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Las Seis Etapas del Discipulado, III Parte

Al considerar el tema sobre el discipulado quisiera recordar les ciertas cosas. Si reflexionan sobre ellas cambiarán sus ideas respecto a lo que constituye el discipulado, a la vez que se enriquecerá el concepto general en lo que a este tema respecta.

El primer punto que quisiera aclarar es que los discípulos aceptados se entrenan para la iniciación. Si no logran captar este hecho al acercarse al sendero del discipulado y no prestan amplia colaboración, postergan el momento de la iniciación. Si lo captan lo demostrarán en la intensificación del servicio que prestan. El servicio planificado es una de las formas de entrena miento. Los discípulos, en las primeras etapas de su trabajo, tienden principalmente a interesarse en sí mismos y en sus re acciones y actitudes hacia el Maestro, pues consideran de máxima importancia el hecho de trabajar en el grupo de un Maestro.

 

El segundo punto que quisiera hacer resaltar es la gran diferencia que existe entre el grupo de un Maestro y Su Ashrama. Pocas veces lo comprenden. Muchos pueden pertenecer al grupo de un Maestro, pero el personal de Su Ashrama es extraído de ese grupo. En un grupo, el Maestro es consciente del discípulo aspirante y está en contacto con él; éste ha establecido un definido vínculo con el Maestro, pero ha involucrado la relación de la personalidad y también la del alma.

 

En el Ashrama y dentro de la esfera de su influencia, sólo se hallará lo que pertenece al alma. Nada de lo personal puede entrar, pues en el Ashrama nunca llegan las reacciones, defectos, limitaciones y pensamientos de la personalidad, ni lo material y relacionado con la naturaleza inferior. Por lo tanto, en las primeras etapas del trabajo y durante largo tiempo, probablemente el discípulo poco o nada podrá contribuir. Sólo lo intuido en forma positiva y las impresiones e impulsos definidos, provenientes del alma, que pudo haber evocado el discípulo (por la meditación y la creciente pureza de intención), contribuirán en parte a la vida del Ashrama. En consecuencia, hay una ley que protege al Ashrama de las limitaciones del discípulo. He empleado la palabra "ashrama" en forma bien definida, para que puedan discernir entre un grupo y un ashrama, el cual está formado básicamente por aquellos que a través del conocimiento, devoción y servicio, se abrieron camino desde un grupo a un centro interno, donde la energía, sabiduría y esfuerzo de un Maestro están fácilmente disponibles. Para abrirse camino desde el grupo al ashrama, los discípulos deben saber discernir muy cuidadosamente entre las inclinaciones de sus personalidades de alta calidad, sus respuestas a la verdad e ideales y las verdaderas reacciones del alma, la sabiduría espiritual y la percepción intuitiva.

 

El tercer punto concierne a los discípulos que, formando parte de un Ashrama, son sometidos a una presión muy acrecentada y están en situación de participar más ampliamente que hasta ahora en la distribución de la energía. Hoy, a medida que Aquél Que Viene se acerca a la Tierra, y también a la humanidad, y a medida que aumenta la afluencia de energía espiritual desde Shamballa al Centro jerárquico, se produce una gran sutilización de la receptividad humana, teniendo lugar un acrecentado estímulo de diversos efectos. Esto implica aspiración intensificada y determinación espiritual, además de una oportunidad sin precedentes.

 

Se dice que cuando Buda vino y actuó en la Tierra, numerosos aspirantes ingresaron en las filas de los discípulos aceptados y muchos de ellos recibieron alguna de las iniciaciones mayores. Por lo tanto, se produjo un definido traslado de los miembros de la Jerarquía y una gran expansión hacia Shamballa, y al mismo tiempo hacia la humanidad. Cuando el Cristo apareció en la Tierra, un esfuerzo análogo y de mayor intensidad culminó con el ingreso de discípulos en los Ashramas internos del Maestro. Hasta entonces los Ashramas estaban reservados para quienes habían recibido la primera iniciación. Antes de la era de Cristo, únicamente formaban el ashrama los que habían recibido la primera iniciación y los que eran iniciados. Sin embargo, debido a la creciente sensibilidad de la humanidad, se decidió  aceptar discípulos en los Ashramas, a fin de que estuvieran mental y astralmente en armonía con el grupo interno y comenzaran a formar parte de la esfera de influencia que el Maestro dirige.

