectativa hu­mana por la inminencia de Su venida. La creencia en Su llegada es algo fundamental en la conciencia humana. Cómo y de qué manera vendrá, no puedo ni debo decirlo. No ha llegado aún el momento propicio, ni se ha determinado el modo en que reaparecerá. La naturaleza real de los dos primeros pasos preparatorios, dados ya por la Jerarquía bajo Su dirección, son la garantía de que Él ven­drá, y, cuando Lo haga, la humanidad estará preparada.

     

     

    Resumiremos ciertos aspectos de la obra que Él inició hace dos mil años, lo cual nos dará la clave de Su trabajo futuro. Parte del mismo es bien conocido, pues ha sido destacado por todos los credos y en particular por los instructores de la fe cristiana. Pero todos presentaron Su tarea en forma demasiado difícil para que la capte el hombre; el indebido énfasis puesto sobre Su divinidad (algo que jamás Él hizo) inducen a creer que Cristo y sólo Él puede realizar las mismas obras. Los teólogos han olvidado que manifestó: "mayores cosas que éstas haréis, porque Yo voy al Padre" (Jn. 14:12). Con esto quiso significar que la entrada en el Hogar del Padre traería como resultado tal afluencia de poder espiritual, visión y realización creadora para el hombre, que sus hazañas deberían superar las Suyas. Debido a la tergiversación de Su enseñanza y a su remota relación con el hombre, aún no hemos hecho esas "cosas más grandes". Con seguridad algún día las haremos, aunque en ciertos aspectos ya fueron hechas. Permí­taseme exponer alguna de las cosas que Él hizo y que nosotros también podemos hacer con Su ayuda.

     

    1. Por primera vez en la historia de la humanidad el amor de Dios encarnó en un hombre, y Cristo inauguró la era del amor. Esta expresión del amor divino todavía se halla en su etapa preparatoria; en el mundo no existe verdadero amor y muy pocos comprenden el real significado de dicha palabra. Pero, hablando simbólicamente, cuando las Naciones Unidas hayan adquirido un verdadero y efectivo poder, entonces se habrá asegurado el bien­estar en el mundo. ¿Qué significa este bienestar sino amor en acción? ¿Qué es la colaboración internacional sino amor en escala mundial? Éstas son las cosas que el amor de Dios ha expresado en Cristo y para las cuales estamos trabajando a fin de traerlas a la existencia. Tratamos de hacerlo en vastas proporciones a pesar de la oposición (que sólo puede triunfar temporariamente), dado el poder del espíritu despertado en el hombre. Éstas son las cosas que la Jerarquía ayuda a realizar con Sus ya eficaces métodos y continuará haciéndolo.

     

     

    1. Cristo anunció que el reino de Dios se hallaba en la Tierra y también nos dijo que buscáramos primero ese reino y que aban­donáramos todas las cosas por ese reino. Que siempre ha estado con nosotros, constituido por aquellos que en el transcurso de las épocas persiguieron fines espirituales, se liberaron de las limitaciones del cuerpo físico y no son controlados por sus emociones ni obstacu­lizados por una mente negativa. Son ciudadanos de dicho reino aquellos que (desconocidos para la mayoría) viven hoy en cuerpos físicos, trabajan para el bienestar de la humanidad, aplican la técnica general del amor en vez de la emoción y constituyen ese gran grupo de "mentes iluminadas" que guían los destinos del mundo. El reino de Dios no es algo que descenderá a la Tierra cuando los hombres sean suficientemente buenos, sino que ya está en marcha y exige reconocimiento. Es un grupo organizado que está siendo reconocido por todos los que realmente buscan prime­ramente el reino de Dios y después descubren que tal reino se halla aquí. Muchos saben que Cristo y Sus discípulos están presen­tes físicamente en la Tierra, y que el reino que Ellos rigen y que tiene sus propias leyes y actividades, es muy conocido y siempre lo fue a través de los siglos.

     

     

    Cristo es el Sanador y Salvador del mundo. Trabaja porque es el alma encarnada de toda la Realidad. Actúa hoy, como lo hizo en Palestina hace dos mil años, por intermedio de grupos. Allí trabajó por medio de Sus tres discípulos amados, de los doce após­toles, de los setenta elegidos y de los quinientos interesados... Ahora trabaja por intermedio de los Maestros y Sus grupos, in­tensificando así grandemente Su esfuerzo. Puede trabajar, y Lo hará, por intermedio de todos los grupos, en la medida en que éstos se adapten al servicio planeado para difundir el amor, y lo­gren alinearse conscientemente con el gran poder de los grupos internos.

