• 1
  • 2
  • 3
  • 4
  • 5
  • 6
  • 7
  • 8
  • 9
  • 10
  • 11
  • 12
  • 13

Las Seis Etapas del Discipulado, II Parte

Cuando se discurre sobre la etapa del discipulado  surgen siempre dos preguntas: el problema de la obediencia oculta y la naturaleza de la visión. Quisiera ocuparme de éstas desde el comienzo, antes de prestarles ayuda. ¿Cuál es esa obediencia oculta que se supone exige el Maestro? Actualmente los Maestros se ocupan de los discípulos de mentalidad superior, que creen en la libre voluntad y conciencia humanas y se resisten a la imposición de cualquier supuesta autoridad. El hombre intelectual no acepta que se infrinja su libertad y, básicamente, tiene razón. Objeta tener que obedecer, lo cual hoy es axiomático. De esta cuestión fundamental derivan otras secundarias, que quisiera citar. El discípulo ¿debe obedecer a la menor insinuación que haga el Maestro?; ¿Cumplir cualquier requisito y sugerencia?; ¿aceptar como cierto e infaliblemente correcto todo cuanto el Maestro dice?, o ¿comete un error cuando se niega a aceptar el punto de vista y las declaraciones que el Maestro pueda hacer? El hecho de ser un discípulo aceptado ¿limitará su libertad de opinión o de elección, coartará su razonamiento y lo convertirá en una simple réplica mental de las ideas del Maestro? Estas preguntas son muy importantes. 

 

Lo que se requiere es obediencia al Plan, no obediencia al Maestro, por más que lo enseñen las escuelas ocultistas de tipo antiguo. La obediencia que se pide está basada en el creciente reconocimiento del Plan para la humanidad, tal como surge en la conciencia de cada uno a través del proceso de meditación y el servicio definido, basado en un creciente amor hacia sus semejantes. La obediencia que se solicita es la de la personalidad al alma, a medida que el conocimiento, la luz y el control del alma se hacen cada vez más potentes en la mente y en las reacciones cerebrales del discípulo.

 

Este problema de la obediencia oculta no surgiría si la relación entre alma y personalidad, o entre discípulo y Maestro, fuera completa y sólidamente establecida. Todo el asunto consiste en la ceguera y la falta de conocimiento del discípulo. A medida que se afirma la relación, no pueden surgir divergencias fundamentales de opinión; las metas del alma y de la personalidad se mezclan y fusionan; los objetivos ante el discípulo y el Maestro son los mismos, y la vida grupal condiciona el servicio que ambos prestan. Las limitaciones del discípulo despiertan por lo tanto la duda y el temor de que el Maestro y su alma le exijan demasiado ¿no es verdad, hermano mío? Lo que hace vacilar ante la palabra obediencia, es el aferramiento a las interpretaciones, deseos e ideas de la personalidad. Lo que impide aceptar inmediatamente las sugerencias de los Maestros, literal y efectivamente, es el amor a sí mismos y a sus propios puntos de vista. Quisiera recordarles que el Maestro sólo hace sugerencias al discípulo, aunque puede hacer afirmaciones positivas acerca de los asuntos humanos. Estas afirmaciones podrán ser totalmente correctas, sin embargo, el neófito está generalmente enceguecido o influido por su propio punto de vista para aceptarlas. Sólo se puede obedecer cuando se ha desarrollado cierta comprensión y se posee visión incluyente; si se carece de ellas, con el transcurso del tiempo se hará lo que el Maestro solícita.

 

Esto nos lleva al asunto de la visión, su naturaleza y amplitud. La visión que debe poseer el discípulo antes de ingresar en el grupo de un Maestro, ¿debe ser un proceso de gradual desenvolvimiento o el recuerdo inconsciente de algo sentido y visto anteriormente? He aquí el nudo del problema.

 

Permítanme dar una explicación. La visión es una manera simbólica de experimentar la revelación. El desarrollo gradual de cada uno de los cinco sentidos trajo el constante surgimiento de la revelación del mundo de Dios y la continua expansión de la visión. El desarrollo de la vista produjo una aptitud sintética para enfocar los resultados de todas las visiones menores, llevadas al punto de revelación por los otros cuatro sentidos. Luego le sigue la visión revelada por el "sentido común" de la mente. En su estado más desarrollado se presenta como percepción mundial, en lo que a los asuntos humanos concierne y produce frecuentemente los vastos planes personales de los dirigentes mundiales en los distintos campos del vivir humano. Pero la visión a que me refiero consiste en llegar a ser conscientes de lo que el alma conoce y ve, empleando la clave que abre la visión del alma, la intuición, que debe aplicarse inteligente y conscientemente sólo cuando los asuntos de la personalidad van quedando bajo el umbral de la conciencia.