 

La misma oportunidad se les presenta ahora a los aspirantes y discípulos en probación. Este esfuerzo puede ser considerado como la exteriorización del ashrama. Se dice que la intención de la Jerarquía es restaurar los misterios en la Tierra, siendo éste el primer paso hacia tal objetivo. Si se logra tal exteriorización embrionaria y si los que participan en este nuevo esfuerzo son capaces de trabajar unidos con amor y comprensión, y llegan a ser tan fuertes como para resistir todas las fuerzas desintegradoras, entonces será posible más adelante acrecentar el número de miembros y el poder y la dimensión de cada ashrama. Esto queda totalmente en manos del grupo. Cada individuo que se pone en contacto con el Ashrama, el grupo debe llegar a ser definidamente responsable de él. El trabajo de integración y absorción corresponde al ashrama y no al individuo. Esto no se evidencia fácilmente hasta que los discípulos son aceptados y forman parte integrante del ashrama. Éstos constituyen un definido problema.

 

Surge aquí una pregunta: ¿Cómo forma y organiza el Maestro Su ashrama o grupo interno, cuyos miembros son extraídos del grupo externo de aspirantes? Evidentemente un Maestro al formar Su ashrama, procede tan automáticamente como el Creador. Por consiguiente, medita, visualiza, habla y, lo que trata de crear y materializar, de acuerdo con el Plan jerárquico, comienza a tomar forma. Mediante el poder de Su pensamiento enfocado y dirigido, atrae hacia Sí a aquellos cuya mente está sincronizada con la Suya, debido al rayo, a las relaciones kármicas, a la etapa de evolución y al amor a la humanidad. En las palabras enfoque y dirección reside la clave de toda técnica o método, para aportar algo de lo que aquí podría denominarse reserva de pensamientos, pues un ashrama es eso. Un sostenido enfoque, además de una dirección dinámica, hace que esta reserva de pensamientos contribuya al servicio mundial y sea efectivamente creadora. Lo importante es que el discípulo aceptado capte lo que está tratando de realizar el Maestro a través de Su grupo, e implica por último, que el discípulo se interrogue mentalmente si piensa, se enfoca y actúa en líneas análogas a las del Maestro. ¿Qué similitud existe entre los pensamientos del discípulo y los del Maestro? La ley oculta impide al Maestro ejercer presión o poder sobre las mentes de quienes Él influye, para que piensen al unísono con la Suya. No puede imponer Su

 

 

voluntad sobre el discípulo; Sus deseos, aspiraciones y anhelos no deben constituirse en agentes rectores y obligatorios en la vida de aquellos con quienes entra en contacto. Puede plasmar en sus mentes lo que Él cree necesario durante los períodos de crisis mundial y expresarles lo que siente que debe hacerse, pero quien debe decidir y comprobar es el discípulo. Los discípulos están en el grupo de un Maestro debido a la similitud de ideas, aunque sientan y expresen tales ideas con menos claridad que Él y vean la visión a través de un vidrio oscuro. No obstante, sus convicciones innatas son fundamentalmente las mismas y su tarea consiste en descubrir los puntos de contacto, o un análogo idealismo para dedicarle el esfuerzo grupal y, luego, sumergir todas sus vidas y actividades individuales en ese reconocido esfuerzo, detrás del cual se halla el Maestro, centro iniciador y distribuidor de poder.

 

Cada ashrama o grupo interno es esencialmente un depósito de pensamiento, que tiene como venero o fuente, ideas, sueños, visiones y aspiraciones del Maestro; todo ashrama es impulsado por la potencia monádica de su Maestro, influido por Aquel que a su vez es Su Maestro y se desarrolla y nutre por Su experiencia, desarrollada a medida que aumentó Su sabiduría y Su capacidad se consagró, utilizó y acrecentó para desarrollar el Plan jerárquico. Entonces se convierte en un límpido lago de ideas, aumentado y nutrido por los veneros de muchas vidas y por la visión pura y los sueños consagrados de muchos discípulos.

 

A cada discípulo consagrado se le pide contribuir a esa reserva de pensamiento puro, y si puede hacerlo, permitirá al ashrama satisfacer la necesidad y ayudar a todo aspirante a salir del sendero de probación y entrar en el sendero del discipulado aceptado. Todo centro o foco de poder tiene una definida esfera de influencia, pues el ashrama real y activo es una fuerza positiva dentro del centro que llamamos humanidad.