     

     

    Los estudiantes esotéricos, ocultistas, rosacruces y también los teósofos,

     

    siempre han proclamado la Presencia física de Cristo, tergiversando de tal manera la enseñanza, con aseveraciones dogmáticas sobre detalles sin importancia y enunciados ridículos, que oscurecieron la verdad subyacente y no presentaron un reino atrac­tivo. Ese reino existe, pero no es un lugar de disciplina ni de arpas doradas, habitado por fanáticos ignorantes, sino un campo para servir y un lugar donde todo hombre tiene un amplio campo en que ejercer su divinidad al servicio de la humanidad.

     

    1. Durante la Transfiguración, Cristo reveló la gloria ingénita en todos los hombres. A la triple naturaleza inferior –física, emo­cional y mental– se la describe postrada ante la gloria que Le fuera revelada. En ese preciso momento en que el Cristo inmanente tenía forma física y la humanidad estaba representada por tres apóstoles, surgió una voz desde el Hogar del Padre reconociendo la divinidad revelada y la Primogenitura del Cristo trasfigurado. Sobre esta divinidad innata y la reconocida Primogenitura, se fun­da la hermandad de los hombres –una vida, una gloria que será revelada y una relación divina. Hoy, en gran escala, aunque no se tenga en cuenta lo que implica la divinidad, la gloria del hombre y su relación fundamental son ya un hecho en la conciencia humana. Conjuntamente con esas características tan deplorables, que pare­ciera negar toda divinidad, tenemos las maravillosas realizaciones del hombre y su triunfo sobre la naturaleza. La gloria de los descubrimientos científicos y la magnífica evidencia del arte creador –tanto moderno como antiguo– no dejan lugar a dudas respecto a la divinidad del hombre. He aquí entonces las "cosas más gran­des" de las que Cristo hablara y he aquí también el triunfo del Cristo dentro del corazón humano.

     

    La razón por la cual el triunfo de la conciencia crística se menciona siempre en términos de religión, de asistencia a los tem­plos y de creencias ortodoxas, se debe a uno de los increíbles triun­fos de las fuerzas del mal. Considerarse un ciudadano del reino de Dios no significa ser necesariamente miembro de alguna de las iglesias ortodoxas. El divino Cristo en el corazón humano puede expresarse en los diferentes sectores de la vida humana: en la política, arte, economía, vida social, ciencia y religión. Convendría recordar que la única vez que Cristo, como adulto, visitó el templo de los judíos, provocó un disturbio. La humanidad está pasando de una gloria a otra, y en el extenso panorama histórico puede obser­varse ya en forma destacada. La gloria se revela hoy en todos los sectores de la actividad humana y la Transfiguración de quienes se hallan en la cumbre de la civilización humana está muy cerca.

     

     

    1. Finalmente, con el triunfo de la Crucifixión o gran Re­nunciación (como se la denomina con más exactitud en Oriente), Cristo introdujo por

    primera vez en la Tierra un tenue hilo de la Voluntad divina a medida que surgía del Hogar del Padre, Shamballa, que fue entregado a la comprensiva custodia del reino de Dios y, por intermedio del Cristo, presentado a la humanidad. Me­diante la colaboración de ciertos grandes Hijos de Dios, los tres aspectos divinos o características de la divina Trinidad –voluntad, amor e inteligencia– se han convertido en parte de los pensa­mientos y aspiraciones humanos. Los cristianos son propensos a olvidar que Cristo no pasó sobre la cruz la agonía de las últimas horas, sino en el Huerto de Getsemaní. Entonces –en agonía y casi sin esperanzas– Su voluntad fue absorbida por la del Padre, ex­clamando: "Padre no se haga mi voluntad, sino la Tuya" (Lc., 22:42).

