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EMPLEO DE FORMULAS O FORMAS EN LA MEDITACION

1. Fórmulas para elevar la conciencia.

2. Fórmulas empleadas por el místico y el ocultista.

3. Fórmulas específicas.

4. Empleo colectivo de las Fórmulas.

 

 

6 de agosto de 1920.

 

No puedo acceder plenamente al lógico deseo de ustedes de darles en esta sexta carta ciertas fórmulas específicas, para alcanzar determinados resultados. No intento delinear fórmula alguna para que la sigan estrictamente. Los peligros, como ya he explicado, son demasiado grandes, si no se cuenta con la supervisión de un Instructor que vigile las reacciones. Tales fórmulas podrán ser impartidas más adelante. El trabajo ya está debidamente planeado para la próxima generación de estudiantes y esta serie de cartas tiene su lugar dentro del mismo. Hoy me propongo impartir cosas diferentes, las cuales tratar‚ y dilucidar‚ por separado. Si se asimilan y aplican correctamente, traerán mucha luz. En el método ocultista, la enseñanza se da paso a paso; cada punto es presentado al estudiante lenta y gradualmente y sólo cuando se dan los pasos y se capta cada punto, se aclara el siguiente. El instructor hace una insinuación, da un indicio y descubre un punto importante. El estudiante sigue la descripción de ese punto, y al hacerlo afluye mayor luz; aparece otra etapa y se hacen otras insinuaciones. El estudiante es entrenado por el ocultista mediante la acción y la reacción combinadas. 

 

Al estudiar el tema sobre el "empleo de las formas o fórmulas en la meditación", la información que impartiré será clasificada en cuatro subtítulos:

 

1. Fórmulas para elevar la conciencia.

         2. Fórmulas empleadas por el místico y el ocultista.

3. Fórmulas específicas para fines específicos.

  1. Empleo colectivo de las Fórmulas.

     

     

     

    Observarán que cuando expongo estos temas, trato de darles una exacta comprensión del valor de las fórmulas de meditación y no un método definido. Procuro demostrar que es esencial proceder de acuerdo a. la ley cuando se utiliza este medio tan importante para lograr la unión con lo divino y la unificación de lo superior con lo inferior, finalidad de toda evolución. Quisiera dejar en las mentes de quienes lean estas palabras, una exacta comprensión de la relación existente entre espíritu y materia, base de todo trabajo de esta naturaleza.

     

    El método empleado por el Logos, en este segundo sistema solar, es precisamente el empleo de formas construidas para los propósitos de la manifestación, como medio de expresión y como vehículo mediante el cual la vida interna pueda crecer, expandirse, experimentar y encontrarse a sí misma. Este es el caso, ya se trate de un sistema solar, de un ser humano en su complejidad, o de una forma construida por el ser humano, en su esfuerzo por comprender y conocer -forma construida con el propósito de proveer un vehículo por el cual la conciencia pueda, en etapas determinadas, elevarse paso a paso hasta el punto visualizado. Esto nos lleva a nuestro primer punto:

     

    1. Fórmulas para elevar la conciencia.

     

    De acuerdo a esta clasificación tenemos que considerar tres cosas:

     

    a. La conciencia misma.

    b. La meta hacia la cual ella trata de elevarse.

               c. Los pasos mediante los cuales lo logra.

     

    Cada unidad de la raza humana es parte de la conciencia divina y de aquello de lo cual es consciente o que est  fuera de sí mismo -algo que sabe que es diferente del vehículo que la encierra o de las formas que la circundan.

     

    En la actual etapa particular de evolución, el hombre común es simplemente consciente de la diferenciación, o de que está separado de los demás miembros de la familia humana, constituyendo una unidad entre otras unidades. Reconoce esto y también el derecho de las demás unidades separadas a considerarse como tales. A este reconocimiento agrega otro, de que en alguna parte del universo existe una Conciencia suprema, a la cual teóricamente llama Dios o Naturaleza. Entre este punto de vista puramente egoísta (empleo la palabra "egoísta" en sentido científico y no como adjetivo despectivo) y la ambigua teoría de Dios inmanente, se hallan numerosas etapas, en cada una de las cuales se produce una expansión de conciencia o ampliación del punto de vista, que gradualmente llevan a la unidad autorreconocida, desde el autorreconocimiento al reconocimiento de los Yoes Superiores, a la capacitación de sí mismo para reconocerse también como un Yo superior, y con el tiempo alcanzar el reconocimiento oculto de su propio Yo superior. Llega así a reconocer a su propio Yo superior o Ego, su verdadero Yo, y desde esa etapa pasa a la de la conciencia grupal. Aquí primeramente conoce a su grupo egoico y luego a los demás grupos egoicos.