 

El discípulo, natural y razonablemente, se preguntará, ¿qué relación tienen el poder mental y el instinto espiritual, y cómo pueden actuar constructivamente y demostrar su interdependencia? No sé si podré aclarar esta idea. Les llamaré primero la atención sobre el hecho de que el instinto impulsa al discípulo a responder al llamado o nota del Maestro, a Su vibración y a Su grupo. Instinto es el nombre que en las primeras etapas se da a la reacción al mundo material circundante -los tres mundos de la evolución humana-, evocada en el mecanismo material. Después en la escala evolutiva aparece la mente como agente interpretador y se va comprendiendo lentamente la naturaleza del mecanismo y del medio ambiente, a la vez que se aclaran las relaciones. El instinto espiritual es la capacidad del alma para registrar contacto con la Jerarquía, de la cual el alma es parte inherente, así como en el cuerpo físico las respuestas instintivas y mecánicas en el hombre, sus reacciones y reflejos, son parte integrante del mecanismo material. En el instinto espiritual la intuición interpreta e ilumina la mente. El poder del pensamiento, tal como se emplea en el trabajo del ashrama, depende del poder del discípulo para enfocar y elevar la mente en forma consciente, ponerse en contacto con el alma y evocar la intuición. Una vez logrado tenemos la unión de los tres factores: iluminación mental, impulso del alma y percepción intuitiva. Esta triple combinación producirá ese tipo mental que desarrollará una actividad efectiva y productiva del Plan, conducirá al altruismo y estará motivado por el amor.

 

De acuerdo a la capacidad del entero grupo para actuar, impelido por el instinto espiritual, así será el éxito del Maestro para llevar a cabo Sus planes por medio del grupo. De acuerdo a la ley divina no puede ni debe trabajar solo, pero puede inspirar, enseñar, pedir colaboración y guiar sobre el trabajo necesario. Ningún Maestro debe ir más allá. En este ciclo mundial el trabajo de la Jerarquía está condicionado por los discípulos, por lo tanto podrán comprender por qué las últimas cadenas que rompe el Maestro son las de la irritabilidad. Ningún iniciado puede formar un verdadero ashrama hasta no haber descartado de sí mismo toda incomprensión, irritabilidad y crítica. Si el poder mental de un Maestro es mal utilizado, podría ser una poderosa fuerza destructora. Debe ser capaz de confiar en Sí Mismo, antes de que Su ashrama actúe en forma correcta y sin peligro.

 

En este trabajo de reunir el necesario poder mental para el trabajo constructivo, está implicada definidamente la red etérica, lo cual conduce a la reorganización de la red. Las explicaciones académicas no ayudan al estudiante a comprender esto. Cuando la mente (el instrumento del pensamiento) es el vehículo de la vida, de la luz y del amor del alma, y la red etérica responde a la afluencia de energía proveniente de la mente, entonces tiene lugar la reorganización de la red etérica individual. El cuerpo etérico individual es sólo una parte, un aspecto de la red etérica de la humanidad; la constante reorganización de las distintas partes trae consigo una transformación del todo, cuando haya transcurrido el tiempo suficiente.

 

El medio por el cual esto tiene lugar es la mente. La mente crea o formula

 

esas formas mentales o energías personificadas que expresan en el plano mental el grado de comprensión del discípulo acerca del plan y su capacidad de llevar la energía mental al cuerpo etérico -sin impedimento de la naturaleza emocional o cualquier deseo inferior emergente.

 

El cuerpo etérico es una red de energías de luz, impulsada o motivada por el tipo o cualidad de las energías a las que responde, de acuerdo al desarrollo evolutivo. Se puede afirmar que:

 

1.    El hombre no evolucionado o salvaje, responde simplemente al prana o energía física, vitalizando los apetitos de la naturaleza inferior, desarrollando los instintos y sentando las bases para un vehículo físico que será la vestimenta externa del alma. En esta etapa el intelecto es embrionario; los apetitos físicos y los cinco sentidos son factores dominantes, todo lo cual se debe a la actividad del prana a medida que afluye a través del cuerpo etérico o vital.

