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LOS ESPEJISMOS DEL DISCIPULADO (SEM. 27 SEPT. AL 11 DE OCUBRE 2017)

He tratado el problema de la ilusión o el espejismo en el plano mental. Lo he hecho breve y sucintamente, señalando que no constituye primordialmente el mayor problema de este grupo de aspirantes sino que ellos, conjuntamente con el aspirante mundial, la humanidad, se ocupan principalmente del espejismo. Esos as­pirantes, que se destacan de la humanidad común, cuya tarea consiste en enfrentar el espejismo mundial y forjar un camino a través de él, tienen el trabajo de liberar la energía del alma y el poder de la mente. Ustedes deben secundar a estas almas precur­soras, comprendiendo la magnitud de la oportunidad y la inmi­nencia de la hora de liberación.

 

Están al borde del discipulado aceptado. Ello significa que muy pronto, a la lucha contra el espejismo han de sumar la lucha con­tra la ilusión. ¿Son suficientemente fuertes para ello?. No olviden que el discípulo que se ocupa de satisfacer la aspiración de su naturaleza y lucha también con los problemas resultantes de la polarización y la percepción mentales y de las energías que entran en actividad por medio del contacto con el alma, se está convir­tiendo rápidamente en una personalidad integrada. Por lo tanto, la tarea no es fácil y reclama una actividad concentrada, de lo mejor de su ser. Con esta frase quiero significar la aspiración del alma y la de la personalidad.

 

En cierta medida ya están luchando con la ilusión de las ideas, que traté en mi última instrucción, comenzando así a desarro­llar esa discriminación que los conducirá a la correcta elección de los móviles de la vida. En esta instrucción trato de arrojar alguna luz sobre el espejismo que enfrenta el discípulo, como individuo, y considerar también el aspecto del espejismo que ha de enfrentar como servidor mundial en entrenamiento.

Hablando simbólicamente, les diré que el cuerpo astral planeta­rio (observado desde los niveles del alma) está perdido en las profundidades de la bruma que lo envuelve. Durante la noche, al observar un cielo despejado, se ven estrellas, soles y planetas brillando con un fulgor claro y frío y una luz centelleante que atraviesa muchos millones de millas (o años luz, como se los de­nomina), hasta que el ojo humano capta y registra la existencia de esas brillantes estrellas. Sin embargo, si observan el cuerpo astral del planeta, siempre que puedan hacerlo, no verán ese claro fulgor sino simplemente una lóbrega esfera con apariencia de vapor, niebla y bruma ‑bruma de tal densidad y espesor que indi­caría ser no sólo impenetrable sino de condiciones desfavorables para la vida. A pesar de ello, nosotros, los Instructores de lo interno, vamos y venimos y la atravesamos; en esa bruma –viendo todas las cosas deformadas y distorsionadas‑ trabajan los hijos de los hombres. Algunos están tan habituados a la bruma y a la densidad que no se enteran de su existencia, considerándolas co­rrectas y buenas y un lugar irreemplazable para vivir. Otros han captado tenues vislumbres de un mundo más luminoso, en el que pueden verse formas y figuras más perfectas, donde la bruma no oculta una realidad tenuemente percibida ‑aunque no sepan qué es esa realidad. Aún otros, como por ejemplo ustedes, ven ante sí un sendero abierto que conduce a la clara luz del día. Sin embar­go ignoran todavía que a medida que recorren el sendero, y en el Sendero mismo, deben trabajar activa e inteligentemente con el circundante espejismo, siguiendo la huella marcada por aquéllos que se han liberado de las nieblas circundantes y han pasado a un mundo de horizontes más claros. Gran parte del tiempo empleado por los discípulos en el Sendero constituye un proceso de inmer­sión casi cíclica en el espejismo y la bruma, alternando con mo­mentos de claridad y visión.

 

Cuatro cosas necesitan captar los que trabajan con el espejis­mo; cuatro reconocimientos básicos que, cuando se comprendan, servirán para aclarar e iluminar y, por lo tanto, enderezar su camino:

 

  1. Cada ser humano se encuentra en un circundante mundo de espejismo, resultado de:

 

  1. Su propio pasado, con su erróneo pensar, sus deseos egoístas y la errónea interpretación del propósito de la vida. No hay ni ha habido comprensión del designado propósito de la vida, tal como lo ha visualizado el alma, y no podrá haberlo hasta que no exista cierta definida or­ganización del cuerpo mental.