     

    Algo nuevo, ideado desde las mismas profundidades del tiempo, ocurrió entonces en aquel tranquilo huerto: Cristo, representando al género humano, introdujo o estableció la Voluntad del Padre en la Tierra e hizo posible que la humanidad inteligente la cumpliera. Hasta entonces esa voluntad sólo había sido conocida en el Hogar del Padre, reconocida y adaptada a las necesidades del mundo por la Jerarquía espiritual, que trabaja dirigida por el Cristo, confi­gurándose así el Plan divino. Hoy, gracias a lo que Él hizo si­glos atrás en Su momento de crisis, la humanidad puede ayudar con sus esfuerzos a desarrollar ese Plan. La voluntad al bien del Hogar del Padre puede convertirse en buena voluntad en el reino de Dios y la humanidad inteligente trasformarla en rectas rela­ciones humanas. De esta manera la línea directa o hilo de la Voluntad de Dios se extiende hoy desde el lugar más elevado al más bajo, y a su debido tiempo puede convertirse en un cable por el cual podrán ascender los hijos de los hombres y descender el amoroso y viviente espíritu de Dios.

     

    Olvidando distancias, lejanías y antigüedades, comprendan que me refiero a acontecimientos exactos y reales de nuestro planeta. Me ocupo de reconocimientos, hechos y acontecimientos auténticos que son del dominio consciente de la mayoría. El Cristo histórico y el Cristo en el corazón humano son realidades planetarias.

     

    Hay un aspecto del retorno de Cristo que nunca se menciona ni refiere. Yo, un humilde discípulo de Cristo, quisiera hablar so­bre lo que significará para el Cristo reaparecer entre los hombres y desempeñar las actividades diarias y externas. ¿Qué sentirá cuando llegue el momento de aparecer?

     

     

    En El Nuevo Testamento se menciona una gran "iniciación denominada Ascensión, de la cual nada sabemos. Sólo unas pocas informaciones nos llegan por medio del Evangelio: lo acontecido en la cima de la montaña, los observadores y las palabras de Cris­to, asegurándoles que no los abandonaba. Luego una nube Lo ocultó a su vista. Ninguno de los presentes pudo ir más allá con Él. Sus conciencias no podían penetrar en el lugar adonde había decidido ir, porque incluso habían interpretado mal Sus palabras; la huma­nidad en un sentido vago y místico, siempre ha comprendido erró­neamente su desaparición, o la significación de Su perdurable pero invisible Presencia. A los observadores se les aseguró, por inter­medio de dos Conocedores de Dios, que se hallaban también presen­tes, que Él volvería en forma similar. Ascendió. Las nubes Lo reci­bieron. Las nubes que hoy cubren nuestro planeta esperan revelarlo.

     

    Ahora Él aguarda el momento de descender. El descenso a este desgraciado mundo de los hombres no le ofrece ningún cua­dro tentador. Desde ese tranquilo retiro en la montaña donde ha esperado, guiado y vigilado a la humanidad y entrenado a Sus dis­cípulos iniciados y al nuevo grupo de servidores del mundo, debe venir para ocupar Su lugar prominente en el escenario mundial y desempeñar Su parte en el gran drama que allí se está desarro­llando. Esta vez desempeñará Su parte, pero no en la oscuridad, como Lo hizo anteriormente, sino a los ojos de todo el mundo. Debido a lo reducido de nuestro pequeño planeta, al predominio de la radio y la televisión y a la rapidez de las comunicaciones, Su actuación será observada por todos; probablemente Le produzca cierta consternación la perspectiva de presentar algunas pruebas y exigir grandes reajustes, además de una experiencia penosa in­evitable. No vendrá como Dios Omnipotente creado por la igno­rancia del hombre, sino como el Cristo, el Fundador del Reino de Dios en la Tierra, para terminar el trabajo comenzado y demostrar nuevamente la divinidad en circunstancias mucho más difíciles.

     

     

    Sin embargo el Cristo sufre mucho más por Sus allegados que por los extraños. El aspirante avanzado obstaculiza más Su trabajo que el pensador inteligente. No fue la crueldad del mundo externo de los hombres lo que causó al Cristo Su profundo dolor, sino Sus propios discípulos, además del masivo sufrimiento de la humanidad –padecido durante su ciclo de vida, incluyendo el pasado, el pre­sente y el futuro.

     

     

    Vendrá a corregir los errores y las erróneas interpretaciones de quienes se atrevieron a interpretar Sus sencillas palabras de acuerdo a su propia ignorancia, y a reconocer a aquellos cuyo fiel servicio hizo posible Su retorno. También Él enfrenta una gran prueba, como preparación para recibir una gran iniciación, y cuan­do la haya pasado y cumpla con Su tarea, ocupará un lugar más excelso en el Hogar del Padre, o irá a prestar servicio en un lugar lejano, donde sólo podrán seguirlo los más sublimes seres; Su cargo actual será entonces desempeñado por Aquel a quien Él ha preparado y entrenado.