 

2.    El hombre común es impulsado por el deseo, energía que emana del deseo mundial y que -al desarrollar u organizar el cuerpo astral- genera energía-deseo. Afluye al cuerpo vital y energetiza al hombre físico para que inicie esas actividades que lo conducirán a la satisfacción del deseo. Éste es un proceso paralelo al trabajo que hace el prana que impulsa a la naturaleza instintiva animal a la actividad, yendo necesariamente a la par y produciendo conflicto -el primer choque (dentro del hombre) de los pares de opuestos. Gradualmente la energía pránica se convierte en actividad automática, el traslado de la conciencia es hacia el cuerpo astral o de deseos, y la actuación de la naturaleza instintiva desciende bajo el umbral de la conciencia. Entonces el hombre concentra su vida en el vehículo astral y su cuerpo etérico es animado por la potente afluencia de la energía-deseo.

 

3.    El hombre evolucionado, que posee una personalidad integrada, somete gradualmente el cuerpo etérico al control de la energía mental y su actividad en el plano físico no está complementada por el instinto o el deseo, sino por la energía del pensamiento, la cual está dedicada a los planes del hombre y a expresarlos. Este plan indica acrecentadamente su deseo inteligente -egoísta en las primeras etapas, complejo y dualista en las intermedias, pero responde lentamente al plan mundial y a la intención divina para la humanidad.

 

4.    Finalmente, cuando el poder de los Triángulos -nombre espiritual que se da al alma en La Doctrina Secreta- es impuesto a la personalidad, entonces su energía reemplaza a las otras energías y la personalidad -centrada ahora en la mente, respondiendo a la impresión del alma- expresa en el plano físico, por medio del cerebro y el cuerpo físico, la intención, el poder y la naturaleza del alma omnincluyente.

 

La red etérica individual energetiza al automático cuerpo físico para que entre en actividad. Las cuatro energías mencionadas controlan el cuerpo físico mediante la red etérica. El conflicto de la conciencia cerebral del ser humano en evolución, asume importancia en cuanto el hombre comienza a reconocer las energías controladoras, su origen y sus efectos.

 

Por lo tanto, resulta evidente que casi todo el trabajo del discípulo se efectúa en el reino de las energías y fuerzas. El estudio del ocultismo es el estudio de las fuerzas, su origen y efectos. Un ashrama es un lugar donde el estudio entra en su fase experimental o de laboratorio. Se supone que el discípulo está en proceso de llegar a ser consciente de las fuerzas y energías que lo condicionan como individuo, las cuales se originan en él y producen cambios y efectos específicos en la expresión de su vida en el plano físico. Cuando se reconoce a sí mismo como "la Vida y las vidas" -según lo expresa La Doctrina Secreta-, la suma total de fuerzas y una energía controladora, entonces puede ser un discípulo mundial y trabajar significativamente en un ashrama.

 

Por consiguiente, se evidencia que cuando un discípulo entra en un ashrama y trabaja en relación más íntima con Su Maestro, comienza en lo posible a colaborar con sus condiscípulos; entonces tenemos (en términos ocultistas) una repetición de la relación entre la Vida del grupo -en este caso el Maestro- y las "vidas" -en este caso los discípulos- de la energía central, y de las fuerzas que responden. Desde el punto  de vista del Maestro, en lo que al problema grupal concierne, la dualidad tiene cabida en la expresión grupal. Él, la energía central, tiene que trabajar por medio de las fuerzas. Desde el punto de vista del discípulo, una fuerza -él mismo- es puesta en relación con otras fuerzas que al mismo tiempo deben responder a una energía, la del Maestro. Esta respuesta llega por el reconocimiento de que el propósito, el origen y la naturaleza son idénticos, pero no es idéntico el campo de expresión. Por lo tanto, podrán ver que un ashrama en realidad es un vórtice de fuerza puesto en movimiento por los diferentes tipos de energías dentro del círculo

 

infranqueable del Ashrama. Estos principios básicos del dualismo se hacen sentir a medida que la energía del espíritu hace impacto sobre la fuerza del alma y de la personalidad. Recuerden que un Maestro manifiesta energía monádica, mientras que los discípulos en Su grupo, tratan de manifestar energía del alma y realmente lo hacen en cierta medida, por su amor y servicio. A la energía del alma agregan la fuerza de la personalidad, que surge de su ser, por estar centrados todavía en la vida de la personalidad, aunque aspiran a obtener la conciencia del alma. En esto reside su utilidad desde el punto de vista de un Maestro y también su dificultad y, a veces, su fracaso.

 

Los discípulos dentro del grupo del Maestro o ashrama del Maestro, ejercen un poderoso efecto entre sí, porque todo se acentúa en su naturaleza. El Maestro debe procurar cuidadosamente no estimular en forma indebida los vehículos del discípulo, debido a Su relación con ellos.