 

  1. La "vida de deseo", pasada y presente, de su familia, la cual se hace cada vez más poderosa a medida que transcurre la evolución; la vida de deseo del grupo familiar se acen­túa y destaca, constituyendo entonces tendencias y ca­racterísticas sicológicas heredadas y manifestadas.

 

  1. El espejismo nacional, suma total de la vida de deseo, más las ilusiones de cualquier nación. Estas característi­cas se denominan nacionales y son tan persistentes y mar­cadas que se las reconoce generalmente como encarnan­do rasgos sicológicos nacionales. Están basadas, por su­puesto, en las tendencias de rayo, la historia y las inter­pretaciones mundiales, y constituyen en sí mismas un espejismo, del cual debe zafarse cada nación a medida que avanza hacia la comprensión de la realidad y su identificación con ella.

 

  1. Una ampliación de la idea anterior hasta abarcar lo que llamamos espejismo racial, empleando la palabra raza para denominar a la humana. Constituye un espejismo o serie de espejismos muy antiguos, deseos arraigados, poderosas aspiraciones de cualquier clase, y definidas formas de creación humana que ‑fluídas, envolventes y palpitando con vida dinámica‑ tratan de retener la con­ciencia de la humanidad en el plano astral. Este espejis­mo lo constituye el dinero y su valor material, deseo ilu­sorio que se extiende como densa bruma, obstruyendo la visión de la verdad y distorsionando la mayor parte de los valores humanos.

 

 

  1. Se ha de comprender que esta bruma, espejismo que envuel­ve a la humanidad en esta época, es una cosa sustancial y definida y ha de tratársela como tal. El discípulo o aspirante que intente disipar el espejismo, ya sea en su propia vida o como servicio pres­tado al mundo, debe reconocer que está trabajando con sustancia, destruyendo las formas que ha asumido y desintegrando la sustan­cia material omniabarcante, que es materia en el mismo sentido en que las formas mentales son cosas sustanciales pero (y he aquí un punto muy importante) de naturaleza menos sustancial que las formas adoptadas por el espejismo en el plano astral. Siempre nos inclinamos a considerar que los pensamientos "son cosas" que tie­nen vida, forma y un propósito propios. Sin embargo, poseen una existencia más singular y separada, con contornos claramente de­finidos y delineados. Las formas que adopta el espejismo en el pla­no astral son más sustanciales, pero menos definidas. Las formas mentales son dinámicas, penetrantes, bien definidas y delineadas. Los espejismos son sofocantes, difusos y envolventes. El individuo se sumerge en ellos como en un océano o "mar de niebla". Las for­mas mentales lo enfrentan, pero no lo sumergen. Podría decirse que el cuerpo astral de una persona viene a la existencia como parte del espejismo mundial general; le resulta difícil diferenciar entre su propio cuerpo astral y los espejismos que lo afectan, lo impelen y lo sumergen. Su problema, en el plano mental, es más claro y de­finido, aunque igualmente difícil.

 

  1. El espejismo astral constituye una forma de energía de gran potencia debido a tres factores:

 

  1. Constituye un ritmo tan antiguo, inherente a la sustan­cia astral misma, que le resulta difícil al ser humano percibirlo o comprenderlo, siendo el resultado de una larga actividad del deseo humano.
  2. Es parte integrante de la propia energía del hombre, que es para él la línea de menor resistencia y parte también de un gran proceso mundial y del proceso de la vida in­dividual; en sí mismo no es erróneo, sino un aspecto de la realidad. La comprensión de esto complica lógica­mente las ideas del hombre al respecto.
  3. Además es de naturaleza definidamente atlante, habien­do llegado a una etapa muy elevada de desarrollo en esa raza, En consecuencia, sólo puede ser disipado finalmen­te por la raza aria, utilizando la correcta técnica. El indi­viduo que está aprendiendo a disipar el espejismo tiene que hacer dos cosas:

 

1. Permanecer en el ser espiritual.

2. Mantener la mente firme en la luz.

 

Por lo antedicho puede deducirse que la energía del plano astral, a medida que se expresa en la sensual vida de deseo de la raza, pro­duce los principales espejismos de la humanidad, que sólo pueden ser disipados, dispersados y disgregados mediante la introducción de la energía superior de la mente, impulsada por el alma.