     

    Pero antes de que esto suceda tendrá que entrar nuevamente en la palestra, desempeñar Su parte en los acontecimientos mun­diales y demostrar el alcance de Su misión. Reunirá físicamente a Su alrededor a Sus asociados y consejeros elegidos; no serán los que reunió en los días primitivos, sino esos miembros de la familia humana que hoy Lo reconocen y se están preparando para trabajar con Él, hasta donde les es posible. Proyecta retornar a un mundo muy distinto, debido en gran parte al desarrollo intelectual de las masas, lo cual Le presenta enormes dificultades, porque para cum­plir inteligentemente la Voluntad de Dios en la Tierra debe llegar al intelecto de los hombres y no sólo a sus corazones, como en los días primitivos. Su trabajo principal consiste en establecer rectas relaciones humanas en todos los aspectos del vivir humano. Les pediría que empleen la imaginación divina y traten de pensar en la magnitud de la tarea que Le espera; reflexionen sobre las difi­cultades que inevitablemente enfrentará –especialmente sobre el erróneo y masivo énfasis intelectual.

     

    Se Le ha pedido, como Representante del Amor de Dios, que nuevamente actúe en la palestra mundial donde Su primer men­saje fue rechazado, olvidado o mal interpretado, durante dos mil años, y donde el odio y la separatividad han caracterizado a los hombres del mundo entero. Esto Lo sumergirá en una atmósfera extraña y Lo llevará a una situación donde necesitará y probará al máximo todos Sus recursos divinos. La idea generalmente acep­tada de que volverá como un guerrero triunfante, omnipotente e irresistible, no tiene base real. Sé que es definidamente una reali­dad de sólida base y que guiará a Su pueblo, la humanidad, a Jerusalén, pero no será a la ciudad judía llamada Jerusalén, sino al "lugar de paz", verdadero significado de dicha palabra. Una con­sideración cuidadosa de la situación mundial actual y el constante empleo de la imaginación, revelarán al pensador sincero cuán ate­rradora es la obra que Él ha emprendido. Pero "Él dirigió nueva­mente su rostro para ir a Jerusalén" (Lc. 9:51); nuevamente re­aparecerá y guiará al género humano hacia una civilización y un estado de conciencia donde las rectas relaciones humanas y la coope­ración mundial en bien de todos, constituirán la tónica universal. Por intermedio del nuevo grupo de servidores y de los hombres de buena voluntad, completará la fusión de su voluntad con la de Dios (los asuntos de Su Padre), en tal forma que la eterna volun­tad al bien de la humanidad será trasformada por la humanidad en buena voluntad y correctas relaciones. Entonces habrá cum­plido Su tarea; nuevamente podrá abandonarnos, pero no volverá, porque dejará el mundo de los hombres en manos de ese Gran Servidor espiritual que será el nuevo Guía de la Jerarquía, la Iglesia invisible.

     

    La pregunta que ahora se nos plantea es: ¿En qué forma po­dremos ser útiles? ¿Cómo podremos ayudar durante esta etapa preparatoria?

     

    Sobre esto muy poco tengo que decir; la idea de Su retorno es tan familiar, por su naturaleza expectante (pero no en sus detalles efectivos, como los he insinuado), que me resulta difícil decir algo práctico o que les llame la atención.

     

    Los miembros de la Jerarquía ciertamente realizan un gran trabajo y también los discípulos que están en contacto consciente con los Maestros de Sabiduría –o si se prefiere el término, con los discípulos avanzados del Cristo– que trabajan día y noche a fin de inspirar esa confianza, establecer correctas actitudes y ha­cer comprender el "empuje" o empresa espiritual divina, para allanarles el camino. Ellos y sus grupos de discípulos, aspirantes y estudiantes, Lo apoyan en forma unida y Le permiten realizar Su propósito. Su mayor realización consiste en provocar una crisis cíclica en la vida espiritual de nuestro planeta, anticipada en el Hogar del Padre (Shamballa) hace miles de años. Se ha regis­trado el hecho, por primera vez en la historia humana, de que los tres centros espirituales o grupos, por medio de los cuales actúa Dios, se enfocan en el mismo objetivo. Shamballa, la Jerar­quía espiritual y la Humanidad (el Hogar del Padre, el Reino de Dios y el Mundo de los Hombres) se hallan todos empeñados en un vasto movimiento para intensificar la Luz del Mundo. Esta Luz iluminará, en forma desconocida hasta ahora, no sólo el Hogar del Padre, fuente de nuestra luz planetaria, sino también el centro espiritual de donde emanaron los Instructores y los Salvadores mundiales que aparecieron ante los hombres, exclamando como Hermes, Buda y Cristo: "Yo soy la Luz del Mundo". Esta luz inundará el mundo, iluminará las mentes de los hombres y alum­brará los lugares oscuros de la vida humana.