El discípulo individual debe cuidar el efecto de los tres grupos de energías que hacen impacto sobre él:

 

1.    Las energías de su propia naturaleza -física, emocional y mental- y las que provienen de su propia alma.

2.    Las energías que hacen impacto en él, cuando provienen de otros miembros del ashrama o grupo. Este efecto dependerá del desapego en lo que a él concierne y, por consiguiente, puede responder a lo que proviene de ellos. La ley oculta dice que "cuanto más se ama más se puede responder e incluir el punto de vista, la naturaleza y la fuerza de sus semejantes". Esto también es vitalmente cierto respecto a un grupo de discípulos. Lo que protege de una excesiva sensibilidad a la mayoría de los discípulos es su preocupación por sí mismos y su propio desarrollo.

3.    Las fuerzas trasmutadas que le llegan al discípulo desde el Maestro, o que le son definidamente trasmitidas por Él.

 

La meta del trabajo que realizan los discípulos en forma grupal o en el ashrama, es la manifestación, dentro del grupo, del proceso causal creador. Esto está resumido en las palabras que ya cité: "La Vida y las vidas". Tienen aquí una idea análoga y sus efectos correlativos, cuando se comprende que el Maestro -espíritu o mónada- se refleja en el discípulo (alma) o lo inspira, permitiéndosele manifestar la actividad del alma en el plano físico.

 

Quisiera tratar con mayor detalle la naturaleza del grupo de un Maestro denominado a veces Ashrama. Sería de valor si me esforzara por definir un ashrama y darles una clara idea acerca de la diferencia entre el grupo particular de un Maestro y los numerosos grupos externos que, aunque actúan bajo Su inspiración y de acuerdo al Plan, no constituyen definida ni técnicamente Su ashrama.

 

Un ashrama es la fusión subjetiva de individuos y no de personalidades, reunidos con el propósito de prestar servicio. Es la fusión de la actividad individual en un todo -un todo unido por lo objetivo y la visión, pero que puede aplicar (y frecuentemente aplica) diferentes métodos y técnicas. El trabajo del ashrama es especialmente la presentación al mundo de estos propósitos de servicio, llevados a cabo como mejor le parece al discípulo individual, de acuerdo a "la impresión del Maestro" y con la colaboración de Su grupo. Un grupo de discípulos no está obligado a hacer un mismo tipo de trabajo, del mismo modo y al mismo tiempo. Se comprometen a trabajar bajo la inspiración de sus almas, tal como sus almas pueden dirigir o dictaminar, fortalecidos por el contacto con el Maestro y entre sí. Los relaciona la identidad de visión y de vibración, más un respeto mutuo y plena libertad -particularmente esto último.

 

Al reflexionar sobre el particular, les pediría que comprendan que un ashrama no es un grupo de personas que actúa bajo la tutela de un Maestro. Esto es algo importante y debe recordarse. Como ya dije, es un punto magnético de tensión, una fusión de energías dirigidas hacia un centro común, y encierra dos factores magnéticos:

 

1.    El anhelo conjunto para formar grupos en el plano mental. Ésta es la analogía superior del instinto de rebaño en el mundo animal y en el de los hombres, pero es de naturaleza espiritual, aunque con diferentes móviles. El instinto inferior de rebaño está mayormente motivado por el instinto de autoconservación, y el superior por el reconocimiento de la naturaleza inmortal del alma y por el instinto de servir hasta el propio sacrificio. Controla la ley de "morir para entrar en la vida". Cuando la atracción magnética del grupo es suficientemente fuerte sobreviene la muerte de la vida de la personalidad. Por lo tanto, hasta que el grupo de discípulos no exprese en todas sus partes este exteriorizado anhelo de sacrificarse, no es un Ashrama.

 

2.    La atracción magnética del centro positivo, en el mismo corazón del grupo, la atracción magnética del Maestro. Como bien saben, por lo menos teóricamente, en el centro del Ashrama se halla siempre un Maestro, un iniciado o un discípulo mundial. Su tarea es mezclar y fusionar las energías presentadas y ofrecidas por el grupo -de acuerdo al impulso de servir- e indicar el campo de servicio. La modalidad de esta actividad instintiva se denomina obediencia oculta y se ofrece voluntariamente, siguiéndosela en forma unida. Cuando un grupo -que actúa regido por un Maestro- es activado por el impulso espiritual y funciona a través de una firme organización (como electrones alrededor del núcleo positivo de un átomo), entonces y no antes, la potencia del grupo se hace inmediatamente efectiva.

