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Los Misterios

¡Grande es el misterio de la deidad!

Las palabras pronunciadas para todos los hijos de los hombres, los hijos de Dios, fueron: Lleven la signatura de Dios. Abandonen este lugar elevado y, en el oscuro reino externo, trabajen y sirvan; hagan surgir lo Real; develen las profundidades ocultas de la luz. Revelen la divinidad.

 

 

 

¡Grande es el misterio del pensamiento!

 

 

Las palabras pronunciadas para todos los hijos de los hombres, los Hijos de Dios, fueron: Reflexionen sobre el pasado, el futuro y lo que existe hoy. Aprendan que por medio del pensamiento se revela el Camino hacia lo más recóndito. Dios pensó, y los mundos surgieron y siguieron sus cursos. El radiante y distante pasado del hombre, antes que viviera en la Tierra, el pasado que existió antes del tiempo y el espacio fue un pensamiento que el hombre hizo evolucionar. Surgió a la luz del día y siguió su curso. Y lo sigue hasta hoy.

¡Grande es el misterio del dolor!

 

Las palabras pronunciadas para todos los hijos de los hombres, los Hijos de Dios, fueron: Aprendan por medio de la lucha en la vida terrena a elegir el camino mejor, después el más bueno. No evadan el dolor. No busquen el camino más fácil, pues no lo encontrarán. Recorran el Camino que mediante el sufrimiento, el dolor y la terrible angustia, conduce a ese lugar elevado de donde ustedes vinieron -lugar donde Dios camina con los hijos de los hombres, que son los Hijos de Dios. Ante la augusta presencia todo dolor desaparecerá, el sufrimiento se desvanecerá y la muerte no triunfará. La belleza, la bondad y la fortaleza de Dios irradian la faz de los hombres.

 

 

¡Grande es el misterio de quienes abren el camino de regreso al Hogar del Padre!

 

 

Las palabras pronunciadas para todos los hijos de los hombres, los Hijos de Dios, fueron: Los que llegaron hasta el Portal del Último Camino deberán probarse a sí mismos y, al hacerlo, enseñar y elevar a quienes quieren seguir sus pasos.

 

 

Así, a través de las edades, los hijos de los hombres, que son los Hijos de Dios, personificaron en sí la Luz que brilla, la Fuerza que eleva y sirve, el Amor que perdura eternamente. Recorrieron el Camino de la pureza, el Camino a lo más recóndito. Nosotros los seguimos, Sirvieron en su época. Tratamos de hacer lo mismo. (6/653-654)

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