 

  1. Los espejismos que esclavizan a la humanidad son:

 

  1. El espejismo del materialismo.
  2. El espejismo del sentimiento.
  3. El espejismo de la devoción.
  4. El espejismo de los pares de opuestos.
  5. El espejismo del Sendero.

 

Permítanme ahora elucidar más detalladamente estos espejismos.

 

El espejismo del materialismo es la causa de la presente an­gustia mundial, pues lo que llamamos problema económico no es más que el resultado de este espejismo particular. En el transcurso de las épocas este espejismo ha despertado cada vez más el inte­rés de la raza, hasta que hoy todo el mundo ha sido arrastrado al ritmo de los intereses monetarios. Siempre ha existido un ritmo que emana de los niveles del alma, establecido por Aquéllos que se han liberado del control de las necesidades materiales, de la esclavitud del dinero y del amor a las posesiones. Actualmente ese ritmo superior es proporcional al espejismo de ritmo inferior, y de allí que todo el mundo piensa cómo salir de la actual encrucijada materialista. Esas almas que permanecen en la luz, y se hallan en la cumbre de la montaña de la liberación, y las que están saliendo de las brumas del materialismo, son bastante como para realizar un trabajo definido en conexión con la disipación de este tipo de espe­jismo. La influencia de sus pensamientos, palabras y vidas puede efectuar, y efectuará, un reajuste de valores y logrará establecer un nuevo nivel de vida para la raza, basados en una clara visión, un co­rrecto sentido de proporción y en la comprensión de la verdadera naturaleza de la relación que existe entre el alma y la forma, el espíritu y la materia. Aquello que llenará una necesidad vital y real, siempre existe dentro del plan divino. Lo que es innecesario para la correcta expresión de la divinidad y para una vida plena y rica puede ser obtenido y poseído, pero únicamente a costa de per­der lo más real y de la negación de lo esencial.

    

       Sin embargo, los estudiantes deben recordar que lo necesario varía de acuerdo a la etapa de evolución alcanzada por el indivi­duo. Para algunas personas, por ejemplo, el poseer cosas materia­les puede ser una experiencia espiritual tan grande y una ense­ñanza tan poderosa en la vida, como los anhelos más elevados y los requisitos menos materiales del místico o del ermitaño. Esta­mos clasificados de acuerdo a nuestras acciones, al punto de vista y al lugar que ocupamos en la escala evolutiva. Realmente se nos clasifica por nuestro punto de vista y no por lo que le exigimos a la vida. El hombre espiritualmente orientado, que ha puesto sus pies en el Sendero de Probación y no trata de expresar sus con­vicciones, será juzgado tan duramente y pagará tan elevado pre­cio como el más materialista ‑aquél cuyos deseos están centrados en las cosas sustanciales. Tengan esto en cuenta y no se erijan en jueces ni desprecien a nadie.

 