 

Quisiera preguntarles: ¿En qué grado la actual denominada visión depende de lo que otros han visto, y de cuanto han descubierto por sí mismos, ascendiendo ardua y empeñosamente al Monte de la Visión y (desde esa cima alcanzada por sí mismos) viendo más allá del horizonte la siguiente cumbre de realización para la humanidad? Un discípulo llega a ser aceptado cuando comienza su ascenso hacia la visión, hacia la cima de la montaña y, también, cuando puede registrar conscientemente lo que ha visto y comienza a hacer algo constructivo para materializarlo. Esto ya comenzaron a hacerlo muchos. Un hombre llega a ser un discípulo mundial, en sentido técnico, cuando la visión es para él un factor importante y determinante en su conciencia, a lo cual subordina todos sus esfuerzos diarios. No es necesario que alguien le revele el Plan. Él sabe. Ajusta su sentido de proporción a la revelación, y su vida está dedicada a traer a la existencia efectiva la visión, en colaboración con su grupo.

 

Por lo tanto es un proceso que se desarrolla gradualmente, hasta llegar a cierta etapa. Una vez alcanzada la visión ya no es un factor dominante, sino el campo de la experiencia, del servicio y de la realización. Reflexionen sobre esto. Algún día comprenderán. Una desviación inconsciente nos aparta de la visión y una orientación consciente nos lleva hacia ella. Hay un aspecto de la visión que frecuentemente lo olvidan muchos discípulos. Ésta es la necesidad -inherente a la justa apreciación de la visión misma- que registran todos aquellos que se convierten en "dadores de la visión". En el momento en que

 

 

esto sucede toda la situación cambia. En la mente de los principiantes surge la idea de ir detrás de la visión, descubrirla, capacitarse para hacer contacto con ella y con frecuencia la distorsionan, describiéndola en términos de verdades ya impartidas. La actitud del neófito se basa, por lo tanto, en la necesidad de alcanzar la visión para satisfacer las necesidades individuales y personales. Pero (en el sendero del discipulado aceptado) el discípulo debe abandonar esa actitud para estar en el sendero del auto-olvido espontáneo e inconsciente. Una vez percibida la visión se hace tan importante que todo sentimiento y adhesión a la misma desaparece aparentemente. Así es absorbido en la visión, y esta absorción tiene lugar en el plano físico. Tanto la mente como el cerebro se preocupan de lo que el alma sabe y, para la personalidad, eso es siempre visión.

 

Anteriormente me referí a la existencia de los discípulos y de los discípulos mundiales. Discípulo mundial es el hombre o mujer que lograron un verdadero ajuste entre lo particular y lo universal, entre lo específico y lo general y entre las propias condiciones de su esfera ambiental y el mundo externo de almas necesitadas. El problema que encaran estos discípulos no es de ajustar las relaciones entre el hombre espiritual interno, el alma, y su instrumento, el yo inferior personal, sino cumplir las obligaciones inmediatas de la personalidad y, al mismo tiempo, producir un efecto en el mundo circundante de los hombres, debido a un fuerte impulso interno y a la necesidad que sienten de hacerse cargo del servicio y de las responsabilidades de su Maestro y de su grupo. Estos hombres y mujeres son siempre discípulos aceptados en el sentido académico del término, y pueden ser receptores de la impresión espiritual, haciéndolo, si quieren, a voluntad. Son personas integradas desde el punto de vista de la personalidad, susceptibles en todo momento de establecer contacto con el alma. No alcanzaron la perfección porque aún no son Maestros; tienen por delante la cuarta iniciación, pero sus propias imperfecciones no constituyen el principal punto de ataque del alma ni su mayor preocupación; la necesidad y demanda mundiales de ayuda espiritual y psíquica, imperan en su conciencia. Poseen una clara visión respecto a las personas, pero básicamente no critican; reconocen automáticamente la imperfección, pero poseen comprensión amorosa y están dispuestos a ayudar en cualquier nivel donde la necesidad es grande.

