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LA RE APARICION DE CRISTO, OPORTUNIDAD ESPIRITUAL INMEDIATA , PARTE I (Sem del 7 al 21 de Julio 2018)

Año tras año he escrito, para ustedes y todos aquellos a quie­nes les interesa un mensaje, a menudo profético, relacionado siempre con la unión espiritual fundamental de Oriente y Occi­dente, del Buda y del Cristo, poniendo por lo tanto el énfasis sobre la oportunidad espiritual inmediata. Cada año he preparado estos mensajes muy cuidadosamente, y en su síntesis surge (si los han leído ordenada e inteligentemente) una imagen de la vida espiritual del mundo, imagen que involucra el pasado conocible, que concierne al presente inmediato y lleva a un futuro de des­arrollo espiritual, que su expresión trasciende todo lo que hasta ahora se ha conocido, porque se fundamentó siempre en la realidad, la realidad del Dios Inmanente.

 

Dios Trascendente, más grande, más vasto y más incluyente que el mundo de Su creación, ha sido reconocido universalmente y aceptado general y enfáticamente; todos los credos pueden afir­mar con Shri Krishna –cuando habla como Dios, el Creador– ­que, "habiendo compenetrado el entero universo con un fragmento de Mí Mismo, Yo permanezco". Este Dios Trascendente ha domi­nado el pensamiento religioso de millones de personas sencillas y espirituales en el transcurso de los siglos, desde que la humanidad inició su camino hacia la divinidad.

 

Lentamente va despertando la incipiente conciencia de la hu­manidad a la gran verdad paralela de Dios Inmanente –que divi­namente compenetra todas las formas e internamente condiciona todos los reinos de la naturaleza, expresa la divinidad ingénita a través de los seres humanos y, hace dos mil años, personificó la naturaleza de esa divina Inmanencia en la persona del Cristo. Hoy, como consecuencia de esta Presencia divina en manifesta­ción, un nuevo concepto está penetrando en la mente de los hom­bres de todas partes: el de "Cristo en nosotros esperanza es de gloria". Existe una creciente y progresiva creencia de que Cristo está en nosotros, como lo estuvo en el Maestro Jesús, creencia que alterará los asuntos del mundo y la actitud del género -humano hacia la vida.

 

La maravillosa vida que vivió hace dos mil años, permanece todavía con nosotros y no ha perdido nada de su frescura, pues es inspiración, esperanza, estímulo y ejemplo eternos. El amor que Él demostró, todavía influye el mundo de pensamientos, aun­que relativamente pocos intentaron demostrar la misma cualidad de Su amor –amor que lleva infaliblemente al servicio mundial, al completo olvido de sí mismo y a una vida radiante y magnética. Las palabras que Él pronunció fueron pocas y sencillas, y todos los hombres pueden comprenderlas, pero su significado se ha per­dido en las tortuosas legitimaciones y discusiones de San Pablo, y en las extensas disputas de los comentaristas teológicos, desde que Cristo vivió y nos dejó –o lo hizo aparentemente.

 

No obstante, el Cristo está hoy más cerca de la humanidad que en cualquier otro período de la historia humana; está más cerca de lo que sospecha el anhelante y esperanzado discípulo, y puede estarLo aún más, si lo que aquí está escrito es comprendido y llevado a la atención de todos los hombres, porque Cristo pertenece a la humanidad, al mundo de los hombres, no únicamente a la iglesia y a las creencias religiosas de todo el mundo.

 

A Su alrededor –en ese Elevado Lugar de la Tierra, donde tiene Su residencia– se hallan hoy reunidos Sus grandes discí­pulos, los Maestros de Sabiduría, y todos Aquellos emancipados Hijos de Dios que en el transcurso de las épocas han pasado de la oscuridad a la Luz, de lo irreal a lo Real y de la muerte a la In­mortalidad. Están dispuestos a cumplir Su mandato y a obedecer al Maestro de Maestros y al Instructor de ángeles y hombres. Los Exponentes y Representantes de todos los credos del mundo aguar­dan revelar, bajo Su guía, a todos los que hoy luchan en el caos de los asuntos mundiales y tratan de resolver la crisis mundial, que no están solos. Dios Trascendente está trabajando por medio del Cristo y de la Jerarquía espiritual para traer alivio; Dios Inmanente en todos los seres está al borde de ser plenamente re­conocido.