 

Puntualizaré que el así llamado Ashrama interno es para el grupo externo lo que el alma y su visión para el discípulo individual, actuando en los vehículos de su personalidad. Es el refugio interno. Por lo tanto, los discípulos pueden percibir el progreso de su fusión como ashrama (en proceso de exteriorización física), mediante el reconocimiento espiritual de la potencia grupal interna y la facilidad para ponerse en contacto con el Maestro como individuos o grupo.

 

Una de las cosas que un Maestro debe hacer es enseñar a Sus discípulos a estudiar y registrar verazmente su punto habitual de enfoque diario. Esto constituye el verdadero entrenamiento introspectivo, y si es seguido con cordura e inteligentemente, conduce a la comprensión del verdadero y persistente nivel interno de conciencia; también fomenta un reconocimiento de la necesidad de sobreponerse a las limitaciones (no las limitaciones percibidas habitualmente) y la necesidad de derribar las barreras impuestas por la personalidad. Este proceso puede ser resumido en las siguientes palabras: El propósito del Ashrama y el entrenamiento que imparte, es permitir al discípulo vivir realmente en cada uno de los planos que ha abierto en su conciencia. Es importante recordar que nadie se integra en un ashrama hasta no haber pasado más allá de los límites puramente personales de lo niveles de la conciencia; hasta no ser sensible al rayo y a la cualidad del Maestro del Ashrama, y hasta no ser normalmente consciente del alma. El logro de esto encierra gran responsabilidad; el cumplimiento de esta responsabilidad constituye los primeros indicios de lo que puedo denominar "conciencia ashrámica" -conciencia desprovista de interés en sí mismo y siempre preocupada por lo esencial de la vida espiritual.

 

La preocupación primordial de los discípulos, en el comienzo de su entrenamiento técnico, es de variada naturaleza y la vida del ashrama, por lo

 

 

general, un trasfondo interesante para la experiencia diaria y no el factor de importancia que debería ser, ni de interés principal en el primer plano de la conciencia. Las necesidades de la vida diaria, los muchos y diversos contactos familiares, los resentimientos contra la vida y sus impactos, el desagrado de ser criticado e incomprendido, los numerosos problemas del carácter, los apremios del desarrollo psíquico y las pequeñeces de las circunstancias, frecuentemente parecen tan grandes que la percepción del ashrama y su vida constituyen una inspiración ocasional en vez de un hábito establecido en la vida. La capacidad de hacer comparaciones en perjuicio de otros (particularmente de los propios condiscípulos o circunstancias), el temor de dedicarse totalmente y poner cuanto uno es y posee en la vida del ashrama, los presagios respecto al futuro y una hueste de formas mentales, más la indebida atención a la vida cíclica del cuerpo físico, presentan al Maestro un cuadro impresionante de las dificultades que debe enfrentar. La actitud del Maestro es muy fácilmente olvidada por los discípulos, por estar fundamentalmente interesados en sí mismos y en sus reacciones y problemas.

 

Como observarán, los discípulos de un ashrama se ocupan principalmente de los asuntos mundiales. Como grupo se han comprometido para el servicio mundial y como individuos están aprendiendo a trabajar de ese modo. Los seudo-discípulos deben diferenciar entre el efecto (magnético y dinámico) del grupo y el esfuerzo consciente que el grupo realiza bajo el deseo unido, dirigido por el Maestro, para llegar a las mentes de quienes dirigen los asuntos y acontecimientos mundiales. Los acontecimientos externos son, hasta cierto punto, predecibles; constituyen efectos precipitados de causas ocultas que subyacen profundamente en la subconsciencia de la humanidad, y pueden ser observados y -hasta cierto punto- contrarrestados o estimulados, por el poder grupal. Ésta es una de las tareas principales de la Jerarquía. Los Maestros trabajan en la luz y en el reino de las causas. Los discípulos están implicados, lógicamente por ahora, en el mundo de los efectos y, en consecuencia, de la ilusión. Trabajar predominantemente con los puntos focales de la energía espiritual en el plano externo, involucra inmediatamente ciertos factores:

 

1.    Un profundo e indesviable amor que "ve" en la luz. El amor es verdaderamente el revelador.

 

2.    El poder de abstraerse totalmente, como individuo y grupo, del mundo de las reacciones físicas e inclinaciones emocionales, y trabajar

 

 

exclusivamente en niveles mentales. Allí el discípulo está centrado en su mente inferior, pero conscientemente orientado hacia el alma, y es cada vez más sensible a la intuición, a la visión y al Plan, así como también al alma grupal y al Maestro -todo en orden de respuesta.