 

Los discípulos mundiales piensan en términos grupales, aumentando constantemente la inclusividad. Consideran a su propio grupo, circulo de

 

 

colaboradores y campo de servicio, en su correcta proporción, porque no están desligados del Todo circundante. Son puntos focales activos para las Fuerzas de la Luz en los tres mundos del esfuerzo humano, y se encuentran en todo campo y escuela de pensamiento.

 

No definiré al discipulado activo, tal como se lo entiende comúnmente. Todo estudiante esotérico conoce su significación e implicaciones y sus responsabilidades. Trato de desarrollar en ustedes ese sentido de la necesidad mundial y esa utilidad que hará de cada uno que lee y comprende mis palabras, un discípulo de verdad y de hecho. La tarea primordial del Maestro `consiste en desarrollar en Sus discípulos ese sentido mundial que les permitirá ver la situación inmediata que se destaca del trasfondo del pasado, iluminado por la Luz del conocimiento del Plan, que siempre concierne al futuro -excepto para esos raros espíritus que siempre piensan en términos del Todo. El anteproyecto del plan inmediato está en manos de los discípulos mundiales; la elaboración de estos planes bajo la inspiración y ayuda de los discípulos mundiales, está en manos de los discípulos aceptados de todas partes. Ni los discípulos mundiales ni los discípulos aceptados son místicos visionarios o vagamente idealistas, sino hombres y mujeres que tratan inteligente y prácticamente de trasformar el plan ideal en un experimento factible y triunfal en la Tierra. En esta tarea todos tienen la oportunidad de ayudar. La capacidad para llegar a ser discípulos mundiales depende eventualmente de la capacidad de descentralizarse y olvidarse de sus personalidades. Este olvido no involucra únicamente sus propias personalidades, sino también las personalidades de sus condiscípulos y colaboradores y de todos aquellos con quienes entran en contacto. Además, significa que en el futuro prestarán mayor servicio, impulsados a ello, porque sienten en sus corazones un ardiente amor por sus semejantes.

 

El factor que debe considerarse aquí, es que los discípulos se obstaculizan con frecuencia a sí mismos, porque no han aprendido a olvidar sus personalidades, se preocupan demasiado de sus fracasos y son conscientes de una verdadera ineptitud. Se preocupan excesivamente de los miembros del grupo y no del alma del grupo. Ustedes, como discípulos, también se preocupan en demasía de las relaciones interpersonales, por no estar suficientemente enfocados en el alma del grupo y en el Maestro, centro y foco de energía del grupo. Si dejaran de lado toda crítica, cultivaran la alegría de la relación y trataran siempre de participar juntos en toda bendición espiritual

 

 

impartida para ayudar al mundo; si procuraran, como grupo, hacer contacto con el Maestro, y estuvieran en condiciones de conocer su grupo, eliminando toda ansiedad por el éxito o no, del servicio designado, ayudarían grandemente en la tarea que enfrenta el Maestro de cualquier grupo. La fusión necesaria siempre puede tener lugar entre los discípulos, cuando se unen en el nivel del alma y cuando el factor dominante es el servicio que se debe prestar y no cómo prestarlo, de lo cual es responsable cada discípulo independientemente.

 

El Maestro no entrena a un grupo de hombres y mujeres para ser buenos y obedientes, cumplir Sus deseos y llevar a cabo Sus propósitos, sino para que se inicien y lleguen a ser Maestros, objetivo que nunca pierde de vista. Por lo tanto, como discípulos deben aprender a manejar fuerzas y a llevar energías a una esfera determinada de servicio, y este hecho deben tenerlo constantemente presente. Los discípulos son elegidos por el Maestro, pues, a pesar de todas las limitaciones personales y de acuerdo a su capacidad, responden individualmente a la visión inmediata de la unida Jerarquía y a los métodos que Ella se propone emplear para materializar esta visión. La visión jerárquica (hasta donde puedan comprenderla) es la respuesta de los Maestros a la impresión superior, a la cual están sometidos y a la que dan Su asentimiento de acuerdo al rayo y no a la etapa de desarrollo. El Maestro reconoce a quienes reconocen el Plan y tratan (con total y calificada dedicación) de ayudar a llevarlo a cabo. Luego los estimula grupalmente por tener idéntica visión y dedicación, lo cual les permite, bajo ese estímulo e inspiración, ser más efectivos en la línea de servicio elegida (auto-elegida). Por eso quisiera que reflexionen cuidadosamente sobre los siguientes reconocimientos.