 

La gran Sucesión Apostólica de Conocedores de Dios está pre­parada hoy para iniciar una actividad renovada –la sucesión de Aquellos que han vivido en la Tierra, han aceptado la realidad de Dios 'Trascendente, descubierto la realidad de Dios Inmanente, reproducido en Sus propias vidas las características divinas de la vida crística (porque han vivido en la Tierra como Él Lo ha hecho y Lo hace) y "han penetrado por nosotros detrás del velo, dándonos un ejemplo para qué sigamos Sus pasos" y los de Ellos. Oportunamente también nosotros perteneceremos a esa gran Su­cesión.

 

Quizás se pregunten por qué, en este momento del Festival del Buda, les escribo acerca de Su gran Hermano, el Cristo. Lo hago deliberadamente debido a que los ojos de todos los Conoce­dores espirituales están fijos en Él, porque el Buda Mismo Se halla también detrás del Cristo reconociendo humildemente la tarea di­vina que está a punto de consumar y debido también a lo inmi­nente de esa realización espiritual. Lo expongo de esta manera porque quienes actúan conscientemente en el Reino de Dios no sólo son conscientes de Sus planes, sino que los grandes seres es­pirituales que viven y moran en el "Hogar del Padre" y en el "centro donde la Voluntad de Dios es conocida", también han sido movilizados y organizados para ayudar en Su trabajo. La línea espiritual sucesora, desde el trono del Anciano de los Días hasta el más humilde discípulo (reunidos a los pies del Cristo) está abocada hoy a la tarea de ayudar a la humanidad.

 

El momento que Él tan pacientemente ha esperado, es casi inminente; el fin "de la edad", a lo cual Se refirió cuando hablaba a Su pequeño grupo de discípulos, ha llegado: "¡He aquí! estoy con vosotros hasta el fin de la edad". En la actualidad permanece y espera, sabiendo que ha llegado el momento en que "verá el tra­bajo de su alma y será satisfecho". Repetiré, en toda la sucesión espiritual de los Hijos de Dios, sólo se ve y siente expectativa y preparación.

 

Del Hogar del Padre o –Shamballa de los esotéricos– ha surgido el fíat: la hora ha llegado. Del reino de Dios, donde el Cristo reina, la respuesta ha venido: "Padre, hágase Tu voluntad". En el esforzado, perplejo y desdichado mundo de los hombres se eleva incesantemente el clamor: "Que Cristo retorne a la Tie­rra", porque en los tres grandes centros espirituales: el Hogar del Padre, el Reino de Dios y la humanidad, que va despertando, existe un solo propósito, una sola idea y una conjunta expec­tativa...

 

No escribo con espíritu fanático o adventista, ni hablo como teólogo especulativo o como exponente de un aspecto del anhe­lante pensamiento religioso. Hablo porque muchos saben que el momento es oportuno y el clamor de los corazones sencillos y lle­nos de fe ha llegado a las más elevadas esferas espirituales y puso en movimiento energías y fuerzas que ya no pueden ser detenidas, y también porque la demanda invocadora de la angustiada humanidad es hoy tan grande y sólida que, conjuntamente con la sabi­duría y el conocimiento de la Jerarquía espiritual, ha iniciado ciertas actividades en el Hogar del Padre, que redundarán en la gloria de Dios, en la trasformación de la divina voluntad al bien, en buena voluntad humana y en la resultante paz en la Tierra.

 

Se está por escribir un nuevo capítulo en el gran libro de la vida espiritual; una nueva expansión de conciencia es un aconte­cimiento inminente; la humanidad puede reconocer la preocupa­ción divina y una acentuada expectativa comprobará la exactitud de la afirmación bíblica: "Y todo ojo Lo verá". La vivencia reli­giosa o la historia espiritual de la humanidad puede ser resumida en una serie de reconocimientos –el reconocimiento de aquello que en el transcurso de las épocas ha constituido la Sucesión Apos­tólica y culminó con la aparición de los grandes guías religiosos que aparecieron desde el año 700 a. C. y fundaron los grandes credos modernos y, sobre todo, el Cristo Mismo que personificó la perfección de Dios Inmanente, más el conocimiento de Dios Tras­cendente; el reconocimiento de estos conceptos espirituales supe­riores, amor, vida y relación, que siempre fluctuaron en el tras­fondo del pensamiento humano, están ahora a punto de ser correc­tamente expresados; el reconocimiento de la verdadera hermandad entre los hombres, basado en la divina vida una, que actúa a través del alma una y se expresa por medio de la humanidad una, recono­cimiento de la relación que existe en el mundo entre la vida divina y el género humano mismo. El desarrollo de esa actitud espiritual conducirá a las rectas relaciones humanas y a la eventual paz mundial.