El espejismo del materialismo comienza a disminuir percepti­blemente. Los pueblos del mundo están entrando en la experien­cia del desierto; allí se darán cuenta de cuán poco se necesita para llevar una vida plena y adquirir experiencia y verdadera felicidad. El insaciable deseo de las posesiones no es considerado tan hono­rable como antes, y el deseo por las riquezas ya no genera codi­cia como en la primitiva historia racial. Las cosas y las posesiones se deslizan de las manos de quienes hasta ahora las sujetaban; sólo cuando el hombre permanezca con las manos vacías y adquiera una nueva norma de valores recuperará el derecho a la propiedad y a la posesión. Cuando el hombre carezca de deseos y no bus­que nada para el yo separado, recuperará la responsabilidad por los bienes materiales; entonces su punto de vista estará libre de ese espejismo particular y las brumas del deseo astral serán ami­noradas. Muchas otras formas de ilusión pueden aún dominar, pero el espejismo del materialismo habrá desaparecido, siendo el primero destinado a hacerlo. Convendría que los estudiantes recor­daran qué clase de posesiones y objetos materiales ‑ya sea el di­nero, una casa, un cuadro, un automóvil‑ tienen una vida propia intrínseca, una emanación propia y una actividad que es esencial­mente la de su innata estructura atómica ‑puesto que un átomo es una unidad de energía activa. Esto produce su contraparte en el mundo de la vida etérica y astral, aunque no en el mundo mental. Estas formas sutiles y emanaciones características aumentan la potencia del mundo de deseo, contribuyen al espejismo mundial y forman parte de ese grande y poderoso mundo brumoso que se halla en el arco involutivo, en el cual están sumergidos quienes se hallan en el arco ascendente. Los Guías de la Raza sienten la necesidad de estar alerta, mientras las fuerzas iniciadas por el hombre mismo proceden a despojarlo y liberarlo para que pueda caminar en el desierto. Allí, en las así denominadas circunstancias propicias, puede reajustar su vida y cambiar su modo de vivir, descubriendo, de esta manera, que la liberación de las cosas mate­riales acarrea consigo su propia belleza y recompensa, su propia alegría y gloria. Así es liberado para vivir la vida de la mente.

 

El espejismo del sentimiento mantiene esclavizada a la gente buena del mundo en una densa bruma de reacciones emocionales. La raza ha llegado a una etapa donde los hombres de buenas inten­ciones, que poseen real comprensión, se han liberado en parte del amor al oro (forma simbólica de referirme al espejismo del mate­rialismo), truecan dicho deseo por el deber, las responsabilidades, el efecto que producen sobre otros y la comprensión sentimental de la naturaleza del amor. El amor, para mucha gente, en realidad para la mayoría, no es realmente amor sino una mezcla de deseo de amar y deseo de ser amado, más un deseo de realizar cualquier co­sa para demostrar y evocar este sentimiento y, en consecuencia, sentirse más cómodo en su propia vida interna. El egoísmo de la persona que desea ser altruista es grande. Hay algunos sentimien­tos tributarios que convergen alrededor del sentimiento o deseo de demostrar esas características amables y agradables, evocando la correspondiente reciprocidad hacia el seudo amante o servidor, que aún está rodeado completamente por el espejismo del senti­miento.

      

       Este seudo amor, basado principalmente en la teoría del amor y el servicio, caracteriza a innumerables relaciones humanas, ta­les como las existentes entre marido y mujer o padres e hijos. Ilu­sionados por un sentimiento hacia ellos y conociendo muy poco el amor del alma, que es libre en sí mismo y deja libres también a otros, deambulan en una densa bruma, hundiendo a menudo con ellos a quienes desean servir, esperando recibir afecto recíproco.

 

 

Reflexionen sobre la palabra "afecto" y obtendrán su verdadero significado. Afecto no es amor, sino ese deseo que expresamos me­diante un esfuerzo del cuerpo astral, afectando esa actividad nues­tros contactos; tampoco es el espontáneo altruísmo del alma que no pide nada para el yo separado. Este espejismo del sentimiento aprisiona y confunde a toda la gente buena del mundo, imponién­dole obligaciones que no existen y produciendo un espejismo que debe ser disipado oportunamente mediante la difusión del amor verdadero y desinteresado.

 

Sólo trato brevemente de estos espejismos pues cada uno de ustedes puede elaborarlo por sí mismo y descubrir cuál es el lugar que ocupan en el mundo de la bruma y del espejismo. De esta ma­nera, con conocimiento, pueden empezar a liberarse del espejismo del mundo.

 

El espejismo de la devoción hace que muchos discípulos proba­cionistas vaguen en círculos alrededor del mundo de deseos, Afecta primordialmente a las personas de sexto rayo, y es particularmente potente en esta época debido a la larga actuación del sexto Rayo de Devoción, durante la Era de Piscis, que está rápidamente pasando. Constituye hoy uno de los espejismos más potentes para el aspiran­te verdaderamente dedicado a una causa, a un instructor, a un credo, a una persona, a un deber o a una responsabilidad. Mediten sobre ello.

