• 1
  • 2
  • 3
  • 4
  • 5
  • 6
  • 7
  • 8
  • 9
  • 10
  • 11
  • 12
  • 13

Cristo como el Precursor de la Era de Acuario

La gente es muy propensa a pasar por alto el hecho de que a pesar de haber reconocido Cristo su función como Instructor y Guía espiritual de la humanidad, durante la era que está llegan­do rápidamente a su fin, también reconoció el trabajo que debe­ría realizar cuando finalizara esa era, y el nuevo ciclo astronó­mico viniera a la existencia.

 

El cristiano común ignora las épocas y ciclos por los cuales atraviesa nuestro planeta, influenciado por la progresión solar. La actual ambigua ciencia de la astrología ha desviado hacia los estudios astronómicos el legítimo interés de la humanidad y la interpretación espiritual del paso del sol a través de los signos del zodíaco. Sin embargo, El Nuevo Testamento revela con toda claridad este reconocimiento, matizando la presentación de todo el Evangelio y expresado también por El Antiguo Testamento. El pecado de los hijos de Israel en el desierto, sólo fue una reversión de la antigua adoración mitraica que caracterizaba la época en que el Sol estaba "en el signo de Tauro, el Toro", como se lo denomina académicamente. Se postraron ante el becerro de oro y le adoraron, olvidando la nueva enseñanza de la Era de Aries, el Carnero, en la cual estaban entrando, es decir, la enseñanza de la víctima propiciatoria que matiza la historia judía. 

 

Se ha olvidado el hecho de que el Cristo fue el Instructor del nuevo período en que estaba entrando el Sol, el período de Piscis, pero está claramente evidenciado en el símbolo de los peces que aparecen constantemente en los Cuatro Evangelios; el pez es el símbolo astrológico del signo de Piscis, y lo ha sido desde épocas inmemoriales. Cristo también previó el trabajo que debía realizar en la Era de Acuario, el signo siguiente en el que entraría el Sol. Antes de su "desaparición" se refirió al símbolo de la Era de Acuario y a la tarea que debía llevar a cabo. Con Sus doce discípulos interpretó un dramático episo­dio, síntesis del trabajo que emprendería más tarde después de transcurrir los dos mil años de la Era de Piscis. Él dijo a Sus discípulos que fueran a la ciudad, donde encontrarían a un hombre portando un cántaro de agua, al cual deberían seguir hasta el aposento superior y allí prepararse para el festín de la co­munión, del cual participarían Él y ellos (Ls. 22,10). Así lo hicie­ron, y tuvo lugar la última Cena. El antiguo símbolo que corres­ponde al signo de Acuario (en el que nuestro Sol está entrando) es el del Portador de agua, un hombre con un cántaro de agua. El paso del Sol por el signo de Acuario es un hecho astronómico que puede ser comprobado en cualquier observatorio, no es un pronóstico astrológico. El gran acontecimiento espiritual y evo­lutivo de esa era, será la comunión y el establecimiento de las relaciones humanas, entre todos los pueblos, permitiendo a los hombres de todo el mundo reunirse ante la Presencia de Cristo y participar del pan y del vino (símbolo del alimento). Los preparativos de esta cena compartida (simbólicamente hablan­do) se están llevando a cabo y lo están haciendo las masas humanas de todas partes, a medida que luchan, se esfuerzan y legislan para el mantenimiento económico de sus naciones; el tema de la alimentación ocupa la atención de los legisladores de todo el mundo. Esta participación iniciada en el plano físico, también se aplicará en las relaciones humanas, constituyendo la gran dádiva de la Era de Acuario para la humanidad. La Igle­sia ha ignorado esto, y los eclesiásticos no pueden explicar el hecho de que los judíos manifestaran su predilección taurina de adorar al Toro por el becerro de oro, ni porque la dispensación judía empleara el símbolo de la víctima propiciatoria en la era de Aries, el Carnero, y que los cristianos hicieran hincapié sobre los peces, en la era de Piscis, la era cristiana.

 

Cristo vino para poner fin a la dispensación judía, que de­bía haber culminado y desaparecido como religión cuando el sol pasó de Aries a Piscis. Cristo se presentó por lo tanto ante ellos como su Mesías, manifestándose a través de la raza judía. Al rechazar al Cristo como Mesías, la raza judía se ha detenido, simbólica y prácticamente, en el signo de Aries, la víctima pro­piciatoria; hablando de nuevo simbólicamente, deben pasar al signo de Piscis, los peces, y reconocer a su Mesías cuando re­torne nuevamente en el signo de Acuario. De lo contrario vol­verán a cometer el antiguo pecado de no responder al proceso evolutivo. En el desierto rechazaron lo que era nuevo y espi­ritual; lo mismo hicieron en Palestina hace dos mil

 

años, y ¿volverán a hacerlo si se les presenta la oportunidad? La dificultad reside en que los judíos están satisfechos con una religión que tiene casi cinco mil años, y demuestran muy poco interés por cambiarla.