 

Posiblemente ahora se produzca otro reconocimiento, el del inminente retorno de Cristo (si puede aplicarse esta frase a Quien nunca nos ha abandonado) y de las nuevas oportunidades espiri­tuales que ofrecerá este acontecimiento.

 

La base para dicho reconocimiento reside en la profundamente arraigada convicción, innata en la conciencia humana, de que algún Instructor, Salvador, Revelador, Legislador o Representante divino, proveniente del mundo de las realidades espirituales, debe aparecer, debido a la necesidad y demanda humanas. En el transcurso de los siglos, en los momentos de mayor necesidad del hombre y en res­puesta a su demanda, surgió un tipo de Dios bajo distintos nom­bres. Luego vino Cristo y aparentemente nos abandonó sin haber dado término a Su tarea y sin consumar Lo que había visualizado para la humanidad. Por espacio de dos mil años pareciera que Su trabajo fue obstaculizado, frustrado e inútil, porque la prolifera­ción de iglesias en el transcurso de los siglos no constituye una ga­rantía del triunfo espiritual que Él anhelaba. Era necesario algo más que las interpretaciones teológicas y el acrecentamiento numérico de las religiones mundiales (incluyendo el cristianismo y el budismo) para comprobar que Su misión se había llevado a cabo triunfalmente. Todo parecía imposible de realizar y exigía tres condiciones, por las cuales podría intentarse poner a prueba Su trabajo; actualmente estas tres condiciones son hechos compro­bados:

 

Primero, existe una condición general planetaria; desgracia­damente ha demostrado ser tan catastrófica (debido al egoísmo del hombre) que la humanidad se vio obligada a reconocer la causa y el origen del desastre; segundo, un despertar espiritual originado en las raíces más profundas de la conciencia humana, como resul­tado de la Guerra Mundial (1914-1945) ; tercero, el creciente cla­mor invocador (oración o demanda) que se eleva hasta las fuentes espirituales superiores, no importa con qué nombre se las designe­

 

En la actualidad impera estas tres condiciones, y la humanidad enfrenta una renovada oportunidad. El desastre que ha sufrido el género humano es de proporciones universales; nadie ha podido escapar, y todos están en una u otra forma implicados en el mismo, física, económica y socialmente. El despertar espiritual de los hom­bres (dentro o fuera de los credos del mundo, pero mayormente fuera de ellos) es general y amplio, pudiendo observarse en todas partes un retorno hacia Dios. Finalmente, estas dos causas produ­jeron en la humanidad –como nunca había ocurrido antes– una demanda invocadora más clara, pura y altruista que en cualquier otra época de la historia humana, porque está basada en pensamientos más claros y en la angustia común. La verdadera religión está aflorando nuevamente en el corazón del hombre; el recono­cimiento de una esperanza y trasfondo divinos, posiblemente hará retornar a los pueblos a las iglesias y a los credos mundiales, pero con certeza los hará retornar a Dios.

 

Innegablemente, religión es el nombre que damos a la demanda invocadora de la ,humanidad, la cual conduce a una respuesta evo­cadora del Espíritu de Dios, actúa en todo corazón humano y en todo grupo, a través de la Jerarquía espiritual del planeta; impele a actuar al Guía de la Jerarquía, el Cristo, y la actividad Que em­prenda hará que retorne con :Sus discípulos. Me pregunto si repa­raron en la importancia de lo que acabo de decir.

 

La idea del retorno de Cristo es muy familiar, y el concepto de que el Hijo de Dios regresa en respuesta a las necesidades, está incluida en las enseñanzas de la mayoría de los credos mundiales. Desde que aparentemente nos abandonó y Se dirigió hacia ese nivel en que Lo habían ubicado los creyentes, pequeños grupos de personas creyeron que en determinada fecha regresaría; pero sus profecías y esperanzas se vieron siempre defraudadas. No ha re­tornado. Esas personas fueron objeto de burla por parte de la mul­titud, y censuradas por los inteligentes. Sus ojos jamás Lo vieron, ni han tenido un indicio tangible de Su presencia. Hoy les digo que Él vendrá, y que ya se han establecido los planes para Su reapari­ción, pero no se ha fijado fecha ni hora. Sólo dos o tres la saben, "pero en el momento que no penséis Él vendrá" (Ma. 24 : 44).