 

Este inofensivo deseo, que los enfrenta en determinada línea de idealismo, se hace marcadamente ofensivo tanto para ellos como para otros, porque debido a este espejismo devocional son arrastra­dos al ritmo del espejismo mundial, que constituye esencialmente la bruma del deseo. El deseo poderoso, sobre determinada línea, cuando ofusca la visión amplia y encierra al hombre dentro del pequeño círculo de su propio deseo, para satisfacer su sentimiento de devoción, es tan obstaculizador como cualquier otro espejismo, y muy peligroso debido al hermoso colorido que toma la bruma re­sultante. El hombre se pierde en una arrobadora bruma de su pro­pia creación, que emana de su cuerpo astral y está compuesta del sentimentalismo de su propia naturaleza respecto a su propio deseo y devoción hacia el objeto que atrae su atención.

Para todos los verdaderos aspirantes, debido a la acrecentada potencia de sus vibraciones, este sentimiento devocional, puede ser particularmente dificultoso y provocar un prolongado aprisiona­miento. Un ejemplo de ello es el sentimiento devocional que los discípulos probacionistas expresan hacia los Maestros de la Sabiduría bajo el espejismo del éxtasis. Alrededor de los nombres de los Miembros de la Jerarquía y de Su Trabajo, del trabajo de los iniciados y discípulos disciplinados (observen esta frase), se ha creado un poderoso espejismo que Les impide siempre llegar al discípulo, o que el discípulo llegue a Ellos. No es posible penetrar el denso espejismo de la devoción que, vibrando con vida extática o dinámica, emana de la energía concentrada del discípulo que actúa aún a través del centro del plexo solar.

Para este espejismo existen ciertas reglas muy antiguas: Hacer contacto con el Yo más grande por medio del Yo superior, perdien­do de vista al pequeño yo y a sus reacciones, deseos e intenciones, o con el amor puro del alma, que no se personaliza ni intenta ser reconocido, puede entonces afluir al mundo del espejismo que cir­cunda al devoto ‑y desaparecerán las brumas de su devoción ‑de las cuales se enorgullece.

    

        En el Sendero de Probación sobreviene la oscilación consciente­mente registrada, entre los pares de opuestos, hasta que es visto y emerge el camino del medio. Esta actividad produce el espejismo de los pares de opuestos, de naturaleza densa y brumosa, matizada unas veces por la alegría y el gozo, otras por la tristeza y la depre­sión, a medida que el discípulo oscila entre las dualidades. Este es­tado persiste mientras se da importancia al sentimiento- sentimiento que va desde la gran alegría que el hombre siente cuando se identifica con el objeto de su devoción o aspiración, o sucumbe a la más negra desesperación y sensación de frustración cuando fracasa en hacerlo. Todo esto, sin embargo, es de naturaleza astral y de cua­lidad sensoria y no pertenece al alma. Este espejismo aprisiona a los aspirantes durante muchos años y a veces durante muchas vidas. Cuando el discípulo se libera del mundo del sentimiento y se pola­riza en el mundo de la mente iluminada, disipa este espejismo, que es parte de la gran herejía de la separatividad. En el momento en que el hombre divide su vida en triplicidades (como inevitable­mente lo hace cuando se ocupa de los pares de opuestos y se identifica con uno de ellos) sucumbe al espejismo de la separación. Quizás este punto de vista podrá ser una ayuda o continuar siendo un misterio, porque el secreto del espejismo mundial se halla oculto en el concepto de que esta triple diferenciación vela el se­creto de la creación. Dios Mismo ha producido los pares de opues­tos ‑espíritu y materia‑ y también el camino medio, el de la conciencia o aspecto alma. Recapaciten profundamente sobre este concepto.

    

       La triplicidad de los pares de opuestos y el estrecho camino que los equilibra, el noble sendero medio, es el reflejo en el plano astral de las actividades del espíritu, el alma y el cuerpo; de la vida, la conciencia y la forma, los tres aspectos de la divinidad ‑siendo todos divinos.