 

      Cristo previó la llegada de la Era de Acuario y lo expresó gráficamente haciendo perdurar, a través de los siglos, un hecho profético que sólo ahora, en nuestra época, es posible interpre­tar. Astronómicamente todavía no actuamos plenamente bajola influencia de Acuario; ya estamos saliendo de la influencia de Piscis, y aún no hemos sentido todo el impacto de las ener­gías que liberará Acuario. Sin embargo, cada año nos acerca­mos más al centro de poder, cuyo efecto principal será inducira que se reconozcan la unidad esencial del hombre, los procesos de participación y colaboración y el nacimiento de la nueva re­ligión mundial, cuya nota clave será universalidad e iniciación. Si la palabra "iniciación" significa el proceso de "entrar en", entonces es verdad que la humanidad está pasando por una verdadera iniciación al entrar en la nueva era de Acuario, en la que se verá sometida a esas energías y fuerzas que derriba­rán las barreras de la separación y fusionarán y mezclarán la conciencia de todos los hombres, a fin de formar esa unidad que caracteriza la conciencia crística.

 

En junio de 1945, en el momento de la Luna llena (día tan significativo en la experiencia espiritual del Cristo), en forma definida y consciente Él se hizo cargo de sus deberes y respon­sabilidades, como Instructor y Guía durante el ciclo solar de Acuario. Es el primero de los grandes Instructores del mundo que abarca dos ciclos zodiacales, Piscis y Acuario. Este enun­ciado es fácil de decir y escribir, pero implica tres métodos o técnicas a aplicar para Su reaparición, a los cuales ya me he referido. La vitalidad y el amor espiritual que irradia (aumen­tados por las energías del Espíritu de Paz, del Avatar de Sín­tesis y del Buddha) fueron reenfocados y canalizados en una gran corriente y llevados a la expresión (si puedo formularlo tan inadecuadamente) en las palabras de la Invocación: "Que afluya amor a los corazones de los hombres". .. "Que la Luz, el Amor y el Poder restablezcan el Plan en la Tierra".

 

Estas tres palabras, luz, amor y poder, describen las energías de las tres Potestades que se unieron a Él (el gran Triángulo de Fuerza que con su poder Lo apoya) ; la energía del Buddha: la Luz, la luz siempre viene de Oriente; la energía del Espíritu de Paz: el Amor que establece correctas relaciones humanas; la energía del Avatar de Síntesis: el Poder, complementando la luz y el amor. El Cristo ocupó su lugar en el centro de este Trián­gulo; desde ese punto comenzó Su trabajo acuariano y continua­rá haciéndolo durante dos mil quinientos años. Aquí inauguró la nueva era, y en los planos espirituales internos comenzó a tomar forma la nueva religión mundial. La palabra religión concierne a las relaciones, iniciando así la era de correctas rela­ciones humanas y correctas relaciones con el Reino de Dios. Ésta es una afirmación fácil de hacer, pero sus implicaciones son enormes y de gran alcance.

 

En esa oportunidad el Cristo asumió dos nuevas funciones: una está vinculada al segundo método de reaparecer físicamente, y la otra al método que empleará para ejercer Su influencia. Constantemente la Luz, el Amor y el Poder se derraman sobre las masas, estimulando el acrecentamiento de la conciencia crís­tica. Mediante Su presencia física se convertirá en el "Dispen­sador del Agua de la Vida"; por la influencia que ejerce ahora sobre los que son sensibles a Su impronta y a Su enfocada Mente, Se convertirá en lo que se conoce técnicamente como el "Susten­tador de los pequeños".

 

Él asume Sus deberes en la era acuariana, como Dispensa­dor del Agua de la Vida y Sustentador de los pequeños, mien­tras que como centro del Triángulo mencionado anteriormente, influye, ilumina y produce correctas relaciones entre las multi­tudes. Por lo tanto, en la próxima era será conocido como:

 

  1. El Punto dentro del Triángulo.

2. El Dispensador del Agua de la Vida.

3. El Sustentador de los pequeños.‑

 

Esto describe Sus tres deberes para con el género humano, y también el trabajo que caracterizará Su servicio mundial du­rante la era acuariana.

