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Llamado para la Salvación del Mundo y para la Reaparición de Cristo

Ya se ha pronunciado el llamado de preparación para la reapa­rición de Cristo, se ha hecho el llamado para la salvación del mundo, y en todas partes hoy se reúnen hombres espiritualmente orientados y discípulos del Cristo. No es una reunión en el plano físico, sino un acontecimiento profundamente espiritual y subjeti­vo. Incluso aquellos que sólo han tenido una ínfima vislumbre comprensiva respecto a lo que verdaderamente significa el llamado, responden y piden una oportunidad para ayudar y que se les instruya respecto a lo que deben hacer.

 

De allí que hoy esperamos la nueva aparición. El Cristo es esperado universalmente, y conjuntamente con este espíritu de expectativa viene el antídoto contra el espíritu del temor y horror que ha descendido sobre nuestro desgraciado planeta. La huma­nidad mira hoy en dos direcciones: hacia la tierra devastada y el agonizante corazón de los hombres y hacia el lugar de donde ven­drá el Cristo, denominado simbólicamente Cielo. Cuando existe la misma expectativa, los mismos testimonios, predicciones e indicios del "fin de la Era", ¿no es razonable creer que se acerca un gran acontecimiento? ‑Si en medio de la muerte y la destrucción se pue­de hallar una fe viviente (y existe en todas partes) y un ardiente fervor que orada las tinieblas hasta llegar al centro de luz, no justifica esto la suposición de que dicha fe y fervor se fundan en un profundo conocimiento intuitivo. ¿No podría ser una realidad divina aquello de que: "la fe es la sustancia de las cosas que se esperan, la evidencia de las cosas que no se ven"? (Hch. 11,1). 

 

La humanidad espera la llegada de Aquel Que Viene ‑‑sea cual fuera la designación que se le dé. Se presiente que el Cristo está en camino. El segundo advenimiento es inminente, y de labios de los discípulos, místicos, aspirantes, personas orientadas espiritual­mente y hombres y mujeres iluminados, se eleva el grito de "Que la Luz, el Amor, el Poder y la Muerte, cumplan el propósito de Aquel que Viene". Estas palabras constituyen un llamado, una consagración, un sacrificio, una profesión de fe y un desafío al Avatar, el Cristo, que espera en Su lugar elevado que la demanda sea adecuada y el clamor suficientemente claro como para justifi­car Su reaparición.

 

Es muy necesario tener en cuenta que no nos incumbe determi­nar la fecha de la aparición de Cristo, ni debemos esperar ayuda espectacular o fenómeno extraño alguno. Si nuestro trabajo está bien hecho, Él vendrá en el momento indicado. Cómo, dónde y cuándo vendrá, no es de nuestra incumbencia. Nuestra tarea es hacer lo máximo, en la mayor escala posible, a fin de producir correctas relaciones humanas, pues Su venida depende de nuestro trabajo.

 

Todos podemos hacer algo para poner fin a la terrible situa­ción mundial y mejorar las actuales condiciones; el más humilde de nosotros puede desempeñar su parte en la inauguración de la nueva era de buena voluntad y comprensión. Sin embargo, es ne­cesario darnos cuenta que no estamos trabajando para el milenio bíblico, sino que nuestro principal objetivo en la actualidad es dual:

 

 

1 .Destruir los antiguos y malignos ritmos y establecer nue­vos y mejores. Para esto el tiempo es un factor primor­dial. Si pudiéramos detener la cristalización de las viejas fuerzas del mal que han producido la guerra mundial y las fuerzas reaccionarias en todas las naciones, allanaríamos el camino para lo nuevo y abriríamos la puerta a las activi­dades del Nuevo Grupo de Servidores del Mundo en todas partes el agente de Cristo.

 

  1. Fusionar y mezclar las aspiraciones de todos, para que el clamor de la humanidad sea suficientemente poderoso co­mo para llegar a la Jerarquía espiritual.

 

Esto requerirá sacrificio, comprensión y profundo amor por nuestros semejantes, y también inteligencia, sabiduría y práctica percepción de los asuntos del mundo. A medida que progrese eltrabajo de establecer correctas relaciones humanas (necesidad fun­damental del mundo) y se desarrolla el método para hacerlo ‑la buena voluntad ‑, el Cristo y Sus discípulos se acercarán cada vez más al género humano. Si aceptamos la premisa inicial de que Él está en camino, entonces las personas espiritualmente orienta­das y los discípulos y aspirantes del mundo trabajarán inevita­blemente ‑pero debe aceptarse la premisa si queremos que el incentivo sea adecuado. Con este concepto miramos hacia el futuro. El Fíat del Señor ha sido pronunciado. Cristo está atento al llamado de la humanidad. Esta demanda se eleva y acrecienta cada día "porque a la hora que menos penséis, Él vendrá". (8/163-165)

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