     

    A esta etapa sigue el reconocimiento del principio universal de la Fraternidad; esto no implica un mero reconocimiento teórico, sino una fusión de la propia conciencia en la total conciencia humana; esto es realmente el desenvolvimiento de la conciencia, que permite al hombre darse cuenta, no sólo de su afiliación grupal egoica, sino también de su lugar en la Jerarquía humana, en su propio plano. En realidad se conoce a sí mismo como que forma parte de uno de los Grandes Hombres celestiales. Este conocimiento posteriormente se expande en un punto de vista inconcebiblemente vasto, el lugar que ocupa dentro del Gran Hombre celestial, representado por el Logos Mismo.

     

    Hasta aquí debemos llegar para los fines que buscamos, pues esta serie de cartas no intenta desarrollar la conciencia cósmica.

     

    Por lo tanto, será evidente que se ha de pasar sistemáticamente por esas etapas, y cada uno ha de dominarlas paso a paso. Ante todo, es necesario saber que, donde finalmente tendrá lugar la expansión y se expresará la comprensión, debe ser en la conciencia vigílica pensante. El Ego, en su propio plano, puede ser consciente de la unidad de su conciencia con las demás conciencias y comprender que su grupo es uno consigo mismo; pero hasta que el hombre (en la conciencia del plano físico) no se haya elevado al mismo plano y sea consciente de su conciencia grupal -considerándose como el Yo superior dentro del grupo egoico y no como unidad separada- su utilidad será nula, igual a una teoría aceptada que no ha sido puesta en práctica.

     

    El hombre ha de experimentar esas etapas en su conciencia física y ha de saber por experiencia, no meramente en teoría, lo que digo, para que se lo considere preparado para pasar a las etapas siguientes. Toda la cuestión se reduce a ampliar la mente, basta que ésta domina a la inferior, y a desarrollar la facultad de concebir en forma abstracta, que con el tiempo da por resultado la manifestación en el plano físico. Esto significa convertir las teorías e ideales superiores en realidades demostrables, y constituye esa fusión de lo superior y lo inferior, y la preparación de lo inferior hasta proporcionar una expresión adecuada para lo superior. Es aquí donde la práctica de la meditación desempeña su parte. La meditación, verdaderamente científica, proporciona formas graduadas, mediante las cuales la conciencia se eleva y la

     

    mente se expande hasta que abarca a:

     

    1. La familia y los amigos.

    2. Los asociados que lo rodean.

    3. Los grupos a que está afiliado.

    4. Su grupo egoico.

    5. Otros grupos egoicos.

             6. El Hombre celestial, del cual los grupos egoicos forman un centro.

    7. El Gran Hombre celestial.

     

    Para efectuarlo se darán más adelante ciertas fórmulas que (obrando de acuerdo al rayo del individuo) enseñarán a realizarlo mediante etapas graduadas. Observarán que me he ocupado de la conciencia y de la meta a que ella aspira, habiendo tratado los dos primeros puntos. Esto me lleva al último punto subsidiario, los pasos por los cuales se obtiene la realización.

     

    Todo individuo que emprende el desenvolvimiento esotérico y aspira a lo superior, ha pasado por la etapa del hombre común, el cual se considera aislado y trabaja por lo que le parece que es bueno para él. El aspirante va detrás de algo diferente; trata de fusionarse con su Yo superior y con todo cuanto esta expresión implica. Las etapas más avanzadas con todas sus complejidades, son secretos de la iniciación, con los cuales nada tenemos que hacer.

     

    La aspiración por llegar al Ego y lograr esa conciencia superior, con el consiguiente desarrollo de la conciencia grupal, concierne directamente a quienes lean estas cartas. Es el próximo paso para los que se hallan en el sendero de probación. No se alcanza dedicando simplemente treinta minutos cada día a ciertas fórmulas de meditación establecidas. Indica el intento, hora tras hora, todos los días y cada día, de mantener la conciencia lo más cerca posible del elevado tono alcanzado en la meditación matutina. Presupone la determinación de considerarse a sí mismo, en todo momento, como el Ego y no como la Personalidad diferenciada. Más adelante, cuando el Ego asuma mayor control, implicará la capacidad de verse uno mismo como parte de un grupo, sin tener intereses ni deseos, objetivos ni anhelos, aparte del bien del grupo. Demanda una vigilancia constante cada hora del día, para evitar descender nuevamente a la vibración inferior. Significa una lucha constante contra el yo inferior que nos arrastra hacia abajo; es una incesante lucha para mantener la vibración superior. Y el objetivo -trato de inculcarles este punto- es desarrollar el hábito de la meditación durante todo el día y vivir en la conciencia superior, basta que se haga tan estable, que el deseo de la mente inferior y los elementales físicos se atrofien y desnutran por falta de sustento; hasta que la triple naturaleza inferior llegue a ser simplemente el medio por el cual el Ego se pone en contacto con el mundo, a fin de ayudar a la raza.

