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EL SENDERO DEL DISCIPULO ES ESCABROSO; LAS DIFICULTADES Y LOS OBSTÁCULOS LO ENFRENTAN EN CADA RECODO DEL CAMINO (SEM. DEL 2 AL 16 DIC. 2017)

Relaciones grupales.

 

El sendero del discípulo es escabroso; las dificultades y los obstáculos lo enfrentan en cada recodo del camino. Sin embargo, hollando el sendero y venciendo las dificultades, adhiriéndose al grupo en bien del mismo y uniéndose a los individuos y al desa­rrollo evolutivo en forma equilibrada, sobrevendrá al fin la fruc­tificación y el logro de la meta. Así se evidencia el SERVIDOR de la raza. Es servidor porque no sirve a sus propios fines, y sus cuerpos inferiores no emiten vibraciones que puedan desviarlo del sendero elegido. Sirve porque sabe lo que hay en el hombre, y porque durante muchas vidas ha trabajado con individuos y grupos, ampliando gradualmente su campo de esfuerzo hasta reunir a su alrededor esas unidades de conciencia que puede ener­getizar y utilizar, y a través de las cuales llevará a cabo los planes de sus superiores. Tal es la meta, pero en las etapas intermedias abundan las dificultades para quienes están al borde del autodescubrimiento y de convertirse en el sendero mismo.

 

Un consejo práctico puede ser de valor aquí:

 

Estudiar con cuidado los tres primeros capítulos del Baghavad Gita. El problema de Arjuna es el de todos los discípulos, y la solución es eternamente la misma.

Estar alerta y vigilar el corazón. Es muy dolorosa la trasfe­rencia del fuego del centro plexo solar al centro cardíaco. No es fácil amar como lo hacen los Grandes Seres, con amor puro, que no exige recompensa; con amor impersonal, que se regocija cuan­do hay respuesta, pero no la espera, y ama constante, silenciosa y profundamente, a través de las aparentes divergencias, con la seguridad de, que cuando todos hayan encontrado el camino hacia el hogar, comprenderán que ese hogar es el lugar de unificación.

 

Prepararse para la soledad. Ésa es la ley. Cuando el hombre se desliga de todo lo que concierne a sus cuerpos físico, astral y mental, y se centraliza en el ego, sobreviene una separación tem­poraria que debe soportar y trascender y lo conduce posterior­mente a establecer un vínculo más estrecho con todos los que es­tán asociados con él, debido al karma contraído en vidas pasadas, al trabajo grupal y a la actividad desplegada por el discípulo (lle­vada a cabo casi inconscientemente al principio), al reunir a aque­llos a través de quienes deberá trabajar más tarde.

 

Cultivar la felicidad, sabiendo que la depresión, la investiga­ción excesivamente morbosa del móvil y la exagerada susceptibilidad a la crítica ajena, llevan a un estado en que el discípulo se hace casi inútil. La felicidad se basa en la confianza en el Dios interno, en una justa apreciación del tiempo y en el olvido de sí mismo. Tomar lo bueno y utilizarlo como verdades para difundir alegría y no rebelarse contra la felicidad y el placer del servicio prestado, creyendo que indica que algo no anda bien. El sufri­miento sobreviene cuando el yo inferior se rebela. El yo inferior controlado y la eliminación del deseo, traen alegría.

Tener paciencia. La resistencia es una de las características del ego. El ego persiste porque sabe que es inmortal. La personalidad se desalienta porque sabe que el tiempo es corto.

 

Al discípulo no le ocurre nada que no esté previsto en el plan, y cuando el móvil y la única aspiración del corazón es llevar a cabo la voluntad del Maestro y servir a la raza, lleva en sí la simiente de la próxima empresa y también produce el clima necesario para el siguiente paso. Esto aclara muchas cosas, y se hallará aquello de lo cual el discípulo puede depender cuando se nubla la visión, y el grado de vibración es inferior a lo que debe ser, ofuscándose el razonamiento por los miasmas sur­gidos de las circunstancias delplano físico. Muchas cosas que aparecen en el cuerpo astral están basadas, en la mayoría, en anti­guas vibraciones, y no tienen fundamento real; la lucha consiste en controlar de tal forma la situación astral, que de nuestras an­siedades y preocupaciones presentes, surjan la confianza y la paz, y de la acción e interacción violentas, provenga la tranquilidad.