 

3.    Luego sigue el poder, como grupo, de formular el deseado efecto mental, en tal forma que llegue a la mente o al alma de aquellos con quienes ustedes como discípulos tratan de hacer contacto, proyectando la forma mental construida con el tipo y la cualidad necesarios para evocar respuestas y satisfacer la necesidad de aquellos a quienes el discípulo trata de ayudar y fortalecer. La forma mental proyectada incorporará la luz y el amor, y también la idea del grupo, de acuerdo a la visión grupal.

 

 ¿Cuántos pueden hacer este tipo de trabajo? No muchos, todavía. Los discípulos generalmente se ocupan más del deseo de ayudar que de las técnicas científicas para ayudar. Deben considerar el deseo de ayudar como algo lógico, y luego olvidarlo. Desearía pedirles a todos los discípulos que hagan un mayor esfuerzo para ver con claridad la visión; reconocer y conocerlos por lo que son, a quienes ocupan una posición elevada, guían a la humanidad y tienen la responsabilidad de sacarla de la esclavitud y llevarla a la liberación. Ayúdenlos con amor, porque se hallan donde están, debido al destino individual y a la guía de sus almas. La vida debe ser considerada y enfrentada como es, no en forma realista desde el punto de vista mundano, sino en forma realista desde el punto de vista del alma, cuya visión es amplia e incluyente y ve la vida tal cual es.

 

Uno de los primeros deberes de los discípulos es aceptar los hechos como son. En la tarea de ayudar a la humanidad, como parte del grupo o Ashrama de un Maestro, una de las primeras cosas que deben saber es que han sido ubicados hombres y mujeres en posiciones de poder para llevar a cabo el Plan divino. Esto debe hacerse sin críticas, evitando el constante reconocimiento de sus limitaciones, comprendiendo sus problemas, percibiendo el llamado de estas almas a las de ustedes y enviándoles una constante corriente de "comprensión amorosa". Ellos son discípulos más avanzados que ustedes, aunque no lo comprendan. Consciente o inconscientemente se hallan bajo la "impresión" de los Maestros; muy poco puede hacer el discípulo común para moldear sus pensamientos o configurar sus decisiones. Me refiero, desde luego, a los conductores de las Fuerzas de la Luz en el plano físico externo.

 

Pero los discípulos y aspirantes pueden rodearlos de una barrera protectora de luz y de amor; deben abstenerse de obstaculizarlos con la crítica mental que puede aumentar la oleada de murmuraciones que las mentes mundanas vierten sobre ellos. Además les pediría que no traten de llegar hasta los conductores de las Fuerzas del materialismo e influir sobre ellos. Esto puede hacerse más fácilmente, pues la personalidad del discípulo proporcionará una puerta abierta para el acercamiento, pero por ser esas fuerzas mucho más fuertes que las del discípulo común, la tarea sería extremadamente peligrosa.

 

En la era de Acuario (que hablando relativamente está muy cerca) se exteriorizará el ashrama interno en el plano externo. Se unirán por primera vez como discípulos en la historia de la humanidad, los discípulos, iniciados y discípulos mundiales, reconociéndose mutuamente y reconociendo al Maestro de su grupo. El ashrama interno es un foco de almas, libres e ilimitadas; el ashrama externo -de acuerdo al futuro experimento acuariano- estará compuesto de un foco de personalidades y de almas. Por lo tanto habrá limitaciones; la responsabilidad requerirá un reconocimiento consciente, pero habrá lógicamente una lenta y necesaria disminución de la acción y de la percepción en el mundo externo del espacio-tiempo.

