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PREPARACIÓN DE DISCÍPULOS EN AMPLIA ESCALA DEBIDO A LA DISPOSICIÓN DE LOS ASPIRANTES DEL MUNDO A ENFRENTAR RIESGOS PERSONALES.

PRIMERA PARTE

 

 

El mundo pasa hoy por un período de preparación y un intervalo de adaptación al nuevo mundo y nuevo orden que están viniendo a la existencia. Este nuevo mundo es en verdad una nueva creación, y los Maestros desempeñan sus actividades trabajando siempre por intermedio de Sus discípulos. En este período de preparación Ellos se ocupan actualmente entre otras cosas, de preparar discípulos para el trabajo constructor a fin de que presten servicio y reciban eventualmente la iniciación. Por lo tanto, se ocupan de formar nuevos grupos de discípulos que puedan integrarse gradualmente en los grupos existentes y estar a disposición del servicio mundial. Se proyectó hacer esto en amplia escala debido a la necesidad mundial y a la disposición de los aspirantes del mundo a enfrentar riesgos personales, incidentales al trabajo preparatorio.

 

Existen reglas muy simples a las cuales me referiré, y constituyen la base de las verdades que ustedes aceptaron como necesarias para todo progreso espiritual. Los maestros aceptan estos requisitos y reconocen que los poseen todos aquellos que toman bajo Su tutela y los fusionan en sus grupos para prestar servicio, y son:

 

1.   La reconocida necesidad de sintonizarse, hasta donde le es posible al aspirante individual, con la necesidad mundial, a medida que aparece gradualmente. Debe tenerse en cuenta que los requisitos, para quienes desean trabajar y traer a la existencia el nuevo mundo, serán muy distintos de los del pasado. No debe olvidarse esto. La necesidad mundial debe ser encarada mental y espiritualmente, no emocionalmente. Muchos aspirantes y seudo-discípulos son emocionales, evitan enfrentar los hechos existentes y abordan los problemas con sus propias ideas preconcebidas de servicio y con sus propios idealismos establecidos.

 

2.   La adquisición de un sentido más sutil de los valores. Descanso, ocio, diversión, discusiones y críticas, no tienen cabida en la vida de un discípulo durante los próximos años. Se requerirá un sensato manejo del mecanismo físico, más una divina indiferencia a todo sentimiento personal y a las reacciones de la salud. Completa dedicación a satisfacer la necesidad humana; total consagración al Plan; colaboración inteligente con aquellos que reconocen que son discípulos avanzados; precaución adecuada para emprender una acción correcta en cualquier circunstancia, a fin de no perjudicar su eficiencia; conservación de la energía por el silencio, y constante radiación, basada en el olvido de sí mismo -eso es lo que hoy se exige al discípulo en el mundo, y es lo que la Jerarquía espera y lo que eventualmente abrirá la puerta de la iniciación. Esa puerta deben abrirla hoy con más amplitud los discípulos aceptados del mundo, para que los miembros de la raza humana puedan entrar con mayor facilidad. No la abrirá el interés en sí mismos.

 

3.   El desarrollo de una mente fluida y una actitud que reconozca el hecho de que -aunque el Plan permanece- las técnicas, las presentaciones, los idealismos y los métodos, deben necesariamente cambiar. Esto no es fácil. El Plan, tal como lo he delineado en el pasado, sólo era un delineamiento estructural y simplemente una estructura básica subyacente. Constituyó el armazón de acero para el venidero nuevo mundo, en lo que respecta a esa parte del mismo que ustedes podrían ayudar a materializar.

 

No es fácil para la persona común ser flexible y cambiar detalles y métodos en relación con lo enseñado en el pasado, y sobre lo cual ha desarrollado ideas definidas y características. Por lo tanto, ¿están dispuestos a arrojar las ideas por la borda y trabajar para satisfacer la necesidad del nuevo mundo bajo las nuevas y entrantes influencias?

 

El Maestro puede depender y confiar más en el discípulo que -en los períodos de cambio- mantiene lo bueno y fundamental, mientras rompe con el pasado y le agrega lo que es de utilidad inmediata en el presente. La actitud de la contemporización espiritual es correcta, necesaria y muy rara de encontrar. La mayoría de las cosas sobre las cuales discuten y argumentan los discípulos, concierne a los métodos y eventos relativamente no esenciales; se ocupan de cuestiones de organización, las cuales no son tan importantes como la unidad interna de visión y la capacidad de aceptar las cosas cuando nada malo está involucrado y un colaborador no tiene el mismo punto de vista. Los discípulos no deben constituirse en obstáculos mediante la autoafirmación o la imposición de sus propias ideas o autoritarismos, basados en procedimientos antiguos. Reflexionen sobre esto. El buen trabajo puede verse grandemente obstaculizado por el discípulo que siempre está seguro de tener razón y considera infaliblemente correcta su interpretación respecto a la necesidad, y que los demás deben también amoldar su colaboración a los procedimientos que él ha planeado. La tarea del discípulo moderno es sentir la necesidad y luego satisfacerla, siendo, además, parte de la nueva y emergente técnica de la invocación y evocación.