 

1.    El reconocimiento de la visión.

2.    El reconocimiento del Plan, porque visión y Plan no son la misma cosa.

3.    El reconocimiento que el Maestro acuerda al grupo de aspirantes dedicados, cuando los acepta como Sus discípulos.

4.    El reconocimiento de las ideas del Maestro, como metas para sus futuros esfuerzos.

5.    El mutuo reconocimiento de ustedes, como almas y servidores.

 

Cuando se comprendan debidamente estos reconocimientos, la Jerarquía reconocerá eventualmente a un grupo de discípulos que podrá ser utilizado

 

 

como canal, por el cual afluirá energía, luz y amor espirituales, a un mundo necesitado y agonizante. Entonces será dotado del poder de servir, pero no se lo otorgará el Maestro, sino que el grupo mismo engendrará ese poder, poder que manejan los discípulos y se obtiene como respuesta a una vida correctamente vivida y un amor plenamente ofrendado. Hay una gran ley contenida en las palabras: "a quienes todo lo dan, todo les será dado". Esto es verdad respecto al discípulo individual y al grupo de un Maestro. Muchos aspirantes al discipulado no conocen ni comprenden actualmente esta ley; tampoco se entregan plena ni libremente al trabajo de la Jerarquía, ni a quienes están necesitados. Mientras no lo hagan, limitarán su efectividad y cerrarán la puerta de la provisión, no sólo para sí mismos sino para el grupo servidor al cual están afiliados. Tal es la responsabilidad. La clave para la provisión es la inofensividad de la personalidad y la dedicación de todos los recursos individuales al servicio de los Grandes Seres, sin restricciones y con espontaneidad. Como discípulos, traten de vivir inofensivamente, en pensamiento, palabra y acción, y cuando material, emocional o temporalmente, nada se escatime y se aplique la fuerza física, y se donen los recursos con alegría, entonces el discípulo tendrá todo lo necesario para llevar a cabo el trabajo; esto atañe también a los grupos activos de servidores. Tal es la ley. Es innecesario decir que la perfección no es posible todavía, pero sí debe haber un mayor esfuerzo de los discípulos para dar y servir.

 

Por lo tanto, llegará infaliblemente el día en que, como individuos y como parte del grupo de un Maestro, subordinarán sus vidas personales a la necesidad de la humanidad y a la intención del Maestro. Entonces serán y no lucharán tanto por llegar a ser; darán y no combatirán constantemente la tendencia a no dar; olvidarán sus cuerpos físicos y no les prestarán tanta atención (y el resultado será mejor salud); pensarán y no vivirán tan profundamente en el mundo de los sentidos; antepondrán sensata e inteligentemente y como un procedimiento normal, el trabajo del Maestro y el servicio a los demás.

 

¿Cuál es ese trabajo? Constituir un grupo activo, inteligente y consagrado de servidores por el cual los planes jerárquicos puedan llevarse a cabo y constituir en el plano físico un foco de energía espiritual. Entonces podrá ser empleado por la Jerarquía para ayudar a toda la humanidad, particularmente en esta época de crisis. Los planes de la Jerarquía, así como encarnan la voluntad de Shamballa, pueden ser llevados a cabo y lo son; sin embargo, el

 

 

proceso puede ser, en forma consciente o inconsciente, una respuesta masiva a la impresión. Entre los discípulos del mundo, la respuesta y consiguiente actividad es hecha en forma consciente, lo cual conduce a empresas inteligentes.

 

La tarea del Maestro consiste en evocar en sus discípulos tal profundo y consagrado amor, más la comprensión de la oportunidad actual, que desaparecerán de sus conciencias los aspectos personales de sus vidas, y su principal preocupación será: ¿Cuál debe ser mi servicio actual? ¿Cuáles son las cosas no esenciales de la vida, a las que no debo prestar atención? ¿Cuál es la tarea que debo realizar? ¿A quiénes puedo ayudar? ¿A qué aspecto del trabajo del Maestro debo prestar máxima ayuda? Todos estos interrogantes deben ser contestados con equilibrio, inteligencia y sin fanatismo. (5/629-636)

 

 

Escribir un comentario

Código de seguridad
Refescar

Reproductor Música

Casino Bonus at bet365 uk