     

    Al obrar así, el aspirante realiza algo de lo cual el estudiante común rara vez se da cuenta. Construye una forma, una forma mental precisa, que con el tiempo le proporcionará un vehículo, mediante el cual saldrá de su conciencia inferior y entrará en la superior, una especie de mayavirupa que le sirva de canal intermediario. Estas formas son por lo regular, aunque no invariablemente, de dos tipos:

    El estudiante construye diariamente, con cuidado, amor y atención, una forma de su Maestro, que encarna para él la ideal conciencia superior. Traza el delineamiento de esta forma durante la meditación y construye la trama en su vida y pensamientos diarios. Dota a esa forma de todas las virtudes, la ilumina con todos los colores y la vivifica, ante todo, por el amor del hombre a su Maestro; más adelante (una vez que ha llegado a ser adecuada para el propósito) es vitalizada por el Maestro mismo. En cierta etapa de desenvolvimiento esta forma proporcionará el campo para la experiencia oculta de entrar en la conciencia superior. El aspirante se reconoce como parte de la conciencia del Maestro, y en virtud de esta omniabarcante conciencia, penetra conscientemente en el grupo egoico a que pertenece el alma. Dicha forma provee el medio para tal experiencia, hasta que se puede prescindir de ella y el aspirante, a voluntad, se transfiere a su grupo, y más tarde mora allí permanentemente. Éste es el método empleado más extensamente, constituyendo el sendero de amor y devoción.

     

    En el segundo método el estudiante se imagina a sí mismo como el hombre ideal. Se visualiza como el exponente de todas las virtudes, y procura en su vida diaria hacer de sí mismo lo que él visualiza. Este método lo emplean los de tipo mental, los intelectuales, aquellos cuyo rayo no está matizado por el amor, la devoción o la armonía. Esto no es muy común al principio. La forma mental así construida sirve de mayavirupa como la anterior, y el hombre pasa de esas formas a la conciencia superior. Como verán, por lo tanto, para construir tales formas hay que dar ciertos pasos, y cada individuo construirá la forma algo diferente.

    Los primeros empezarán con la del ser amado, y desde él ascenderán hasta el Maestro a través de otros individuos.

    Los segundos comenzarán meditando sobre la virtud más deseada, agregarán una virtud tras otra durante la construcción de la forma del yo ideal, hasta practicar todas las virtudes, y súbitamente se pondrán en contacto con el Ego.

     

             Mañana estudiaremos el tema desde otro punto de vista, donde se verá la diferencia que existe entre el ocultista y el místico.

    8 de agosto de 1920

     

    2. Fórmulas empleadas por el místico y el ocultista.

     

    El tema de esta carta les ha de interesar, pues nos ocuparemos de las fórmulas de meditación que emplean los místicos y los ocultistas.

     

    Será útil que en primer lugar establezcamos cuidadosamente la diferencia entre ambos tipos. Comenzaré exponiendo una verdad. El místico no es necesariamente un ocultista, pero el ocultista abarca al místico. El misticismo es sólo un paso en el sendero del ocultismo. En este sistema solar, sistema del amor en actividad, el sendero de menor resistencia para la mayoría es el del místico, el sendero de amor y devoción. En el próximo sistema solar, el sendero de menor resistencia será el que hoy conocemos como sendero ocultista. Entonces ya habrá sido recorrido el sendero del místico. ¿Qué diferencia existe entre ambos tipos?

     

    El místico tiene que ver con la vida evolutiva; el ocultista se ocupa de la forma.

    El místico se ocupa del Dios interno; el ocultista del Dios en la manifestación externa.

    El místico actúa del centro a la periferia; el ocultista invierte el proceso.

     

    El místico se eleva, por medio de la aspiración y la devoción más intensa, hasta el Dios interno o el Maestro, a quien reconoce; el ocultista avanza mediante el conocimiento de la ley en acción, y esgrime la ley que liga la materia y le da forma de acuerdo a las necesidades de la vida que en ella mora. De esta manera, el ocultista llega a las Inteligencias que trabajan con la ley, hasta que alcanza a la fundamental Inteligencia Misma.

     

    El místico trabaja por medio de los Rayos de Amor, Armonía y Devoción o por el sendero de segundo, cuarto y sexto rayos. El ocultista trabaja por medio de los Rayos de Poder, Actividad y Ley Ceremonial o primero, tercero y séptimo rayos. Ambos se unen y fusionan mediante el desarrollo de la mente, quinto Rayo de Conocimiento Concreto (fragmento de la Inteligencia cósmica), y en este rayo el místico se convierte en ocultista y entonces trabaja con todos los rayos.

     

    Al descubrir dentro de sí mismo el reino de Dios y estudiar las leyes de su propio ser, el místico se hace experto en las leyes que rigen al universo, del cual es parte. El ocultista reconoce el reino de Dios en la naturaleza o en el sistema y se considera a sí mismo como ínfima parte del gran Todo y regido por las mismas leyes.