 

La vida del discípulo es un gradual y firme avance hacía el centro, pues los discípulos aceptados son definidamente parte de la Jerarquía. La Jerarquía es un lugar de fusión de todas las almas, en los niveles superiores del plano mental y progresará hacia el centro de fusión en la medida en que una persona sea impresionada y controlada por el alma y luego se identifique con ella. A medida que se acreciente su amor por la humanidad y disminuya el interés en sí mismo, así progresará hacia ese centro de luz y amor, donde los Maestros residen como seres espirituales.

 

Más adelante consideraremos las diversas etapas del discipulado, pero mientras tanto sería de valor que enfocaran su atención sobre la relación de la Jerarquía con todos los discípulos aceptados. Les interesa profundamente el tema porque son simplemente aspirantes. El principiante hace todo tipo de preguntas sobre cualquier tema concebible. El discípulo entrenado se preocupa mucho del Plan y está tan imbuido de amor por sus semejantes, que dedica toda su atención a servir al Plan y no a su progreso individual o al Maestro. Cuanto más se acerca al centro y al Maestro, menos atención le presta el Maestro, ni él se preocupa de pensar en el Maestro. En las primeras etapas pensará mucho, lógicamente, sobre su relación con la Jerarquía, con el Maestro y con su propia alma. En la etapa intermedia, tratará de lograr un sentido de proporción y un correcto ajuste interno, de manera que "enfrenta dos caminos, y en cada uno ve la misma visión". En las etapas finales, la conciencia del discípulo, que es a la vez Maestro, es absorbida en la Voluntad del Creador; su actitud es de amor inalterable y su trabajo de radiación -radiación que evoca actividad en los demás y respuesta en sus semejantes-, lo cual lleva al Plan un paso adelante y satisface la necesidad inmediata de la humanidad.

 

En este trabajo creador, al cual me acabo de referir y al que todos los discípulos pueden contribuir, la obra y tarea de los Maestros consiste en proyectar en el mundo esos pensamientos e ideas divinos y esos conceptos y significaciones que representan, en cualquier momento, el Plan inmediato para la humanidad. Por lo tanto, el Maestro busca esas mentes sensibles al Plan. No busca personas seudo-buenas. El olvido de sí mismo y la bondad directa significan siempre inofensividad, que significa el máximo bien. Busca a las personas que pueden responder al unísono a ese aspecto del Plan del cual el Maestro es responsable, y a quienes se les puede enseñar a subordinar la personalidad a sus exigencias, que no tienen propósitos egoístas y nada desean, sino ayudar al Maestro y a los discípulos avanzados que trabajan bajo Su supervisión, en algún aspecto del Plan. Implica, como ya señalé, enseñarles a adaptarse y a reconocer los verdaderos valores, que tengan ideas fluidas y trabajen altruistamente para sus semejantes.

 

En el grupo de un Maestro no se enseña a los discípulos a reajustar la personalidad y hacer contacto con el alma; tampoco se impone la disciplina del carácter, ni se establecen rectas relaciones entre los miembros de un grupo menos avanzados y otro de discípulos más avanzados. Las reglas para que el alma controle son antiguas y bien conocidas, y deben ser practicadas durante largos períodos antes de alcanzar la etapa del discipulado aceptado. La contienda entre la naturaleza inferior y el desarrollo de las cualidades necesarias, que son esenciales para el trabajador del mundo, constituyen el tema común en la experiencia de la vid a, por consiguiente, la humanidad, en los niveles inteligentes, lleva a cabo constante y firmemente este entrenamiento. La capacidad de trabajar en colaboración con otros en un trabajo dirigido, forma parte del proceso evolutivo y es inevitable. Quiero dejar debidamente aclarado que las prácticas de índole purificadora y el desarrollo de hábitos mentales correctos, constituyen la mayor empresa en la vida de un aspirante y no en la del discípulo. Son consideradas incidentales y fundamentales y conciernen al manejo del yo personal, y es la tarea del alma individual llevada a cabo bajo la supervisión del alma y no de un Maestro. ¿Cuál es, por lo tanto, la contribución y el trabajo que debe hacer el discípulo?