    

       A medida que el aspirante aprende a liberarse de los espejismos con que ha hecho contacto, descubre otro mundo de bruma y nie­bla, a través del cual parece extenderse el Sendero y por el que debe penetrar para liberarse de los espejismos del Sendero. ¿Cuá­les son estos espejismos? Estudien las tres tentaciones de Jesús, si quieren saberlo con exactitud. Analicen el efecto que pro­ducen, sobre el pensamiento del mundo, las escuelas de autoafir­mación, las cuales recalcan la divinidad (aplicada en forma mate­rialista); estudien el fracaso de los discípulos debido al orgullo, a los complejos de salvador y servidor del mundo y a las diversas distorsiones de la realidad, que el hombre encuentra en el Sen­dero, lo cual dificulta su progreso y malogra el servicio que debe prestar a otros. Recalquen en sus mentes la espontaneidad de la vida del alma y no la malogren con el espejismo de una aspira­ción elevada, egoístamente interpretada, ni por la propia centrali­zación, inmolación, agresividad y afirmación al realizar el trabajo espiritual, pues estos son algunos de los espejismos del Sendero.

 

Más adelante consideraremos el espejismo en el plano etérico y el tema respecto al Morador en el Umbral, completando así el bre­ve delineamiento de nuestro problema, que la primera parte de esta enseñanza estaba destinada a impartir.

    

        Antes de abordar detalladamente este tema, quisiera agregar algo más a lo ya considerado sobre el problema del espejismo. En la última instrucción dada elaboré el tema de los distintos tipos de espejismo y les transmití el concepto de la gran importancia que tienen en la vida individual. El campo de batalla, para el hombre que se encuentra cerca del discipulado aceptado o que se halla en el sendero del discipulado, en sentido académico, es principal­mente el del espejismo. Éste es el mayor problema y su solución es inminente y urgente ‑para todos los discípulos y aspirantes avanzados. Les resultará evidente por qué razón se ha puesto el énfa­sis sobre la necesidad de estudiar el Raja Yoga y someterse a su disciplina durante la época Aria. Sólo por medio del Raja Yoga puede un hombre mantenerse firme en la luz, y sólo por medio de la iluminación y el logro de una clara visión pueden disiparse finalmente las brumas y los miasmas del espejismo. Sólo cuando el discípulo aprende a mantener su mente "firme en la luz", cuando los rayos de la luz pura irradian desde el alma, el espejismo podrá ser descubierto, percibido y reconocido por lo que esencialmente es, haciéndolo desaparecer en la misma forma que las nie­blas de la tierra se disuelven ante los rayos del sol naciente. Por lo tanto les aconsejo que presten más atención a la meditación, culti­vando siempre la capacidad de reflejar y asumiendo la actitud de que son un reflejo ‑manteniendo esto firmemente durante todo el día.

 

 

        Hallarán de verdadero valor recapacitar profundamente sobre los propósitos para los cuales deben cultivarse la intuición y desa­rrollarse la mente iluminada, preguntándose si esos propósitos tie­nen la misma finalidad y están sincronizados con el factor tiempo. Descubrirán entonces que sus objetivos difieren y los efectos de su pronunciado desarrollo sobre la vida de la personalidad son tam­bién distintos. El espejismo no es disipado por medio de la intuición ni la ilusión es superada por el empleo de la mente iluminada.

 

La intuición es un poder superior al de la mente y una facultad latente en la Tríada espiritual; es el poder de la razón pura, una expresión del principio búdico y se halla más allá del mundo del ego y de la forma. Sólo cuando el hombre llega a ser un iniciado, le es posible utilizar normalmente la verdadera intuición. Con esto quiero significar que la intuición puede actuar fácilmente, como principio o mente, en el caso de una persona que posee una inteli­gencia activa. Sin embargo se hará sentir mucho antes, en casos extremos o urgentes.

 

Iluminación es lo que deben buscar la mayoría de los aspirantes (como los de este grupo); han de cultivar el poder de emplear la mente como un reflector de la luz del alma, dirigiéndola a los niveles del espejismo y, por lo tanto, disipándolo. La dificultad reside en hacerlo en medio del sufrimiento y de las decepciones producidas por el espejismo. Requiere apartarse mentalmente, en pensamiento y deseo, del mundo en el cual la personalidad actúa habitualmente, centrando la conciencia en el mundo del alma, para aguardar allí silenciosa y pacientemente los acontecimientos, sabiendo que la luz brillará y la Iluminación vendrá oportunamente.