               El místico, por regla general, trabaja en el sector del Instructor del Mundo, el Cristo, y el ocultista actúa más frecuentemente bajo el Manu o Regente; pero cuando ambos han pasado por los cuatro rayos menores en el sector del Señor de la Civilización, se completa su desenvolvimiento, el místico se convierte en ocultista y este incluye las características del místico. Expresándome más sencillamente, a fin de que todos me entiendan, diré: después de la iniciación el místico se fusiona con el ocultista, porque se ha convertido en estudiante de la ley oculta; debe trabajar con la materia en su manipulación y empleo; debe dominar y controlar todas las formas inferiores de la manifestación y aprender las reglas de acuerdo a las cuales trabajan los devas constructores. El sendero místico previamente a la iniciación, puede ser denominado sendero de probación. Antes de que el ocultista pueda manejar inteligentemente la materia del sistema solar debe haber dominado las leyes que rigen el microcosmos y. aunque se halla naturalmente en el sendero ocultista, deberá aún descubrir el Dios dentro de su propio ser, antes de poder aventurarse, sin peligro, a entrar en el sendero de la ley oculta.

     

    El místico trata de trabajar desde el plano emocional al intuicional, y de éste a la Mónada o Espíritu. El ocultista trabaja de lo físico a lo mental, de allí a Atma o Espíritu. Uno trabaja en la línea del Amor, el otro en la línea de la Voluntad. El místico no logra la finalidad de su ser -el amor demostrado en acción- a no ser que coordine el todo mediante el empleo de la voluntad inteligente; en consecuencia, se ha de convertir en ocultista.

     

    El ocultista también fracasa y se convierte en un exponente egoísta del poder, actuando por medio de la inteligencia, a no ser que encuentre, mediante un amor impulsor, un propósito para esa voluntad y conocimiento que le proporcione un móvil adecuado para todo lo que trata de realizar.

     

    He tratado de darles una idea clara de la diferencia que existe entre estos dos grupos, porque es de gran importancia cuando se estudia el tema de la meditación. Las fórmulas empleadas por ambos en cada caso son totalmente distintas y muy interesantes cuando se las ve clarividentemente.

     

    La fórmula mística.

     

    La expresión "fórmula mística" es casi una paradoja, porque el místico, librado a sí mismo, elimina completamente las fórmulas. Se concentra en el Dios interno, deteniéndose en este centro de conciencia; trata de vincularlo con otros centros, tales como el Maestro o algún santo y hasta con el Mismo Logos supremo, y de ascender     por la línea de vida, sin prestar atención a las envolturas circundantes. Actúa en el sendero de fuego, la frase “nuestro Dios

     

    es un fuego consumidor" constituye para él la afirmación literal de un hecho y una verdad captada. Asciende de un fuego a otro, y por realizaciones graduales del Fuego Interno llega al fuego del universo. Se puede decir que lo único que el místico emplea es una escala de fuego o una cruz de fuego, por medio de la cual eleva su conciencia al punto deseado. Se concentra sobre abstracciones y atributos más que sobre aspectos, y en la vida más que en lo concreto. El místico aspira, arde, armoniza, ama y trabaja por medio de la devoción. Medita tratando de eliminar la mente concreta en su totalidad y aspira a pasar del plano de la emoción al de la intuición. Adolece de los defectos de su tipo -soñador, visionario, falto de sentido práctico, emotivo, y carece de la cualidad mental llamada discernimiento. Es intuitivo, propenso a ser mártir y a autosacrificarse. Antes de poder alcanzar y pasar la iniciación debe realizar tres cosas:

     

    Primero, a través de la meditación, someter su naturaleza a una disciplina, aprender a construir formas y a conocer su valor.

    Segundo, llegar a conocer el valor de lo concreto y aprender bien el lugar que, en el esquema de las cosas, ocupan las diversas envolturas, mediante las cuales la vida que él tanto ama ha de manifestarse. Tiene que trabajar en la construcción de su cuerpo mental y convertirlo en un depósito de hechos, antes de que pueda seguir adelante.

    Tercero, aprender, por medio del inteligente estudio del microcosmos -su pequeño sistema espíritu-materia-, el doble valor del macrocosmos.

     

    En vez de conocer únicamente el Juego que consume ha de comprender y trabajar por medio del fuego que construye, fusiona y desarrolla la forma. Por medio de la meditación ha de aprender el triple empleo del Fuego. Esta última frase es de gran importancia y hago hincapié sobre ella.

     

    10 de agosto de 1920.

     

    La fórmula ocultista.

     

    Hemos estudiado, hace dos días, el método por el cual el místico alcanza la unión y también delineado muy brevemente el camino por el cual intenta alcanzar la nieta. Hoy trazaré sucintamente la ruta que sigue el ocultista y su tipo de meditación en contraposición con la del místico, y después señalaré cómo ambos deben mezclarse y sus elementos individuales fusionarse en uno solo.