 

Consideremos estos aspectos de Su obra y tratemos de com­prender la significación de la responsabilidad que Él ha asumi­do. Es necesaria cierta comprensión para que el Nuevo Grupo de Servidores del Mundo y los discípulos activos de todas partes, preparen adecuadamente a la humanidad para Su reaparición. Mucho puede hacerse si los hombres se esmeran en comprender y desarrollar la consiguiente y necesaria actividad.

 

Primero, como Punto dentro del Triángulo, el Cristo llegará a despertar los corazones de los hombres e instituirá correctas re­laciones humanas, permaneciendo inconmovible donde se halla y siendo simplemente lo que Él es. Esto lo hará trasmitiendo a la humanidad la energía desde los tres vértices del Triángulo que Lo circunda. Dicha energía conjunta e impersonal, de natu­raleza triple, se esparcirá universalmente, produciendo un pro­greso evolutivo, atrayendo magnéticamente a los pueblos y na­ciones entre sí y causando automáticamente el desarrollo del sen­tido de síntesis, de una probable unidad y de una fusión deseable.

 

Así como en la Era de Piscis se desarrolló en la humanidad una respuesta masiva respecto al conocimiento y al principio inte­ligencia, así en la Era de Acuario se evocará respuesta masiva sobre las correctas relaciones, cuya expresión, la buena voluntad, caracterizará la conciencia de las masas. Quizás sea difícil com­prender y apreciar esta posibilidad, pero también fue difícil para las multitudes de los primeros siglos de la era cristiana o piscia­na, comprender el futuro progreso de los sistemas educativos del mundo y la difusión de ese conocimiento que constituye la carac­terística de nuestra presente civilización y cultura. Las adquisi­ciones del pasado son siempre una garantía de futuras posibili­dades.

 

Como Dispensador del Agua de la Vida Su tarea es sumamente misteriosa y difícil de comprender. Hace dos mil años, dijo pú­blicamente: "He venido para que tengan vida y para que la tengan en abundancia" (Jn. 10,10). El aspecto, Vida, desde el ángulo de la visión de Cristo, se expresa en tres formas:

 

  1. Como vida física, nutre las células del cuerpo. Esta vida se encuentra dentro de cada átomo de sustancia como punto central de luz viviente.

 

  1. Como vivencia, expresa amor y luz dentro del corazón. Cuando esta vivencia se halla presente y se manifiesta, el átomo humano se convierte en parte de la Jerarquía espiritual.

 

  1. Como Vida más abundante, puede percibirse como luz, amor y poder, dentro y sobre la cabeza del discípulo de Cristo. Esta vida más abundante Lo capacita para cola­borar no sólo con la humanidad y la Jerarquía espiritual, sino también con Shamballa ‑centro de vida en su más pura esencia.

 

Si decimos que la vida es vivencia que capacita, las palabras carecen de sentido. Empero, si a la vivencia se la vincula con la vida en el plano físico, con la vida espiritual del discípulo y el viviente propósito de Dios, entonces se puede obtener una leve idea acerca del maravilloso trabajo emprendido por el Cristo en el pasado, previsto por Él como Su futura responsabilidad. El Cristo puede extraer las energías que se definen con la frase "vida más abundante", porque liberarán (en la Era de Acuario), en forma nueva y dinámica, las nuevas energías necesarias, a fin de producir la restauración y la resurrección. Esta nueva ener­gía es la "fuerza complementaria de la universalidad" y con­cierne al futuro. La afluencia de energía acuariana es uno de los factores que permitirán al Cristo completar Su tarea como Salvador e Instructor del mundo. En junio de 1945 decidió cumplir con Sus deberes de Distribuidor, Sustentador y Dispen­sador, y asumió Sus responsabilidades como Precursor e Instruc­tor de la Era de Acuario.

 

Al decir Sustentador de los pequeños, se refiere a un aspecto del trabajo del Cristo, que involucra el estímulo de las concien­cias de Sus discípulos, a medida que se preparan para recibir la iniciación o entrar en niveles más profundos de percepción espiritual. El trabajo que realiza en el Triángulo con las ma­sas humanas, tendrá por resultado la presentación de la primera iniciación –el Nacimiento del Cristo en la caverna del cora­zón ‑ como ceremonia fundamental de la nueva religión mun­dial. Por medio de esta ceremonia las multitudes de todos los países estarán en condiciones de poder percibir conscientemente el "nacimiento del Cristo" en el corazón, y el "nacer de nuevo", al que Él se refirió (Jn. 3,3) cuando estuvo en la tierra. A este nuevo nacimiento se refieren los esoteristas cuando hablan de la primera iniciación. Pero en el futuro, hacia el fin de la Era de Acuario, no constituirá la experiencia de un discípulo aislado, sino la experiencia colectiva de millones de seres. Muchos aspi­rantes se sumergirán en las aguas purificadoras de la Iniciación del Bautismo ‑la segunda iniciación ‑ y las dos iniciaciones (preparatorias para el verdadero servicio y la tercera Inicia­ción de la Transfiguración) pondrán el sello de aprobación en la misión que tiene Cristo como Agente del gran Triángulo espi­ritual que Él representa.

