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La Tarea Inmediata, continuar con el trabajo de Buena Voluntad a cualquier precio y ante cualquier obstáculo.

Setiembre de 1938

 

La Jerarquía, profundamente preocupada por los aconteci­mientos mundiales, me ha encargado que les pida a ustedes con­tinuar con el trabajo de buena voluntad a cualquier precio y ante cualquier obstáculo. El núcleo formado debe mantenerse. El nuevo grupo de servidores del mundo debe conservar su integridad y trabajar sin desmayos. No todo está perdido. La firmeza de quienes conocen el Plan de Dios ayudará a la humanidad y a los esfuerzos de los Hermanos Mayores. Son aquellos que aman y no odian y trabajan para la unidad –tanto subjetiva como espiritual.

 

Esto es todo lo que puedo decir en este momento, porque la Jerarquía misma no sabe qué fuerzas prevalecerán. Sabe que el bien debe finalmente triunfar, pero no lo que deparará el futuro inmediato a la humanidad, porque los hombre determinan sus propios derroteros. La Ley de Causa y Efecto raras veces puede ser contrarrestada. Cuando fue neutralizada se hizo necesaria la intervención de Fuerzas mayores que las disponibles en este mo­mento en el planeta, las cuales pueden intervenir si los aspirantes mundiales hacen oír su voz. ¿Será esto posible? Las fuerzas de destrucción, militando contra las Fuerzas del bien (empleando una frase americana), "acorralaron" el acerbo monetario del mundo y dirigieron la corriente del prana –que automáticamen­te se cristaliza en dinero y en las riquezas financieras del mundo­ hacia fines totalmente materiales, separatistas y

 

personales. Por lo tanto, no está fácilmente disponible para la divulgación y cultivo de la buena voluntad, y esto se aplica igualmente al dinero que está en manos de los aspirantes y en las de aquellos cuya mentalidad es puramente egoísta. Son muchos los aspirantes que no aprendieron a dar con sacrificio. Si pueden obtener abundan­cia económica y desviarla hacia los fines de la Gran Logia Blanca de la cual el Cristo es el Maestro, será una de las cosas más cons­tructivas que pueden hacer en el presente para prestar ayuda.

 

En este momento de tensión y presión, hermanos míos, les recordaré a todos los aspirantes y discípulos que no deben alber­gar sentimientos de futilidad o de pequeñez. Los grupos simientes que funcionarán en la nueva era están ahora en una etapa de oscuridad y crecimiento y en proceso de expansión, trabajando silenciosamente. Sin embargo esta etapa es muy importante, pues si las simientes son sanas, la capacidad para echar fuertes raíces hacia abajo y penetrar lenta y firmemente hacia arriba en la luz, contribuirá adecuadamente a introducir la nueva era que está sobre nosotros. Les llamaré enfáticamente la atención sobre este hecho. La nueva era está sobre nosotros y presenciamos los dolores del parto de las nuevas cultura y civilización, y esto se está lle­vando a cabo. Lo viejo e indeseable debe desaparecer y, de estas cosas desagradables, el odio y el espíritu de separación deben ser los primeros.

 

Anteriormente dije que los accidentes que sufren los indivi­duos son por lo general resultado de una explosión de fuerza, y que estas explosiones son causadas por los odios, los pensamien­tos malévolos y las palabras de censura, de quienes están involu­crados en el accidente. La situación mundial actual no es causada por las ambiciones de determinada persona o raza, por el materialismo, la agresión o el orgullo de alguna nación. Tampoco es básicamente el resultado de las condiciones económicas erróneas existentes en el mundo en la actualidad; la causa reside en la difusión del odio en el mundo –odio, de pueblos, razas, individuos y de quienes están en el poder o ejercen influencia, y odian las ideas y creencias religiosas. Fundamentalmente se debe a las acti­tudes separatistas de todos los pueblos y razas que, a través de los siglos y también hoy, se han odiado recíprocamente y amado a sí mismos. Es causada por los pueblos de todos los países que trataron de culpar a otros por las condiciones del mundo, excepto a sí mismos, y buscaron diligentemente víctimas propiciatorias para poder sentirse inmunes personalmente por su participación mediante el pensamiento, la palabra y la acción erróneas.

 

Este hecho debería ser captado y enfrentado por todos los aspirantes y discípulos, incluyendo los miembros de los grupos simientes, los cuales no están inmunes a los fracasos prevalecien­tes y muchos trataron de culpar equitativamente a las condiciones mundiales y censurar a quienes están tratando, a su modo, de solucionar la situación. Un claro pensar, una clara valoración de las causas y una amorosa disposición hacia todos, deberían carac­terizar a los discípulos en este momento. Donde no existe tal actitud siempre está el peligro de ser absorbido en el vórtice del odio y la separatividad y de que el individuo se aleje (aunque momentáneamente) del vórtice del amor. Esto acarrea peligro y espejismo. Por el mismo hecho de que los discípulos son todos pronunciadamente individuales, se intensifican sus reacciones, buenas y malas.