     

    La fórmula constituye para el ocultista la línea de menor resistencia, e incidentalmente podría intercalar aquí un pensamiento. Admitido el hecho, podemos esperar hoy, por lo tanto, con toda certeza, un rápido desenvolvimiento del conocimiento oculto y la aparición de algunos ocultistas verdaderos. El advenimiento del séptimo rayo o Rayo de la Fórmula o Ritual, facilitará poderosamente el descubrimiento del sendero oculto y la asimilación del conocimiento oculto. El ocultista se ocupa en primer lugar de la forma por medio de la cual la Deidad se manifiesta, más que de la Deidad misma; en esto reside la diferencia fundamental que a primera vista se evidencia entre los dos tipos. El místico elimina o trata de trascender la mente en el proceso de encontrar al Yo. El ocultista, mediante el interés inteligente puesto en las formas, que velan al Yo, y el empleo del principio mente, en sus dos niveles, llega al mismo punto. Reconoce las envolturas que velan. Se dedica al estudio de las leyes que rigen el sistema solar manifestado. Se concentra en lo objetivo pero, en los primeros años, puede a veces pasar por alto el valor de lo subjetivo. Llega eventualmente a la vida central eliminando, mediante el conocimiento y el control consciente, una envoltura tras otra. Medita sobre la forma hasta que la pierde de vista y su creador llega a ser todo en el todo.

    Igual que el místico, debe realizar tres cosas:

     

    1. Aprender la ley y aplicarla a sí mismo. Su método es la rígida autodisciplina, lo cual es necesario, porque los peligros que amenazan al ocultista no son los del místico. Vanidad, egoísmo y manipulación de la ley, por curiosidad o deseo de poder, han de ser consumidos por el fuego antes de que se le puedan confiar, sin peligro, los secretos del Sendero.

    2. En la meditación, por medio de la forma construida, debe concentrarse en la vida que en ella mora. Tiene que buscar el ardiente fuego interno que irradia en todas las formas que cobijan la vida divina.

    3. Mediante el estudio científico del macrocosmos, "el reino de Dios externo", debe llegar al punto en que localiza ese mismo reino dentro de sí mismo.

     

    He aquí, por lo tanto, el punto de fusión del místico y del ocultista. Sus senderos se convierten en uno. Anteriormente me referí en esta carta, a lo interesante que es para el clarividente observar las diferentes formas construidas en la meditación por el místico y el ocultista. Mencionaré algunas diferencias, pero hasta que no posean dicha visión, lo que diga al respecto serán meras palabras.

     

    Formas místicas y ocultistas, vistas clarividentemente.

     

    Cuando el místico medita construye ante sí y a su alrededor contornos nebulosos, ambiguos y brumosos; de tal manera que él mismo constituye el centro de la forma. En muchos casos, según la inclinación de su mente, el núcleo de la forma será algún símbolo favorito, tal como una cruz, un altar y hasta la idea por él imaginada, de uno de los Grandes Seres. Esta forma aparece envuelta en nubes de devoción, vibrando en aleadas de color que denotarán aspiración, amor y anhelo ardiente. Tales colores son de pureza y trasparencia singulares y se remontan a grandes alturas. Según la aspiración y el amor del individuo así será la densidad y la belleza de las nubes ascendentes, y de acuerdo a la estabilidad de su temperamento será la precisión del símbolo o cuadro interno, alrededor del cual circulan las nubes de colores.

     

    Las formas construidas por el hombre de tendencia ocultista y que está controlado por la mente, serán de tipo geométrico. El delineamiento también será nítido, pero propenso a la rigidez. La forma será construida con mayor detenimiento y, durante la meditación, el hombre procederá con mayor cuidado y exactitud. Se envanecerá (si puedo emplear esta palabra) de la manipulación del material que entra en la construcción de la forma. La materia del plano mental será la más visible, aunque en el conjunto puede haber ciertas nubes de materia emocional, lo cual tendrá importancia secundaria. Los colores empleados tendrán todos la misma trasparencia, pero serán distribuidos con una intención específica, y la forma se destacará nítidamente y no se desvanecerá durante el impulso ascendente de los colores emocionales, como ocurre con la forma mística. Más adelante, cuando el hombre en cualquiera de los casos haya llegado a la etapa de un desenvolvimiento más completo y sea tanto místico como ocultista, las formas construidas combinarán ambas cualidades y alcanzarán una rara belleza.

     

    Esto basta por hoy, pero antes de terminar deseo delinear las ideas que expondré más adelante. Trataremos el empleo de formas o fórmulas para alcanzar fines específicos, aunque no es mi intención darlas o delinearías; sólo deseo agruparlas, a fin de que más adelante, cuando el Instructor camine entre los hombres, encuentre entre los estudiantes una rápida comprensión.

     

    1. Fórmulas para actuar en los tres cuerpos.

    2. Fórmulas relacionadas con ciertos rayos.

    3. Fórmulas para curación.

    4. Mántram.

    5. Fórmulas empleadas en uno de estos tres sectores:

    a. El del Manu.

    b. El del Instructor del Mundo o Cristo.

    c. El del Señor de la Civilización.

    6. Fórmulas para invocar a los elementales.

    7. Fórmulas para hacer contacto con los devas.

    8. Fórmulas especiales conectadas con el fuego.

    11 de agosto de 1920.