 

El verdadero Ashrama (del que los futuros ashramas externos no serán más que reflejos) no puede ser descrito por la mente inferior concreta. Es un punto focal de recepción; abarca el esfuerzo para establecer contacto mutuo, mediante el reconocimiento, la naturaleza de las energías que tratan de expresarse en el leyes que rigen la acción. Sin embargo, no es un lugar para desarrollar procesos prolongados y silenciosos de meditación, por ser un punto de tensión donde se tratan esos aspectos más esotéricos de la Sabiduría Eterna, donde se reconocen las relaciones del alma y se llevan a cabo conscientemente la fusión de las auras y la interfusión de los "Triángulos". El Ashrama es el estado mental de un grupo espiritual, un lugar de pensamiento unido; un centro para la clarificación de la visión y no donde se aplican los métodos de trabajo del plano físico. A medida que los discípulos aprenden a integrarse en el ashrama de un Maestro, descubren ante todo que deben establecer una armonía básica entre ellos y sus discípulos y reforzar el contacto entre sus propias almas, el grupo ashrámico y el Maestro. Entonces aprenden a comprender, por medio de la discusión y el experimento, la naturaleza de las energías que tratan de expresarse en el mundo, y la naturaleza de las fuerzas que deben ser reducidas a la impotencia, para que las nuevas energías entrantes sean eficaces y produzcan los cambios deseados de acuerdo al Plan.

 

Aprenden también que en ellos, como individuos, no hay debilidad ni fortaleza que no pueda ser sometida a la mirada del grupo; así llegan a desprenderse de todos los "velos" que impiden brillar la clara luz del alma. La meta del trabajo que se realiza en todas los ashramas de los Maestros es llegar a la Verdad -en todos los niveles y en todo momento. A medida que los discípulos aprenden a trabajar así, desde el punto o centro de luz, comprensión y verdad, donde se están integrando constantemente, aumentará grandemente su utilidad exotérica y servicio eficaz; sabrán, como grupo, lo que debe hacerse y eventualmente descubrirán que ha sido realizado.

 

La principal tarea de un Maestro en las primeras etapas del entrenamiento de Su discípulo, es dar término al período de intensa preocupación en sí mismo, en su servicio, en sus reacciones al Maestro o en la promesa de un contacto futuro con Él, en sus propias ideas acerca del discipulado y en sus interpretaciones personales de la verdad. El Maestro toma un grupo de personas que poseen ideas fijas (las cuales están plenamente seguras que sus ideas son correctas por ser las mejores y más elevadas que han podido captar hasta la fecha) y están convencidas que llegaron a una etapa en que registraron ciertos valores y conceptos espirituales, desarrollaron sus propias formulaciones de la verdad y demandaron ansiosamente dar el segundo paso. Por lo tanto, lo primero que Él debe hacer es (empleando una frase fuerte y quizás poco común), sacudirías, darles un profundo sentido de inseguridad, respecto a las fórmulas y símbolos de la mente concreta inferior, y prepararlas para la recepción de nuevos y más elevados acercamientos a la verdad. Esto se obtiene con frecuencia forzándolas a poner en duda todas las conclusiones del pasado.

 

Nosotros -discípulos e iniciados de todos los grados- tenemos que entrar en el lugar secreto de la iniciación, con la sensación de ceguera (o desorientación), y con un sentimiento de absoluta indigencia. El discípulo debe tener presente que debe convertirse en un "punto movible y, por consiguiente, en una línea", ascender a la Jerarquía y asumir la correcta actitud espiritual, pero al mismo tiempo descender a lo que erróneamente considera la profundidad de las dificultades y las iniquidades humanas (si es necesario), conservando siempre la integridad espiritual, pero aprendiendo tres lecciones importantes:

 

1.    El reconocimiento de que comparte todas las tendencias humanas, buenas y malas, y por eso puede prestar servido.

 

2.    El descubrimiento de que lo que más desprecia y teme, es lo más fuerte que hay en él, pero aún no lo reconoce, y también que debe explorar y conocer esas zonas de conciencia despreciadas y temidas, para que constituyan oportunamente un haber en vez de algo que debe evitarse. Aprende a no temer nada; aprende que él es todas las cosas, un ser humano pero también un místico, un ocultista, un psíquico y un discípulo. Y, por todos estos estados de conciencia adquiridos, llegará a ser, con el tiempo, un Maestro, llegando a "dominar" todas las etapas y estados de conciencia.

 

3.    La inutilidad de mantener actitudes antiguas y modalidades dogmáticas al observar la vida y las personas (basadas por lo general en la tradición y las circunstancias), cuando éstas lo apartan de sus semejantes.

 

Cuando realmente ha aprendido estas tres cosas, es un iniciado. (5/636-650)

 

 

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