 

La profunda desconfianza respecto a las propias reacciones hacia la vida y circunstancias es de valor cuando tales reacciones despiertan crítica, separatividad u orgullo. Las cualidades men­cionadas, frecuentemente engendran el espejismo. Son esotérica­mente "las características del espejismo". Mediten sobre esto. Si un hombre puede liberarse de estas tres características, está bien encaminado para abandonar y disipar todo espejismo. Elijo mis palabras cuidadosamente a fin de llamarles la atención.

 

La ilusión es disipada, rechazada y eliminada mediante el uso consciente de la intuición. El iniciado se protege del mundo de la ilusión, de las formas y de los atractivos impulsos de la naturaleza de la personalidad, y con ello ‑por medio del aislamiento‑ hace contacto con la realidad, existente en todas las formas, oculta has­ta ahora por el velo de la ilusión. Ésta es una de las paradojas del Sendero. El aislamiento y la protección correctas conducen a las correctas relaciones y a los correctos contactos con lo real; pro­ducen una oportuna identificación con la realidad, mediante la propia protección contra lo irreal. Ésta es la idea que se halla oculta en las enseñanzas contenidas en el "Libro Último" de los Aforismos de Patanjali, siendo a menudo mal interpretadas y su significado tergiversado y convertido en un argumento a favor de un tipo erróneo de aislamiento, por aquéllos que tienen tendencia separatista y fines egoístas.

El alma disipa la ilusión, empleando la facultad de la intuición. La mente iluminada disipa el espejismo.

     Quiero señalar aquí que muchos aspirantes bien intencionados fracasan en este punto, debido a que cometen dos errores:

 

  1. No discriminan entre ilusión y espejismo.

 

  1. Se esfuerzan en disipar el espejismo empleando un mé­todo que consideran correcto ‑invocando al Alma, cuando en realidad necesitan emplear la mente en forma correcta.

              

Sin embargo, cuando se está en medio de las brumas y espe­jismos, resulta mucho más fácil autosugestionarse creyendo que se está "invocando al alma", en vez de someter la naturaleza astral y emocional a los efectos que produce el pensamiento intenso y se­vero, usando la mente como el instrumento por el cual puede ser disipado el espejismo. Aunque parezca extraño, “invocar al alma", con el fin dedisipar el espejismo, puede conducir (y frecuente­mente conduce) a intensificar la dificultad. La mente es el medio por el cual puede llegar la luz a todos los problemas del espejismo, y los estudiantes deberán tener siempre presente este concepto en la conciencia. El proceso consiste en vincular la mente con el alma y luego enfocarse conscientemente y con precisión en la na­turaleza mental o cuerpo mental, y no en el alma o la forma egoica. Luego, mediante el análisis, la discriminación y el correcto pensar, se comienza a encarar el problema del espejismo. La dificultad reside frecuentemente en que los discípulos no reconocen el espejismo, resultando difícil dar una regla concisa e infalible por la cual pueda lograrse ese reconocimiento. Sin embargo, puede afirmarse que el espejismo siempre se halla donde existe:

                            

  1. Crítica, cuando con un cuidadoso análisis se demuestra que es injustificada.

 

  1. Crítica, donde no hay responsabilidad personal. Con esto quiero decir donde no es el lugar ni el deber del hombre criticar.

 

  1. Orgullo, por lo realizado o por la satisfacción de ser un discípulo.

 

  1. Cualquier sentido de superioridad o tendencia separatista.

 

     Podrían darse muchas otras claves para reconocer correctamente el espejismo, pero si prestaran mucha atención a las cuatro sugerencias dadas, liberarían perceptiblemente sus vidas de la influencia del espejismo y, en consecuencia, serían de más utilidad a sus semejantes. Me he esforzado en darles una ayuda práctica en la enconada lucha entre los pares de opuestos, causa principal del espejismo.

 

 

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