     

    ... Los períodos de debilidad física no tienen otro valor que demostrar la necesidad absoluta de que el discípulo construya un cuerpo fuerte antes de poder obtener algo, y la importancia de obtener buena salud antes de que pueda avanzar en el Sendero. No puede permitirse a quienes enseñamos, hacer ciertas cosas ni dar información sobre ciertas líneas, a no ser que los vehículos físicos estén en buenas condiciones, que no exista el entorpecimiento de la mala salud y la enfermedad, y se haya eliminado de la vida personal el karma de dificultades accidentales. El karma nacional y grupal a veces envuelve al estudiante y trastorna los planes, pero esto es inevitable y raras veces se puede contrarrestar.

     

    Fórmulas especificas para fines específicos.

     

    Hasta ahora me he ocupado de los aspectos personales de la meditación y he considerado los dos tipos, prácticamente universales y fundamentales, habiendo estudiado brevemente, a) la meditación según es practicada por el místico, y b) la meditación según es practicada por el ocultista.

     

    En gran parte he generalizado y no he intentado entrar en detalles, no siendo propio ni deseable en esta etapa. No obstante, llegado a cierto punto de la meditación, cuando el estudiante ha hecho determinado progreso, pasado por determinadas etapas, alcanzados ciertos objetivos (lo cual se puede determinar por el examen de su cuerpo causal) y establecido los cimientos del recto vivir, que ni las tormentas ni los ataques podrán derribar o destruir fácilmente, el Instructor, puede impartir al estudiante fervoroso ciertas instrucciones mediante las cuales podrá construir con materia mental, y de acuerdo a reglas definidas, formas que lo llevarán a determinadas acciones y reacciones. Las fórmulas serán impartidas gradualmente, y a veces el estudiante (esto sucede especialmente al principio) no será consciente de los resultados alcanzados. Obedecerá las órdenes, repetirá las palabras impartidas o desarrollará las fórmulas delineadas; pero los resultados alcanzados realizarán su trabajo, aunque el estudiante sea inconsciente de ello más tarde -especialmente después de la iniciación, a medida que las facultades sutiles entran en actividad y los centros giran en orden cuatridimensional- puede llegar a ser consciente de los efectos de su meditación en los planos emocional y mental.

     

    Los resultados nunca nos conciernen. El estudiante debe avenirse a lo siguiente: obedecer estrictamente la ley, adherirse constantemente a las reglas establecidas y procurar obtener habilidad en la acción, Así los efectos serán seguros y no producirán karma

     

    Trataremos cada una de las fórmulas por riguroso orden, pero antes quiero hacer una advertencia. No intentaré delinearías ni dar instrucciones específicas sobre la manera de obtener los resultados indicados. Esto se hará más tarde, aunque no se puede decir cuando. En gran parte depende del trabajo realizado durante los próximos siete años, o del karma del grupo, como también del progreso alcanzado, no sólo por la jerarquía humana sino también por la evolución dévica o angélica. El secreto se halla oculto en el séptimo Rayo de Ceremonial; el momento para dar el paso siguiente lo indicará el séptimo Logos planetario, actuando conjuntamente con los tres Grandes Señores, especialmente con el del tercer sector.

     

    Fórmulas para actuar en los tres cuerpos.

     

    Estas son algunas fórmulas que se revelarán primero. En las diversas meditaciones, recomendadas por los sabios Guías de la raza, hay ciertos delineamientos fundamentales menores, destinados para el trabajo sobre la mente inferior. Tales fórmulas estarán basadas en la necesidad especial de cualquiera de los cuerpos y destinada a construir, mediante la manipulación de la materia, lo que se necesita para llenar el vacío, y así eliminar la deficiencia. Esta manipulación se hará, primero, sobre la materia etérica del cuerpo físico, por medio de ejercicios de respiración (inhalación y exhalación) y de ciertas corrientes rítmicas, establecidas en el plano mental e impelidas desde allí hacia los éteres inferiores. De esta manera se fortalecerá, purificará, limpiará y reajustará el cuerpo etérico. Muchas de las enfermedades del cuerpo físico denso tienen su origen en el etérico, que será objeto de atención en un futuro inmediato.

     

    El cuerpo emocional será similarmente tratado por medio de fórmulas especiales. Una vez que el estudiante haya cultivado, decididamente, la cualidad de discriminar y la haya convertido en un factor en su vida, se le impartirán gradualmente dichas fórmulas. Pero cuando sepa discernir, en cierta medida, entre lo real y lo irreal, y cuando su sentido de proporción esté inteligentemente ajustado, el plano emocional ha de ser para él el campo de batalla, no el campo de experimentación. Permítaseme ilustrar sobre el tipo de trabajo que realizarán las fórmulas que actúan sobre la materia emocional. El estudiante que huella el Sendero, tiene como meta construir un cuerpo emocional compuesta de materia de los subplanos superiores, trasparente y sensible. transmisor exacto, caracterizado por vibraciones estables, por un constante movimiento rítmico y no susceptible a las tormentas violentas ni a los efectos constantes de emociones incontroladas. Cuando el idealismo es elevado, cuando el porcentaje de materia de los dos subplanos superiores se

     

    acerca un poco al guarismo deseado y cuando el estudiante reconoce prácticamente y en todo momento que él no es ninguno de sus vehículos, sino el verdadero Morador divino en ellos, se le comunicarán ciertas enseñanzas que, aplicadas cuidadosamente, realizarán dos cosas:

     

    Actuarán directamente sobre el cuerpo emocional, expulsando la materia extraña o inferior y estabilizando su vibración.