 

 

Me parecería, casi increíble, si no conociera y amara tam­bién a la naturaleza humana, que hayan progresado poco algunos discípulos en el pensamiento amoroso. Ha llegado el momento,  ante las dificultades y la insuficiencia

 

aparente, de iniciar el tra­bajo grupal propuesto, si alguna vez se debe comenzar. Cada grupo ha sido organizado para cumplir una tarea específica. Este trabajo grupal conjunto no fue iniciado todavía, y tal tarea debe emprenderse.

 

El primer grupo puede influir a las personas prominentes, mediante la telepatía, hablándoles a sus mentes para que puedan ser impresionadas por la necesidad descrita por uno de los Gran­des Seres como "la salvación amorosa del mundo". Debe hacér­seles comprender que el bien del mundo debe determinar su polí­tica. El éxito que tuvo el grupo cuando ayudó a..., indicó que poseía una capacidad constructivamente útil.

 

El segundo grupo, si está dispuesto, puede trabajar en forma constructiva para terminar con el espejismo mundial. Puede ha­cerlo, porque varios miembros del grupo combatieron exitosamente el espejismo en sus vidas.

 

El tercer grupo debe comenzar la curación grupal bajo di­rección, una vez realizados ciertos ajustes internos.

 

El cuarto grupo debe tratar de ayudar a construir el anta­karana mundial, trabajando lógicamente en formación grupal. Puede hacerlo si como individuos se apartan de toda idea separatista y aprenden a trabajar con espíritu de amor y con una consciente descentralización de sus personalidades.

 

Hermanos míos, todo miembro del grupo tiene sus debilida­des. Hay tendencias y errores de la personalidad y equívocos que involucran principalmente los propios intereses del hombre y su propia vida interna, pero no van en detrimento del trabajo gru­pal, pues pueden ser trascendidos o convertidos en superficiales con muy poco esfuerzo. Impaciencia con los resultados logrados, sentimiento de satisfecha superioridad, ciertas fallas físicas y am­biciones personales de tipo superficial, son propios de algunos miembros en todos los grupos. Y en todo grupo existe hoy un miembro cuyas dificultades son de naturaleza más seria, pues constituyen un verdadero detrimento para la vida grupal, pro­porcionando, como lo hacen, la entrada a fuerzas que muy defini­damente detienen la corriente de la vida espiritual e impiden que el trabajo de naturaleza grupal avance hacia su cumplimiento. En estos casos ¿qué puedo hacer yo?

 

Ante todo, tener infinita paciencia y dar a cada uno tiempo suficiente para que cambie. Esto lo he hecho en algunos casos durante años y con ello he puesto a prueba, al máximo, la pacien­cia de los miembros del grupo que no estaban implicados en esa situación y debilidad particulares y que ansiaban iniciar el trabajo grupal. La lección de la paciencia no fue desaprovechada, y quisiera  recordar a los miembros del grupo que si ellos esperan tener alguna vez una posición jerárquica, deben lograr ese amor y esa paciencia que sabe esperar –sin pensar mal y fomentando únicamente el bien.

 

Aclaré que este año entraría en vigencia una drástica reorga­nización y que los grupos deberían combinarse de cierta forma antes de llevar a cabo el trabajo grupal unido. Me parece que es inevitable ahora esta reorganización, pero no es definitiva. No afecta a la relación perdurable e inmutable establecida y persis­tirá eternamente entre ustedes. Básicamente, nada puede se­pararlos.

 

La finalidad del trabajo de estos grupos simientes consiste en familiarizar a la gente con el Plan jerárquico, tal como se está cumpliendo en este momento de crisis. Estas tres últimas palabras contienen el tema de mayor importancia para ustedes. ¿Lo es? En parte este trabajo consiste en disipar la ilusión y, principalmente, en plasmar el Plan en la conciencia de las personas destacadas del mundo. A nosotros nos parece que las personas mundanas comprendieron mejor esta crisis que los aspirantes mundiales, poseedores de una leve visión de los objetivos. Los que no están orientados hacia la Jerarquía espiritual y el Sendero, se dedican casi totalmente a las actividades de carácter mundial (sean buenas o lo que ustedes llaman malas) y no sucede lo mismo con los aspirantes del mundo. En vez de trabajar activamente para lograr el cumplimiento de los fines indicados por el Plan (que son de naturaleza espiritual y unificadora en su efecto y no engendran el odio ni la separatividad, sino la comprensión y la fusión mundiales), dedican su tiempo a hacer conjeturas, a cri­ticar a los distintos líderes mundiales y anticipar terribles pro­nósticos –en último análisis, ninguno tiene la menor utilidad y es definidamente perjudicial. Este perjuicio se debe a una forma mental poderosamente dirigida, constituida por hombres y mu­jeres que alcanzaron cierta aptitud en el progreso espiritual.

 

La responsabilidad que acarrean los pensamientos es poco comprendida aún por quienes se cuentan entre los aspirantes mun­diales; sin embargo, sus actividades para crear ideas es definidamente constructiva o potencialmente destructiva. Vacilo en des­arrollar más este tema, debido a las probables reacciones de la personalidad que pueden generar quienes lean estas palabras. Por lo tanto, hablo aquí del mundo en general, y no específicamente de los aspirantes mundiales y los trabajadores consagrados. (13/56-59)

 

 

 

 

 

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