 

El grupo de cada Maestro se caracteriza por su contenido mental, al cual contribuyeron los discípulos, y el Maestro lo emplea en su trabajo para la humanidad. Por lo tanto, la vida mental de todo discípulo debe estar condicionada por tres factores:

 

1.   Por su poder, el cual depende de su correcto instinto espiritual, correctas comprensión e interpretación de las ideas y la debida formulación de las mismas.

 

2.   Por su pureza, la cual se desarrolla en forma natural por la creciente capacidad de amar sin límites ni separaciones, por la clara visión e ininterrumpida afluencia de la fuerza del alma.

 

3.   Por su correcta precipitación, precipitación del pensamiento, debido a la intención claramente dirigida y a la comprensión del propósito para el cual existe un grupo de discípulos, y la acrecentada participación inteligente en   la actividad creadora del Maestro.

 

El grupo de un Maestro es un foco de poder, construido por Él de acuerdo a tres métodos:

 

1.   Por la potencia de Su propia vida mental, evocada por Su respuesta al unido propósito jerárquico y su creciente capacidad de responder a Shamballa.

 

2.   Por Su capacidad de integrar el centro de poder (grupo del cual se hizo responsable) en la actividad inmediata de la Jerarquía.

 

3.   Por Su sabiduría al elegir los colaboradores. Su grupo de discípulos será eficiente en su servicio mundial y útil a Sus superiores, en la medida del criterio que emplea para reunir personas a las cuales está preparando para la iniciación.

 

Aplico aquí la palabra "iniciación", porque quiero que todos los discípulos que leen mis palabras comprendan que la iniciación no es algo por lo que ellos pasan como resultado de algún entrenamiento que pueden recibir de un Maestro, o porque llegaron a cierta etapa de evolución avanzada. Es un proceso de continua integración en centros de fuerza, es decir, en el grupo de un Maestro y, conscientemente, en la Jerarquía como un todo y -cuando los discípulos llegan a ser adeptos- en Shamballa. Por lo tanto, como podrán ver, un Maestro puede ser grandemente obstaculizado o ayudado en el trabajo que realiza para la humanidad, por los discípulos que ha elegido. Deben reflexionar sobre este hecho, porque al hacerlo se desarrollará más rápidamente el proceso de descentralización, aumentará en consecuencia su amor y servicio y obtendrán paralelamente mayor certeza y seguridad.

Quisiera que todos los discípulos captaran esto con claridad y que introduzcan en sus conciencias la idea de contribución, vigilando cuidadosamente su vida mental, de modo que contenga lo que pueda acrecentar el poder y la pureza del ideal que en determinado momento predomine en el grupo, y que sea de tal calidad que precipite ese "depósito de pensamiento" con el cual todos los discípulos pueden estar en armonía y tengan el derecho a utilizarlo.

Quisiera también recordarles que el grupo de un Maestro es un centro de energía donde el discípulo es precipitado, y el efecto sobre él, como personalidad, es eliminador y evocador. Ambas palabras abarcan la vida de todo discípulo. Describen singularmente lo que está aconteciendo en la humanidad, a medida que prosigue lentamente el proceso (predicho tanto tiempo) de la exteriorización de la Jerarquía y el restablecimiento de los Misterios en el plano externo. La Jerarquía constituye esencialmente el grupo del Señor del Mundo, es Su Ashrama. Esta declaración enuncia una verdad relativamente nueva en lo que al conocimiento humano concierne. Antes de que la Jerarquía pueda trabajar más abiertamente y obtener un mayor reconocimiento del género humano, debe eliminarse el odio y todo sentimiento de separatividad y evocarse la buena voluntad y las rectas relaciones humanas, como resultado de la actividad de todos los discípulos. El amplio reconocimiento del mal de la guerra actual y de los errores en toda política nacional, quizás produzca eventualmente una actitud general, que aclarará el camino para los necesarios y correctos reajustes. El proceso del despertar y de la consiguiente lucha que experimentan los discípulos en sus vidas individuales, los prepara para entrar en la etapa de discípulo aceptado.

 

El vórtice de fuerza en el cual el discípulo es sumergido (en virtud de su propio esfuerzo y por decisión de su Maestro) necesariamente lo entrena para manejar esas energías, que son la sustancia de toda creación, permitiéndole contribuir a la creación del nuevo mundo. Hay siempre un nuevo mundo en proceso de formación; la nota clave para el trabajo de todo discípulo puede ser resumida con palabras familiares: "He aquí, hago todas las cosas nuevas”.

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