    Construirán un cuerpo o forma de materia emocional que el hombre podrá utilizar para realizar cierto trabajo y que empleará como agente para obtener determinados resultados, lo cual será parte del trabajo purificador y constructivo del cuerpo emocional. Esto es todo cuanto se puede decir, pero bastará para indicar el tipo de forma que se trata de obtener.

     

    Fórmulas de los Rayos.

     

    Éste es un tema muy vasto y profundamente interesante, y sólo puede ser tratado en términos generales. Ciertas fórmulas erigidas sobre la base del aspecto numérico de los diversos rayos, son propiedad exclusiva de los mismos y encierran su significación geométrica, demostrando el lugar que ocupan en el sistema. Debido a que algunas de esas fórmulas pertenecen a los rayos concretos o constructores, constituyen líneas de menor resistencia para el ocultista, mientras que las fórmulas que pertenecen a los rayos abstractos o de atributo, son más fácilmente seguidas por el místico.

     

    Estas fórmulas están destinadas a lograr tres objetivos:

     

    a. Poner al estudiante en contacto directo con su propio rayo, ya sea el egoico o el de la personalidad.

    b. Vincular al estudiante con su grupo en los planos internos, ya sea el grupo de servidores, el de auxiliares invisibles, o más adelante con su grupo egoico.

    c. Fusionar los senderos ocultista y místico en la vida del estudiante. Si se halla en el sendero místico, trabajará sobre las fórmulas de los Rayos de Aspecto, y así desarrollará el conocimiento del aspecto concreto de la Naturaleza -aspecto que actúa de acuerdo a la ley. En el hombre de tendencia ocultista el proceso es a la inversa, hasta que llega el momento en que los senderos se fusionan y todas las fórmulas son iguales para el Iniciado. Recuerden que en este punto de fusión el estudiante trabaja siempre de modo exclusivo en su propio rayo, cuando ha trascendido la personalidad y encontrada la nota egoica. Entonces manipula materia de su propio rayo, y trabaja a través de sus propias fórmulas de rayo con las seis fórmulas representativas de subrayo, hasta que se convierte en adepto y conoce el secreto de la síntesis. Estas fórmulas son enseñadas al estudiante por el Instructor.

    Observarán que he dicho muy poco sobre este tema, no obstante, si reflexionan sobre ello, hallarán que tiene mucho contenido. A quienes lo asimilen inteligentemente les proporcionará la clave que buscan para dar el siguiente paso. Puedo abordar este punto y en cierto modo desarrollarlo algo más cuando tratemos el tema del acceso a los Maestros a través de la meditación.

     

    Fórmulas para las curaciones.

    Ahora debemos tratar estas fórmulas, teniendo en cuenta ante todo que es necesario clasificarlas en tres grupos, cada uno de los cuales contiene muchas subdivisiones.

    a. Fórmulas para la curación física. Les sorprenderá saber que éstas rara vez son necesarias, siendo por lo tanto muy pocas. La razón de ello estriba en que los trastornos del cuerpo físico denso pocas veces tienen origen en el mismo. Algunos provienen directamente del cuerpo etérico, pero, en la presente etapa de evolución, la mayor parte proviene del cuerpo emocional y el resto del mental. Podemos generalizar y decir que:

     

    El 25 % de las enfermedades de la carne son heredadas o provienen del cuerpo eteríco.

    El 25 % provienen del mental.

    El 50 % tienen su origen en el cuerpo emocional.

     

    Por lo tanto, aunque puedan ocurrir accidentes que produzcan un desastre físico inesperado, para el cual, no obstante, pueden darse fórmulas curativas, el estudiante inteligente hallará que las fórmulas que afectan al cuerpo etérico pueden ser el primer punto de partida. Las fórmulas establecidas durante la meditación, actuarán directamente sobre los canales pránicos que componen el etérico -esa intrincada trama, contraparte del sistema circulatorio del cuerpo físico denso. Allí se origina la mayor parte de las actuales enfermedades de ese cuerpo, ya sea en forma directa o por causas iniciadas en el plano emocional y que reaccionan sobre el etérico.

    b. Fórmulas para la curación del cuerpo emocional. Como se dijo anteriormente, muchas de las enfermedades actuales se deben a causas iniciadas en el cuerpo emocional, siendo principalmente tres.Recuerden que no doy más que amplios delineamientos e indicaciones generales.