 

Una verdad que al pensador ortodoxo se le hace difícil aceptar es el hecho de que el Cristo no puede volver porque siempre ha esta­do en la Tierra vigilando el destino espiritual de la humanidad; nun­ca nos ha dejado, sino que, físicamente y bien protegido (aunque no oculto), ha guiado los asuntos de la Jerarquía espiritual y de Sus discípulos y trabajadores, quienes conjuntamente se comprometie­ron con Él a servir en la Tierra. Lo único que Él puede hacer es reaparecer. Constituye una verdad espiritual que quienes han sur­gido de la tumba y penetrado en la plenitud de la vida de resu­rrección, pueden ser visibles y al mismo tiempo invisibles para el creyente. Ver y reconocer son dos cosas muy distintas, y uno de los más grandes reconocimientos, por parte de la humanidad, en un futuro próximo, es que Él siempre ha estado con nosotros, compar­tiendo los valores familiares, las características de nuestra civili­zación y sus numerosos dones otorgados al hombre.

 

 

Las primeras señales de que Se aproxima con Sus discípulos ya pueden ser percibidas por quienes observan e interpretan correc­tamente los signos de los tiempos. Existe (entre estas señales) la unión espiritual de quienes aman a sus semejantes. Constituye en realidad la organización del ejército externo físico del Señor, que sólo tiene como armas el amor, la correcta palabra y las rectas relaciones humanas. El establecimiento de esta organización desconocida ha continuado con extraordinaria velocidad durante la posguerra, porque la humanidad está cansada de odios y contro­versias.

 

Los colaboradores de Cristo ya se hallan activos en el nuevo grupo de servidores del mundo, constituyendo el grupo más pode­roso de precursores que jamás hubo precedido la entrada de un gran Personaje mundial en la palestra del vivir humano. Su trabajo e influencia hoy se ven y sienten en todas partes, y nada puede destruir lo realizado. Desde 1935 se ha tratado de aprovechar el efecto espiritual y organizador producido por la Invocación a tra­vés de su recitación y expresión, dirigiendo la energía de la de­manda invocadora de la humanidad hacia esos canales que van desde la Tierra hasta el Altísimo, lugar donde mora el Cristo. Desde allí ha sido trasmitida a esferas aún más elevadas, donde la atención del Señor del Mundo, el Anciano de los Días, el Padre de todos, además de las Energías creadoras y los Seres Vivientes que allí moran con Él, puede ser dirigida a la humanidad a fin de que dé los pasos necesarios que personificarán más rápidamente los propósitos de Dios.

 

Por primera vez en la historia de la humanidad, la demanda de los pueblos de la Tierra es tan poderosa y se halla tan de acuerdo con la orientación divina, en tiempo y espacio, que inevitablemente se cumplirá; el esperado Representante espiritual debe venir, pero esta vez no vendrá solo, sino acompañado por Aquellos cuyas vidas y palabras evocarán el reconocimiento de todos los sectores del pensamiento humano. Las profecías simbólicas que existen en todas las Escrituras mundiales, relacionadas con este inminente aconte­cimiento, demostrarán su veracidad, pero será necesario reinter­pretar su simbolismo; las circunstancias y los acontecimientos no serán exactamente como las Escrituras parecen indicar. Él vendrá, por ejemplo, en las "nubes del cielo" como lo dicen las Escrituras cristianas, pero ¿qué tiene esto de sobrenatural cuando millones de personas viajan por el espacio a toda hora del día y de la noche? Lo menciono como una de las profecías más destacadas y conocidas, con todo, tiene muy poco significado para nuestra civilización mo­derna. Lo importante es que Él vendrá.

 

El Festival de Wesak se ha celebrado durante siglos en el cono­cido valle de los Himalayas (créase o no) a fin de:

 

  1. Corroborar que Cristo existe físicamente entre nosotros, desde Su supuesta partida.

 

  1. Comprobar, en el plano físico, la real similitud que existe entre Oriente y Occidente, en el acercamiento a Dios. Tanto el Cristo como el Buda están presentes.

     

  2. Establecer un lugar de reunión para Aquellos que anual­mente; en forma sintética y simbólica, se vinculan y re­presentan el Hogar del Padre, el Reino de Dios y la Hu­manidad.

     

  3. Demostrar la naturaleza del trabajo que Cristo debe reali­zar como el grande y elegido Intermediario, como el re­presentante de la Jerarquía espiritual y como el Guía del Nuevo Grupo de Servidores del Mundo. Por Su interme­dio se proclamará el reconocimiento de la realidad de la existencia del reino de Dios aquí y ahora.