 

Sin embargo, el trabajo más importante de Cristo, en lo que concierne a los discípulos y a las personas espiritualmente orien­tadas del mundo, además de las centenas de miles de seres huma­nos más avanzados, consiste en "nutrir" en tal forma su concien­cia y vida espirituales, que les permitirá recibir la tercera y cuarta iniciaciones ‑la Transfiguración y la Renunciación o Crucifixión.

Como bien saben los esoteristas, el término "los pequeños" se refiere a esos discípulos que son los "niños de Cristo" (como los denomina El Nuevo Testamento) y que ya han recibido las dos primeras iniciaciones, el Nacimiento y el Bautismo. Ellos son conscientes de la aspiración espiritual, índice de la vida crís­tica residente en sus corazones, y se han sometido a los procesos de purificación que culmina en las aguas bautismales. Cristo debe preparar a dichos aspirantes para las iniciaciones superio­res y nutrirlos y ayudarlos para que puedan presentarse ante el único Iniciador, y llegar a ser Pilares del Templo de Dios, es de­cir, Agentes de la Jerarquía espiritual y, por lo tanto, discípulos activos y trabajadores.

 

Cuando hace siglos estuvo en Palestina dijo: "Nadie viene al Padre, sino por mí" (Jn. 14,6). Esto fue un vaticinio del tra­bajo que Él tendría que realizar en la Era de' Acuario. En las dos primeras iniciaciones, los aspirantes (entrenados por los dis­cípulos avanzados) descubren el camino hacia el Cristo que admi­nistra ambas iniciaciones, pero las palabras de Juan se refieren a etapas aún superiores de desenvolvimiento. La administración de las primeras iniciaciones por el Cristo convierten al discípulo en agente del amor de Dios; sin embargo las iniciaciones supe­riores lo capacitan para convertirse, etapa tras etapa, en agente de la voluntad de Dios. Los del primer grupo conocen y com­prenden la segunda estrofa de la Invocación "Desde el punto de amor en el Corazón de Dios, que afluya amor a los corazones de los hombres"; el grupo que Cristo Mismo ha de "nutrir" y pre­parar en la era acuariana, conocerá el significado de la tercera estrofa "Desde el centro donde la Voluntad de Dios es conocida, que el propósito guíe a las pequeñas voluntades de los hombres".

 

Durante la era de Piscis la tarea de Cristo tuvo por finali­dad relacionar a la humanidad con la Jerarquía del planeta; en la era de Acuario Su trabajo consistirá en relacionar este grupo, que se acrecienta constantemente, con ese centro superior donde se hace contacto con el Padre, se reconoce la filiación y puede conocerse el propósito divino. Los tres aspectos divinos recono­cidos por todas las religiones del mundo (incluyendo la religión cristiana) ‑Inteligencia o Mente Universal, Amor y Voluntad ­se desarrollarán conscientemente en la humanidad por medio del futuro trabajo de Cristo; la humanidad, la Jerarquía Espiritual y el "centro donde la Voluntad de Dios es conocida", se relacionarán en forma más amplia y general.

 

El acercamiento místico al Reino de Dios desaparecerá gra­dualmente a medida que la raza acreciente su inteligencia, pro­pugnándose entonces un acercamiento más científico; los requi­sitos para ser admitido en este Reino serán de carácter objetivo; las leyes que rigen el centro superior de la voluntad divina tam­bién serán reveladas a los miembros del Reino de Dios, y todo ello se efectuará bajo la supervisión de Cristo, después de Su reaparición entre los hombres. La tónica de Su misión será en­tonces evocar en la humanidad una respuesta a la influencia espiritual y al desarrollo (en gran escala) de la percepción intui­tiva ‑facultad poco común en la actualidad. Cuando vino an­teriormente evocó en la humanidad una gradual respuesta a la verdad y la comprensión mental. Ésta es la razón por la cual al término del ciclo que Él inauguró hace dos mil años, se han formulado diversas doctrinas y se ha logrado un amplio desarro­llo mental e intelectual. (8/72-80)

Escribir un comentario

Código de seguridad
Refescar

Reproductor Música

Casino Bonus at bet365 uk