    Emoción violenta y vibración inestable. Su abuso produce un efecto desintegrador que afecta al sistema nervioso. Si se reprimen e inhiben, producen un efecto igualmente peligroso, dando por resultado dolencias del hígado, ataques de bilis y los tóxicos que se generan en el sistema y se exteriorizan en ciertos casos de envenenamiento séptico, en enfermedades de la piel y en algunas formas de anemia.

     

    Temor y presentimientos, preocupación y desesperación. Estos tipos de emoción -que son tan comunes- tienen un efecto general debilitante sobre el sistema corpóreo, produciendo pérdida de la vitalidad, actividad lenta de los órganos, y muchas formas de enfermedades, poco conocidas, del sistema nervioso, del cerebro y de la columna vertebral.

     

    Emociones sexuales, que abarcan un amplio campo del sentimiento, desde la emoción sexual reprimida que ahora empiezan a estudiar los sicólogos, hasta la innoble emoción criminal, que tiene su expresión en la vida licenciosa y las violentas orgías.

     

    Bajo estos subtítulos caben muchos puntos, pero como no escribo cartas sobre métodos de curación sino sobre la meditación, por eso no debo extenderme más.

     

    En las fórmulas empleadas en estos tres casos, se debe poner atención en la causa del trastorno, el plano donde se origina y el efecto que producen sobre el cuerpo o cuerpos inferiores. Al designar las fórmulas se tendrán en cuenta diferentes objetivos. Por ejemplo, donde la dificultad se basa en una emoción reprimida, el efecto de la fórmula (si se la sigue correctamente) será trasmutar la emoción y dirigirla hacia arriba. Cuando, por el correcto empleo de la fórmula, el cuerpo emocional se descongestione, las fuerzas dadoras de vida del Ego y de la vida pránica disponibles en todas partes, se liberarán. Entonces circularán con toda facilidad, entonando el entero sistema y purificando todos los órganos que sufrían por la congestión interna.

     

    c. Fórmulas para la curación mental. Éstas resultarán, para la mayoría de ustedes, mucho más confusas, pues los trastornos mentales son más difíciles de curar que las dos anteriores. Ello se debe a dos causas, una de las cuales es que como raza no estamos polarizados todavía en el cuerpo mental. Resulta mucho más fácil hacer contacto con un cuerpo y manipularlo cuando es asiento del centro de la conciencia. También el cuerpo emocional por ser más fluido es más fácil de ser impresionado. No puedo extenderme hoy sobre los trastornos del cuerpo mental, excepto señalar que estas causas pueden surgir del cuerpo mental mismo como herencia kármica, u originarse en el plano emocional y volver al cuerpo mental. Por ejemplo, cuando una persona es propensa a tormentas emocionales, si estás continúan, puede establecer una vibración análoga en el cuerpo mental, que a su vez llegan a ser prácticamente permanentes, y debido a la interacción de ambos cuerpos pueden surgir serios trastornos, los cuales abarcarán desde un agriamiento general de la Personalidad, de manera que al hombre se lo conoce como un individuo desgraciado y desagradable, hasta las enfermedades cerebrales definidas que ocasionan la demencia, tumores cerebrales y cáncer en la cabeza.

    Existen fórmulas de meditación aplicables a todos esos trastornos, que si se emplean a tiempo, eventualmente los disiparán. El hecho fundamental que se debe captar, es que sólo se confían estas fórmulas cuando el estudiante sabe apreciar inteligentemente el trastorno, o trastornos, que lo afecta cuando es capaz de aplicar conscientemente las fórmulas impartidas, siempre que su objetivo sea altruista. Si su Finalidad consiste en equiparse para prestar servicio, en adquirir vehículos saludables para llevar a cabo mejor el plan de los Grandes Seres, y si no lo hace por el deseo de eludir la enfermedad para su propio beneficio, sólo entonces se le impartirán las fórmulas y se le darán instrucciones. Estas fórmulas actúan en conexión con la conciencia egoica. La afluencia de la vida desde el Dios interno, da por resultado vehículos sanos, de manera que sólo es posible realizar el trabajo cuando la Personalidad se fusiona con el Ego y la polarización cambia de lo inferior a lo superior. Este momento se acerca para muchos, pudiendo esperarse que progrese la nueva escuela de medicina basada en el pensamiento. Las fórmulas de meditación no son más que formas de materia mental, por lo tanto será evidente que ya se ha hecho un comienzo general.

     

    Haré una indicación más sobre este tema: A través de los distintos centros del cuerpo -los siete centros con los que tiene que ver el estudiante- vendrá el poder de curar el correspondiente centro físico. A medida que dichos centros sean vitalizados, se demostrarán ciertos efectos físicos, y por medio de fórmulas específicas que actúen sobre los centros y a través de ellos, se obtendrán resultados que arrojarán luz sobre este confuso tema de la curación por medio de los cuerpos sutiles.

    (2/110-125)

 

 

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