     

    Uno de los mensajes principales para quienes leemos estas pa­labras, quizá lo constituya en esta época, la gran verdad y la reali­dad de la Presencia física de Cristo en la Tierra, de Su grupo de discípulos y colaboradores, de Su representativa actividad en bien del género humano y de la estrecha relación que existe entre ellos. Dicha relación es percibida en ciertos grandes festivales espiri­tuales, e incluye no sólo al Reino de Dios sino también al Padre y al Hogar del Padre. Tenemos el Festival de Pascua, el Festival del Buda o Wesak, cuya Presencia física representa la solidaridad espiritual de nuestro planeta, y en junio el Festival denominado peculiarmente el Festival del Cristo, en el que –como Guía del nuevo grupo de servidores del mundo– recita la Gran Invocación en bien de todas las personas de buena voluntad, reuniendo al mismo tiempo las demandas incipientes e inexpresadas de quienes buscan un nuevo y mejor modo de vivir, ansían amor en su vida diaria, rectas relaciones humanas y comprensión del Plan sub­yacente.

     

    Estos acontecimientos físicos son de importancia, no las vagas esperanzas y promesas de los dogmas teológicos. Llamo la atención en este momento culminante sobre la Presencia física en nuestro planeta, de los conocidos Personajes espirituales como el Señor del Mundo, el Anciano de los Días; los Siete Espíritus ante el trono de Dios; el Buda, Guía espiritual de Oriente, y el Cristo, Guía espi­ritual de Occidente. Les digo que la vaga creencia sobre Su existen­cia, las ensoñadoras especulaciones acerca de Su trabajo, el interés puesto al servicio del bienestar humano y el aún no convincente, aunque esperanzado, ferviente anhelo de los creyentes (y también de los incrédulos), pronto serán reemplazados por ciertos conocimientos, por el reconocimiento visual y los signos comprobables del trabajo ejecutivo, y por la reorganización (por hombres de inusitado poder). de la vida política, religiosa, económica y social del planeta.

     

    Esto no vendrá como consecuencia de alguna proclama o de un maravilloso acontecimiento planetario, que hará exclamar a los seres humanos: "Loado sea, Él está aquí. ¡He aquí los signos de Su divinidad!", porque sólo provocaría antagonismo y burla, incredulidad o credulidad fanática. Vendrá porque se ha reconocido Su capacidad de conductor, por los cambios dinámicos pero lógicos, efectuados en los asuntos mundiales, y por la actividad emprendida por las masas desde lo más recóndito de sus conciencias.

     

    Hace muchos años manifesté que Cristo vendría de tres ma­neras distintas o, más bien, que la realidad de Su presencia podría ser comprobada en tres fases características.

     

    Dije entonces que lo primero que haría la Jerarquía sería estimular la conciencia espiritual del hombre, evocar en gran es­cala las demandas espirituales de la humanidad y fomentar mun­dialmente la conciencia crística en el corazón humano. Esto ya se ha hecho con resultados muy efectivos. Las demandas clamorosas de los hombres de buena voluntad, de los colaboradores en el campo de la beneficencia y de quienes se han comprometido a colaborar internacionalmente, para aliviar los sufrimientos del mundo y esta­blecer rectas relaciones humanas, expresan innegablemente la na­turaleza real de este proceso. El aspecto del trabajo preparatorio que señala Su advenimiento ha llegado a una etapa donde nada puede detener su progreso o disminuir su ímpetu. A pesar de las apariencias este surgimiento de la conciencia crística ha triunfado, y lo que pueda parecer una actividad contraria, a la larga no tendrá importancia por ser de naturaleza temporaria.

     

    También señalé que el próximo paso de la Jerarquía sería plas­mar en las mentes de los hombres iluminados de todas partes, las ideas espirituales que encierran las nuevas verdades, por el "descenso" (si así puedo denominarlo) de los nuevos conceptos que re­girán la vida humana y la influencia que ejercerá el Cristo sobre los discípulos mundiales y el nuevo grupo de servidores del mundo. Recordarán que en el relato bíblico, Cristo evocó simbólicamente el reconocimiento de Juan, el Bautista, y comunicó las cosas del reino de Dios a los discípulos que se dirigían a Emaús, aunque no reconocieron a su Compañero. Este movimiento planificado por la Jerarquía, progresa; hombres y mujeres de todas partes y de todos los sectores, enuncian las nuevas verdades que deben guiar la vida humana en el futuro; fundan nuevas organizaciones, movimientos y grupos, grandes o pequeños, que harán conocer a las masas la realidad de la necesidad y el modo de enfrentarla. Esto lo hacen impelidos por el fervor de sus corazones y la amorosa respuesta a la angustia humana; no obstante y sin que se den cuenta, trabajan para exteriorizar el reino de Dios en la Tierra. Ante la evidente multiplicidad de organizaciones, libros y conferencias, resulta im­posible negar estos hechos. (13/488-497)

     

     

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