 

Es posible alcanzar ese punto donde nada de lo que ocurre altera la calma interna, donde se reconoce y experimenta la paz que trasciende toda comprensión, porque la conciencia está centrada en el ego, que es la paz misma, y constituye el círculo de la vida búdica; donde se conoce y siente el aplomo y reina el equilibrio, porque el centro de vida reside en el ego, que en esencia es equi­librio; donde prevalece la serena e inconmovible calma y el divino Conocedor empuña las riendas del gobierno y no permite las perturbaciones del yo inferior; donde se alcanza la beatitud, que no está basada en las circunstancias de los tres mundos, sino en la comprensión interna de la existencia separada del no‑yo, existen­cia que persiste cuando dejan de existir el tiempo y el espacio y todo cuanto contienen; esto se conoce cuando se experimentan, trascienden y trasmutan, las ilusiones de los planos inferiores, lo cual perdura cuando el pequeño mundo del esfuerzo humano se ha disipado y desaparecido y se lo considera inexistente, estando basado en el Conocimiento del YO SOY ÉSE.

 

Tal actitud y experiencia pueden ser llevadas a cabo por quienes persisten en su elevado esfuerzo, y a nada dan valor, con tal de alcanzar la meta, perseverando a través de las circunstancias, con los ojos fijos en la visión futura y los oídos atentos a la Voz del Dios interno, que resuena en el silencio del corazón; los pies firmemente asentados en el sendero que conduce al Portal de la Iniciación; las manos extendidas para ayudar al mundo, y toda la vida subordinada al llamado del servicio. Entonces, todo cuanto llega es para bien ‑enfermedad, oportunidad, éxito y des­engaños, burlas y maquinaciones de los enemigos, incomprensión de los que amamos‑, todo existe y debe utilizarse sólo para ser trasmutado. Como se verá, lo más importante es la continuidad de visión, la aspiración y el contacto internos. Lo que debe lo­grarse es esa continuidad, no por las circunstancias sino a pesar de ellas.

 

A medida que el aspirante progresa, no sólo equilibra los pa­res de opuestos, sino que le es revelado el secreto del corazón de su hermano. Se lo reconoce como una fuerza en el mundo, se lo aprecia como individuo y en él se confía que pueda prestar ser­vicio. Los hombres recurren a él para ser ayudados, pues reco­noce la actividad que desempeña, entonces emite su nota para ser oída en las filas dévicas y humanas. Lo logra en esta etapa mediante la pluma, la literatura, la palabra hablada, conferencias y enseñanzas y también la música, la pintura y el arte. Llega así al corazón de los hombres por cualesquiera de estos caminos, y se convierte en auxiliar y servidor de su raza. Mencionaré tam­bién otras dos características de esta etapa:

 

El aspirante conoce el valor oculto del dinero en el servicio. No busca nada para sí, excepto aquello que puede equiparlo para realizar el trabajo, considerando el dinero y lo que el dinero pro­cura, como algo que debe ser empleado para los demás, y como medio para lograr la fructificación de los planes del Maestro, tal como él los percibe. Muy poco es comprendida la significación oculta del dinero, sin embargo, una de las grandes pruebas para determinar el lugar que ocupa el hombre en el sendero de pro­bación, concierne a su actitud y al manejo de lo que todos los hombres buscan con el fin de satisfacer sus deseos. Quien nada desea para sí puede ser el receptor de la abundancia financiera y el distribuidor de las riquezas del universo. Por el contrario, si aumenta su riqueza, le acarrea dolor y angustia, descontento y perversión.

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