     

     

    Cristo traerá luz y, por sobre todas las cosas, "vida más abun­dante", pero no sabemos lo que esto significa hasta que ello se produzca; no es posible comprender lo que esta revelación impli­cará, ni las nuevas perspectivas que se abrirán ante nosotros. Por Su intermedio la Luz y la Vida están en camino de ser interpre­tadas y aplicadas en términos de buena voluntad y de rectas rela­ciones humanas. Con este fin se está preparando la Jerarquía espiritual. Esta vez Cristo no vendrá solo, Lo hará con Sus cola­boradores. Su experiencia y la de Ellos será distinta de la anterior, pues todos los ojos Lo verán, todos los oídos Lo oirán y todas las mentes Lo juzgarán.

     

    Por lo tanto, digo: pueden ayudar libremente en el trabajo de reconstrucción que el Cristo se propone realizar, si se familiari­zan con los hechos que se exponen a continuación, haciéndolos co­nocer a todos aquellos con quienes entran en contacto:

     

  1. Que el retorno de Cristo es inminente.

  2. Que Cristo, inmanente en todo corazón humano, puede ser evocado cuando se reconozca su reaparición.

  3. Que las circunstancias de Su retorno están relatadas en forma simbólica en las Escrituras mundiales, lo cual pue­de producir un cambio vital en las ideas preconcebidas de la humanidad.

  4. Que la principal condición exigible es un mundo de paz; paz que debe estar fundada en la buena voluntad culti­vada, que conducirá inevitablemente a las correctas re­laciones humanas y, por lo tanto, al establecimiento (hablando en sentido figurado) de líneas de luz entre una nación y otra, una religión y otra, un grupo y otro y un hombre y otro hombre.

     

    Si logramos hacer que se reconozcan en todo el mundo estas cuatro ideas, contrarrestando las críticas inteligentes de que todo lo que se dice es demasiado antiguo, profético y visionario, mucho habremos realizado. Es muy posible que el viejo axioma: "La mente es el matador de lo real", pueda ser fundamentalmente cierto en lo que a las masas se refiere, y que el acercamiento puramente intelectual (que rechaza la visión y rehusa aceptar lo incomprobable) sea más falaz que el presentimiento de los Cono­cedores de Dios y de la multitud expectante.

    La Jerarquía espiritual está investida de inteligencia divi­na, formada en la actualidad por Aquellos que han unido en Sí el intelecto y la intuición, lo práctico y lo aparentemente impráctico, la realidad de la vida y la manera de ser del hombre que tiene visión. También existen personas en los lugares comunes de la vida diaria, a las cuales se las debe entrenar acerca de los recono­cimientos divinos, lo que constituye esencialmente la respuesta del plano físico a las nuevas expansiones de conciencia. El Cristo que retornará no será igual al Cristo que aparentemente partió. Tam­poco será un "varón de dolores"; ni una figura silenciosa y pen­sativa; hará declaraciones espirituales que no necesitarán inter­pretación ni serán tergiversadas, porque Él estará presente para explicar el verdadero significado.

    Durante dos mil años ha sido el Guía supremo de la Iglesia invisible, la Jerarquía espiritual, compuesta de discípulos de todos los credos. Reconoce y ama a quienes no son cristianos, pero man­tiene su lealtad a los Fundadores de sus respectivas religiones –Buda, Mahoma y otros–. No le interesa cuál es su credo, siem­pre que el objetivo sea el amor a Dios y a la humanidad. Si los hombres esperan al Cristo que dejó a Sus discípulos hace siglos, fracasarán en reconocer al Cristo que está a punto de retornar. El Cristo no tiene barreras religiosas en Su conciencia, ni Le da importancia a la religión que profesa el Hombre.

     

    El Hijo de Dios está en camino y no viene solo. Su avanzada ya se acerca, y el Plan que debe seguir es evidente y ya está traza­do. ¡Que el reconocimiento sea el objetivo! (13/488-505)

     

     

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